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«El detective y la ciudad en la novela negra», por Juan Infante


«El detective y la ciudad en la novela negra»,  
por Juan Infante
El detective y la ciudad siempre han estado íntimamente ligados en la novela policiaca, de intriga, negra y criminal.

Así como cuando hablamos de un autor de género negro, lo relacionamos de la misma con su protagonista, detective o policía, que suele ser bien conocido, cuando nos referimos a estos y sobre todo al detective privado, salta de inmediato su ciudad.

Philip Marlow y Los Ángeles, Sam Spade y San Francisco, o Sherlock Holmes y Londres; detectives y ciudades están íntimamente relacionados. A todos ellos resulta muy difícil desligarlos de sus calles, de su paisaje urbano y de su ambiente, de tal forma que difícilmente imaginaríamos a Marlow en Harlem o Chicago.

Ello refuerza la importancia que tiene en la novela negra, la ciudad. En una trama de novela negra, la ciudad se incorpora a la misma y se refleja en las vicisitudes por las que atraviesan sus protagonistas. En la ciudad, el detective plasma su personalidad y te acompaña por unos lugares bien elegidos incorporándose a su propio paisaje.

Cuando Pepe Carvalho recorre las calles de su ciudad, la Barcelona de siempre se nos aparece sin necesidad de nombrarla y toda la historia en la que participa no podría desarrollarse al margen de la Ciudad Condal.

Hay un debate siempre inconcluso, sobre con quién empezó el género policiaco. La doctrina se divide entre Edgar Allan Poe y Wilki Collins. Ambos comenzaron en la misma época, hacia mediados del siglo XIX, pero fue Poe el creador del detective moderno con Auguste Dupin. Collins con su sargento Cuff de Scotland Yard en La Piedra Lunar (1868) creó la primera novela protagonizada por un policía.

Con Los Crímenes de la calle Morgue (1841) Poe sentó las bases del género policiaco, creando la novela de enigma, en la que el crimen es descubierto gracias a la perspicacia del investigador. Así tenemos en éste primer relato policial, al primer detective privado: Auguste Dupin.

Empezamos a ligar directamente al protagonista detective, Dupin, con la ciudad de Paris, en
Los Crímenes de la calle Morgue (1841), El misterio de Marie Roget (1842) y La Carta Robada (1844). Con Poe y Dupin se sientan las bases para la creación de nuevos detectives privados como Sherlock Holmes y Hércules Poirot.

La primera aparición de Holmes con su ayudante el Doctor Watson se produce en la novela corta, Estudio en Escarlata (1887) de Arthur Conan Doyle y es en Londres, el Londres victoriano donde este investigador privado empieza a desarrollar todas sus capacidades para resolver los crímenes de los casos que le encargan. La ciudad de Londres quedará por siempre unida a Sherlock Holmes.

Hércules Poirot, el detective creado por Agatha Christie, hace su aparición en 1920, en la novela El misterioso asunto de Styles. Aunque es belga, vive en Inglaterra y desarrolla su actividad investigadora en la aristocrática Inglaterra rural. Su paisaje le identifica, como a otros la ciudad.

Si damos un salto por el atlántico y nos acercamos a la costa oeste americana, allí situamos varios de los detectives más famosos de la novela negra y policiaca.
                     
En San Francisco nos encontramos con Sam Spade, detective privado creado por Dashiell Hammett, quien a pesar de su celebridad solo protagonizó una novela, El halcón maltés (1929) y tres relatos.

En el corazón de San Francisco todavía se mantiene el bar-restaurante Johns Grill, donde Dasiell Hammett escribió El halcón maltés. Allí podemos seguir comiendo: chuletas, patatas fritas y rodajas de tomate, con un trago de vodka Bloody Brigmid tal como hacía Sam Spade o encontrar al fantasma del socio de éste Nicas Archer.

En Los Ángeles, Raymond Chandler creó al mítico Philip Marlow, recordado también por sus películas, con Bogart, Lauren Bacall y Audrey Hepburn.

Por Sunset Bulevard, Hollywood, el Valle de San Fernando…por sus calles, en sus mansiones y hoteles, Marlow investiga y resuelve sus casos. Hoy conocemos mucho mejor Los Ángeles quienes hemos leído a Chandler.

También en la misma ciudad, desarrolla su actividad de detective Lew Archer creado por Ross MacDonald. Con oficina en Sunset Bulevard (Hollywood) nos ayuda a conocer mucho mejor Los Ángeles. Archer como Marlow son dos figuras implicadas en la ciudad de los Ángeles y recordarlos es ver la ciudad y recorrerla con ellos.

Easy Rawlins de Walter Mosley viene en los noventa a patear Los Ángeles, particularmente sus suburbios. Era el prototipo de hombre recto, honesto en una lucha sin cuartel contra el crimen y el racismo.

En la costa Este, Dennis Lehane crea Patrick Kenzie y Angela Gennaro, dos detectives de Boston. Allí transcurren sus novelas y en los bajos fondos de donde proviene la pareja de detectives, ejercen su actividad investigadora y nos permiten conocer mejor una de las ciudades más antiguas de Estados Unidos.

