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«Se ha escrito un crimen y lo ha escrito una mujer», por Rita Piedrafita

Os invitamos a participar en la mesa redonda «De novela de género a novela negra, ¿qué ha cambiado? Evolución de la novela negra», que el próximo jueves 26 de noviembre moderará Rita Piedrafita en nuestra VII Semana Negra. Conversarán con Rita las escritoras Mar Aísa, Inés Plana y Susana Martín Gijón
 
 
DATOS DE CONEXIÓN
 
Día: 26 nov 2020 - 19:30 (Hora de Madrid)
 
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ID de seminario web: 862 6046 8832

Código de acceso: 808658 
 
«Se ha escrito un crimen y lo ha escrito una mujer», por Rita Piedrafita
Nunca deja de sorprenderme el buscador de google. Una escribe toda feliz «escritoras españolas novela negra» y la tercera foto es de Lorenzo Silva. Piensa, ay, google, google, que no distingues bien la e y opta por poner «autoras españolas novela negra» en ese rectángulo adornado que nos saca de demasiadas dudas. Et voilà, ahí está él. Silva. Y no quitéis el “española” que el elenco de hombres os pone de mal humor. Menudo panorama.

La novela negra española parecía negarse a ceder un hueco a las damas del crimen, pero ellas, con un constante trabajo bien hecho, lo van copando.

Murder, She Wrote… «Se ha escrito un crimen» en nuestro país. —Si lo piensas, en esta traducción ya marcábamos el camino errado.— Todos recordamos a esa dama del misterio que nos enamoró tanto que empezamos a leer novelas de misterio. Ay, la Flecher. El éxito de Jessica Flecher estaba en que iba mucho más allá, inmiscuyéndose en cualquiera de los asesinatos que parecían perseguirla. Su perspicacia y sutileza a la hora de investigar la hacían única.

Esta singular e inolvidable «autora» es claro de ejemplo de nuestras narradoras. En España se ha escrito un crimen, y dos, y mil llegando más allá. Y esa obra se firma con nombre femenino. Redondo, Giménez Bartlett, Ribas o Saénz de Urturi son muy leídas, que no es lo mismo que ser muy vendidas, en nuestra literatura. Pocas más reconoce Google, pero nosotros somos lectores inteligentes y buscamos, como la Flecher, más allá.

Encontramos, sin ayuda de algoritmos, por supuesto, un abanico de posibilidades que deja siempre con ganas de más. Una lee Cuídate de mí de María Frisa y espera ansiosa el lanzamiento de El nido de la araña. Lees Morir no es lo que más duele de Inés Plana, y sueñas con la llegada a tu estantería de  Antes mueren los que no aman… Y así con un gran número de mujeres: Susana Hernández, Mar Aísa, Susana Martín Gijón, Nieves Abarca, Susana Rodriguez Lezaún, Yanet Acosta, Carmen Mola (personalmente pienso que es un hombre homenajeando a la mujer escritora) y un sinfín más que no siempre aparecen en las listas.

Tenía que elegir a tres y le di muchas vueltas. A mí las chicas hablando de crímenes me gustan mucho más que los chicos, lo reconozco. Creo que su denuncia social es más dura y que, en general, son más valientes y meticulosas ellas que ellos. Arriesgan. Así que imaginaos la difícil tesitura. Tres mujeres que escriban crímenes. Tras darle alguna vuelta me decanté por el saber hacer de Mar, Susana e Inés. Cada una de ellas está por un motivo diferente.
 
No tuve muchas dudas con la primera, Mar Aísa Poderoso. A Aísa ya os la presente en la Semana Negra de la Glorieta el año pasado. Es tan profundamente literaria su primera obra que me sorprendió. Correctísima en su prosa, brillante en su trama, dulce y dura a la vez. Leer Dostoiesvski en la hierba, título acertado donde los haya, supuso marcar su nombre con el asterisco de las autoras a la que quiero seguir la pista.

Susana Martín Gijón entró con fuerza en la selección. Esta escritora puso un chupete en la boca de su cadáver, y eso, queridos lectores, marca ya una diferencia. No un cuchillo, ni una nota de suicidio, no. Un chupete.

Martín Gijón tenía antes de «Progenie» mucho recorrido policiaco y  se nota. Entra en esta triada por su concienciación sobre la injusticia social. Violencia machista, explotación sexual, maternidad son temas que denuncia, con una pluma firme, en su obra. Su sensibilidad social la hace única. Tenía que estar.

