Mostrando las entradas para la consulta Poirot ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Poirot ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

Reseña de «La captura del Cancerbero», de Agatha Christie

RESEÑA DE «LA CAPTURA DEL CANCERBERO», DE AGATHA CHRISTIE, por Miguel Izu
1. Introducción.
 

El duodécimo y último de los trabajos de Poirot es La captura del Cancerbero. De los doce relatos que compuso Agatha Christie sobre los trabajos de Hércules es el que tiene la historia más curiosa. La escritora se había comprometido con Strand Magazine a completar la serie de los doce trabajos, pero cuando remitió su último relato la revista lo rechazó, probablemente porque las circunstancias políticas lo hacían poco oportuno, era 1940 y acababa de iniciarse la II Guerra Mundial. Así que la colección quedó incompleta, con solo once relatos, hasta que en 1947 se procedió a reunirlos en un libro. Entonces Agatha Christie escribió un prólogo e hizo una nueva versión de The Capture of Cerberus, la cual se publicó también como relato independiente en la revista norteamericana This Week en marzo de 1947 con el título de Meet Me in Hell.

El relato original, rechazado por Strand Magazine, quedó olvidado en el archivo de la escritora y fue publicado en 2009 por John Curran como apéndice de su libro Agatha Christie. Los cuadernos secretos, junto con otro relato inédito de Poirot, El incidente de la pelota del perro, escrito hacia 1933 y que, con algunas variaciones, acabó formando parte de la novela El testigo mudo, de 1937.

Conforme nos relata la mitología griega, Cerbero o Cancerbero, hijo de Equidna y Tifón y hermano de Ortro, era el guardián de la puerta del Hades (el inframundo griego), un perro monstruoso con tres cabezas (en alguna versión hasta con cincuenta) y con una serpiente en lugar de cola. Cerbero aseguraba que los muertos no pudieran salir del Hades y que los vivos no pudieran entrar. Hércules estuvo en el santuario de Eleusis para expiar sus pecados y ser iniciado en los misterios eleusinos aprendiendo cómo entrar y salir vivo del Hades. Atenea y Hermes le ayudaron a cruzar su entrada y a convencer a Caronte (el barquero del Hades encargado de llevar a los difuntos a cambio de un óbolo, razón por la que los cadáveres en la antigua Grecia se enterraban con una moneda bajo la lengua) a que le llevara en su barca a través del río Aqueronte. Al llegar a la otra orilla, donde se hallaba Cerbero, algunas versiones cuentan que Hércules pide permiso al dios Hades para llevárselo y este accede con la condición de que no use armas y no le haga daño; el héroe se muestra amable con el fiero perro y este, al ser tratado así por primera vez, lo acompaña fuera dócilmente; pero en otras versiones Hércules lucha contra el perro solo con sus manos y logra arrastrarlo fuera del Hades. Cuando se lo entrega a Euristeo, este le tiene tanto pavor que se lo devuelve, considerando que ya ha cumplido con todos sus trabajos, y Hércules puede llevarlo de nuevo al Hades.


Hércules y Cerbero
(Palacio Hofburg, Viena)

2. Sinopsis.
ADVERTENCIA DEL EDITOR: Esta sinopsis contiene un spoiler completo del relato que reseñamos. Si aún no lo has leído o hace tanto tiempo que no recuerdas el argumento, te recomendamos que lo leas antes de disfrutar del excelente análisis que nos ofrece el escritor Miguel Izu.

2.1. Versión de 1940.

Poirot se halla en Ginebra, en un momento de grave riesgo de que se declare una guerra en Europa. Tomando el aperitivo en la terraza de su hotel se encuentra con la condesa Vera Rossakoff. Le presenta a su acompañante, un tal doctor Keiserbach, al que dice que el detective sería capaz de cualquier cosa, hasta de devolver un muerto a la vida. El doctor, al día siguiente, invita a una copa a Poirot y le revela que su verdadero nombre es Lutzmann. Era el padre de Hans Lutzmann, un estudiante acusado de atentar mortalmente contra el dictador nazi del Imperio de Centroeuropa, August Hertzlein, el mayor peligro para la paz en el continente. Fue linchado por la multitud tras el atentado, pero su padre afirma que en realidad era inocente, que había sido un ferviente admirador de Hertzlein. Le ruega que descubra al verdadero asesino.

Poirot viaja a Baviera y pide la ayuda del doctor Otto Schultz, luego regresa a Londres. Schultz se desplaza a un lugar cercano a Estrasburgo para visitar un sanatorio mental, Villa Eugenie, custodiado por un feroz perro encadenado, y que está dirigido por el doctor Weirgartner, pero al estar este ausente habla con su segundo, el doctor Neumann, y muestra su interés por uno de sus pacientes aquejados de paranoia. Poirot, tras recibir información de Schultz, contrata los servicios del señor Higgs, experto ladrón de perros, y de otro joven ladrón. Con ellos se desplaza al sanatorio y logra entrar clandestinamente para liberar a Hertzlein, que está recluido allí.

En el tren que lleva a Hertzlein y a Poirot a París este le relata cómo le ha encontrado. Dado que a la primera fila de los mitines a los que asistía el dictador, perfectamente organizados, solo podían acceder personas de absoluta confianza, supuso que hubo un complot para cometer el atentado y culpar a Hans Lutzmann. Dedujo que a Hertzlein lo habían suplantado porque su voz sonaba diferente. Habían corrido rumores de que últimamente Hertzlein había caído bajo la influencia del padre Ludwig, después de haber perseguido a la Iglesia se había convertido al catolicismo, y que había rectificado sus ideas volviéndose partidario de la paz. Por eso dedujo que fueron los dirigentes de su propio país quienes le secuestraron y simularon su asesinato, para evitar el cambio de rumbo y explotar el recuerdo de su martirio. Poirot supuso que podía estar recluido en un sanatorio mental, no muy lejos del Imperio, donde su afirmación de que era Hertzlein sonara tan normal y poco creíble como si dijera que era Napoleón. Por eso contrató a varios médicos que fueron visitando sanatorios hasta descubrir aquel donde estaba ingresado.

Se difunde la noticia de que Hertzlein, en realidad, no ha muerto, y se presenta en público para retomar el liderazgo de su país y conducirlo por la senda de la paz. Poirot vuelve a Ginebra y se encuentra de nuevo con Vera Rossakoff, que se muestra escéptica sobre que realmente triunfe la paz. Poirot le regala un enorme perro, que le encanta a la condesa, al que deciden llamar Cerbero.