Charly Parker, Bird, detective creado por John Connolly, es un hombre atormentado y violento, y también desarrolla sus andanzas por Boston.

Myron Bolitar de Harlen Coben, agente deportivo, ejerce como investigador privado también en la Costa Este.

En Nueva York tenemos al investigador Philo Vance, que aparece por primera vez en la novela de S.S. Van Dine: El misterioso caso Benson (1926).

En la misma ciudad de los rascacielos, unos años más tarde, en 1947 apareció el detective privado Mike Hammer, en Yo, el jurado, de Mickey Spillane. La novela se llevó al cine y también tuvo una exitosa serie de televisión con Mike Hammer de protagonista.

Volviendo a Europa, no nos podemos olvidar de Bernie Gunther, primero policía y luego detective privado en la época del ascenso nazi en Alemania. Gunther creado por Philip Kerr está íntimamente ligado a Berlín, siendo detective del mítico hotel Adlon en la capital alemana. Sus actuaciones en medio del poder nazi son memorables. Con él llegamos a conocer muy bien aquella ciudad. Sus aventuras transcurren en sus calles, en lugares muy conocidos y donde el reflejo de la ciudadanía y del establishment nazi son de un grandísimo valor literario e histórico. Leyendo a Kerr y siguiendo a Bernie Gunther se llega a conocer muy bien Berlín.

En España nuestros detectives privados han sido muy especiales. No hay tradición en su trabajo profesional, pero nuestros autores clásicos de novela negra los han incorporado a sus relatos y nos han creado investigadores originales, con un atractivo personal importante.
                                                                                                                     
Pepe Carvalho, de origen gallego, es Barcelona; la Barcelona de siempre, que nos sigue llenando de nostalgia y aventuras. De la mano de Manuel Vázquez Montalbán apareció por primera vez en Yo maté a Kennedy (1972), tras haber trabajado para la CIA durante varios años. Después protagonizó 22 novelas más.

Con Andreu Martin y Jaume Ribera, nos encontramos investigando sus casos en una Barcelona más actual, a Flánagan, un detective adolescente, que aparece por primera vez en Alfagann es Flanagan (1996).

Y ya en Madrid, con otro de los grandes de la novela negra española, Juan Madrid, nos encontramos con Toni Romano, expolicía y exboxeador, quién resolvió su primer caso en Un beso de amigo (1980).

Y vamos a terminar en Bilbao con dos detectives estupendos, con solera y personalidad. Mikel Goikoetxea, alias Goiko, creado por Javier Abasolo, ex ertzaina, desarrolla su actividad investigadora en Bilbao, donde nos deleita con su personalidad exagerada. Aparece por primera vez en la novela Pájaro sin alas (2010).

Touré, creado por Jon Arretxe, se asienta en el barrio de San Francisco, en Bilbao la Vieja, su pequeña África. Allí Touré, un africano en situación irregular, con su personalidad tan versátil y su sentido del humor, resuelve sus casos, formando parte de su paisaje. Aparece por primera vez en la novela 19 Cámaras (2012).

Hemos presentado una serie de detectives privados relevantes de la novela policiaca, negra y criminal, creados por grandes escritores del género. Podíamos hacer la interminable, pero se trata de apuntar la relevancia de la ciudad con el detective y el autor.

Tradicionalmente, siempre han existido ciudades con fuerza y personalidad, muy ligadas al género negro: Los Ángeles, San Francisco, Nueva York, Boston… Londres, Paris, Barcelona…pero también es relativo, porque el género negro se ha desarrollado, ha roto fronteras y hoy nos encontramos con buenas novelas ligadas a ciudades de todo el mundo. El lector seguro que tiene en la cabeza muchos ejemplos.

No hemos tratado al policía detective, figura elegida por muchos autores de novela negra; en este caso la relación, unida a la del detective privado sería apabullante.

Al final lo importante es que la ciudad se identifique con el investigador-protagonista y que su presencia en su paisaje, en sus calles, en su relación con los vecinos hagan la trama y la novela más atractiva.

Les propongo un juego. Cuando estén en una ciudad recuerden a un detective o policía detective protagonista en esa ciudad. Seguro que lo consiguen; entonces ya verán como disfrutan mucho más de la ciudad.

Bilbao. Agosto 2020
Juan Infante, abogado y escritor.

NOTA DEL AUTOR
Me he permitido ilustrarme para realizar este artículo, además de mis lecturas en el excelente libro Los héroes de la novela policiaca de Sergi Echaburu Soler, editado en 2006 por Grafein Ediciones y por los artículos y trabajos sobre el origen de la novela negra y sobre detectives de Juan María Barasorda, publicados por la editorial d´Epoca, las Revistas Calibre 38, MoonMagazine y la Semana Negra en la Glorieta.

Esté artículo ha sido escrito por Juan Infante para la sección DETECTIVES DE FICCIÓN, coordinada por el escritor y detective madrileño Rafael Guerrero.

