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«Objetos frágiles», libro de relatos de Inés Mendoza

UMBRAL
Inés Mendoza
    ORDENO UNOS LIBROS sobre un anaquel en una casa vacía. Alguien me observa. No me siento inquieto. Por alguna razón, me urge encontrar una ventana. Veo de repente que desde el techo al rodapié, las paredes de la casa están cubierta por huellas de cuadros. Hay marcas de todo tipo: el óvalo que dejó un retrato pequeño, el rectángulo donde posiblemente colgó un bodegón y bastantes más.
    Al fin, reparo en una ventana que al parecer no se ha abierto desde hace años. Alguien respira a mis espaldas. Es una niña, pero tiene una mirada adulta, una mirada que me sobrecoge. La niña dice: «tiemblo por el ser». Entonces me asomo afuera y entiendo que el mundo lleva mucho tiempo muerto y que yo lo había olvidado
.


El microrrelato UMBRAL, que publicamos por cortesía de su autora, está incluido en el esperado libro de relatos Objetos frágiles, publicado por Páginas de Espuma. Pincha sobre la portada o el título si quieres leer las primeras páginas del libro.


es escritora y arquitecta. Trabaja como profesora en la Escuela de Escritores. Ha impartido talleres en instituciones como el Museo del Romanticismo y colaborado en medios nacionales e internacionales de prensa y revistas de arquitectura. Sus cuentos han sido premiados en varios concursos y recogidos en antologías, entre las que destaca Mar de pirañas, nuevas voces del microrrelato español. También ha publicado artículos sobre literatura en libros como Diodati. La cuna del monstruo. Su libro de relatos «El Otro Fuego» fue publicado en 2010 en la editorial Páginas de Espuma, y en 2017 ha publicado, con el mismo sello, «Objetos frágiles».

Agradecemos a Elena Martín Barce que nos haya permitido incluir la fotografía de Inés Mendoza para esta ficha biográfica.

Elena Casero y su «Luna de perigeo» en Benicàssim (28-I-2017)

En breve, publicaremos en CITA EN LA GLORIETA una entrada con varios de los microrrelatos incluidos en «Luna de perigeo», el último libro de Elena Casero Viana.  

Mientras tanto, os ofrecemos, por cortesía de nuestra admirada escritora, uno de los microrrelatos de su magnífica «Luna de perigeo».


INCOMPRENSIÓN
Elena Casero Viana
Anoche me morí en tus brazos. Lo hice sin pensar, por cariño, como lo he hecho todo por ti. Pusiste cara de susto, pero te duró poco tiempo. Después, cuando yo ya había cerrado los ojos y creías que no te podía ver, te relajaste y sonreíste feliz. Me abandonaste en el sofá, tal como me había muerto, algo desmadejada. Entonces te escuché hablar con ella. Tu voz sonaba con un timbre pulido, tan diferente del que usas conmigo, que parece hecho de productos abrasivos, de los que arañan el corazón. Te cambiaste de ropa, te perfumaste y saliste de la habitación sin darme siquiera un triste beso. Esta mañana, he decidido no volver a morirme nunca más.


Elena Casero Viana (València, 1954) es técnico de Empresas Turísticas y jubilada parcial en la multinacional Ford España S.L, aunque hubiera preferido ser músico. Hasta la fecha ha publicado Tango sin memoria (Mira Editores, 1996; reeditado en 2013 por Talentura Libros); Demasiado Tarde (Mira Editores, 2004); Tribulaciones de un sicario (Talentura Libros, 2009); Discordancias (Talentura Libros, 2011); Donde nunca pasa nada (Talentura Libros, 2014), y Luna de perigeo (Enkuadres, 2017). Ha colaborado también en distintos libros colectivos de relatos, publicados por Editores Policarbonados, Mira Editores, La Esfera Cultural o Generación Bibliocafé.


La nochebuena de Maritornes, microrrelato de Eduardo Gudiño Kieffer

Este año se ha celebrado el IV Centenario de la muerte de MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA (1547-1616). Nosotros le dedicamos el mes de abril por entero a su figura. Publicamos varias entradas con microrrelatos inspirados en Cervantes o en su obra, pero nos dejamos este que hoy publicamos y con el que os deseamos FELIZ NAVIDAD.