2.2. Versión de 1947.

Poirot sube las escaleras mecánicas, abarrotadas de gente, del metro de Londres cuando ve a la condesa Vera Rossakoff que baja. “¿Dónde la podré encontrar...?”, exclama en el momento en el que se cruzan. “En el infierno...”, responde ella. Poirot intenta encontrarla entrando de nuevo al metro, pero no lo consigue. Queda confuso por su respuesta, hasta que miss Lemon le dice que si quiere encontrarla en El Infierno lo mejor es que reserve una mesa. El Infierno es un club nocturno muy de moda, propiedad de una rusa. El local está decorado en coherencia con su nombre y tiene hasta un enorme y fiero perro guardián. La condesa se alegra mucho de verle, tantos años después, y le presenta al profesor Liskeard, un arqueólogo que le ha ayudado en la decoración, y a la doctora Alice Cunningham, psicóloga interesada en la conducta criminal, prometida del hijo de la condesa y de aspecto poco elegante. Poirot advierte la presencia del detective inspector Charles Stevens entre los clientes.

Al día siguiente Poirot visita al inspector Japp en Scotland Yard, que le informa que vigilan El Infierno, sospechan que no pertenece a la condesa Rossakoff, que solo hace de pantalla, sino probablemente a un sujeto llamado Paul Varesco dedicado a la distribución de estupefacientes a gran escala que se pagan con joyas de aristócratas en apuros, pero pese a haberlo registrado no han conseguido nada. Japp pide la ayuda de Poirot, que acepta.

Poirot habla con la condesa Rossakoff, que niega estar implicada en el tráfico de drogas y asegura que el club es suyo. Más tarde Japp le anuncia que se prepara una redada para una noche próxima. Han descubierto una salida camuflada detrás de la parrilla por la que entra y sale la droga. La noche de autos Poirot está sentado en el club con el profesor Liskeard y la doctora Cunningham cuando llega la policía y se apaga la luz. Cuando se enciende de nuevo, Poirot sale a la calle y se encuentra con el señor Higgs, experto en perros.

Al siguiente día Poirot habla con Japp por teléfono. No encontraron drogas, pero sí unas esmeraldas en el bolsillo de Liskeard, que negó que fueran suyas. Poirot le confirma que hubo drogas, y que fue él mismo quien las sacó del club. Cuelga el teléfono y abre la puerta a la condesa Rossakoff, a quien había citado en su casa. Él le pregunta por qué puso las esmeraldas en el bolsillo de Liskeard; ella responde que porque Paul Varesco, su socio, se las puso a ella en el bolso cuando se apagó la luz, e intentó deshacerse de ellas poniéndolas en el bolsillo de Poirot, pero con la oscuridad se confundió. Poirot la conduce a una habitación donde está el señor William Higgs con el perro, y le pide que le ordene que suelte el paquete que lleva en la boca, que está lleno de un polvo blanco. La condesa niega tener nada que ver con la droga; Poirot la tranquiliza diciendo que sabe que ella, en realidad, era solo la cabeza de turco. Desde el primer momento sospechó de la doctora Cunningham, que llevaba unos amplios bolsillos, demasiado amplios para una dama. Ella fue la que llevaba la droga y la escondió en la boca del perro.



3. La condesa Vera Rossakoff


Como en otros tantos aspectos de su obra, al crear al personaje de la condesa Rossakoff, Agatha Christie sigue la pauta de Conan Doyle. Vera Rossakoff es a Hércules Poirot lo que Irene Adler a Sherlock Holmes. Esta fue la única mujer capaz de engañar y vencer a Holmes por lo que este, que normalmente menosprecia a las mujeres, se refería a ella con gran respeto. Como cuenta Watson en Escándalo en Bohemia, “él solía hacer bromas acerca de la inteligencia de las mujeres, pero últimamente no le he oído hacerlo. Y cuando habla de Irene Adler o menciona su fotografía, es siempre con el honroso título de la mujer”. Hay quienes suponen un sentimiento amoroso o atracción sexual de Holmes por ella, pero parece que, en realidad, lo que había era algo mucho más importante en un frío y desapasionado solterón sin remedio como él, una sincera admiración por sus facultades intelectuales. Lo mismo sucede a Poirot con la condesa Vera Rossakoff. En La captura del Cancerbero (1947), al final, Poirot envía flores a la condesa Rossakoff, lo que sorprende mucho a miss Lemon: “—¡Válgame Dios! —murmuró—. Quisiera saber... Pero en realidad, ¡a sus años...! Seguramente no...”.

La
condesa Rossakoff es, como Poirot, una refugiada en Inglaterra, una aristócrata rusa con la que coincide en tres historias. Su primera aparición es en el relato Doble pista, donde es descrita como “una rusa encantadora, miembro del antiguo régimen”, mientras que Hastings dice que “tenía una personalidad turbadora”. Es una de las personas sospechosas del robo de unas joyas y, al final, resulta ser culpable. Poirot acude a su hotel a pedirle que devuelva las joyas si quiere evitar ser detenida, cosa que ella hace de inmediato. “¡Vaya mujer! —gritó Poirot entusiasmado mientras descendíamos las escaleras—. ¡Mon Dieu, quelle femme! ¡Ni una palabra de protesta, ni una exclamación de protesta! Una mirada, y ya ha sabido cuál era su situación. Hastings, una mujer que encaja la derrota con una sonrisa, llega muy lejos”, relata el capitán.

Poirot se reencuentra con la condesa años más tarde en Los Cuatro Grandes (posiblemente uno de los peores libros de Agatha Christie, una novela confeccionada de forma apresurada como refrito de varios relatos cortos para salir de los apuros económicos en que se hallaba tras su divorcio). En esta novela el detective, ayudado por Hastings y Japp, se enfrenta a una siniestra organización criminal que se supone dirigida por cuatro personas: un político chino, un multimillonario norteamericano, una científica francesa y alguien conocido solo como Número Cuatro. Tras entrevistarse con la científica en París, ven a la condesa Rossakoff llegar a su casa y se enteran de que trabaja como su secretaria con el nombre supuesto de Inez Véroneau, haciéndose pasar por española. La condesa, al ver a Poirot y Hastings, queda desolada, sabiéndose descubierta. Acepta facilitar que un secuestrado al que buscan sea liberado de inmediato a cambio de poder desaparecer. No aclara su participación en los hechos, aunque Poirot da por supuesto que trabaja para los Cuatro Grandes.

