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«EN EL MISMO CENTRO DEL CORAZÓN», por Antonio Parra Sanz

«EN EL MISMO CENTRO DEL CORAZÓN» (Vigésimo aniversario de Bevilacqua y Chamorro), por Antonio Parra Sanz
Ni nostalgias ni tristezas ni corazones alejados, tal y como reza el último título de la serie, sino todo lo contrario. Lo quiera o no Lorenzo Silva, y conociéndole un poco es lícito pensar que le alegra, tanto Rubén Bevilacqua como Virginia Chamorro se han metido hace ya tiempo en nuestros corazones, en nuestros recuerdos, e incluso en el imaginario colectivo. Así que casi podemos convenir en que veinte años son hasta poco, teniendo en cuenta tanto como ellos nos han hecho disfrutar.

Un disfrute que nos ha llegado en forma de nueve novelas y dos libros de relatos, once títulos en los que esta benemérita pareja ha tenido tiempo más que sobrado para ir evolucionando, al tiempo que lo hacíamos los lectores y lo hacía de igual forma la sociedad. Precisamente esos cambios sociales, aunque presentes también en las novelas, son los que más destacan en la narrativa breve, en los dos volúmenes de cuentos, Nadie vale más que otro y Tantos lobos.

En el primero de ellos, recogiendo cuatro historias que habían aparecido en diversas publicaciones de índole veraniega, Lorenzo Silva trata temas tan duros como evidentes: delitos de género, niñas violadas, ajustes de cuentas, inmigración…, como puede verse, nada a lo que el ciudadano pueda permanecer ajeno. Y esa vinculación con la realidad va un paso más allá en Tantos lobos, donde los personajes se circunscriben a la infancia, puesto que todas las víctimas son niños o adolescentes sujetos a temas como las redes sociales, el acoso escolar o incluso la violencia de género entre jóvenes parejas.

Parece como si con el relato extenso, o la novela corta,
Lorenzo Silva quisiera hacernos reflexionar acerca de lo que nos rodea, tanto los males endémicos como el sendero que hemos ido construyendo para los jóvenes, un camino que no parece ser muy recto y que desde luego ni es de rosas ni tiene una sola baldosa amarilla.
 

Ese Lorenzo Silva más directo, demoledor en los golpes del combate rápido y al cuerpo, se transforma en las novelas, se arrellana un poco en el sillón y deja paso para que Vila y Chamorro le vayan mostrando al lector todas sus miserias y algún que otro triunfo, por ejemplo sus ascensos en el escalafón, que les llevan a uno a ser subteniente y a la otra a sargento, y mientras parece que él anda ya tocando techo en la graduación, tal vez a Virginia aún le queden algunos ascensos más ante sí.

Pero es preciso volver un poco atrás, a las entregas en las que Bevilacqua era sargento y Chamorro una simple número aspirante a cabo. Así nacieron dos personajes con voluntad de desafío, porque tras cuarenta años de dictadura nadie, excepto el gran García Pavón con su Plinio, se había atrevido a darle protagonismo en una novela negra a un miembro de las fuerzas del orden, y muchísimo menos a un guardia civil, cuerpo muy denostado si recordamos la posguerra y la sombra de los versos lorquianos.

Y el caso es que Lorenzo no fue el único, otra autora, Alicia Giménez Bartlett, casi por las mismas fechas alumbró a su Petra Delicado, con lo cual nos encontramos de golpe con dos investigadores oficiales dispuestos a romper muchos mitos. Para que luego haya por ahí voces que sigan denostando a un género capaz de ofrecernos este tipo de situaciones.

Ha confesado su autor que Vila y Chamorro nacieron un poco por casualidad. Pues bendito azar el que nos los presentó en aquel verano mallorquín, en el que tuvieron que desentrañar la muerte de una extranjera que les llevaría por clubes nocturnos y playas nudistas, asistiendo a diversos trapicheos y promiscuidades. El lejano país de los estanques fue el marco que vio nacer a esta pareja de veinteañeros profesionales.

A partir de ahí, ocho novelas más en las que ambos han ido caminando a nuestro lado, ascendiendo, tragando algún que otro sapo profesional, y lidiando con sus cuitas familiares y sentimentales, tales como el alejamiento del hijo adolescente en Vila, el reloj biológico en Virginia, ciertos desencantos que ponían la felicidad de una pareja en una cotización imposible, y una voluntad de conocerse y entenderse todo lo posible para hincarle el diente a una amistad que ha terminado por ser el denominador común, aunque haya lectores que constantemente vayan hablando de cierta tensión sexual entre ellos.

Aquí habría que señalar que, de manera muy injusta, en las sinopsis de muchos de los títulos la figura de Virginia Chamorro queda demasiadas veces en un segundo plano, como si sólo fuera un personaje de relleno, o la amiga discreta del protagonista…, y nada más lejos de la realidad, con todo lo que hemos leído y le hemos visto pasar, es casi más justo que la balanza de la fuerza se incline un poco hacia ella,
Lorenzo lo sabe, Vila lo sabe, pero aún hay ciegos que se empeñan en no verlo.