LA NOCHEBUENA DE MARITORNES
Eduardo Gudiño Kieffer
Maritornes trajina en la venta yendo de un lado para otro, seguida por las pullas de los arrieros y las insolencias de los soldados. Está acostumbrada, y si bien en comparación con su vida son dulces las tueras y sabrosas las adelfas, ni una queja sale de sus labios. Es humilde sin rencor, trabajadora sin odio, sirvienta sin hiel.

La noche del veinticuatro de diciembre es azul, gélida, estrellada. Maritornes enciende el fuego. Crujen las ramas verdes y un humo blanco se eleva rápidamente; después las llamas se lo tragan. Dos o tres chiquillos arrojan castañas y bellotas a las brasas. Estallidos y carcajadas infantiles. Maritornes ríe también. Le es fácil reír en Nochebuena, porque es Nochebuena y porque además tiene concertado refocilarse, al dormirse los amos y sosegarse los huéspedes, con un estudiante joven y, limpio, de miembros finos y ensortijados cabellos rubios. El estudiante no sabe nada, pero Maritornes está segura de que no rechazará un cuerpo cálido en la cama fría. Sobre todo porque en la oscuridad no se percatará de su boca desdentada por la sífilis, de sus cejas peladas, de su nariz roma, de sus ojuelos velados por un humor acuoso que destila constantemente. Y Maritornes ríe, ríe ante los insultos del mesonero Juan Palomeque, ante las palmadas de un arriero rijoso. Las risas arrecian cuando un recién llegado, mozo de mulas, empieza a contar a gritos que, después de recibir todos los sacramentos y abominando con eficaces razones los libros de caballería, ha muerto don Alonso Quijano, que tanto tiempo estuviera loco y recorriera caminos con el nombre de Don Quijote, creyéndose caballero andante. Maritornes recuerda muy bien su escuálida figura, y también el mofletudo rostro de su escudero Sancho. Recuerda la noche en que el herido caballero llegó a la venta, confundiéndola con un castillo. Recuerda que iba ella a la cama de Sancho, cuando sintiola Don Quijote y la atrajo hacia sí, diciendo que era de cendal su camisa de arpillera, de perlas orientales las cuentas de vidrio que traía en la muñeca, de hebras de oro de Arabia sus cabellos cochambrosos recogidos en una albanega de fustán. Recuerda que la llamó “señora y doncella”. ¡A ella, a Maritornes! Es como para reír. Pero la risa se transforma en lágrimas y, Maritornes llora.
 
Mucho después de la medianoche, con tácitos y atentados pasos, Maritornes entra en el aposento donde se aloja el estudiante. Se siente como pensada por Don Quijote: joven, doncella y hermosa. Acerca el candil al lecho y contempla al mozo dormido. Es muy distinto del hidalgo manchego. Enjuto, bien conformado, casi un niño. En el suelo están el espadín, el birrete, la golilla, los escarpines, las calzas, la casaca y la camisa. Maritornes recoge y ordena todo. Después suelta los cabellos. En ese momento se siente más agraciada que Oriana, más inquietante que Urganda la Desconocida. Sus pies son dos palomas blancas, su cuerpo el surtidor de una fuente, sus ojos dos estrellas negras. Y las lágrimas que llora todavía, mientras se mete en la cama del estudiante, son lágrimas de agradecimiento al Caballero de la Triste Figura, que por segunda vez en su miserable vida le ha regalado belleza
. 


Fabulario


«Al pie de la letra», microrrelato de Christian Solano

Publicamos el microrrelato titulado «Al pie de la letra», por cortesía de su autor, el escritor peruano de microficción Christian Solano.
 

AL PIE DE LA LETRA
Christian Solano
Aún hierven los susurros en mi oreja. Pide que la haga mía, que la bese toda, que le lama la piel sudada, que la muerda. «Estoy mojadita», dice, y me excito al oírla. Me ordena que la golpee, que la ahorque. En realidad, probamos de todo. «Cómeme», sentenció finalmente un día, ebria de placer. Así lo hice. La corté en pedazos y la hice mía en cada bocado.