Más adelante, la condesa aborda a Hastings en la calle y le recomienda que abandonen el caso. Posteriormente, Hastings y Poirot (que ha fingido su muerte y se hace pasar por su hermano Aquiles) son secuestrados y llevados a la sede secreta de los Cuatro Grandes. Encuentran allí a la
condesa Rossakoff, que de nuevo queda consternada de ver a Poirot, “¡Oh, hombrecito, hombrecito! ¿Por qué se mezcló en esto?”, exclama. Es presentada por el Número Cuatro como su lugarteniente. Nuevamente les ayuda, permitiendo que escapen a cambio de que Poirot la reúna con su hijo perdido y supuestamente muerto. Pese a haber sido enemigos, ambos mantienen una mutua admiración.

El último encuentro de Poirot y la
condesa Rossakoff es en La Captura del Cancerbero, veinte años después, y luego ya no sabemos nada más de ella. Tras finalizar Los Trabajos de Hércules, Poirot asegura que va a retirarse, aunque como en todas las anteriores ocasiones en que lo anunció no cumplirá su palabra y se publicará todavía una quincena de libros más, entre novelas y colecciones de relatos, con sus aventuras.


es doctor en Derecho y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Funcionario del Gobierno de Navarra, vocal del Tribunal Administrativo de Navarra. Ha ejercido como abogado y como profesor asociado de Derecho Administrativo en la Universidad de Navarra y en la Universidad Pública de Navarra. Ha colaborado con la Escuela de Policía de Cataluña y colabora regularmente con la Escuela de Seguridad de Navarra. Ha sido concejal del Ayuntamiento de Pamplona, presidente de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona y miembro del Parlamento de Navarra. Colabora asiduamente en diversos medios de comunicación (principalmente, en Diario de Noticias y Solo Novela Negra) y revistas profesionales. Secretario de la Asociación Navarra de Escritores/as-Nafar Idazleen Elkartea. Obras: Novela: El asesinato de Caravinagre (2014); El crimen del sistema métrico decimal (2017). Relato: “Un asunto privado”, en 24. Relatos navarros (2016); “Una cuenta pendiente”, en Solo Novela Negra (2016); “El vino del francés”, en El alma del vino (2017); “Un móvil para un crimen”, en la III Semana Negra en la glorieta (2017). Ensayo: La Policía Foral de Navarra (1991), Navarra como problema. Nación y nacionalismo en Navarra (2001), El Tribunal Administrativo de Navarra (2004), Derecho Parlamentario de Navarra (2009), El régimen jurídico de los símbolos de Navarra (2011, VII Premio Martín de Azpilicueta), El régimen lingüístico de la Comunidad Foral de Navarra (2013). Recopilación de artículos de prensa: Sexo en sanfermines y otros mitos festivos (2007), Crisis en sanfermines y otros temas festivos (2015). Página web: https://mizu38.wixsite.com/miguelizu

Reseña de «La Hidra de Lerna», de Agatha Christie

RESEÑA DE «LA HIDRA DE LERNA», DE AGATHA CHRISTIE, por Miguel Izu
1. Introducción.
 

La Hidra de Lerna es tanto el segundo de los trabajos de Heracles o Hércules, el héroe mitológico griego, según su orden más tradicional, como el segundo relato de Los trabajos de Hércules de Agatha Christie, protagonizados por Hércules Poirot. En Estados Unidos el relato se publicó originalmente con el título de Invisible Enemy.

La Hidra era, según la mitología griega, un monstruo acuático con forma de serpiente policéfala y aliento venenoso. El número de cabezas varía según las fuentes, desde tres, nueve o cien, incluso diez mil, en todo caso podía regenerar dos o tres cabezas por cada una que perdía o le amputaban. Vivía en el lago de Lerna, una región situada al sur de Argos, en el Peloponeso, con muchos manantiales a los que se atribuía carácter sagrado y aguas supuestamente curativas. El lago era una de las entradas al Hades o inframundo donde moran los muertos.

Hércules se presentó en el lago con su sobrino Yolao, cubriéndose ambos las bocas y narices con una tela para protegerse del aliento mortal de la Hidra. Disparó flechas en llamas para obligarle a salir de su refugio y se enfrentó a ella con su espada, intentando cortarle sus cabezas, pero cada vez que cortaba una brotaban dos. Entonces Yolao tuvo la idea de usar una tela ardiendo para quemar el muñón del cuello tras cada decapitación, cauterizando la herida y evitando que brotasen nuevas cabezas. De ese modo Hércules pudo cortar todas las cabezas y matar a la Hidra, tras de lo cual mojó las puntas de sus flechas con su sangre para que fueran mortíferas de necesidad. Según otras versiones, Hércules mandó acumular leña alrededor de la Hidra y le prendió fuego, muriendo la bestia abrasada.

 
Hidra de Lerma
(Terracota etrusca)
 

2. Sinopsis.
 

ADVERTENCIA DEL EDITOR: Esta sinopsis contiene un spoiler completo del relato que reseñamos. Si aún no lo has leído o hace tanto tiempo que no recuerdas el argumento, te recomendamos que lo leas antes de disfrutar del excelente análisis que nos ofrece el escritor Miguel Izu.

El doctor Oldfield visita a Hércules Poirot y le pide que demuestre que no envenenó a su mujer, muerta un año antes de úlcera gástrica, para deshacer las murmuraciones en tal sentido que se han propagado en el pueblo donde trabaja como médico. El doctor tiene una joven ayudante, Jean Moncrieffe, con la que los murmuradores suponen que tenía relaciones ya durante la enfermedad de su esposa y que ha sido el motivo del crimen. “El rumor es exactamente igual que la Hidra de Lerna”, dice Poirot antes de aceptar el encargo.

Poirot viaja al pueblo del doctor con su criado, George, y se aloja en la posada. Se entrevista con Jean Moncrieffe, que reconoce que le hubiera gustado casarse con el doctor Oldfield si no fuera por la existencia de las murmuraciones, por lo cual no le ha dado ninguna esperanza, pero no ha podido evitar que se sigan extendiendo. Poirot le sugiere que pidan la exhumación y la autopsia de la esposa fallecida, pero ella se opone alegando que ni aun así se acabarían los rumores. A petición del detective le presenta a la señorita Leatheran, la mayor cotilla del pueblo, haciéndose los encontradizos en la calle. Poirot consigue ser invitado a tomar el té para sonsacarle información, fingiendo ser un enviado del Ministerio del Interior para investigar la muerte de la señora Oldfield. Identifica a la enfermera Harrison, que cuidó a la esposa del doctor, como la fuente última de los rumores. Se reúne con ella, la cual le cuenta una conversación que escuchó, poco antes del fallecimiento, entre el doctor Olfield y la señorita Moncrieffe donde él le decía que pronto acabaría todo y en un año podrían estar casados. Le dice que Beatrice, la criada, también escuchó la conversación, y esa es la siguiente entrevista de Poirot. Beatrice niega haber oído nada, pero le cuenta que, en un par de ocasiones, vio a la enfermera tirar una medicina o una infusión que la señorita Moncrieffe pretendía hacer beber a la enferma, sugiriendo que podían contener veneno.