Aun así, como buenos compañeros, han tenido que aprender a conocerse y respetarse, y las han pasado de todos los colores, lidiando con cadáveres que tenían una vida secreta demoledora y hasta un lado oscuro, como ocurre en El alquimista impaciente, o viéndoselas con la corrupción de los políticos, los casos cerrados en falso (La niebla y la doncella), el mundo de la televisión y las apariencias (La reina sin espejo), lo cibernético y la globalización (La estrategia del agua), o el uso interesado de la violencia de género.
 

Una antología de posibilidades con la que Lorenzo Silva demuestra que nunca ha dejado que sus pies perdieran el contacto con la realidad y que no se ha alejado nunca del sustrato social que más le podía conectar con el lector, ya fuera mediante la crisis de valores o el prólogo de lo vivido en Cataluña (La marca del meridiano), lugar al que acude en varias ocasiones, tratando también de saldar allí las cuentas que tiene pendientes con su propia memoria.

Mallorca, Madrid, Canarias, Zaragoza, Barcelona, Valencia (Los cuerpos extraños), Afganistán (Donde los escorpiones) o el Estrecho de Gibraltar (Lejos del corazón) son algunos de los lugares que esta pareja ha tenido que visitar para resolver sus casos, demostrando que es posible también crear buena novela negra sin esclavizarse en la necesidad de ser fiel a un único lugar.
Lorenzo ha acudido a aquellos rincones donde la historia llamaba a sus personajes, y eso es algo que les honra, tanto a él como a ellos.


Lorenzo Silva en Cartagena Negra
- Fotografía: Aniceto Valverde -

Les honra pero también les pone en el disparadero de lo personal, dificultando bastante sus posibles relaciones sentimentales. Vila nació ya divorciado en la ficción, y ha tenido que solventar las carencias afectivas con su hijo, quien ahora le “regala” nada menos que un ingreso en el cuerpo, como si así se cerrara un círculo. A pesar de todo, hay asideros, tal y como se ve en el inicio de Lejos del corazón, cuando madre e hijo asisten a la jura de bandera del vástago, reuniendo en el evento a tres generaciones.

Chamorro, por su parte, anda lidiando con algunas parejas que no han terminado de ser de su agrado, y ha sufrido los rigores del reloj biológico, aunque sin que podamos vislumbrar del todo quién ha ganado ese combate. La conclusión, en las últimas entregas, es una madurez solitaria que parece apuntar a un camino concreto, aunque aún sin desvelar.

Como ven, veinte años dan para mucho: terrorismo, dinero negro, drogas, globalización, desencanto moral, redención, integrismo…, dan para crecer, para desvelar misterios, para ver cómo se alimenta una hoguera vanidosa, para diluir fronteras entre Madrid y Barcelona, para pasar las crisis de los cuarenta y los cincuenta, para confiar en los jóvenes, para huir de los escorpiones y hasta para perderse en tramas informáticas.

Todo ello, eso sí, desde el centro del corazón de
Lorenzo Silva, donde cabe la condición humana, y también cabe la esperanza. Por otros veinte años junto a Vila y Chamorro.

Esta reseña ha sido escrita por Antonio Parra Sanz para la V SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2018. Agradecemos a quien quiera reproducirla, total o parcialmente, que cite su fuente original. Si quieres acceder al programa de la Semana Negra PINCHA AQUÍ.

  

es profesor de Lengua Castellana y Literatura en el IES “Mediterráneo” de Cartagena, profesor de Escritura Creativa en ISEN Centro Universitario. Crítico literario del suplemento cultural Ababol, del diario La Verdad, miembro del Grupo Promotor del Proyecto Mandarache de Jóvenes Lectores y también del ELACT (Encuentro Literario de Autores en Cartagena). Es uno de los organizadores de Cartagena Negra (CTN). En su blog http://gomesycia.blogspot.com.es/ ejerce la crítica literaria y desgrana la actualidad con artículos de opinión. Ha publicado las novelas Ojos de fuego y La mano de Midas (ambas de la serie del detective privado Sergio Gomes), Apocalipsis 17,1 y Acabo de matar a mi editor. Es autor de los libros de relatos Desencuentros, El sueño de Tántalo y Polos opuestos. Es autor también del volumen de artículos La linterna mágica, y del ensayo Tres heridas (Aproximación didáctica a la Antología poética de Miguel Hernández), así como del guión cinematográfico Mala reputación. En 2017 ha publicado Butaca de patio (MurciaLibro) y Cuentos suspensivos (La Fea Burguesía). Su última publicación, la novela Dos cuarenta y nueve (Ediciones Del Serbal), es una trama negra que muestra la obra de un asesino en serie mientras ahonda profundamente en la psicología de quienes se ven salpicados por sus crímenes


«Se ha escrito un crimen y lo ha escrito una mujer», por Rita Piedrafita

Os invitamos a participar en la mesa redonda «De novela de género a novela negra, ¿qué ha cambiado? Evolución de la novela negra», que el próximo jueves 26 de noviembre moderará Rita Piedrafita en nuestra VII Semana Negra. Conversarán con Rita las escritoras Mar Aísa, Inés Plana y Susana Martín Gijón
 
 
DATOS DE CONEXIÓN
 
Día: 26 nov 2020 - 19:30 (Hora de Madrid)
 
Haga clic AQUÍ para unirse al seminario web ZOOM:

ID de seminario web: 862 6046 8832

Código de acceso: 808658 
 
«Se ha escrito un crimen y lo ha escrito una mujer», por Rita Piedrafita
Nunca deja de sorprenderme el buscador de google. Una escribe toda feliz «escritoras españolas novela negra» y la tercera foto es de Lorenzo Silva. Piensa, ay, google, google, que no distingues bien la e y opta por poner «autoras españolas novela negra» en ese rectángulo adornado que nos saca de demasiadas dudas. Et voilà, ahí está él. Silva. Y no quitéis el “española” que el elenco de hombres os pone de mal humor. Menudo panorama.

