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Carne de varón. El curioso origen de la expresión «dar un braguetazo».

En castellano decimos que un hombre «ha dado o pegado un braguetazo» cuando, gracias al matrimonio con una dama de buena posición económica, el interesado asciende de manera considerable en la escala social. El diccionario de la Real Academia Española define esta expresión como “casarse por interés con una mujer rica”, si bien es cada vez más frecuente su empleo para designar también el caso contrario: el de mujeres que, más por interés que por amor, dan el «sí quiero» a señores de saneada economía.


El dilema  de Quiteria: dinero o amor
- Gustave Doré -

Lo que tal vez no sepas es que el origen de la expresión «dar un braguetazo» está relacionado con una de las figuras más emblemáticas de la Historia y la Literatura de España: la del hidalgo.


Los hidalgos formaban la capa inferior de la nobleza, por debajo de la de caballeros, y entre otros de los privilegios de los que gozaban estaba la exención fiscal (no tenían que contribuir a los pechos ni a impuestos extraordinarios) o el no poder ser encarcelados por deudas, ni ser sometidos a tormento.
 

La nobleza española constituía un estamento muy jerarquizado y, si la hidalguía formaba el estrato más bajo de este estamento, a su vez dentro de la propia hidalguía se reconocían distintos grados de prestigio. Desde el más elevado y linajudo, el hidalgo de solar conocido, a los más bajos, los hidalgos de privilegio, pasando por los notorios y los hidalgos de ejecutoria.

El grado más bajo de hidalguía era, como se ha dicho, el de los hidalgos de privilegio, a los cuales se les concedía esta merced en agradecimiento a algún servicio prestado a la Corona. Y entre los servicios más apreciados, en tiempos de Reconquista o de colonización del Nuevo Mundo, estaba el de traer a este valle de lágrimas una buena prole de hijos. A poder ser varones. Concretamente siete era el número de hijos varones que un pechero debía engendrar, en legítimo matrimonio, si quería abandonar el estado llano y comenzar a disfrutar de las prerrogativas de la hidalguía. Pero
los siete hijos debían ser consecutivos, sin que por medio se colase ninguna hembra. Todo ello, sin dejar entre tanto de trabajar y apechugar con las correspondientes cargas e impuestos. ¡Ahí es nada! Vamos que, comparado con aquello, lo de que te den hoy en día el carnet de familia numerosa es coser y cantar.


Silla de partos de Jacob Rueff

Pues bien, al hidalgo de privilegio con siete hijos varones es a quien el mordaz pueblo español bautizó con el título de «hidalgo de bragueta» para diferenciarlo del otro hidalgo, el de rancio abolengo. A ese garañón entregado a la causa procreatoria para servir al imperio español con carne de varón con la que poblar el Nuevo Mundo, carne de cañón con la que combatir a los herejes en la vieja Europa, a ese plebeyo que se había ennoblecido mediante el extenuante arte de sacarse el miembro a través del orificio pélvico de los calzones, se le puso el remoquete de «hidalgo de bragueta».

Pasado el tiempo,
apareció en nuestro idioma la expresión «dar un braguetazo», modismo que, como se ha visto, guarda cierto parentesco con el verdadero protagonista de esta entrada: el hidalgo de bragueta.


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«Microrrelatos escogidos» por Ana Grandal (VI)

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Ana Grandal, licenciada en Ciencias Biológicas, traductora científica y escritora.
 

LA BUROCRACIA /3
Eduardo Galeano
Sixto Martínez cumplió el servicio militar en un cuartel de Sevilla.
    En medio del patio de ese cuartel, había un banquito. Junto al banquito, un soldado hacía guardia. Nadie sabía por qué se hacía la guardia del banquito. La guardia se hacía porque se hacía, noche y día, todas las noches, todos los días, y de generación en generación los oficiales transmitían la orden y los soldados la obedecían. Nadie nunca dudó, nadie nunca preguntó. Si así se hacía, y siempre se había hecho, por algo sería.
    Y así siguió siendo hasta que alguien, no sé qué general o coronel, quiso conocer la orden original. Hubo que revolver a fondo los archivos. Y después de mucho hurgar, se supo. Hacía treinta y un años, dos meses y cuatro días, un oficial había mandado montar guardia junto al banquito, que estaba recién pintado, para que a nadie se le ocurriera sentarse sobre la pintura fresca
.


El libro de los abrazos

FLASH
J.V. Barcia Magaz
En una plazoleta de ciudad periférica, donde los niños juegan, un gran cartel indica:
PROHIBIDO JUGAR AL BALÓN O LA PELOTA
La cuestión es que las letras del cartel se están desconchando. Por el paso del tiempo y, sobre todo, por los continuos balonazos.