El detective consigue que las autoridades ordenen la exhumación y la autopsia, que revela un envenenamiento por arsénico. La enfermera Harrison acude a hablar con el detective y reconoce no haberle contado anteriormente que vio a la señorita Moncrieffe manejando unos polvos sospechosos. Tras una llamada de Poirot, la policía trae un estuche esmaltado que contiene arsénico, descubierto entre las pertenencias de la señorita Moncrieffe, y que la enfermera reconoce sin lugar a dudas como el que le vio manipulando con el veneno. Seguidamente Poirot llama a George, que identifica el estuche como el que había comprado la propia enfermera unos días antes en unos almacenes y escondido en la habitación de la señorita Moncrieffe, según había observado él mismo siguiendo sus movimientos por encargo de Poirot. La enfermera confiesa ser la asesina.

Poirot resume el caso para el doctor Oldfield y la señorita Moncrieffe. Sospechó de la enfermera porque la conversación que aseguró haber oído era inverosímil. Puso a George a vigilarla y ella cayó en la trampa. Había matado a la señora Oldfield pensando que el doctor le pediría que se casase con él, pero cuando descubrió que en realidad estaba enamorado de su ayudante decidió vengarse de ambos.

   
3. Poirot y el amor.

No se le conocen relaciones sentimentales a Hércules Poirot, a lo largo de todas sus aventuras se muestra como un contumaz solterón cuyo interés por las mujeres es puramente profesional, trata de comprender su psicología, o estético, admira a distancia la belleza femenina.

Sin embargo,
Poirot siempre tiene bien presente el factor sentimental que mueve a las personas que investiga y, con frecuencia, manifiesta su simpatía por las parejas enamoradas y procura ayudarles a afrontar los obstáculos que se les presentan. En Asesinato en el campo del golf  ha de proteger a su amigo el capitán Hastings de sí mismo, que se ha enamorado de Dulce Duveen, sospechosa de un crimen y, pese a creerla culpable, quiere ayudarle a escapar de la justicia. Poirot probará que ella es inocente y despejará el camino de una historia de amor que acaba en matrimonio. Pero, además, actuará como casamentero para unir a la hermana gemela de Dulce, Bella Duveen, y al joven Jack Renauld, animando a este a que se declare. Ambas parejas se irán a vivir a Argentina, de donde Hastings volverá de cuando en cuando a visitar a Hércules Poirot (por cierto, que la confusión entre las dos hermanas gemelas con la que juega Agatha Christie en Asesinato en el campo del golf  le acaba contagiando, ya que en Peligro inminente Hastings se refiere a su esposa como Bella, en lugar de como Dulce).

Esta faceta sentimental de Poirot se explica perfectamente si tenemos en cuenta que su creadora, Agatha Christie, además de sus novelas sobre crímenes, también escribió novelas románticas bajo el seudónimo de Mary Westmacott.



En La Hidra de Lerna Poirot, después de oir la historia del doctor Oldfield sobre las murmuraciones contra él, le pregunta directamente: “¿Quién es ella?”. El médico, que ha ocultado la existencia de Jean Moncrieffe, primero niega que haya otra mujer y luego se indigna por las insinuaciones del detective, amenazando con irse. Poirot se mantiene firme: “Las murmuraciones de los pueblos se basan siempre en las relaciones entre un hombre y una mujer. Si un hombre envenena a su esposa con el fin de poder hacer un viaje al Polo Norte, o para disfrutar de la paz que depara la vida de soltero... no hay cuidado de que sus convecinos se tomen el menor interés por él. Pero cuando están convencidos de que el asesinato se cometió con el fin de que el hombre pudiera casarse con otra mujer, las habladurías crecen y circulan. Eso es psicología elemental
.

4. El imperturbable George.
 

George, de quien desconocemos el apellido y casi todo sobre su vida, es el personaje secundario que durante más tiempo acompaña a Hércules Poirot, prácticamente durante toda su vida literaria, aunque su papel sea siempre muy breve. Aparece ya en El misterio del tren azul, de 1928, la quinta novela de las treinta y tres protagonizadas por el detective belga, y sigue figurando intermitentemente hasta las últimas, Los elefantes pueden recordar, de 1972, y Telón, publicada en 1975 aunque escrita en 1940. En esta última es sustituido temporalmente por un nuevo sirviente, Curtiss, por necesidades del caso que lleva entre manos Poirot, aunque sigue cobrando un sueldo mientras vive en su casa de Eastbourne con su anciano padre. Su última aparición es cuando Hastings, después de la muerte de Poirot, acude a visitarle para preguntarle sobre los hechos de la última época de la vida de su patrón.

Sabemos que antes de trabajar para Poirot sirvió a lord Edward Frampton. En El misterio del tren azul Poirot le pregunta si ha estado anteriormente en la Riviera y George responde que estuvo dos años antes, cuando trabajaba para dicho caballero. En teoría es solo el valet, el criado o ayuda de cámara de Poirot, pero también cocina y a menudo actúa como investigador, como hace en La Hidra de Lerna. Este perfecto sirviente, digno de toda confianza, es descrito como “intensamente inglés”, flemático, alto, cadavérico, inexpresivo. Poirot consulta a menudo su opinión. George es un experto en cuanto a la aristocracia británica y al protocolo social, un hombre práctico e inteligente aunque con poca imaginación que toma todo en su sentido literal, un buen observador capaz de describir las personas y los hechos con toda precisión. Carece de curiosidad y nunca cuestiona las órdenes ni las excentricidades de su jefe.