La novela negra española parecía negarse a ceder un hueco a las damas del crimen, pero ellas, con un constante trabajo bien hecho, lo van copando.

Murder, She Wrote… «Se ha escrito un crimen» en nuestro país. —Si lo piensas, en esta traducción ya marcábamos el camino errado.— Todos recordamos a esa dama del misterio que nos enamoró tanto que empezamos a leer novelas de misterio. Ay, la Flecher. El éxito de Jessica Flecher estaba en que iba mucho más allá, inmiscuyéndose en cualquiera de los asesinatos que parecían perseguirla. Su perspicacia y sutileza a la hora de investigar la hacían única.

Esta singular e inolvidable «autora» es claro de ejemplo de nuestras narradoras. En España se ha escrito un crimen, y dos, y mil llegando más allá. Y esa obra se firma con nombre femenino. Redondo, Giménez Bartlett, Ribas o Saénz de Urturi son muy leídas, que no es lo mismo que ser muy vendidas, en nuestra literatura. Pocas más reconoce Google, pero nosotros somos lectores inteligentes y buscamos, como la Flecher, más allá.

Encontramos, sin ayuda de algoritmos, por supuesto, un abanico de posibilidades que deja siempre con ganas de más. Una lee Cuídate de mí de María Frisa y espera ansiosa el lanzamiento de El nido de la araña. Lees Morir no es lo que más duele de Inés Plana, y sueñas con la llegada a tu estantería de  Antes mueren los que no aman… Y así con un gran número de mujeres: Susana Hernández, Mar Aísa, Susana Martín Gijón, Nieves Abarca, Susana Rodriguez Lezaún, Yanet Acosta, Carmen Mola (personalmente pienso que es un hombre homenajeando a la mujer escritora) y un sinfín más que no siempre aparecen en las listas.

Tenía que elegir a tres y le di muchas vueltas. A mí las chicas hablando de crímenes me gustan mucho más que los chicos, lo reconozco. Creo que su denuncia social es más dura y que, en general, son más valientes y meticulosas ellas que ellos. Arriesgan. Así que imaginaos la difícil tesitura. Tres mujeres que escriban crímenes. Tras darle alguna vuelta me decanté por el saber hacer de Mar, Susana e Inés. Cada una de ellas está por un motivo diferente.
 
No tuve muchas dudas con la primera, Mar Aísa Poderoso. A Aísa ya os la presente en la Semana Negra de la Glorieta el año pasado. Es tan profundamente literaria su primera obra que me sorprendió. Correctísima en su prosa, brillante en su trama, dulce y dura a la vez. Leer Dostoiesvski en la hierba, título acertado donde los haya, supuso marcar su nombre con el asterisco de las autoras a la que quiero seguir la pista.

Susana Martín Gijón entró con fuerza en la selección. Esta escritora puso un chupete en la boca de su cadáver, y eso, queridos lectores, marca ya una diferencia. No un cuchillo, ni una nota de suicidio, no. Un chupete.

Martín Gijón tenía antes de «Progenie» mucho recorrido policiaco y  se nota. Entra en esta triada por su concienciación sobre la injusticia social. Violencia machista, explotación sexual, maternidad son temas que denuncia, con una pluma firme, en su obra. Su sensibilidad social la hace única. Tenía que estar.

Inés Plana, Morir no es lo que más duele, y Antes mueren los que no aman, es para mí mucho más que una escritora. Encarna la valentía. Su teclado denuncia cosas casi prohibidas. Prostitución infantil,  mujeres crueles, malas madres, frialdad social, soledad. Cuando lees a Plana, Luba permanece para siempre bajo tu piel. No hay menos libro que el que deja huella eterna.

De su obra, de la mujer escritora en la novela negra española, de lectura y mucho más hablaremos en la mesa redonda de esta glorieta.

En España, (Murder, She Wrote), se ha escrito un crimen y lo ha escrito una mujer
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Puedes acceder al programa de la próxima SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, festival virtual del género negro celebrado del 21 al 27 de noviembre, pinchando AQUÍ.


Prescriptora para los oficiales, bloguera para la mayoría, influencer para los exagerados y simplemente lectora para los sensatos.

Amando las letras elegí las ciencias, y a partir de aquí, tú, amante de los libros, rellenas.

Da igual alta o baja, guapa o fea, de ciencias o letras… Lo único importante es que leo, leo y leo.