 
Puedes acceder al programa de la SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, festival virtual del género negro celebrado del 21 al 27 de noviembre en el blog de Historia y Literatura CITA EN LA GLORIETA, pinchando AQUÍ.


Juan Infante (Bilbao)
Es escritor y ejerce de abogado en su ciudad natal.
Ha sido promotor y partícipe de múltiples iniciativas literarias y culturales. Fue presidente de la Sociedad Cívica y Cultural El Sitio.   
Colabora habitualmente con la revista lúdico-cultural Moon Magazine.

Tiene publicadas siete novelas de género negro-criminal: Werther en Beirut (Editorial Burguete), Asesinato en Santurce (Editorial Hiria) El crimen de Cienfuegos (Hiria), Quince Millones (Hiria),  La Baldosa Negra (Hiria), Atrapado (Editorial Erein) y El precio del silencio (Erein). Es autor también de cuatro relatos: El sargento Puchades, Me chifla Nicolás, Literatura y Ficción y El misterio del testamento ológrafo. Atrapado fue nominada para el Premio Euskadi de literatura 2018
.


es Detective Privado y Criminólogo por la Universidad Complutense de Madrid, Director de Seguridad por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Máster en Servicios de Inteligencia por el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado de Madrid. Miembro de World Association of Detectives de Estados Unidos, a la Asociación Profesional de Detectives Privados de España, ASIS International, Asociación Nacional de Criminalistas y Expertos en ciencias forenses y es socio colaborador de la International Police Association. Es autor de Un guerrero entre halcones, Diario de un detective privado (Editorial Círculo Rojo, 2010), Muero y Vuelvo (Editorial Círculo Rojo, 2013),  Ultimátum (Editorial Círculo Rojo, 2015) y Yo, detective (Editorial Círculo Rojo, 2018) .


ENTRADA RELACIONADA:
 
 
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José Javier Navarrete

Colaboraciones en la Semana Negra en la Glorieta
de José Javier Navarrete
➤Reseña de «El asesino bajo la lluvia», de Raymond Chandler
➤Reseña de «El telón», de Raymond Chandler
➤«Con Black Mask como excusa» (VER MÁS ABAJO)
➤Reseña de «El sueño eterno», de Raymond Chandler
➤«Buscaré su sonrisa en la acera», relato.

 
Puedes consultar el programa de la Semana Negra en la Glorieta pinchando AQUÍ.

José Javier Navarrete (Madrid, 1964)
Soy licenciado en ciencias físicas y trabajo en un Organismo Público de Investigación. Otro trabajo es el que me da el blog de novela negra josejaviernavarrete.com, del que soy el administrador. En él publico entradas que en su mayor parte son reseñas literarias, sobre todo negrocriminales, y entrevistas a autores de este género. También soy un proyecto de escritor que ha participado en varios talleres literarios y concursos de relatos cortos. Uno de ellos ha sido publicado en Vindicta: III Antología Negrocriminal Cruce de Caminos. En la actualidad estoy inmerso en la escritura de una antología de cuentos y de una novela policíaca.

Reseña de «El telón», de Raymond Chandler

Reseña de «El telón», de Raymond Chandler
por José Javier Navarrete
FICHA TÉCNICA
Título: El telón
Título original: The curtain
Autor: Raymond Chandler
Nº de páginas: 55
Editorial: Debolsillo
Fecha publicación: septiembre de 2013
Traductor: Juan Manuel Ibeas Delgado.



EL AUTOR
Raymond Thornton Chandler (Chicago, 23 de julio de 1888 – La Jolla, California, 26 de marzo de 1959). Educado en Inglaterra realizó todo tipo de actividades antes de dedicarse a la literatura. Participó como voluntario en la Primera Guerra Mundial. Trabajó como empleado de banca, periodista y también fue escalando peldaños en una petrolera de Los Angeles, hasta que en medio de la Gran Depresión se vio en la calle por sus problemas de alcoholismo, su recalcitrante absentismo y sus continuos líos de faldas con las secretarias. Se perdió un vicepresidente de una petrolera y se ganó un magnífico escritor de novela negra.

Comenzó publicando en revistas de ficción criminal, las famosas revistas pulp de aquella época, fundamentalmente en Black Mask y Dime Detective Magazine. En 1939 escribió su primera novela: El sueño eterno, después vendrían otras siete y su incursión en el cine como guionista. Murió en 1959, solo, deprimido por la muerte de su mujer y con el alcohol como remedio para su tristeza.
A vueltas con el estilo

El telón fue publicado en el número de septiembre de 1936 de la revista Black Mask. Para entonces, Chandler ya era un colaborador prolífico de la revista, aunque no lo suficiente. Se dio cuenta de que con su edad no era capaz de escribir las palabras necesarias para sobrevivir como escritor. A pesar de que llegó un momento en el que ya no cobraba el mínimo de un centavo por palabra, sus ingresos eran ridículos comparados con las cifras que manejó durante su época de ejecutivo en el negocio petrolero. Lo tenía todo en contra, pero gracias al apoyo de su esposa Cissy y a su propio esfuerzo,
Chandler llegó a ser el escritor que hoy admiramos.