Puedes leer las colaboraciones de Miguel Izu para la III SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2017, PINCHANDO AQUÍ o en la imagen.

 
es doctor en Derecho y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Funcionario del Gobierno de Navarra, vocal del Tribunal Administrativo de Navarra. Ha ejercido como abogado y como profesor asociado de Derecho Administrativo en la Universidad de Navarra y en la Universidad Pública de Navarra. Ha colaborado con la Escuela de Policía de Cataluña y colabora regularmente con la Escuela de Seguridad de Navarra. Ha sido concejal del Ayuntamiento de Pamplona, presidente de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona y miembro del Parlamento de Navarra. Colabora asiduamente en diversos medios de comunicación (principalmente, en Diario de Noticias y Solo Novela Negra) y revistas profesionales. Secretario de la Asociación Navarra de Escritores/as-Nafar Idazleen Elkartea. Obras: Novela: El asesinato de Caravinagre (2014); El crimen del sistema métrico decimal (2017). Relato: “Un asunto privado”, en 24. Relatos navarros (2016); “Una cuenta pendiente”, en Solo Novela Negra (2016); “El vino del francés”, en El alma del vino (2017); “Un móvil para un crimen”, en la III Semana Negra en la glorieta (2017). Ensayo: La Policía Foral de Navarra (1991), Navarra como problema. Nación y nacionalismo en Navarra (2001), El Tribunal Administrativo de Navarra (2004), Derecho Parlamentario de Navarra (2009), El régimen jurídico de los símbolos de Navarra (2011, VII Premio Martín de Azpilicueta), El régimen lingüístico de la Comunidad Foral de Navarra (2013). Recopilación de artículos de prensa: Sexo en sanfermines y otros mitos festivos (2007), Crisis en sanfermines y otros temas festivos (2015). Página web: http://webs.ono.com/mizubel/

Reseña de «El león de Nemea», de Agatha Christie

RESEÑA DE «EL LEÓN DE NEMEA», DE AGATHA CHRISTIE, por Miguel Izu
1. Introducción.
 

El león de Nemea es el primero de los doce relatos que componen la colección Los trabajos de Hércules de Agatha Christie. Hace pocos meses hice la reseña de Los establos de Augías y Javier Alonso García-Pozuelo me ha enredado para que, siguiendo el ejemplo de Hércules y de Poirot, siga escribiendo hasta completar los doce trabajos. Así que ahí voy.

Los doce relatos cortos fueron escritos por Agatha Christie entre 1939 y 1940 y publicados originalmente en Strand Magazine, todos menos La captura del Cancerbero, que fue rechazado. También fueron publicados en Estados Unidos entre 1939 y 1947, unos en This Week y otros en Ellery Queen's Mystery Magazine, aunque con títulos distintos (The Nemean Lion fue convertido en The Case of the Kidnaped Pekinese).




Finalmente, en 1947 los doce relatos se reunieron en un solo volumen publicado por la editorial Dodd, Mead and Company en Estados Unidos y por Collins Crime Club en el Reino Unido. En 1956 aparece en España de mano de la Editorial Molino con traducción de Ángel Soler Crespo.

En la mitología griega, matar al león de Nemea y despojarle de su piel es también el primero de los doce trabajos que la Sibila de Delfos impuso como penitencia a Hércules. El león aterrorizaba a los habitantes de Nemea, ciudad del Peloponeso, tenía una piel tan gruesa que no podía ser atravesada por las armas. Hércules se enfrentó a él  con su arco y sus flechas, con un garrote de olivo y con una espada de bronce, pero todo fue inútil. Al fin, lo pudo derrotar acorralándolo en su madriguera, taponando una de sus dos entradas, y estrangulándolo en un combate cuerpo a cuerpo.



Hércules lucha con el león de Nemea
- Zurbarán (1634) -

2. Sinopsis.

Ojo, contiene un completo spoiler, a estas alturas no creo que merezca la pena proteger las archiconocidas tramas de Agatha Christie.

Miss Lemon, la secretaria de Poirot, le llama la atención sobre una carta de un caballero que le ruega que investigue la desaparición del perrito pequinés propiedad de su esposa. Poirot se indigna ya que no es un caso adecuado a sus facultades, pero por curiosidad accede a entrevistarse con sir Joseph Hoggin, el cual le cuenta que el perro fue secuestrado y devuelto tras el pago por su mujer de un rescate de doscientas libras (una cantidad importante para la época, casi el doble del salario medio anual). Enterado de otro secuestro similar del perro de un amigo, quiere encontrar al secuestrador sin preocuparse del dinero que le cueste, le duele ser estafado. Poirot acepta el caso.

Lady Hoggin le cuenta que el perro fue sustraído cortando la correa cuando miss Carnaby, su señorita de compañía, lo paseaba por el parque y mientras estaba distraída con una niñera que llevaba un bebé en un carrito. Por carta pidieron el rescate que había que enviar por correo a un tal capitán Curtis, con amenazas si se avisaba a la policía. Poirot acude al decrépito hotel al que se envió el dinero, donde no conocen al capitán Curtis. Seguidamente obtiene alguna información sobre la señorita Carnaby y visita a la señora Samuelson, a quien secuestraron su pequinés de idéntico modo, con la única diferencia de que debía enviar trescientas libras a un tal comandante Blackleigh. La señora Samuelson acudió a husmear al hotel donde había enviado el dinero y encontró el sobre en un casillero, pero con los billetes sustituidos por recortes de papel. En ese hotel no conocían a ningún comandante Blackleigh.

Poirot da cuenta de sus averiguaciones a lord Hoggin, a quien encuentra en su despacho con una mancha de carmín en la barbilla. Seguidamente, con ayuda de George, su asistente, Poirot localiza un piso modesto cercano a la zona donde tuvieron lugar los secuestros caninos y encuentra en él a la señorita Carnaby junto con su hermana enferma y un pequinés, Augusto, al que coloca en sus rodillas antes de afirmar: “Ya he capturado al león de Nemea. He llevado a cabo mi tarea”. La señorita Carnaby sustituyó el pequinés de lady Hoggin por Augusto y lo llevó a pasear al mismo parque que frecuentaba; cortó ella misma la correa y el perro, adecuadamente amaestrado, corrió a su casa. Luego fingió el secuestro y cobró el rescate, su móvil era salir de sus estrecheces económicas y ahorrar algo para la vejez a costa de señoras a las que sobraba el dinero. Con sus cómplices, otras señoritas de compañía, habían repetido el número diecisiete veces.

Poirot, al constatar que había dos casos iguales, había supuesto que aquello era una trama y sospechó de la señorita Carnaby al saber que había heredado un pequinés y que tenía una hermana enferma. Con solo esos datos encargó a George encontrar un piso con una inválida a la que visitaba su hermana una vez a la semana, en su día libre, y con un perro.