Y me encanta que leas junto a mí
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Entrevista a Noelia Lorenzo Pino, por Txaro Cárdenas y Almudena Natalías

ENTREVISTA A Noelia Lorenzo Pino
por Txaro Cárdenas y Almudena Natalías
En las grandes editoriales buscan mujeres que escriban novelas negras muy “blancas”
Noelia Lorenzo Pino
El género negro está viviendo un momento dorado y, dentro de la literatura que se está escribiendo en España, la novela negra vasca está concentrando a una generación de escritores que destaca con luz propia. Entre ellos nos encontramos a Noelia Lorenzo Pino.Noelia Lorenzo Pino publicó Chamusquina en 2013, novela que plantea el tema de la corrupción. Pero es con La sirena roja cuando la autora comienza la saga de dos ertzainas, Eider Chassereau y Jon Ander Macua.  La siguen La chica olvidada y Corazones negros, todas ellas editadas por Erein en la colección «Cosecha roja» que aglutina a los más importantes representantes del noir vasco.

Con Eider y Jon Ander,
Noelia Lorenzo Pino nos presenta unas novelas policiacas de corte clásico: la investigación policial es el eje de las historias. Sin embargo, la autora sabe darles un toque diferente. La vida de los dos ertzainas se entremezcla con la investigación convirtiendo así a sus personajes en personas reales. Desde luego no son los detectives encorsetados a los que estamos acostumbrados. Eider y Jon Ander tienen pesadillas, discuten con sus compañeros, cuestionan las órdenes que reciben… Se mueven por un escenario que Noelia conoce bien. Irún y Donostia se convierten en sus novelas en un protagonista más y en un marco perfecto para esconder los misterios a los que se enfrentan los ertzainas.

En todas las novelas se plantea de fondo algún tema que la sociedad tiene pendiente. En La sirena roja, además de la búsqueda contrarreloj de un asesino en serie, se plantea el tema de la violencia machista, pero tanto desde el punto de vista de la víctima como desde el del maltratador. La chica olvidada, novela en la que se investigan las desapariciones de dos chicas, plantea el sentimiento de vacío e indefensión que puede tener una familia cuya hija ha desaparecido y de la que no saben nada hace años. Cuántos casos de este tipo hay sin resolver… En Corazones negros,
Noelia habla de una de las lacras más terribles y sucias que tiene la sociedad actual: la trata de mujeres. Con su personal estilo, en esta novela también podemos ver el punto de vista de una mujer obligada a prostituirse para pagar una deuda que nunca contrajo y el de un proxeneta que se enriquece gracias a estas mujeres y que es capaz de llevar una vida tranquila con sus hijos mientras vende a sus esclavas como si fueran ganado.

La novela negra es el género que mejor puede presentar el lado oscuro de la sociedad y Noelia lo consigue con nota a través de una narración poliédrica que incorpora distintos enfoques, y de unos diálogos rápidos y expresivos en los que el narrador utiliza el lenguaje del personaje que protagoniza cada acción. El lector reconoce el idioma de la calle —su propio lenguaje—, convirtiéndose así en un observador al que no le cuesta identificar a los actores en personas reales. Este efecto se ve reforzado con la combinación de tercera y primera persona, permitiéndonos conocer la historia a través de los ojos de los investigadores, de las víctimas e incluso de los culpables. 



Noelia Lorenzo Pino nace en Irún en 1978. Se dedica al mundo de la moda hasta que en 2013 decide aparcar las tijeras y empuñar la pluma, actividad que la acompaña desde muy joven y que retoma con éxito con su primera novela, Chamusquina, publicada ese mismo año por Editorial Dauro. En la actualidad y con cuatro novelas publicadas,
Noelia es una autora consolidada y de evolución constante. Hemos hablado con ella para esta V Semana Negra en la Glorieta.

Hola, Noelia. Encantadas de charlar contigo para todos los lectores de Cita en la Glorieta. Cuéntanos, ¿cómo se pasa de la poesía y el teatro a la novela negra?
 

¡Hola a todos! Soy una persona creativa y con mucha imaginación. Cuando era pequeña cogía un boli para plasmar en hojas sueltas y cuadernos lo que me venía a la cabeza. Empecé con la poesía y los cuentos, también algún relato. Más tarde me apunté a un taller de teatro y se me ocurrió escribir un par de guiones para interpretarlos con el grupo. El caso era escribir lo que fuera. El salto llegó cuando descubrí el género negro. Yo era de esas personas que pensaba que la novela negra estaba llena de femmes fatales y detectives alcohólicos (y era una temática que no me llamaba para nada), pero un día, tras las recomendaciones de un amigo, me sumergí en varias novelas del género y descubrí que nada tenían que ver con lo que yo me había imaginado. Las leía y me decía «Tengo que escribir una así». Estaba fascinada y me quedé tan atrapada que, actualmente, casi es el único género que leo.

En tus novelas realizas una radiografía de la sociedad actual, siempre en un marco geográfico en el que te desenvuelves con soltura y que se aleja del modelo urbano recurrente en el género. ¿Gipuzkoa era un territorio apenas explorado dentro de la literatura policiaca hasta que llegaste tú? ¿Crees que el lector se involucra más en escenarios que reconoce?

Sí, la verdad es que Gipuzkoa era un territorio apenas explorado. La primera, Chamusquina, la publiqué en 2013. Mis historias están ambientadas aquí y en la época actual porque en su momento pensé que era la mejor manera de transmitir. Vivo en estas ciudades, conozco sus olores, sus gentes, sus rutinas… Me pareció lo ideal para dotar las novelas de realismo.