Motivos de fuerza mayor

Christian Solano (Lima, 1976) estudió Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Graduado de la Escuela de Escritura Creativa del Centro Cultural PUCP de Alonso Cueto e Iván Thays. Fue incluido en la Antología de Minificción Peruana «Circo de Pulgas» de Rony Vásquez y en la Antología de Latinoamericana de Minificción «Ballenas en Hormigueros» de la editorial mexicana Ojo de pez, y seleccionado para la Antología Trinacional de Minificción «Borrando Fronteras - Ergo Sum 2014» (Argentina-Chile-Perú). Ha publicado «Almanaque» (Editorial Micrópolis. Lima, 2014) y «Motivos de fuerza mayor» (Ediciones Sherezade, Santiago de Chile, 2015).

Puedes leer una selección de microrrelatos de «Motivos de fuerza mayor», pinchando en la imagen.


«Señales de vida», microrrelato de Sergi Bellver

El siguiente relato, publicado con permiso de su autor -Sergi Bellver-, está incluido en «Agua dura» (Ediciones del Viento, 2013).
 

SEÑALES DE VIDA
Sergi Bellver
Trabajan en el instituto anatómico, rastrean respuestas entre la carne fría de los muertos y, desde hace un tiempo, evitan las preguntas de los demás forenses. La primera vez sobrevino tras examinar a una joven ―envenenada, bellísima―, al quedarse a solas en la sala de autopsias. En el beso se buscaron pronto la lengua con los dientes y al instante se reconocieron lobos del mismo clan. Desde entonces, cada vez que terminan en una cama, un baño público o el asiento de un coche, se montan como perros, sin ladrar. Muerden. Se dicen así el deseo, entre colmillos y sin cuidado, igual que los niños se llevan el mundo a la boca para aprenderlo. A la vez jauría y presa, se tientan a mordiscos para saberse vivos. Durante el día estudian el idioma de la muerte en la carroña de cada drama anónimo, pero de noche son aves atrapadas en una red, dos pieles hambrientas de placer y daño. En ocasiones, como depredadores que, con delicadeza, llevaran a su cachorro en la boca, juegan con el sexo del otro y con los dientes lo sujetan o lo abarcan hasta que la lengua obtiene respuesta y tiembla el cuerpo. Casi siempre, sin embargo, les domina la fiebre hasta buscarse a dentelladas la carne caliente de nalgas, espalda o nuca, donde dejan la marca del clan. Al día siguiente ―magullados, luminosos―, para evitar las preguntas de los demás, enmascaran con algún pañuelo al cuello esos rastros de vida entre cadáveres.


Sergi Bellver (Barcelona, 1971). Es autor del libro de relatos Agua dura (Ediciones del Viento, 2013). Sus cuentos han aparecido en una decena de antologías en España y Latinoamérica. Ha escrito crítica literaria para medios como el suplemento Cultura/s del diario La Vanguardia o la revista Qué Leer, y ha trabajado como editor, profesor de narrativa, periodista cultural, guionista y librero. Editó los libros colectivos Chéjov comentado (2010), Mi madre es un pez (2011; con Juan Soto Ivars) y Madrid, Nebraska (2014), y ha prologado nuevas traducciones de El jugador, de Dostoievski, y, en catalán, de La metamorfosis, de Kafka. Colabora en el proyecto editorial Avispero.

«Mensaje», microrrelato de Ana Grandal

Os ofrecemos, como parte de la SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2016, y por cortesía de su autora, Ana Grandal, el microrrelato titulado MENSAJE.
 

MENSAJE
Ana Grandal
«Lo hcms sta noxe n kasa a ls 9». Enviar. Una centésima de segundo más tarde se da cuenta de su error: ha mandado el mensaje a María. No a Mario, a María. A su esposa. La precipitación y la similitud gráfica le han jugado una mala pasada.
    Un sudor frío le recorre la espalda. «Calma». Es imposible que María descodifique la información contenida en la escueta frase. Tal vez piense que es una invitación al sexo, ese sexo que, durante un año, ella le ha negado. Por otra parte, ¿no es verdad que, a pesar de su costosísimo celular ultraligero de niña pija, de rica heredera caprichosa, siempre olvida recargarlo? No puede evitar una sonrisa. Quizás, a las nueve, cuando Mario entre en su casa a descerrajarle a María un tiro en plena nuca, comprenda inútilmente su significado.