   
3. Poirot, el justiciero.

Aunque en un tiempo y unas circunstancias imprecisas, anteriores a que se expatriara en el Reino Unido, Poirot trabajó en la policía belga y resulta evidente que es un hombre de orden y de costumbres conservadoras, no siempre muestra mucho respeto por la ley. No aprueba el asesinato, repite varias veces a lo largo de sus aventuras, pero no tiene inconveniente en trasgredir la ley cuando lo considera necesario para impartir justicia él mismo. Deja huir sin castigo a algunos culpables (Asesinato en el Orient Express), penetra clandestinamente en una casa para buscar una carta (Poirot infringe la ley), induce algún suicidio (El asesinato de Rogelio Ackroyd) e incluso llegará al asesinato para castigar a un asesino (Telón).

En El león de Nemea también le vemos actuar como servidor de la justicia por su cuenta. Poirot explica a lord Hoggin que conoce al culpable, pero que si lo denuncian no recuperará el dinero, en cambio si le permite ocultar su identidad le serán reintegradas las doscientas libras que la señorita Carnaby le ha devuelto, tras prometer abandonar su carrera delictiva. Lord Hoggin acepta el dinero y le pregunta por sus honorarios. Poirot responde que le recuerda mucho a un fabricante de jabón de Lieja que envenenó a su esposa para poder casarse con su secretaria, uno de sus primeros éxitos como detective en Bélgica. El lord se sobresalta y le devuelve el cheque con las doscientas libras. “Estimo muy conveniente indicarle, sir Joseph, que, dada su actual posición, deberá tener usted un cuidado extraordinario con lo que hace”, concluye Poirot.

Aunque esnob y habituado a codearse con la aristocracia, Poirot en este caso toma partido por las sirvientes, las señoritas de compañía menospreciadas y maltratadas por sus señoras. Explica la señorita Carnaby el motivo de su comportamiento: “Y ver cómo malgastan el dinero... es irritante. Sir Joseph nos relata a veces los coups que da en la City... cosas que en la mayor parte de las ocasiones me parecen francamente deshonestas, si bien he de reconocer que mi cabeza no comprende los misterios de las finanzas. Pues bien, señor Poirot, todo esto me trastornaba y creí que si le quitaba un poco de dinero a esta gente, la cual, al fin y al cabo, había tenido pocos escrúpulos en conseguirlo, no iba a perjudicarse por la pérdida... En resumen, creí que aquello no estaría mal”. “Un moderno Robin Hood”, observa Poirot
.
 4. El misterio de miss Lemon.

Como sucede con tantos otros personajes de Agatha Christie, sabemos muy poco de miss Lemon, la secretaria de Hércules Poirot presente en esta historia. Una miss Lemon aparece muy brevemente mencionada por primera vez en 1932, descrita como “una mujer joven de aspecto severo con gafas”, trabajando de secretaria de James Parker Pyne en dos relatos, El caso de la mujer de mediana edad y El caso de la señora desesperada, que fueron reunidos con otros diez en el volumen Parker Pyne investiga, protagonizado por este jubilado que se anuncia en los periódicos para ayudar a personas infelices. Después de otros dos relatos incluidos en Problema en Pollensa, Agatha Christie se deshizo de este curioso personaje.

Se suele considerar por los estudiosos de la obra de la Reina del Crimen que el mismo personaje, miss Lemon, es el que reaparece en 1935 en el relato ¿Cómo crece tu jardín? (luego incorporado a las recopilaciones Problema en Pollensa y Primeros casos de Poirot) trabajando como secretaria particular para Hercules Poirot. ¿Es la misma mujer? En este relato se la describe muy poco caritativamente: “La señorita Lemon tenía cuarenta y ocho años y un aspecto poco atractivo. La impresión general que producía era la de un montón de huesos colocados de cualquier modo. Su pasión por el orden casi igualaba la de Poirot y, aunque muy capaz de pensar por sí misma, nunca lo hacía a no ser que se lo ordenaran”; “era una máquina casi perfecta, total y gloriosamente desinteresada por los problemas humanos. La verdadera pasión de su vida era dar con un sistema de archivo perfecto, al lado del cual todos los demás sistemas serían olvidados”. En La captura del Cancerbero se la describe como "increíblemente fea e increíblemente eficiente". No queda claro si Agatha Christie se quería referir a la misma secretaria, a la que hace envejecer súbitamente, o simplemente reutiliza el apellido para otro personaje con la misma profesión.

Suponiendo que fuera el mismo personaje en ambos casos, nada sabemos sobre por qué cambió de empleo, ni tampoco nada sobre su vida anterior. Regresa intermitentemente, además de en varios relatos cortos, en diversas novelas de Poirot: Asesinato en la calle Hickory (1955), El templete de Nasse-House (1956), La tercera muchacha (1966), Los elefantes pueden recordar (1972). En la primera de estas novelas nos enteramos de que miss Lemon tiene una hermana, mrs. Hubbard, viuda, que vivió en Singapur y que administra una residencia para estudiantes en la calle Hickory de Londres (también hay una mrs. Hubbard en Asesinato en el Orient Express, de 1934, que claramente es un personaje distinto, una estadounidense que regresa de Bagdad de visitar a su hija y de la que luego sabemos que, en realidad, era la abuela de la niña secuestrada y asesinada). Los problemas que sufre la hermana de miss Lemon hacen que esta, por primera vez, cometa errores y descuide el estricto cumplimiento de sus deberes.

Gracias a su hermana sabemos que el nombre de pila de miss Lemon es Felicity. Pero al igual que con la propia agencia de Poirot, no sabemos qué es de ella cuando el detective aparece retirado o viajando por el mundo. Quizás le aplicó un ERE.


Puedes leer las colaboraciones de Miguel Izu para la III SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2017, PINCHANDO AQUÍ o en la imagen.

 
es doctor en Derecho y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Funcionario del Gobierno de Navarra, vocal del Tribunal Administrativo de Navarra. Ha ejercido como abogado y como profesor asociado de Derecho Administrativo en la Universidad de Navarra y en la Universidad Pública de Navarra. Ha colaborado con la Escuela de Policía de Cataluña y colabora regularmente con la Escuela de Seguridad de Navarra. Ha sido concejal del Ayuntamiento de Pamplona, presidente de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona y miembro del Parlamento de Navarra. Colabora asiduamente en diversos medios de comunicación (principalmente, en Diario de Noticias y Solo Novela Negra) y revistas profesionales. Secretario de la Asociación Navarra de Escritores/as-Nafar Idazleen Elkartea. Obras: Novela: El asesinato de Caravinagre (2014); El crimen del sistema métrico decimal (2017). Relato: “Un asunto privado”, en 24. Relatos navarros (2016); “Una cuenta pendiente”, en Solo Novela Negra (2016); “El vino del francés”, en El alma del vino (2017); “Un móvil para un crimen”, en la III Semana Negra en la glorieta (2017). Ensayo: La Policía Foral de Navarra (1991), Navarra como problema. Nación y nacionalismo en Navarra (2001), El Tribunal Administrativo de Navarra (2004), Derecho Parlamentario de Navarra (2009), El régimen jurídico de los símbolos de Navarra (2011, VII Premio Martín de Azpilicueta), El régimen lingüístico de la Comunidad Foral de Navarra (2013). Recopilación de artículos de prensa: Sexo en sanfermines y otros mitos festivos (2007), Crisis en sanfermines y otros temas festivos (2015). Página web: http://webs.ono.com/mizubel/

Reseña de «El jabalí de Erimantea», de Agatha Christie

RESEÑA DE «EL JABALÍ DE ERIMANTEA », DE AGATHA CHRISTIE, por Miguel Izu
1. Introducción.
 