Sobre el tema de los lectores y los escenarios de las novelas pienso que hay de todo. Están a los que les encanta reconocer cada rincón que sale en la novela y luego están los que dicen que se les hace demasiado cotidiano. Yo soy de esas lectoras que le gusta leer novelas ambientadas aquí porque tienen ese aliciente, pero también me encanta descubrir nuevos lugares. Pueblos de la América profunda, aldeas al norte de Suecia… No tengo problema con la ubicación mientras me transmita algo del lugar.

En la última edición de la Semana Negra de Gijón, Jesús Palacios definió como Txapela Noir a las obras de género escritas por autores vascos. ¿Etiquetar vuestras obras podría encorsetarlas en términos localistas o es, en tu opinión, una apertura de horizontes para el lector de novela negra y policiaca?

Yo lo entiendo más como una manera de congregarnos por nuestra procedencia. Podemos ser «localistas» por las circunstancias, tanto sociales como climáticas, que nos han tocado vivir y que han forjado, en cierto modo, nuestra forma de entender el mundo (al igual que en otras regiones tienen sus características propias). Pero no creo que ello nos encorsete, pues somos entre nosotros suficientemente diferentes en nuestras temáticas y en el tratamiento de los personajes.

En 2015 publicas tu segunda novela, La sirena roja, en la editorial Erein y te conviertes en la primera novelista de la colección «Cosecha Roja». ¿La participación de la mujer en la novela negra y policiaca sigue considerándose la «nota femenina» en un género a priori tan masculino? ¿El noir continúa siendo un territorio poco transitado por la mujer o es que la mujer escritora de novela negra tiene menos visibilidad?

Cuando entré en Erein me hizo una ilusión tremenda. La sirena roja es la novela número 16 de la colección «Cosecha roja». Tenía por delante a un montón de grandes autores y buenas novelas, y sí, todas escritas por hombres. Fue, al mismo tiempo, satisfactorio y abrumador. Después de cinco años en este mundillo y cuatro novelas publicadas, puedo decir que siento que tenemos que publicar muchísimo más e hilar más fino para que se nos tenga en cuenta. Una vez me invitaron a una mesa redonda porque la moderadora pidió que hubiese una mujer. Fue algo así como «Ya teníamos cerrada la programación, pero nos hacía falta la figura femenina y aquí estás tú». Es complicado ser mujer y escribir novela negra. En España, los puristas del género parece que quieren que escribamos como tíos, que no se nos note que somos mujeres, y en las grandes editoriales buscan mujeres que escriban novelas negras muy «blancas»…

Compones personajes de gran verosimilitud psicológica a partir de problemas sociales que afectan a las mujeres. En las tres entregas protagonizadas por la agente de la Ertzaintza Eider Chassereau y el suboficial Jon Ander Macua, la investigación policial se centra en casos de maltrato, asesinatos de niñas y trata de blancas, transmitiendo el sufrimiento de todas esas mujeres. ¿Crees que son temas que solo las escritoras afrontan en la literatura actual? ¿Es un territorio en el que el hombre no se siente cómodo?

No, no lo creo. Es una cuestión de sensibilidades, no de sexos. Yo traté esos temas porque me preocupan y quería darles visibilidad. Sí, es verdad que casualmente las víctimas son mujeres, pero tengo una novela entre manos en la que la víctima es un chico y creo que seré capaz de transmitir su sufrimiento. Pienso que ambos sexos somos capaces de hacerlo. Escribir novela negra te permite, además de hablar de muchas otras cosas, poder poner en relieve los problemas de nuestra sociedad.
 

La saga de los ertzainas Chassereau y Macua es una combinación de novela negra, policial y thriller psicológico y de acción. Es posible que te lo hayan preguntado más de una vez, pero nos gustaría conocer tus referentes literarios, incluso cinematográficos, que seguro los tienes.Soy una adicta de la novela negra, pero como ya os he dicho empecé tarde a leerla. Me marcaron dos novelas: Romero y Julieta y Lolita. Dentro del género negro clásico me gustan Maj Sjöwall y Per Wahlöö. De los actuales, nórdicos como Jo Nesbø y Asa Larsson, así como los norteamericanos Gillian Flynn y Nic Pizzolatto o el francés Pierre Lemaitre. Dentro del panorama nacional me gusta mucho Víctor del Árbol.

Cinéfila soy un rato. De adolescente, si tenía la tarde libre, me tragaba tres películas seguidas. Me encanta el cine independiente, los clásicos del terror, los melodramas. Si hablamos de series, me decanto por las policiacas.

Llama la atención cómo planteas el procedimiento policial, sabes lo que te traes entre manos… Hay autores como Lorenzo Silva que cuentan con su propia experiencia en un cuerpo de policía, otros reconocen haber solicitado consejo profesional. ¿De dónde extrae Noelia Lorenzo sus conocimientos?

En la primera novela me tiré a la piscina sin tener ni idea. Cuando la acabé sí que pedí consejo a un amigo ertzaina para que los procedimientos fueran más verosímiles. Actualmente tengo la suerte de contar con la ayuda de un oficial de la Ertzaintza, pero soy de esas personas a las que no le gusta dar demasiado la tabarra y a veces debería preguntar más… Lo bueno es que cada información que me dan queda archivada en mi cabeza.