Inés Plana, Morir no es lo que más duele, y Antes mueren los que no aman, es para mí mucho más que una escritora. Encarna la valentía. Su teclado denuncia cosas casi prohibidas. Prostitución infantil,  mujeres crueles, malas madres, frialdad social, soledad. Cuando lees a Plana, Luba permanece para siempre bajo tu piel. No hay menos libro que el que deja huella eterna.

De su obra, de la mujer escritora en la novela negra española, de lectura y mucho más hablaremos en la mesa redonda de esta glorieta.

En España, (Murder, She Wrote), se ha escrito un crimen y lo ha escrito una mujer
.


Puedes acceder al programa de la próxima SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, festival virtual del género negro celebrado del 21 al 27 de noviembre, pinchando AQUÍ.


Prescriptora para los oficiales, bloguera para la mayoría, influencer para los exagerados y simplemente lectora para los sensatos.

Amando las letras elegí las ciencias, y a partir de aquí, tú, amante de los libros, rellenas.

Da igual alta o baja, guapa o fea, de ciencias o letras… Lo único importante es que leo, leo y leo.

Y me encanta que leas junto a mí
.



P. D. James

Os invitamos a participar en la mesa redonda «De novela de género a novela negra, ¿qué ha cambiado? Evolución de la novela negra», que el próximo jueves 26 de noviembre moderará Rita Piedrafita en nuestra VII Semana Negra. Conversarán con Rita las escritoras Mar Aísa, Inés Plana y Susana Martín Gijón
 
 
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P. D. Jamespor Rita Piedrafita
Se ha escrito un crimen… P.D. James ha sido la autora. Leer a P.D. James me ha fascinado. Me ha transportado a mis diecisiete años, Juventud, divino tesoro, cuando descubría, con cierto asombro, que sí la novela policíaca la escribía Agatha Christie me encantaba.

Luego, gajes del lector, olvidé esa fascinación juvenil y busqué una novela negra dolorosa. De las de estómago en puño y angustia en pecho. Si la novela no me hundía pensaba yo que no era para mí. Ahora, tantos años después, he vuelto a ELLA a través de James. A ella, a Agatha, a la novela de mediados del XX, a la descripción e investigación de un crimen.

La sala de crimen parte de una trama sencilla: en el museo Dupayne encontramos arte, libros y archivos del período comprendido entre 1919 y 1939. Pero el visitante también puede encontrar una curiosa habitación, la sala del crimen, que contiene reproducciones de objetos de los crímenes más sonados de la época.
    
Y es en este museo donde aparece, totalmente calcinado recordando al lector que la sala del crimen guarda un caso parecido, un cadáver. A partir de aquí, la autora envuelve al lector en una trama lineal llena de suspense y pequeños giros inesperados sin olvidarse de su punto fuerte, una definida descripción de escenario, escena y personajes.

Pocos actores aparecen en la obra de James, pero el lector tiene la sensación de convivir con ellos, de pisar el suelo que pisan, de observar cada rincón de la habitación que ocupan. Si hubiese polvo en un estante lo limpiarías.

No solo de manera física,
P.D. James perfila a quienes pueblan sus páginas con tal exquisitez que el lector explora junto a ellos las partes invisibles del comportamiento humano. Un doctor obsesivo que sufre más allá de lo razonable por sus pacientes, una adolescente extravagante que arrastra traumas de su infancia… Cada uno de ellos aporta algo, como si la obra estuviese llena de actores secundarios que se turnan el protagonismo de la misma según la escena. Está repleto este libro de figuras cercanas, profundas, afines a uno mismo.

Y ese mismo camino descriptivo sigue la escritora para los escenarios: pocos y muy detallados. Ahí el bidón de gasolina o el cuerpo calcinado, ahí la sala o el antiguo colegio. Poco más necesita para centrar la acción. Cada rincón necesario, cada objeto, cada diálogo, cada acción están narrados con precisión de investigadora minuciosa. Así consigue situar al lector en medio de la escena de crimen, haciéndole juez y parte de la investigación en curso.

Una obra actual con reminiscencias de adolescencias lectoras. Lineal, ordenada, meticulosa y cuidada. Prosa esmerada y limpia. Limpísima, diría, que sin olvidar la sutileza narrativa ataca a la clase política, a la sociedad y sobre todo, a esos humanos que la conformamos.