El cuarto de los doce trabajos de Hércules y de Poirot es El jabalí de Erimantea. El relato se publicó inicialmente en Strand Magazine en febrero de 1940, en Estados Unidos en mayo siguiente en This Week llevando como título Murder Mountain.

Según la mitología clásica, este jabalí era un animal feroz y enorme que frecuentaba las laderas cubiertas de cipreses del monte Erimanto, entre la Acaya y la Élide, y que causaba estragos en toda la zona. En el camino Hércules hizo una parada para visitar al centauro Folo, con quien comparte comida y vino mientras recuerdan tiempos jóvenes. Los demás centauros huelen el vino y se enfurecen, ya que les estaba reservado. Atacan a Hércules, quien logra hacerles retirarse tras matar a varios de ellos con sus flechas envenenadas. Prosigue su camino en busca del jabalí, le hace salir de su guarida y lo persigue durante horas hasta acorralarlo en una zona cubierta de nieve donde el animal anda con dificultad y, saltando sobre su lomo, lo ata con cadenas y lo lleva a Micenas cargándolo sobre sus hombros.




2. Sinopsis.

ADVERTENCIA DEL EDITOR: Esta sinopsis contiene un spoiler completo del relato que reseñamos. Si aún no lo has leído o hace tanto tiempo que no recuerdas el argumento, te recomendamos que lo leas antes de disfrutar del excelente análisis que nos ofrece el escritor Miguel Izu.

Ya que la aventura de La corza de Cerinea le había llevado a Suiza, Poirot decide hacer un poco de turismo y visita Chamonix, Montreux y Aldermatt. En esta última población toma el funicular para subir a Les Avines, pero al entregar el billete al revisor este, disimuladamente, le deja un papel con un mensaje en la mano. En realidad, es un comisario de policía suizo camuflado, Lementeuil, que pide su colaboración para detener a un peligroso asesino, Marrascaud, “un jabalí salvaje”, que va a reunirse con su banda en Rochers Nieges, la última parada del funicular a diez mil pies de altitud y entre nieves perpetuas. Poirot decide ayudar a su colega.
   
En el funicular viajan otras seis personas; el señor Schwartz, un parlanchín turista norteamericano; tres hombres con aspecto de mozos de cuadra que juegan a las cartas; un reservado hombre mayor con aspecto distinguido, luego sabrá que es el doctor Karl Lutz de Viena, exiliado a causa de los nazis; y una misteriosa mujer vestida de negro, la señora Grandier, que peregrina cada año al lugar donde había muerto su esposo escalando. Todos se alojan en el mismo hotel, donde Poirot finge ser un comerciante en sedería de Lyon y donde un camarero llamado Gustave se identifica ante él como el inspector Drouet, trabajando de incógnito. A la mañana siguiente de su llegada este le comunica que ha habido una avería en el funicular y están aislados; ambos sospechan que puede ser un sabotaje y que Marrascaud debe de ser uno de los huéspedes, pero no ven sentido a una cita en un lugar tan remoto y sin salida.

Mientras Poirot duerme, irrumpen en su habitación los tres hombres armados con navajas con las que amenazan con acuchillarle la cara, pero en ese momento aparece el señor Schwartz con una pistola automática, les desarma y encierra en un armario. Poirot sugiere ir a hablar con el camarero, revela que es el inspector Drouet, y el americano le dice que ha sido herido en la cara por los tres maleantes y que el doctor Lutz le está curando. Encuentran unas huellas de sangre en el pasillo y, siguiéndolas, descubren un cadáver en una habitación de una parte del hotel cerrada, con un cartel que le identifica como Marrascaud. Poirot, que se ha informado sobre todo el personal, explica que probablemente es un camarero llamado Roberto que se despidió, pero al que nadie vio tomar el funicular. Schwartz sugiere que debía repartir el dinero robado con los de su banda pero que los traicionó y ellos se han vengado.

Tres días más tarde llega el comisario Lementeuil con sus hombres, alertado por señales que ha hecho Poirot con un heliógrafo. Son conducidos a la habitación donde yace herido Gustave, el supuesto inspector Drouet, al que detienen. En realidad, es Marrascaud, mientras que el asesinado Roberto era el auténtico inspector.

Poirot explica al confundido señor Schwartz que enseguida se dio cuenta de que Gustave no era policía, ya que había trabajado toda la vida entre policías, y sospechó de él. Mascarraud se alarmó ante la llegada del detective. Había llegado al hotel para encontrarse con el doctor Lutz, que no era psiquiatra como fingía ser, sino cirujano plástico, y que le iba a cambiar el rostro para hacerlo irreconocible. Había secuestrado al inspector Drouet y lo había reemplazado antes de que llegaran sus hombres. El doctor Lutz le había operado, con la excusa de que había sido acuchillado, y finalmente se propuso acabar con Poirot, pero gracias a la intervención del norteamericano sus planes fracasaron
.