Tus personajes están creados desde una vocación de verosimilitud, sus vidas evolucionan a lo largo de las tres novelas. ¿Cuánto de planificación hay en su planteamiento? ¿Has sentido en algún momento que un personaje ha tirado de ti hacia un punto que no habías imaginado?

Sí, mis personajes me la suelen jugar… Suelo planificar mucho lo que voy a escribir, pero la evolución de ellos es imprevisible. Van creciendo a medida que escribo. A veces cambian tantísimo que tengo que modificar comportamientos del principio porque ya no cuadran con el carácter que han desarrollado. Es un poco como la vida misma.
 

En Corazones negros hay personajes que transmiten la indefensión de la víctima, la desesperación de quien trata de salvar su vida o morir en el intento. Retratas el sufrimiento de las víctimas dejando que ellas mismas se expresen... ¿Son ellas las verdaderas protagonistas de tus novelas?
Mi manera de escribir desnuda a cada personaje. Abro en canal a cada uno de ellos (buenos y malos) y que juzgue el lector. La mayoría tiene su momento de protagonismo. Me gusta que sea así, y que el eco de las víctimas, de los muertos, sea tan o más fuerte que los que viven en las páginas de mis novelas.

¿La sociedad actual necesita de la novela negra como testimonio de la realidad o crees que todavía hay lectores que la consideran puro entretenimiento?

No creo que testimoniar la realidad sea algo exclusivo de la novela negra. Ni que esta tenga como principal objetivo la denuncia social. Ahora mismo en el mercado hay novelas negras, o thrillers, en los que prima el entretenimiento. A mí me gusta eso de entretener al lector. Yo como lectora busco eso, sumergirme en una novela y olvidarme de mis preocupaciones. Pero he de reconocer que si en la novela se retratan los problemas de nuestra sociedad, para mí, se vuelve redonda.

En poco más de tres años has escrito tres novelas, una saga tejida con acontecimientos que influyen en el futuro profesional y familiar de sus protagonistas y en su evolución psicológica. Hay suficientes «miguitas de pan» que sugieren una continuación. ¿Volveremos a enfrentarnos a un nuevo caso de la mano de Chassereau y Macua o tienes previsto un cambio de rumbo para tu próxima novela?

Hay suficientes «miguitas de pan» y lo curioso es que mis lectores están deseando saber de ellos. No puedo negar que me siento cómoda en la piel de los agentes Chassereau y Macua. Creo que los tres nos entendemos bien. Pero también os voy a confesar que he querido experimentar un poco y, por un lado, tengo acabada una novela independiente que aún no ha visto la luz (es un domestic noir y no sé qué tal se lo tomarán mis seguidores) y, por otro lado, una colección de cuentos infantiles en euskera titulada «Ane eta Moon» que acaba de salir a la venta.

Desde aquí quiero decir a mis lectores que no se preocupen, porque ahora mismo ya estoy embarcada en un nuevo caso de Chassereau y Macua.

Háblanos un poco (lo que puedas) sobre ese domestic noir...
 
Me meto en la mente de una ciudadana de a pie que intuye que se ha cometido un crimen en su vecindario. Lo narro desde la obsesión que esto provoca en ella. El tono de la novela tiene ciertas dosis de humor (aunque algunos de los temas que se tratan son muy serios). Es una novela más corta, con pocos personajes y sin investigación policial. Aun así mi manera de escribir sigue siendo muy reconocible en ella.

Muchas gracias, Noelia, por prestarte a este interrogatorio…

Muchas gracias a vosotras. Ha sido un placer..


Txaro Cárdenas y Almudena Natalías


Esta entrevista ha sido realizada por Almudena Natalías y Txaro Cárdenas para la V SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2018. Si quieres acceder al programa de la Semana Negra PINCHA AQUÍ o en la imagen.

  

El anarquismo en la novela de crímenes del siglo XXI en España, por Gustavo Foreno

El anarquismo en la novela de crímenes del siglo XXI en España, por Gustavo Foreno
De más de mil novelas registradas de los años 2000-2018 con que cuenta mi investigación “La anomia en la novela de crímenes en España”, son varias las que aluden al tema del anarquismo como ideología, opción social o hecho histórico. Algunos escritores se remontan a sus orígenes en el siglo XIX y otros se interesan por su condición actual como opción ideológica y política al capitalismo. Algunos toman el anarquismo como centro de la trama y otros lo bordean, lo incluyen como contexto histórico o ideológico o panorama político del conflicto central. En el siglo XXI unas novelas resultan más implicadas que otras con esa vieja forma de entender la organización social, si así puede definirse, y otras ofrecen relaciones muy sugerentes con este tema. Autores de la más diferente condición, consolidados y no, recrean las circunstancias históricas o contemporáneas de ese movimiento social como respuesta a la crisis del capitalismo.
Un precursor de este último tópico puede ser Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943), que en su ya clásica novela La verdad sobre el caso Savolta (1975) ofrece un panorama del conflicto entre los ricos empresarios y los anarquistas con el viejo proyecto de la república en medio. Así lo analizo en “El republicanismo en La verdad sobre el caso Savolta de Eduardo Mendoza”, texto incluido en el libro
República, violencia y género (Bogotá: Siglo del Hombre Editores, 2019) En esta novela se define escuetamente el conflicto social de la siguiente manera: “El rico no necesita al pobre: siempre que quiera lo sustituirá” (p. 169), con lo cual se plantean claramente los bornes del anarquismo.

