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Microrrelatos de amor y desamor (IV)

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Fernando Gómez Lamadrid, fundador de la página de facebook TOPmicrorrelatos.  


JERSEYS Y CAZADORAS
Beatriz Alonso Aranzábal
En el armario familiar las cazadoras de mi padre abrazaban los jerseys de mi madre, y los tacones de ella pisaban las botas de él. Al cabo de los años, lo cambiaron y compraron uno de dos cuerpos, y de paso sustituyeron la cama matrimonial por dos colchones de látex. Ahora cada uno tiene su propia habitación, su propio armario, y sus calcetines se enredan, muy de vez en cuando, en la lavadora.

EDIPO COMPLEJO
Raúl Brasca
Aquel apuesto escritor se casó con una muchacha lesbiana para ocultar que era la amante de su madre. A continuación, disfrazado de marido infiel, fue el más promiscuo campeón sexual de la ciudad. Parecía la solución ideal, pero no resultó. Cada tanto, insatisfecho, sentía la necesidad imperiosa de hacerlo con su mujer y ella, que era una intuitiva, lo recibía con resignación, lo excitaba contándole lo que hacía con su madre, lo acariciaba como ella lo haría y le permitía dormirse con la cabeza entre sus pechos. Eso lo calmaba por un tiempo.

Complejo de Edipo
- Salvador Dalí -
(1930)

EL BESO Y EL ADIÓS
Ramón de Peñaflor
–Ha llegado el momento de separarnos, amor. Te prometo que algún día serás mía definitivamente... –musitó Sebastián con un suspiro, tras estamparle un cálido y prolongado beso con toda la pasión de que pudo hacer acopio.
 

La magia de aquel sublime instante fue rota sin miramientos por el tiránico vozarrón del dependiente:
 

–¡Hágame el favor de no babear las revistas si no las va a comprar!

EL MONJE FURIOSO
Anónimo Chino
Dos monjes zen iban cruzando un río. Se encontraron con una mujer muy joven y hermosa que también quería cruzar, pero tenía miedo.

Así que un monje la subió sobre sus hombros y la llevó hasta la otra orilla.

El otro monje estaba furioso. No dijo nada pero hervía por dentro. Eso estaba prohibido. Un monje budista no debía tocar a una mujer y este monje no sólo la había tocado, sino que la había llevado sobre los hombros.

Recorrieron varias leguas. Cuando llegaron al monasterio, mientras entraban, el monje que estaba enojado se volvió hacia el otro y le dijo:

—Tendré que decírselo al maestro. Tendré que informar acerca de esto. Está prohibido.

—¿De qué estás hablando? ¿Qué está prohibido? —le dijo el otro.

—¿Te has olvidado? Llevaste a esta hermosa mujer sobre tus hombros —replicó el monje enojado.
 

El otro se rió y luego dijo:

—Sí, yo la llevé. Pero la dejé en el río, muchas leguas atrás. Tú todavía la estás cargando
.

La prostituta ha decidido dejar la calle y buscar un trabajo digno. Por recomendación de una persona caritativa, se dirige a la oficina de colocación laboral. La recibe un secretario con un traje barato y corbata oscura. Impresionado por su decisión y su belleza, le aconseja pensarlo antes de precipitarse. Todavía es joven y goza de buena salud. Llaman por el interfono al secretario, que acude al despacho del director. Le explica el caso de la prostituta. «Envíemela: veré qué puedo hacer por ella», le dice. Una hora después, el director y la mujer abandonan la oficina en el coche oficial. ¿Acaso hacia una nueva vida?




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Microrrelatos de autores argentinos (I) Enrique Anderson Imbert - Julio Cortázar

TABÚ
Enrique Anderson Imbert
El ángel de la guarda le susurra al oído:
—¡Cuidado, Fabián!, morirás apenas pronuncies la palabra zangolotino.
—¿Zangolotino?—pregunta azorado. Y muere..


*
BANQUETE
Alejandro Bentivoglio
El dragón se va dando vuelta hasta poder morderse la cola, hasta masticársela con fruición, hasta comerse con la lentitud del mejor degustador del mundo. Pero no es hasta el momento en el que ya tiene la mitad de su cuerpo dentro de su boca que decide estornudar en un estallido de fuego que lo deja en el punto justo de cocción para terminar como se debe aquel banquete caníbal.
*
EL ADIVINO 
Borges
En Sumatra, alguien quiere doctorarse de adivino. El brujo examinador le pregunta si será reprobado o si pasará. El candidato responde que será reprobado...