Qué gustazo volver a la novela de investigación que me ayudó a ser la lectora que hoy soy. Qué gustazo volver al ver que el crimen se escribe con una firme pluma femenina. De
Agatha Christie a P.D. James hay un enjambre de autoras de novela negra que crean para que nosotros, lectores, disfrutemos de sus páginas.

Se ha escrito un crimen, y lo ha escrito una mujer
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Fragmentos de «Dostoievski en la hierba», de Mar Aísa Poderoso

Como adelanto de la mesa redonda «De novela de género a novela negra, ¿qué ha cambiado? Evolución de la novela negra», que el próximo jueves 26 de noviembre moderará Rita Piedrafita en la 7ª edición de nuestra Semana Negra, rescatamos una reseña escrita por Rita para la VI SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA y a la que hemos añadido el booktrailer de «Dostoievski en la hierba». Mar Aísa será una de la tres escritoras que acompararán a Rita Piedrafita en nuestra mesa redonda.
 
¡Nos vemos en la VII Semana Negra!
 
Un fuerte abrazo,
 

Fragmentos de «Dostoievski en la hierba», de Mar Aísa Poderoso 
escogidos por Javier Alonso García-Pozuelo
    Lucía descorchó una botella de buen vino y se sentaron en el office bajo una lámpara de bambú que proyectaba una luz cálida y acogedora.
   Mientras cenaban, comenzaron a charlar. Lucía sabía que a Diego le costaba abordar su situación personal. Tener que ver a sus hijos cada quince días le resultaba prácticamente insoportable. La vida, a veces, sorprende con virajes insospechados que te alejan de lo que un día fuiste o creíste ser.
   Observó a su hermano durante unos segundos. Se estaba haciendo mayor. Ya no tenía el aspecto aniñado que tanto adoraba, pero seguía manteniendo un rostro proporcionado en el que destacaban sus grandes ojos oscuros, antes tan vivaces y ahora tan cansados.
   ─Bueno y ¿qué tal va la investigación?, ¿sabéis algo ya? ─preguntó Lucía mientras abría un jugoso higo.
   ─La verdad, no demasiado. La forense cree que el cuerpo pudo ser simplemente abandonado allí pero que la chica podría llevar ya bastantes horas muerta. Con casi total seguridad fue asesinada en otro lugar, la noche anterior.
   ─¿Y cómo…?
   ─Estrangulada, aunque luego le asestaron varias puñaladas con gran ensañamiento. Había quemaduras de cigarrillos en los pies y parece que luchó para defenderse. Y… lo más siniestro es que tenía la cara totalmente desfigurada. Probablemente utilizaron algún ácido. Tuvieron el detalle de cubrírsela con una careta infantil.
   ─¿Una careta?
   ─Sí, de un lobo.
***   
    Elisa Martínez de Cabezón tenía el atractivo de las mujeres que saben disfrutar. Pasar horas y horas entre muertos le había ayudado a saborear con más intensidad cada instante, a apreciar de verdad la vida. Al cumplir los cuarenta, se había teñido su ondulada melena de un rubio platino que todavía intensificaba más sus inconfundibles labios rojos. Los policías la llamaban la Doctora Monroe, pero todos la respetaban por su extraordinario rigor y eficiencia. Durante mucho tiempo, se había dedicado en cuerpo y alma a su trabajo, y estaba arrepentida de haberse perdido momentos preciosos con su marido y su hijo. A estas alturas de la existencia, cumplía al máximo con sus obligaciones profesionales, pero, en cuanto finalizaba su horario laboral, recogía su bolso y se marchaba en el viejo Ibiza azul eléctrico. Quería compensar el tiempo perdido y no tener que lamentar que cuando todo termina ya nada importa y no hay posible marcha atrás. Los muertos son buenos maestros.
***
   Tras los últimos acontecimientos Lucía necesitaba descargar adrenalina. Se había convertido para ella en una adicción. Respirar el aire saturado bajo los blancos fluorescentes le aportaba serenidad. Buscó a Olivia con la mirada. La encontró golpeando el saco en un angosto pasillo. Concentrada, soltando jabs rotundos y directos. Su larga trenza rubia se movía acompasada. Sus brazos musculosos y delgados cubiertos de tatuajes. Su estómago plano y perfecto. Lucía cogió sus propios guantes y avanzó hacia ella. No quiso distraerla, la admiró en silencio. Olivia intuyó que alguien la observaba, cuando vio que era Lucía interrumpió su entrenamiento.
   Sudorosa y jadeante se acercó a la traductora y le plantó un sonoro beso en la mejilla. Eran una pareja extraña, casi antagónica. A primera vista incompatible. Pero en ocasiones la amistad tiene su propia y oculta lógica.
   ─¿Qué pasa cariño? –preguntó con su voz grave y su habitual brusquedad.
Lucía solía ser bastante intransigente con el término cariño. Pero a Olivia se lo permitía, es más, viniendo de Olivia le reconfortaba.
   ─Te noto preocupada. ¿No te estarás comiendo la cabeza otra vez? No lo voy a consentir ─le espetó.
   ─Bueno, no es por lo que piensas, tranquila.
   ─Bueno. Pues dale duro al saco, que aquí se quedan todos los malos rollos. Y no le des vueltas a nada, joder. Yo sinceramente creo que te vendría bien tirarte a un tío de vez en cuando.
   ─Olivia, mira que eres bruta ─contestó Lucía conteniendo una carcajada─. Todo lo arreglas de la misma forma.
   ─Es que, cariño, no hay otra. O follas o te follan ─sentenció con sabia contundencia.
***
   Y así decidí hacerme forense, aunque a punto estuve en el último momento de decantarme por Filosofía.
   Lucía enarcó las cejas: ─Una opción en apariencia muy contrapuesta.
   ─Tú lo has dicho, en apariencia. De hecho, el límite entre la vida y la muerte es delgado como una fina membrana. Séneca decía algo parecido a que la vida no se detiene para recordarnos que se está escapando. Así que lo único que podemos hacer es prestar atención a lo que está sucediendo ahora mismo.
   ─No es fácil.
  ─No, pero eso no justifica nuestra forma de vivir. Nos empeñamos en equivocarnos, aunque otros nos hayan dicho que se puede vivir de otra manera. Al final solo nosotros somos responsables de nuestra infelicidad. Es una opción.
   ─ ¿Así de sencillo?
   Elisa se encogió de hombros y levantó hacia arriba las palmas de las manos.
   ─De más joven simpatizaba con los cínicos, ahora te diría que estoy más cerca de los estoicos. Me he vuelto menos desvergonzada y solo aspiro a un concepto que me encanta, la ataraxia.
.