Te amo, destrúyeme

Ana Grandal es licenciada en CC. Biológicas y ejerce como traductora científica freelance desde 1996. Entre otros, ha traducido los libros de divulgación «Los orígenes de la vida» (Freeman Dyson, Cambridge University Press, 1999), «El comportamiento altruista» (Elliott Sober y David Sloan Wilson, Siglo XXI, 2000) e «Inteligencia emocional infantil y juvenil» (Linda Lantieri, Santillana, 2009).

Puedes leer una selección de microrrelatos de su libro «Te amo, destrúyeme», publicado por Amargord Ediciones en 2015, pinchando en la imagen.


«Sacrificio», microrrelato de Rubén Abella

Os ofrecemos el microrrelato «Sacrificio», por  cortesía de su autor, el escritor y fotógrafo Rubén Abella.

Rubén Abella
- Fotografía: Rosa Jiménez -

SACRIFICIO
Rubén Abella
A pesar de que lo odiaba, Juan hizo todo lo que pudo por salvar a Pablo, su hermano gemelo. No pensó en sus diferencias mientras le agarraba la mano desde la orilla del río para evitar que se lo llevara la corriente. Tampoco tuvo en cuenta que en casa Pablo era el rey, el favorito, y que él, más alocado, menos dócil, lo único que recibía era desprecio. Todo eso se le pasó por la cabeza más tarde, cuando la policía encontró el cuerpo flotando entre los juncos, y los padres, apartando a los curiosos, corrieron hacia su hijo vivo y lo abrazaron como nunca antes lo habían hecho.

—Menos mal que tú estás bien, Pablo —dijeron, llorando.

—Pobre Juan —se lamentó Juan, y lloró con ellos
.



Los ojos de los peces (Menoscuarto, 2010) 


«Happy end (microrrelato negro)», microrrelato de Manu Espada

HAPPY END (MICRORRELATO NEGRO)
Manu Espada
Cuando el marido de Maruja llega del trabajo, le quita el culebrón que está viendo en la tele y mete un DVD. Ella no soporta las películas de cine negro que su esposo le obliga a ver cada tarde, así que se pone el batín azul y sale a la calle en pantuflas, con los rulos recién colocados. Entra en el bar de abajo para tomarse un anisete. El local no tiene halógenos en el techo, como de costumbre. La iluminación es tenue, los clientes se mueven entre sombras, a media luz. Las viejas losetas del suelo han sido sustituidas por un piso de madera noble. Han cambiado el mobiliario de metacrilato por otro de los años cincuenta. La atmósfera está cubierta de una neblina densa. Huele a Malboro. Varios individuos exhalan humo a bocanadas, como si hubieran derogado la Ley antitabaco. Cuatro tipos duros vestidos con gabardinas largas y sombreros de fieltro toman tragos en la barra. Whisky solo con hielo. Un hombre misterioso susurra algo al camarero en la penumbra, y de forma disimulada, le pasa un arma. Maruja se mira en el espejo de una columna. Su batín se ha convertido en un traje de noche, ajustado, con lentejuelas rojas. El vestido llega hasta los tobillos. Unos zapatos de tacón incrementan su estatura en diez centímetros. Se ve estupenda. Sus labios carmesí hacen juego con el cabello, una media melena que hace un momento estaba ribeteada con mechas rubias. “¿What happens here?”, dice Maruja en un perfecto inglés, con una voz tan grave como la vibración de la gruesa cuerda de un violonchelo. Maruja comienza a cantar frente a un micrófono clásico modelo “Shure 55SH”. El público la aplaude con entusiasmo. Con las primeras notas que salen de su prodigiosa garganta, el marido de Maruja regresa al salón con una cerveza y se sienta de nuevo en el sofá, frente a la tele. En la última escena de la película “L. A. Confidential”, su mujer, vestida con un traje de lentejuelas rojas canta el tema Makin' Whoopee. Al finalizar la canción, Russell Crowe estrecha lascivamente a Maruja entre sus brazos. El esposo observa cómo el barman le apunta con un revólver desde el otro lado de la pantalla.