La explicación histórica del hecho ideológico y político del anarquismo y, sobre todo, su vigencia desde la perspectiva del siglo XXI se pueden verificar en El último avión a Lisboa (2000) de Ricardo Bosque (Zaragoza 1964), que alude al Madrid de los años cuarenta del siglo XX, donde Antonio, acomodador en un cine, se enfrenta al dilema de negar la existencia de su hijo, anarquista desaparecido en 1937, o asumir la posibilidad de su sobrevivencia. Las imágenes de la película Casablanca que se proyecta en el teatro sirven de panorama al conflicto. Por su parte, El hombre que mató a Durruti (2004), de Pedro de Paz (Madrid 1969), tiene lugar en la Barcelona de 1937, en medio de la Guerra Civil española, cuando el comandante Fernández Durán investiga las circunstancias que rodearon la muerte de Buenaventura Durruti, líder anarquista fallecido en el frente de la Ciudad Universitaria de Madrid en noviembre de 1936. La novela ofrece su propia tesis, un tanto desabrida, respecto de las circunstancias de la muerte del líder anarquista, muy distinta a las de las versiones históricas.

Nadie debería matar en otoño (2007), de José Luis Ibáñez (Rubí, 1961), tiene lugar en el otoño de 1936 que sirve de marco temporal para la investigación del asesinato de tres patrulleros anarquistas por parte de Toni Ferrer, detective privado barcelonés convocado por Juan García Oliver, dirigente anarquista y futuro ministro de Justicia; y Pólvora negra (2008), de Roberto Montero González (Montero Glez) (Madrid 1965), la acción tiene lugar en el año 1906, cuando el anarquista Mateo Morral atenta contra la vida de los monarcas Alfonso XIII con Victoria Eugenia.

A esta breve lista se suma La tiranía del espíritu: o Las cinco muertes del barón airado (2011), de Jorge Navarro Pérez (Barcelona 1962), que tiene lugar en el contexto de desorden y terrorismo de la Barcelona de fin de siglo, donde las relaciones entre la pintura y las opciones políticas tienen su propia lectura.

También Cabaret Pompeya (2011), de Andreu Martín (Barcelona 1949), se recrea en época de bombas y pistolerismo anarquista y el lector tiene la oportunidad de verificar allí, sin maniqueísmos de ninguna naturaleza, el contexto histórico del movimiento social que alcanzó el poder en la Barcelona de la década de 1920. La historia de tres amigos a quienes une entre otras cosas su fecha de nacimiento, 1900, sirve como clave para entender los matices de la política española alrededor del tema. Por su parte, en Serás imbécil (2017), de Antonio Padilla Esteban (Barcelona, 1964), se sabe de una guerrilla urbana anarquista en el marco de la Barcelona de 1949. Durante la dictadura de Francisco Franco, un periodista, César Maristany, investiga la muerte de una muchacha en el Mediterráneo, lo que lo enfrenta a tales guerrillas.

Frente a estas novelas, Lectura fácil (2018), de Cristina Morales (Granada, 1985), asume el riesgo de abordar el anarquismo actual en los márgenes mismos del género negro: cuatro parientas, Nati, Patri, Marga y Àngels, con diversos grados de lo que la Administración considera discapacidad intelectual, comparten un piso tutelado en  Barcelona y declaran ante un juzgado que pretende esterilizar forzosamente a una de ellas. La perspectiva hipercrítica de la autora respecto de los ateneos barceloneses y las opciones libertarias configura una lúcida perspectiva de la vigencia del anarquismo en la España de hoy.

Más reciente todavía, la novela Una tumba sin nombre (2019), de Javier Sagastiberri (Donostia, 1959), relata la historia de Itziar Elcoro, que abandona Bilbao y viaja al Goierri para investigar el paradero de su compañera Arantza Rentería y, por la misma ruta, del asesinato de Ernesto Compson, líder de una comunidad anarquista. La contemporaneidad de esta visión literaria ayuda a comprender la vigencia de la ideología anarquista vinculada con los movimientos sociales que derivaron en el 15 M.
Otras novelas apenas bordean el tema del anarquismo pero resultan muy sugerentes para entenderlo: El nombre de los nuestros (2001), de Lorenzo Silva (Madrid, 1966), que tiene como personajes a dos soldados de leva, Andreu, el anarquista barcelonés, y Amador, un empleado de seguros madrileño adscrito a la UGT, que se desenvuelven en medio de la política colonial de España en el protectorado de Marruecos en 1921. Por su parte, en Las guerras de Diego (2009), de Jordi Sierra i Fabra (Barcelona, 1947), Diego, hijo de un militar del ejército en misión humanitaria, tiene una experiencia de formación bastante intensa: se acerca a su abuelo paterno, que en su juventud fue un ácrata, para conocer en directo un mundo que en principio ha languidecido.