   Los tres policías se miraron convencidos de que doña Fernanda era una magnífica actriz. Sin mediar palabra, cruzaron el hall y salieron a los jardines que separaban la vivienda de la bodega. La construcción era magnífica. Un edificio vanguardista con predominio de formas orgánicas, inspiradas en la propia naturaleza circundante. Las amplias cristaleras posibilitaban la entrada de luz y la conexión del interior con el paisaje. Desde allí podía verse a los vendimiadores con sus comportones, trabajando como se hacía antaño.
   Una mujer con una hermosa melena oscura recogida en una trenza les esperaba en la entrada. Se adelantó para recibirlos y les dio un firme apretón de manos.
   ─Soy Alejandra Davis, la hija de Julia Hervías. Encantada.
   Avanzaron por un pasillo con amplias cristaleras y suelo de roble que desembocaba en una habitación de enormes dimensiones, presidida por un enorme ventanal desde el que se contemplaba el mar de viñas.
   Tomaron asiento en un rincón de la estancia con un sofá de un atrevido color amarillo que contrastaba con varios sillones de piel en color negro.
***
   La venezolana hablaba ahora como para sí misma: ─Fueron buenos años. Buenos años. Años de prosperidad ─. De repente volvió a elevar el tono de voz para dirigirse nuevamente a Lucía─. Al poco tiempo, San Francisco se rindió a los pies de don Antonio. Producía los mejores vinos de la Bahía y de toda California. La señora recuperó el ánimo y se dedicó a celebrar fiestas y más fiestas durante años. Venía gente importante. Incluso Frank Sinatra y Ava Gardner.  
   ─¿De verdad? ¿Y cómo eran?
   ─Eran bellos los dos. Sobre todo, ella. Nunca vi una mujer igual. Había entre ambos algo electrizante. Se sentía al estar a su lado. Ava llevaba un vestido blanco con ramajes verdes en la falda y un gran escote en la espalda. Pero yo vi la desgracia. Vi que él estaba desesperado, muy desesperado ─su voz se quebró momentáneamente.
   Lucía sintió una descarga recorrer su columna.
   ─De ti también puedo ver cosas, aunque estemos a oscuras ─Lucía comenzó a respirar agitadamente.


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