«Happy end (microrrelato negro)», ha sido publicado en la SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA con permiso de su autor, Manu Espada. 

es licenciado en Periodismo y tiene un máster en radio. Desde el año 2000 trabaja como guionista en televisión. Ha filmado y llevado a las tablas su obra El tercer día (2007) y publicado los libros de narrativa breve El desguace (2007), Fuera de temario (2010) y Zoom. Ciento y pico novelas a escala (2011), una recopilación de microrrelatos, y Personajes secundarios (Menoscuarto, 2015). Entre otros premios, ha obtenido el de Relatos en Cadena, de la SER, y el Certamen de Microrrelato de la revista Eñe.

 

«Lady Ofelia y otros microrrelatos», de Atilano Sevillano

Atilano Sevillano (Argusino de Sayago, Zamora, 1954) creció y realizó estudios universitarios en Salamanca. Tras su estancia de más de década y media en Barcelona,  desde 1994 reside en Valladolid. Doctor en Filología Hispánica y licenciado en Teoría de la Literatura y Literatura comparada. Cofundó y codirigió la revista salmantina Aljaba. Papeles literarios (1978), en la que publicó sus primeros poemas y relatos. También ha contribuido a la creación de las revistas barcelonesas Poiesis. Revista de crítica y creación poética y Cármenes. Revista de poesía, creación, teoría y crítica. Es coautor del libro de texto Literatura española y universal – Bachillerato. (McGraw-Hill, 1999).
 


Es autor de los poemarios Presencia indebida (Devenir 1999) y Hojas volanderas-Haikus (Celya, 2008), y de los libros de microrrelatos De los derroteros de la palabra (Celya, 2010) y Lady Ofelia y otros microrrelatos (Amarante, 2015). Poeta y narrador imparte talleres de escritura creativa (sobre poesía y microrrelato) y cultiva la poesía visual con cerca de trescientas obras, que ha ido exponiendo en diversos organismos e instituciones de Castilla y León.

AMOR VERTEBRADO
Atilano Sevillano
   Amaba a su mujer por encima de todas las cosas. Era, sin duda, la columna vertebral de su vida. Llegó el día en que ella murió. Al día siguiente de la incineración lo encontraron tetrapléjico en la cama.

RECETA
Atilano Sevillano
   Mi mejor amiga me confiesa que con el tercer marido le fue más difícil, pues, era un tiquismiquis con las comidas. Me entrega un pequeño frasquito del que debo verter una cantidad insignificante con las cenas. Ella se aleja por el rellano de la escalera y me desea éxito con la receta. El frasquito de cristal tiembla entre mis manos.

BÁLSAMO
Atilano Sevillano
   En plena rabieta, la niña tomó un libro entre sus manos miró y remiró las solapas, olió la fragancia de sus lomos, luego lo dejó sobre la mesa y lo acarició como si de un osito de peluche se tratara.


UNA SOLA LÁGRIMA
Atilano Sevillano
   Se mostraba siempre indiferente y tranquilo. Ante cualquier desastre, aunque éste fuera de su propia familia, mantenía siempre una actitud impasible.
  Nadie sabe lo que pudo ocurrir en el declinar de aquella tarde de otoño. Todo el pueblo no salía de su asombro. Habían visto deslizarse por aquel rostro impenetrable una lágrima. Jamás se repitió ese gesto de renuncia. Desde entonces se le conoce por el hombre de una sola lágrima
.

INVENTARIO
Atilano Sevillano
   El veredicto fue rotundo e inapelable: !Culpable! Culpable de jugar al amor entre las esquinas. Culpable de la compra de libros de minificciones. Culpable del deseo de pescar reflejos de luna. Culpable de pasar de puntillas por la vida. Culpable de haber llegado tarde a casi todo. Culpable de ser el artífice de un epilogo al Quijote. Culpable de trastocar las palabras del diccionario. Culpable de llevar como amuleto una pata de mono disecada.

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