Interesante también Soles negros (2016), de Ignacio del Valle (Oviedo, 1971), tiene lugar alrededor del año 1949 en Pueblo Adentro, una aldea a pocos kilómetros de Badajoz, centro de la resistencia anarquista extremeña, cuando el capitán Arturo Andrade, miembro la Sección de Información del Alto Estado Mayor, y su amigo Manolete, antiguo compañero de armas en la División Azul, investigan la desaparición y muerte de unas niñas en misteriosas circunstancias. La investigación se vincula con el famoso anarquista Ventura Rodríguez y su familia.

Como explicaba George Lukács para la novela histórica (1966), cierta literatura moderna da cuenta del avance histórico de determinadas fuerzas sociales. Para el caso, resulta evidente que en las novelas de crímenes españolas de los últimos años se percibe una épica del ascenso de un proletariado, llámese hoy colectivos subalternos, población vulnerable, excluidos, marginales, etc., que cada vez más reivindican sus derechos. “Tan solo pretendí hacer la epopeya del proletariado. El proletariado es un telón de fondo y la lucha anarquista también” (Tuñón, 1976, p. 52), afirmó Mendoza hace años explicando el propósito de su obra.

Para Pedro de Paz, en su retrato de Durruti, en 1933 “Comienza a producirse una clara escisión entre el gobierno y las organizaciones anarquistas” (1230). En este novela breve, los límites de la ficción y los datos “fidedignos” de la época llevan al escritor a indagar en un momento muy oscuro de la historia oficial donde las autoridades van al margen de las necesidades de la población y son solo los anarquistas quienes denuncian la brecha. En este caso, el individuo anarquista, excepcional, loco o enamorado, como se le definió siempre, poco tiene de verdad. En realidad, para los escritores de hoy existe una explicación sistémica del anarquista: “…el tal Mateo no actuó solo” (593), se dice en Pólvora negra. En esta novela el personaje hace parte de una red ideológica de carácter internacional y “La historia de nuestro país es la historia de la lucha de las clases altas por hacerse por el poder” (1662), explica Espadón (Nicolás Estévanez Murphy, ministro republicano en la realidad histórica), uno de sus personajes. “En esta partida el destino de campesinos y obreros es nacer para ser explotados, cuanto más mejor” (359), afirma cínicamente uno de los personajes de La tiranía del espíritu: o las cinco muertes del barón airado; a lo que señala otro, “las disputas de los poderosos las sufren los humildes” (4306).

Se puede advertir así que en las novelas de crímenes españolas del siglo XXI el anarquismo puede ser una clave para entender las cuestiones contemporáneas más importantes en torno a la condición del sistema económico dominante. Sobre todo, a partir de la ineludible lectura marxista de la lucha de clases sociales que define a la sociedad.



Trabajos citados

Bosque, Ricardo. El último avión a Lisboa. Combra, 2000.
De Paz, Pedro. El hombre que mató a Durruti. Aladena, 2004.
De Valle, Ignacio. Soles negros. Alfaguara, 2016.
Forero Quintero, Gustavo. República, violencia y género. Siglo del Hombre Editores, 2019.
Ibáñez, José Luis. Nadie debería matar en otoño. Espasa, 2007.
Lukács, G..  La novela histórica. [Traducido al español por de Jasmin, R.]. México: Biblioteca Era, 1966.
Martín, Andreu. Cabaret Pompeya. Edicions 62, 2011.
Mendoza, E. La verdad sobre el caso Savolta. Barcelona: Seix Barral, 2009.
Montero González, Roberto. Pólvora negra. Planeta, 2008
Navarro Pérez, Jorge. La tiranía del espíritu: o Las cinco muertes del barón airado. Seix Barral, 2011.
Padilla Esteban, Antonio Serás imbécil. RPM Edicions, 2017.
Morales, Cristina. Lectura fácil. Anagrama, 2018.
Sagastiberri, Javier. Una tumba sin nombre, Erein, 2019.
Sierra i Fabra, Jordi. Las guerras de Diego. Siruela, 2009.
Silva, Lorenzo. El nombre de los nuestros. Destino, 2001..



Este artículo ha sido expresamente escrito por Gustavo Foreno para la VI SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, festival virtual del género negro celebrado del 21 al 27 de noviembre de 2019 en el blog de Historia y Literatura CITA EN LA GLORIETA. Ha participado en la jornada dedicada a la Género Negro en Latinoamérica, que coordina el escritor panameño Osvaldo Reyes. Puedes acceder al programa completo de la SEMANA NEGRA pinchando AQUÍ.
 
Gustavo Forero
Fotografía: David Estrada
Escritor, abogado y profesor titular de la Universidad de Antioquia (Colombia). Premio a la Investigación de Mayor Impacto de la Alcaldía de Medellín (2016) y Premio a la Investigación de la Universidad de Antioquia (2014). Doctor Cum Laude por la Universidad de Salamanca y magíster de la Universidad de la Sorbona (París IV). Entre sus libros se cuentan: El mito del mestizaje en la novela histórica de Germán Espinosa (2006), la edición anotada de Xicotencatl (2012), La anomia en la novela de crímenes en Colombia (2012), La novela de crímenes en América Latina (2017) y las novelas Desaparición (2012) y Amantes y destructores (2019). Edita los libros del proyecto Medellín Negro y es director del Congreso Internacional de Literatura Medellín Negro y del proyecto “La anomia en la novela de crímenes” actualmente dedicado al género en España.