*
SABER BUSCAR
Raúl Brasca
En la pequeña ciudad de Syndersdale, Australia, los descubrió y reconoció de inmediato tras los cristales del pequeño recinto que compartían.
   Salvo el cabello crecido y el reducido tamaño de sus cabezas, los exploradores no habían cambiado nada.
*
LA LIBERTAD 
Rosalba Campra
Podrás ir caminando por el filo de la sombra hasta la parte alta de la ciudad. Nadie te dirá: por ahí no se pasa. Encontrarás entornada la verja de esa casa que te ensanchaba los ojos de deseo cuando eras chico. Ningún guardia te cerrará el camino, ni te prohibirá caminar sobre los macizos de anémonas hasta el estanque, entrar en los salones enguirnaldados sin que nadie te anuncie. Marcarás con caramelos tus itinerarios por las plazas, elegirás en la biblioteca central los manuscritos más ricamente iluminados para recortar las figuras, y nadie llamará a la policía, ni siquiera cuando en las farmacias te pongas a volcar uno a uno los tubos de píldoras fosforescentes que se desparramarán hasta la calle con un alboroto de perlas desenhebradas, o cuando busques en el negocio del anticuario, donde todo fue siempre demasiado caro, los más rotundos sillones coloniales, los espejos de azogue deslucido, y te los lleves sin pedir permiso. Ningún empleado del correo protestará porque te has puesto a abrir las cartas –a veces de amor– dirigidas a otros, o a usar los telegramas para hacer avioncitos que terminan por amontonarse en el mismo rincón. Ningún camarero te impedirá descorchar todas las botellas de los vinos añejos, y probar apenas un sorbo de cada una, sentado a la terraza frente al mar. Inútilmente esperando que la mujer más hermosa de la ciudad, que una mujer, que alguien, baje a sentarse contigo, y te acompañe después al teatro donde nadie te exigirá la entrada ni tratará de imponerte buenas maneras cuando te arrellanes en el palco presidencial frente al escenario vacío. Ese es el lado malo, ya te habrás dado cuenta, de ser el único sobreviviente.
*
AMOR 77 
Julio Cortázar
Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se visten y, así progresivamente, van volviendo a ser lo que no son.

*
Tres  de los cinco escritores del siglo XX que David Lagmanovich consideró “clásicos” de la minificción en  lengua española son argentinos: Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Marco Denevi. Los otros dos pertenecen, el uno por nacimiento y el otro por adopción, al ámbito geográfico y sobre todo cultural mexicano: Juan José Arreola y Augusto Monterroso.
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«Triángulo criminal» de Raúl Brasca y otros microrrelatos

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Fernando Gómez Lamadrid, fundador de la página de facebook TOPmicrorrelatos.  


CRIMENES EJEMPLARES (fragmento)
Max Aub
Lo maté porque me dolía la cabeza. Y él venga hablar, sin parar, sin descanso, de cosas que me tenían completamente sin cuidado. La verdad, aunque me hubiesen importado. Antes miré mi reloj seis veces, descaradamente: no hizo caso. Creo que es un atenuante muy de tenerse en cuenta.

EL ÚLTIMO CRIMEN EJEMPLAR
Javier Alonso García-Pozuelo
El último ejemplar de Aprenda a controlar su ira reposaba sobre el expositor. El hombre de la mirada iracunda estaba, más o menos, a la misma distancia del libro que yo. Nada más verle avanzar en dirección al expositor, comprendí la magnitud de su insensatez. Lo supe de inmediato: sólo uno de los dos podía salir vivo de allí.

El asesino
- Edvard Munch -

PÁGINA EN BLANCO
Julio Cortázar
En un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen. Si un lector desemboca en esa página al dar las tres de la tarde, muere.

INCOGNITA
Carmen Peire
Una persona es lo que cree ser, lo que los demás opinan que es y lo que realmente es. Desde esta perspectiva, no se pudo averiguar quién cometió el asesinato.

El asesino amenazado
- René Magritte -

EL MÉTODO DEDUCTIVO
Gabriel Jiménez Emán
Al abrir el periódico, vio que el asesino le apuntaba desde la foto. Lo cerró rápido, antes de que la bala pudiera alcanzarle en la frente. Dejó el periódico a su lado, todavía humeante.

TRIÁNGULO CRIMINAL
Raúl Brasca
Vayamos por partes, comisario: de los tres que estábamos en el boliche, usted, yo y el "occiso", como gusta llamarlo -todos muy borrachos, para qué lo vamos a negar- yo no soy el que escapó con el cuchillo chorreando sangre. Mi puñal está limpito como puede apreciar; y además estoy aquí sin que nadie haya tenido que traerme, ya que nunca me fui. El que huyó fue el "occiso" que, por la forma como corría, de muerto tiene bien poco. Y como él está vivo, queda claro que yo no lo maté. Al revés, si me atengo al ardor que siento aquí abajo, fue él quien me mató. Ahora bien, puesto que usted me está interrogando y yo, muerto como estoy, puedo responderle, tendrá que reconocer que el "occiso" no sólo me mató a mí, también lo mató a usted.


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