Esos años de penurias en los que cultivó el formato del relato, le sirvieron para que su estilo evolucionase hasta el nivel que exhibió en sus novelas. Bien es cierto que el estilo que
Chandler utilizó en los relatos de las revistas pulp estuvo condicionado por las líneas editoriales que daban prioridad a la acción y al divertimento. Sus historias tenían que ser violentas, pero era lo exigido para poder publicar. En algún momento trató de escapar de la fórmula, pero enseguida lo devolvieron al redil.

Chandler llegó a explicar: «Hace mucho tiempo, cuando escribía para los pulps, introduje en un relato una línea como ésta: “Salió del coche y caminó por la soleada acera hasta que la sombra del toldo de la entrada cayó sobre su rostro como el tacto del agua fría”. La suprimieron cuando publicaron el relato. Sus lectores no apreciaban estas cosas, sólo les interesaba la acción.
"Me propuse probar que estaban equivocados. Mi teoría era que los lectores sólo se imaginaban que les interesaba únicamente la acción; que en realidad, aunque no lo sabían, la acción les preocupaba muy poco. Lo que les gustaba, igual que a mí, era la creación de emociones a través de la descripción y el diálogo. Las cosas que recordaban, lo que les obsesionaba, no era, por ejemplo, que un hombre fuera asesinado, sino que en el momento de su muerte estuviera tratando de alcanzar un clip de la reluciente superficie de una mesa, y el clip se alejaba de él cada vez más, de modo que en su rostro había una expresión tensa y sus labios se abrían en una especie de mueca atormentada, y lo último en que se le ocurría pensar era en la muerte. Ni siquiera oía a la muerte llamar a la puerta. Aquel maldito clip seguía escapándosele de los dedos." (La vida de Raymond Chandler, Frank MacShane).

Aunque el estilo no fuese el deseado, el formato de relato largo o novela corta, utilizado en sus publicaciones de Black Mask, lo acercaban mucho más a la estructura de las novelas que luego escribiría que aquellos relatos cortos que había publicado durante su estancia en Inglaterra.

El mejor estilo de estos dos relatos que reseño surge en las descripciones y en el diálogo.

¡Benditos diálogos!

Siempre digo que me encanta la maestría que
Chandler demuestra con los símiles, pero en esta ocasión no vengo a hablarte de esto, hoy tocan sus diálogos. 
Los que tratamos de escribir sabemos lo difícil que resulta conseguir unos buenos diálogos. Hacerlos realistas, que huelan a calle, pero guardando cierta distancia. Chandler se consideraba un buen escritor de diálogos, no puedo estar más de acuerdo, y eso que tenía un hándicap. Aunque nació en los EE.UU., recibió su educación en Inglaterra, así que él mismo decía que cuando comenzó a escribir tuvo que aprender el inglés americano. Sus diálogos son puro estilo americano, no así el resto de su prosa que tiene un estilo más británico. A diferencia de otros escritores americanos, el uso del lenguaje vulgar que Chandler utilizaba en los diálogos no fluía de manera natural, su utilización la tenía que hacer de forma deliberada. Tal vez por ese motivo lograba que sus diálogos sonasen auténticos, pero con la distancia suficiente para que no fuesen una copia de los utilizados en la calle.

En El telón, como en cualquiera de sus historias, se pueden extraer ejemplos que dejan patente esa maestría a la que me refiero:
—¿Cómo se encuentra? —También su voz era suave y encantadora.
—Fenomenal —dije—. Solo que alguien ha construido una gasolinera en mi mandíbula.
—¿Qué esperaba, señor Carmady? ¿Orquídeas?
—Conque sabe mi nombre.
—Ha dormido mucho. Tuvieron tiempo de sobra para registrarle los bolsillos. Le han hecho de todo menos embalsamarle.
—Seguro que sí —dije.
En esta ocasión, nuestro protagonista, el detective privado Carmady, está hablando con una mujer después de que ha sido capturado. El diálogo continúa:
—Espero que no le hagan daño —dijo en tono distante, retrocediendo—. Detesto los asesinatos.
—¿Y es usted la mujer de Joe Mesarvey? Qué vergüenza. Deme un poco más de zumo.
Me dio un poco más. La sangre empezó a circular por mi cuerpo.
—Creo que me gusta usted —dijo—. Aunque tiene la cara que parece un parachoques.
—Aproveche la ocasión —dije—. No durará mucho con tan buen aspecto.
Esto es solo un ejemplo, pero los relatos de Chandler son una auténtica clase práctica de lo que deben ser los diálogos. Son rápidos, agudos y repletos de un humor sarcástico que siempre te arranca una sonrisa. Las intervenciones de sus detectives están plagadas de frases inesperadas que desorientan a su interlocutor y, de paso, al lector. En su mayoría son frescos, naturales e ingeniosos. La chispa de que los dota es muy difícil de conseguir.

En algún taller literario, hablando de los diálogos, se recomendaba ver películas clásicas (blanco y negro) con el único objetivo de mejorar este aspecto de la escritura. Muchos de los diálogos de Chandler me recuerdan esas películas, no en vano, algunas de sus novelas fueron llevadas a la gran pantalla y él colaboró como guionista (experto en diálogos) en algunas producciones de Hollywood.