Campo de estrellas

EL HOMBRE ELEFANTE
Agustín Martínez Valderrama
Me corté una oreja y salí de casa. En el ascensor mi vecino me preguntó qué había ocurrido. Le dije que fue un accidente, esquiando. Al tipo del quiosco le expliqué lo del atraco y la navaja. Luego, en la cafetería, el camarero insistió. Se me cayó, respondí sin más. En la oficina confesé que sufría un tumor. Funcionó. Hasta ella se acercó y me besó en la mejilla. Tenía una voz bonita, olía bien y era más guapa aún de cerca. Unos días después todo volvió a ser como antes. Ayer me corté la otra. 

Sentido sin alguno

DESPUÉS DE LA GUERRA
Alejando Jodorowsky
El último ser humano vivo lanzó la última paletada de tierra sobre el último muerto. En ese instante mismo supo que era inmortal, porque la muerte sólo existe en la mirada del otro.

Minificción mexicana

EL CIELO GANADO
Gabriel Cristián Taboada
El día del Juicio Final, Dios juzga a todos y a cada uno de los hombres.
    Cuando llama a Manuel Cruz, le dice:
    —Hombre de poca fe. No creíste en mí. Por eso no entrarás en el Paraíso.
    —Oh, Señor —contesta Cruz—, es verdad que mi fe no ha sido mucha. Nunca he creído en Vos, pero siempre te he imaginado.
    Tras escucharlo, Dios responde:
    —Bien, hijo mío, entrarás en el cielo; mas no tendrás nunca la certeza de hallarte en él
.


Cuentos breves y extraordinarios

Ana Grandal es licenciada en CC. Biológicas y ejerce como traductora científica freelance desde 1996. Entre otros, ha traducido los libros de divulgación «Los orígenes de la vida» (Freeman Dyson, Cambridge University Press, 1999), «El comportamiento altruista» (Elliott Sober y David Sloan Wilson, Siglo XXI, 2000) e «Inteligencia emocional infantil y juvenil» (Linda Lantieri, Santillana, 2009).

Puedes leer una selección de microrrelatos de su libro «Te amo, destrúyeme», publicado por Amargord Ediciones en 2015, pinchando en la imagen.


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«Afrodita», «Cobardía», «El hombre cebolla», «La felicidad» y «Para acordarme siempre», cinco microrrelatos incluidos en Te amo, destrúyeme, de Ana Grandal. 
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Microrrelatos de Manu Espada

Manu Espada, uno de los más reconocidos autores de microficción en castellano, ha obsequiado a los lectores y lectoras de CITA EN LA GLORIETA con cinco fabulosos microrrelatos que publicaremos cada miércoles de este mes de Junio.

Hoy comenzamos con una obra maestra del género, el microrrelato titulado «Árbol genealógico»
.

ÁRBOL GENEALÓGICO
Manu Espada
Cogí mi árbol genealógico, el que había dejado mi madre sobre la repisa del salón, y lo trasplanté en el jardín, junto al manzano. Le eché abono natural de oveja y vaca. Al día siguiente le había brotado una nueva tía abuela, dos hijos, cuatro hermanos y doce sobrinos. Estaba tan frondoso que tuve que podar a los primos lejanos. El de mi vecina era más pequeño. Lo tenía medio escondido junto a los geranios. Apenas tenía parientes. Me produjo cierta lástima que estuviera tan sola y decidí injertarle la rama en la que estaba mi nombre. Salté la valla de su huerto y conseguí llegar hasta los geranios sin que nadie me viera. Mi vecina no se dio cuenta del injerto, y lo regaba a diario con la manguera, junto al resto de sus flores. Al principio le salieron malas hierbas, pero volví a saltar la valla y eché un pesticida. En cuatro semanas, mi vecina y yo ya aparecíamos en el árbol como marido y mujer. Decidí romper con mi familia. Saqué un hacha y talé mi árbol genealógico. Esa misma noche dormimos acurrucados junto a la chimenea, al calor de la leña. Mientras, nuevos brotes crecían en el huerto, junto a las malas hierbas de los geranios.