   
3. Poirot, policía


Poirot afirma ante Schwartz que “he tenido que tratar con policías durante toda mi vida”, pero podría haberle precisado que él mismo fue policía. La vida de Poirot antes de su llegada como refugiado al Reino Unido durante la I Guerra Mundial (Alemania había atacado a traición y ocupado Bélgica) nunca es expuesta por completo, pero conocemos algunos detalles. En El misterioso caso de Styles, de 1920, la primera novela de Agatha Christie, donde Poirot se reencuentra con su amigo el capitán Hastings, que ha sido retirado por invalidez y convalece de sus heridas de guerra, se dice que fue “uno de los miembros más destacados de la policía belga”. Él mismo se define como “un policía belga retirado” y el inspector Japp recuerda que trabajaron juntos en 1904 en el caso del falsificador Abercrombie, que fue detenido en Bruselas. Nunca sabemos la edad de Poirot (tampoco hay manera de establecer una cronología coherente de sus aventuras), ni por qué no regresó a su país y decidió, en cambio, trabajar como detective privado en Londres. En Tragedia en tres actos, de 1934, dice que se retiró antes de la guerra y se presenta como nuevamente jubilado y dedicado a recorrer el mundo después de hacerse rico con su segunda carrera como investigador privado. Antes de finalizar la Gran Guerra ya le vemos trabajando en el relato El rapto del primer ministro, de 1923, y se deduce que en Bélgica ocupó un cargo importante ya que, cuando pregunta si le ha recomendado al Gobierno británico “mi viejo amigo el Préfet”, le responden que “uno que está por encima del Préfet. ¡Uno cuya palabra fue una vez ley en Bélgica… y volverá a serlo! ¡Eso lo ha jurado Inglaterra!”, insinuando que ha sido el propio rey Alberto. En La caja de bombones, relato también de 1923, Poirot confiesa a Hastings un fracaso en su época en Bélgica “en la época de la terrible lucha entre la Iglesia y el Gobierno francés” (debe referirse a la época de la ley de 1905 de separación de las iglesias y el Estado) y dice que “formaba parte de la Brigada de Investigación belga”. En El caso del baile de la Victoria, igualmente de 1923 y recopilado también en Primeros casos de Poirot, Hastings dice que fue “antiguo jefe de la Force belga”.

4. Rompiendo las normas.
 

No son pocos los autores que han establecido unas normas a las que teóricamente deben ajustarse las novelas policíacas, y no menos son los escritores que las ignoran olímpicamente o establecen tantas excepciones que en la práctica ofrecen el mismo resultado. Son famosas las 20 reglas de S.S. Van Dine, el creador del detective Philo Vance, publicadas en 1928 en American Magazine. La primera de ellas es que “el lector y el detective deben estar en igualdad de condiciones para resolver el problema”. Agatha Christie no solía seguir ningún tipo de normas, jugaba con los lectores y, desde luego, no respetaba ese precepto. Hércules Poirot suele saber cosas que el lector ignora hasta el final. En El jabalí de Erimantea sabe que el camarero Gustave no es policía, convencimiento derivado de su experiencia profesional, pero el lector no tiene manera de conocerlo. Algo parecido sucedía en La corza de Cerinea, sus sospechas sobre la verdadera identidad de la joven que busca derivan de haber visto actuar a la bailarina Katrina Samoushenka. Y también entre los trabajos de Hércules hay alguno, como Los pájaros de Estinfalia, donde Poirot ni siquiera se molesta en explicar cómo averiguó la verdad. Agatha Christie tampoco sigue la regla de Van Dine de que “el culpable nunca debe ser el mismo detective” (la rompe en Telón o La ratonera) o de que “el culpable debe ser uno solo” (veáse Asesinato en el Orient Express).

Agatha Christie perteneció y presidió durante años el Detection Club, formado por escritores británicos del género policíaco. Uno de sus miembros, Ronald Knox, publicó diez normas para escribir novela policíaca que sus colegas tampoco se tomaron muy en serio. Una de ellas es que “ningún accidente debe ayudar al detective”, ignorada en El jabalí de Erimantea ya que, si no aparece por pura casualidad Schwartz con su automática, Poirot habría muerto prematuramente, y otra que “no deben aparecer hermanos gemelos o, en general, dobles”, que Agatha Christie se salta en obras como Asesinato en el campo del golf o Se anuncia un asesinato, por no mencionar Los Cuatro Grandes donde Poirot finge tener un hermano gemelo, Aquiles.

Chesterton redactó un juramento que debían hacer los nuevos miembros del Detection Club en el que se comprometían a que sus detectives no utilizaran revelación divina, intuición femenina, artes mágicas, coincidencias, “Mumbo Jumbo”, “Jiggery-Pokery” (ambas expresiones en inglés equivalen a irónicas palabras mágicas o expresiones altisonantes utilizadas para encubrir un engaño) o acto de Dios. También debían comprometerse a no ocultar pistas esenciales al lector y a hacer un uso moderado de bandas, complots, rayos de la muerte, fantasmas, hipnotismo, rampas ocultas, chinos, supercriminales y locos. Es obvio que el juramento tampoco se tomaba demasiado en serio; despojando a miss Marple de su intuición femenina difícilmente hubiera resuelto ningún crimen, mientras que Poirot a lo largo de su carrera, aparte de aprovecharse de las coincidencias y seguir su intuición, se enfrenta a un buen número de complots y supercriminales (en Los Cuatro Grandes, uno de los sospechosos, además, es chino). La única regla válida, en el fondo, es que todo vale si se consigue contar una buena historia
.


Puedes leer las colaboraciones de Miguel Izu para la III SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2017, PINCHANDO AQUÍ o en la imagen.

 
es doctor en Derecho y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Funcionario del Gobierno de Navarra, vocal del Tribunal Administrativo de Navarra. Ha ejercido como abogado y como profesor asociado de Derecho Administrativo en la Universidad de Navarra y en la Universidad Pública de Navarra. Ha colaborado con la Escuela de Policía de Cataluña y colabora regularmente con la Escuela de Seguridad de Navarra. Ha sido concejal del Ayuntamiento de Pamplona, presidente de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona y miembro del Parlamento de Navarra. Colabora asiduamente en diversos medios de comunicación (principalmente, en Diario de Noticias y Solo Novela Negra) y revistas profesionales. Secretario de la Asociación Navarra de Escritores/as-Nafar Idazleen Elkartea. Obras: Novela: El asesinato de Caravinagre (2014); El crimen del sistema métrico decimal (2017). Relato: “Un asunto privado”, en 24. Relatos navarros (2016); “Una cuenta pendiente”, en Solo Novela Negra (2016); “El vino del francés”, en El alma del vino (2017); “Un móvil para un crimen”, en la III Semana Negra en la glorieta (2017). Ensayo: La Policía Foral de Navarra (1991), Navarra como problema. Nación y nacionalismo en Navarra (2001), El Tribunal Administrativo de Navarra (2004), Derecho Parlamentario de Navarra (2009), El régimen jurídico de los símbolos de Navarra (2011, VII Premio Martín de Azpilicueta), El régimen lingüístico de la Comunidad Foral de Navarra (2013). Recopilación de artículos de prensa: Sexo en sanfermines y otros mitos festivos (2007), Crisis en sanfermines y otros temas festivos (2015). Página web: http://webs.ono.com/mizubel/