Como lo prometido es deuda, me dejo de películas y acometo la segunda parte de la canibalización que
Chandler efectuó durante la escritura de El sueño eterno.

Los apetitos de El sueño eterno

Aunque espero que hayas leído la reseña de El asesino bajo la lluvia, para aquellos que puedan haberse despistado, recordaré que Raymond Chandler utilizó varios de sus relatos para construir algunas de sus novelas, lo que el autor denominaba canibalización. En el caso de El sueño eterno, de primer plato se sirvió El asesino bajo la lluvia y de segundo El telón. Sobre el primer relato ya hablé, ahora toca hacerlo del segundo.

El telón no solo fue canibalizado por El sueño eterno, la primera novela de Chandler, sino que también sirvió para inspirar el comienzo de El largo adiós. Supongo que como esta parte aún no había sido utilizada, nuestro amigo Ray decidió usarla para un comienzo apoteósico de esa otra magnífica novela que es El largo adiós.

Como en la reseña anterior, te contaré parte de la trama del relato y aprovecharé para hacer las pertinentes referencias de canibalización.
La historia comienza con algunos apuntes sobre Larry Batzel, Terry Lennox en El largo adiós. Un fracasado actor de cine que durante la Prohibición había trabajado como contrabandista de licor con una banda bastante dura. No sé si después, cuando Chandler escribió El simple arte de matar, hacía referencia a Larry cuando decía «que un astro cinematográfico puede ser el jefe de una pandilla». El caso es que este viejo conocido de Carmady, el detective privado protagonista del relato (Philip Marlowe en El sueño eterno), introduce la figura de Dudley O’Mara.

En torno a la desaparición de este individuo girará toda la trama de El telón, así como también lo hace gran parte de la de El sueño eterno, con la diferencia de que en la novela el desaparecido se llama Rusty Regan. Larry Batzel aporta cierta información que servirá para que Carmady se ponga en contacto con el general Dade Winslow (el general Sternwood en la novela), el suegro de Dude O’Mara.
«Lo único vivo en su rostro eran los ojos. Ojos negros, hundidos, brillantes, intocables. El resto de la cara era una plomiza máscara de muerte: sienes hundidas, nariz afilada, orejas con los lóbulos vueltos hacia fuera, una boca que era una fina ranura blanca. El cráneo conservaba unos cuantos mechones dispersos de pelo blanco».
Así es como describe Carmady al general, un casi muerto que al menos demuestra cierta cortesía dentro de aquel invernadero de orquídeas en las que el detective está a punto de desvanecerse víctima del calor y el penetrante aroma de las plantas:
—Brandy —dijo el general—. ¿Cómo le gusta el brandy, caballero?   
—De todas las maneras —dije yo.
El general Winslow contrata a Carmady para dar con su yerno, con el cual tenía una estupenda relación, ya que le parece extraño que haya desaparecido sin despedirse de él.

Por deseo del general, Carmady habla con la señora O’Mara (Vivian en la novela). La hija del general le pone al día de su relación con su marido antes de que este desapareciera, pero de poco más. Antes de dejar los terrenos de la mansión Winslow conoce a Dade, el hijo de la señora O’Mara, un niño de unos diez años bastante peculiar. El chico no tiene equivalencia en la novela, aunque en algunos aspectos juegue el papel de Carmen Sternwood, la hija pequeña del general en El sueño eterno.

Siguiendo la pista sobre la que lo ha puesto Larry Batzel, Carmady se ve envuelto en una serie de asuntos que se saldan con sus correspondientes tiroteos, en los que el detective privado demuestra ser un tirador avezado en las circunstancias más inverosímiles.

Para acabar con el tema de la canibalización, decir que las tramas de ambos relatos se entrelazan, así como sus personajes, formando un conjunto muy superior en calidad al de las dos unidades de las que parte. Por este motivo te vuelvo a recomendar que leas primero El sueño eterno y luego estos dos relatos que he reseñado.

Bajó el telón

El telón al que hace referencia el título no es el de un espectáculo, sino el de la vida de las personas, que también puede ser espectacular, tal como lo es la obra de Chandler.

Aunque llegó algo tarde al movimiento hard-boiled, supo darle nuevos aires y sacarlo de los carriles por los que discurría. Admiraba a Hammett: «Y él demostró que el relato de detectives puede ser una forma de literatura importante. Puede que El halcón maltés sea o no una obra genial, pero un autor que es capaz de esa novela no es, en principio, incapaz de nada. En cuanto a que un relato detectivesco puede ser tan bueno como ése, sólo los pedantes negarán que podría ser mejor aún».

Pero tenía el convencimiento de que se podía llegar más allá de lo que lo había hecho quien fue su referente, que este género literario tan denostado por algunos podía elevarse a cotas nunca antes alcanzadas. Chandler defendió que el género era LITERATURA con mayúsculas, tanto con el ejemplo de su obra de ficción como con la defensa explícita de la de no ficción.