«Árbol genealógico» -reproducido con permiso de su autor- está incluido en Personajes secundarios, libro de microrrelatos de Manu Espada, publicado por la editorial Menoscuarto.


es licenciado en Periodismo y tiene un máster en radio. Desde el año 2000 trabaja como guionista en televisión. Ha filmado y llevado a las tablas su obra El tercer día (2007) y publicado los libros de narrativa breve El desguace (2007), Fuera de temario (2010) y Zoom. Ciento y pico novelas a escala (2011), una recopilación de microrrelatos, y Personajes secundarios (Menoscuarto, 2015). Entre otros premios, ha obtenido el de Relatos en Cadena, de la SER, y el Certamen de Microrrelato de la revista Eñe.

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Microrrelatos de amor y desamor (II)

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Fernando Gómez Lamadrid, fundador de TOPmicrorrelatos, página de facebook sin ánimo de lucro dedicada a la minificción.


RECONCILIACIÓN 
María José Barrios
Deja pasar un par de días, no la llames, no le cojas el teléfono. Luego ve a hablar con ella, pero muéstrate frío, distante e incluso cruel en un momento dado. Como si nada de aquello fuera contigo. Utiliza palabras duras, no hagas la más mínima concesión. Dile que no sabes de qué te habla, que son todo imaginaciones suyas. Deja que te grite, que te golpee, que te arañe, que te muerda, que te amenace. Échale la culpa de todo, deja que se derrumbe. Humíllala, apriétale un poco más -solo lo justo-, y entonces empieza a mostrarte algo más comprensivo. Dile algo cariñoso, juguetea con su flequillo. Abrázala, deja que se sienta bien por unos minutos. Convéncela de que te necesita. Miéntele, dile que la quieres. Y solo al final, si lo consideras necesario, le dices que la perdonas.

Reconciliación
Thomas William Roberts
*
AMOR
Jorge Timossi
Al ser informada oficialmente, Ana no dudó un instante y pidió el ingreso en la misma habitación aislada del Centro Médico donde Héctor había sido recluido quizás para siempre.
*
DESPECHO
Andrés Neuman
A Violeta le sobran esos dos kilos que yo necesito para enamorarme de un cuerpo. A mí, en cambio, me sobran siempre esas dos palabras que ella necesitaría dejar de oír para empezar a quererme.

Bailarina en la barra
Fernando Botero
*
AMOR 77
Julio Cortázar
Y después de hacer todo lo que hacen, se levantan, se bañan, se entalcan, se perfuman, se visten y, así progresivamente, van volviendo a ser lo que no son.
*
MITILINE
Miguel Ramírez Macías
–“¡Al fin solas!”
–“¡Al fin solas!”, dijo ella también a su simétrica manera. Y sin más preámbulo comenzó a desnudarse cálida y serenamente, disfrutando cada movimiento previo a aquel acercamiento en que, con inmenso placer, accedió a acariciar lenta, muy lentamente, su imagen en el espejo
.

Frases célebres de WOODY ALLEN sobre el AMOR y el SEXO

Allan Stewart Königsberg, conocido con el nombre artístico de Woody Allen, es un director, guionista, actor, músico, dramaturgo, humorista y escritor estadounidense, nacido en Brooklyn, el 1 de diciembre de 1935.


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Frases célebres de WOODY ALLEN sobre "el AMOR y el SEXO":
 
El sexo es lo más divertido que se puede hacer sin reír.
Sólo existen dos cosas importantes en la vida. La primera es el sexo y la segunda no me acuerdo.
¿Es sucio el sexo? Solamente si se hace bien.
Echo de menos la época donde el aire era limpio y el sexo sucio.

Amaos los unos sobre los otros.


El sexo entre dos personas es una cosa hermosa; entre cinco es fantástico.
Sobre la bisexualidad: inmediatamente dobla tus oportunidades para una cita el sábado por la noche.
Después de los 60, todos pertenecen al sexo débil.
Hablar es el precio para llegar al sexo.

Lo mejor de la masturbación es el final: los cariñitos.


La última vez que estuve dentro de una mujer fue cuando visitaba la Estatua de la Libertad.
¿Quién sino tú sería capaz de convencerme para que le hiciese una mamada en el entierro de mi padre?
El sexo alivia la tensión. El amor la aumenta.
Amar es sufrir. Para evitar el sufrimiento no se debe amar, pero entonces se sufre por no amar, de modo que amar es sufrir y no amar es sufrir, y sufrir es sufrir. Si para ser feliz hay que amar, para ser feliz hay que sufrir, pero sufrir hace a uno infeliz, por lo tanto para ser infeliz uno debe amar o amar para sufrir o sufrir de tanta felicidad, y dejémoslo que es un lío.

Sólo hay un amor eterno: el no correspondido.


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FRASES CÉLEBRES DE WOODY ALLEN:

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