Estos dos relatos que he reseñado no son el mejor ejemplo para lo que he hablado en el párrafo anterior, pero como dijo Joseph Shaw, el editor de Black Mask: «vino a nosotros ya maduro; sus primeros relatos no dejaban ya nada que desear. Nunca existió la menor duda sobre el éxito final de Ray».
Si quieres disfrutar de ese Chandler de altos vuelos tendrás que leer sus novelas.

Puedes consultar el programa de la Semana Negra en la Glorieta pinchando AQUÍ.

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Colaboraciones en la Semana Negra en la Glorieta
de José Javier Navarrete
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➤«Con Black Mask como excusa
»
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➤«Buscaré su sonrisa en la acera», relato.

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José Javier Navarrete (Madrid, 1964)
Soy licenciado en ciencias físicas y trabajo en un Organismo Público de Investigación. Otro trabajo es el que me da el blog de novela negra josejaviernavarrete.com, del que soy el administrador. En él publico entradas que en su mayor parte son reseñas literarias, sobre todo negrocriminales, y entrevistas a autores de este género. También soy un proyecto de escritor que ha participado en varios talleres literarios y concursos de relatos cortos. Uno de ellos ha sido publicado en Vindicta: III Antología Negrocriminal Cruce de Caminos. En la actualidad estoy inmerso en la escritura de una antología de cuentos y de una novela policíaca.

Reseña de «El asesino bajo la lluvia», de Raymond Chandler

Reseña de «El asesino bajo la lluvia», de Raymond Chandler
por José Javier Navarrete
FICHA TÉCNICA
Título: El asesino bajo la lluvia
Título original: Killer in the rain
Autor: Raymond Chandler
Nº de páginas: 55
Editorial: Debolsillo
Fecha publicación: septiembre de 2013
Traductor: Juan Manuel Ibeas Delgado.



EL AUTOR
Raymond Thornton Chandler (Chicago, 23 de julio de 1888 – La Jolla, California, 26 de marzo de 1959). Educado en Inglaterra realizó todo tipo de actividades antes de dedicarse a la literatura. Participó como voluntario en la Primera Guerra Mundial. Trabajó como empleado de banca, periodista y también fue escalando peldaños en una petrolera de Los Angeles, hasta que en medio de la Gran Depresión se vio en la calle por sus problemas de alcoholismo, su recalcitrante absentismo y sus continuos líos de faldas con las secretarias. Se perdió un vicepresidente de una petrolera y se ganó un magnífico escritor de novela negra.

Comenzó publicando en revistas de ficción criminal, las famosas revistas pulp de aquella época, fundamentalmente en Black Mask y Dime Detective Magazine. En 1939 escribió su primera novela: El sueño eterno, después vendrían otras siete y su incursión en el cine como guionista. Murió en 1959, solo, deprimido por la muerte de su mujer y con el alcohol como remedio para su tristeza.
 
Si quieres reseña, tendrás que esperar

Cuando Javier Alonso García-Pozuelo me propuso participar en la VII Semana Negra en la Glorieta, no tuve claro cuál podría ser mi aportación. Llevo poco más de un año con mi blog, así que, a mi experiencia, asuntos de esta índole le vienen grande; pero tengo un problema: no sé decir «no».

Tras varios mensajes en redes sociales, decidimos que una sección sobre relatos negros podría tener interés. Me hubiese gustado contar con alguien más para dar variedad de pluma; pero a diferencia de mí, los posibles colaboradores con los que podría contar, entre pocos y ninguno, sí que saben decir esa palabra que tan mal se me da a mí pronunciar. Siento que todo el menú esté preparado por las mismas manos, espero que no se te indigeste.

Una vez clara la temática de la sección, lo siguiente fue decidir que incluir en ella. Con las reseñas me defiendo, no soy demasiado ortodoxo, ya que me suelo ir por las ramas, pero con un trago de agua entran sin demasiados problemas. Prepárate un vaso grande porque tendrás que tragarte dos. El resto del menú estará compuesto de una entrada sobre la revista Black Mask (Con Black Mask como excusa) y un relato largo o novela corta, Buscaré su sonrisa en la acera, de una extensión parecida a los que se solían publicar en las revistas pulp de la época dorada del hard-boiled. Por desgracia para ti, en lo único que se parece es en la extensión, pero que conste, mi intención ha sido buena.

He elegido El asesino bajo la lluvia y El telón como víctimas de mis reseñas por tres motivos. El primero, el señor Chandler es su autor y este, por sí solo, ya es motivo suficiente. El segundo, ambos fueron publicados en la revista Black Mask, así que, con ellos, junto con la entrada que he mencionado, me hago un conjunto de tres piezas. En tercer lugar, estos dos relatos fueron canibalizados durante la creación de la novela El sueño eterno, lo que dota de cierta uniformidad a la elección.

Como ya me he ido lo suficiente por las ramas, va siendo hora de que comience con la reseña.

¡Qué estilo tiene Chandler!

El asesino bajo la lluvia fue publicado por primera vez en el número de enero de 1935 de la revista Black Mask. Este fue el cuarto relato que
Chandler publicó allí y, desde el tercero, ya estaba acostumbrado a aparecer en la portada. Su primer relato, al cual le dedicó cinco meses, fue Los chantajistas no matan (Blackmailers don’t shoot). Apareció en el número de diciembre de 1933 y cobró por él 180 dólares, a razón de centavo por palabra.

Para adquirir el estilo que la revista sugería a sus colaboradores,
Chandler, ni corto ni perezoso, se metió entre pecho y espalda todos los números anteriores de Black Mask. Por fortuna, eran revistas muy baratas, ya que si no hubiese perdido dinero con ese primer relato.

Había quien pensaba que la revista se había hammettizado, de forma que el estilo que
Chandler necesitaba desarrollar era el de un escritor que para él fue un referente. Chandler insistía en que, si un escritor tenía que invertir en algo, eso era su estilo. Él debió de tomárselo al pie de la letra, ya que nunca dejó de invertir en él y fue evolucionando con el paso de los años. Entre sus primeros relatos y sus novelas, su estilo experimentó un salto cualitativo.

El estilo que
Chandler exhibe en este relato es directo y sencillo, mucho más que el que posteriormente mostraría en las novelas. Por momentos resulta descarnado y funcional, lo que permite la inmersión en la historia sin que nada te distraiga.  El mismo Chandler dijo: «Menos mal que cuando empecé a escribir tuve el buen sentido de hacerlo en un lenguaje que no rebosaba de retórica».

Puede pensarse que tal estilo es fácil de llevar a la práctica, pero nada más lejos de la realidad. Tan solo se permite algún alto el fuego con la sencillez durante las descripciones.
«El aire le daba a Dravec en lo alto de la cara, levantaba su espeso pelo negro, movía las cerdas más largas del grueso sendero que era la ceja que le atravesaba el rostro en una línea continua. Tenía toda la pinta de un matón que ha pillado pasta».
Esa frase final, que en la mente de Chandler debe de ser una especie de corolario, a mí me deja estupefacto. Esto es bastante típico del estilo del escritor. Aquí otro ejemplo del comienzo de
El sueño eterno:
«Me había puesto el traje azul añil, con camisa azul marino, corbata y pañuelo a juego en el bolsillo del pecho, zapatos negros, calcetines negros de lana con dibujos laterales de color azul marino. Iba bien arreglado, limpio, afeitado y sobrio y no me importaba nada que lo notase todo el mundo. Era sin duda lo que debe ser un detective privado bien vestido. Me disponía a visitar a cuatro millones de dólares».
En esta ocasión, es Philip Marlowe el que se describe a sí mismo.

Pero el estilo de Chandler también se caracteriza por frases ingeniosas y humorísticas, unos diálogos chispeantes y un ritmo extraordinario. Tal vez lo más criticable de él sea que sus tramas nunca fueron muy elaboradas. A quienes nos gusta este escritor, siempre nos viene a la mente lo ocurrido con la muerte del chófer del general Sternwood en
El sueño eterno, un asesinato que Chandler deja sin resolver.

Cuenta la leyenda que, durante el rodaje de la película, en 1946, Humphrey Bogart preguntó a Howard Hawks, el director, quién era el asesino del chófer. Como lo desconocía, consultó a los guionistas de la misma, entre los que se encontraba Faulkner. Estos tampoco supieron darle una respuesta, de manera que el director le envió un telegrama a Chandler. ¿Quién si no él, que había escrito la novela, podría tener una respuesta?

Y sí que la tenía: «Que me ahorquen si lo sé». Por supuesto se convirtió en legendaria.

Pero hay que tener en cuenta que en las historias que se encuadraban en aquellos tiempos dentro del hard-boiled, lo más importante no era saber quién había matado a quién. De hecho, Chandler decía que leería una novela de Hammett aunque le faltara el último capítulo: «Sería interesante aun sin la solución, seguiría siendo una historia completa. Esta es la prueba de fuego».
 
Canibalizando, que es gerundio

Como ya te he comentado en algún sitio indeterminado de la reseña, Chandler era dado a canibalizar sus relatos durante la creación de sus novelas, espero que nunca lo acusasen de plagio por tal hábito. En el caso de El asesino bajo la lluvia, utilizó gran parte de él durante la escritura de
El sueño eterno.
Te cuento de qué va el relato y, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, también hago las referencias de las partes canibalizadas por Chandler. No te preocupes, no destriparé nada.

Carmen Dravec, la hija del de la oruga negra sobre los ojos, es una joven que siempre elige al hombre equivocado. Al menos es lo que opina Anton Dravec. Como no tiene problemas económicos:
«sacó una cartera que no llegaba a ser tan grande como una bala de heno. Sobresalían billetes de ella en todos los ángulos. Cuando se golpeó la rodilla con ella, hizo un sonido pastoso que era un placer para el oído».
papá Dravec parece dispuesto a pagar lo necesario para deshacerse de ellos. En esta ocasión, para quitarse a un tal Steiner de la chepa, contrata los servicios del detective privado que protagoniza el relato. No tiene nombre, pero en mi mente es Philip Marlowe, lo que en imágenes se traduce en Humphrey Bogart.

Ya que estoy con Philip Marlowe, aprovecho para descubrirte las equivalencias utilizadas hasta ahora. Carmen Dravec corresponde a Carmen Sternwood, la hija menor del general Sternwood. En ambas narraciones tiene cierta fijación con chuparse el dedo gordo. Si te preguntas si Anton Dravec se corresponde con el general Sternwood, siento decirte que, aunque en parte sí, el general tiene mucho más que ver con el general Winslow que aparece en el otro relato que he reseñado. El que sí tiene su equivalente es Steiner, un librero especial que en el caso de El sueño eterno se llama Geiger. Es curioso que un personaje de su calaña tenga en ambos casos un apellido judío, aunque puede que esa curiosidad se deba a que el señor Chandler era un poco antisemita.
Establecidas las equivalencias, prosigo con la trama. En ambas narraciones, el librero las palma víctima de una sobredosis de plomo tomado en comprimidos con forma de proyectil. También en ambas historias, el detective privado se encuentra fuera de la casa del librero cuando se le suministra la inyección letal vía cañón de arma corta, y también, en ambas, la señorita Carmen se encuentra presente durante el luctuoso acto en estado de enajenación debido a las drogas. Y hasta aquí puedo leer; pero, por si te lo estás preguntando, te aclaro que durante el relato la lluvia es una constante. En esta ocasión, el conductor que muere es el de Dravec y tampoco se aclara quién es el asesino.

A partir de este momento, el detective privado se verá envuelto en una serie de sucesos en los que las armas y los disparos son protagonistas. ¡Pura acción! Prácticamente todos ellos también se desarrollan en El sueño eterno, así como los personajes que en ellos se ven involucrados. Varios de los hombres que pululan por la historia han formado parte de las relaciones amorosas de Carmen. La protagonista del relato parece vivir al límite, no sé si disfruta demasiado con ello, o al menos no es muy consciente debido a sus adicciones; pero desde luego no sale muy bien parada en las palabras que el investigador privado le dedica.
«No era un grito de miedo. Tenía el tono de un susto medio agradable, un acento de borrachera y un toque de pura idiotez».

«Después, toda expresión desapareció de su rostro pálido, que parecía tan inteligente como el fondo de una caja de zapatos».
Lo más agradable que dice de ella lo hace durante la descripción de su risa:
«Siguió con sus risitas, que correteaban por la habitación como ratas».
El protagonista de este relato tiene «cierto» tufillo misógino, pero en esta ocasión se libra de la parte homófoba con la que cuenta en El sueño eterno.

Tengo que decir que Chandler me parece un maestro de los símiles, aunque en algunas ocasiones se extralimita, como es aquí el caso; pero también hay que juzgar la literatura con los estándares del género y de la época, y no con los de la que nos ha tocado vivir a nosotros.

 
Aún no baja el telón

Me permito esta pequeña estupidez como título de despedida por el hecho de que tienes pendiente la lectura de la reseña de El telón, si es que quieres saber cómo acabó el tema de la canibalización. En lo que respecta a El asesino bajo la lluvia, tengo que decir que Chandler debió ver en él un cerdo, por eso de que de él se aprovecha todo.

Este relato es un claro ejemplo de historia hard-boiled, si eres de los que prefieres narraciones más del tipo enigma, tal vez se salga un poco de tu zona de confort; pero, en cualquier caso, no deja de contar con su misterio y emoción. Su lectura te proporcionará algunas pinceladas de ese detective privado ocurrente, hastiado del mundo, irónico y cínico que es Philip Marlowe; uno de los nombres propios de la literatura criminal y del cine negro.

No pierdas la oportunidad de ser testigo de los primeros pasos de Raymond Chandler en el mundo de la literatura, pero si quieres seguir mi consejo, lee primero El sueño eterno, si es que aún no lo has hecho, y después El asesino bajo la lluvia.

Te espero en la siguiente reseña.

Puedes consultar el programa de la Semana Negra en la Glorieta pinchando AQUÍ.

Colaboraciones en la Semana Negra en la Glorieta
de José Javier Navarrete
➤Reseña de «El asesino bajo la lluvia», de Raymond Chandler
➤Reseña de «El telón», de Raymond Chandler
➤«Con Black Mask como excusa
»
➤Reseña de «El sueño eterno», de Raymond Chandler
➤«Buscaré su sonrisa en la acera», relato.

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José Javier Navarrete (Madrid, 1964)
Soy licenciado en ciencias físicas y trabajo en un Organismo Público de Investigación. Otro trabajo es el que me da el blog de novela negra josejaviernavarrete.com, del que soy el administrador. En él publico entradas que en su mayor parte son reseñas literarias, sobre todo negrocriminales, y entrevistas a autores de este género. También soy un proyecto de escritor que ha participado en varios talleres literarios y concursos de relatos cortos. Uno de ellos ha sido publicado en Vindicta: III Antología Negrocriminal Cruce de Caminos. En la actualidad estoy inmerso en la escritura de una antología de cuentos y de una novela policíaca.