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Sherlock Holmes y Pablo Sarasate, por Miguel Izu

SHERLOCK HOLMES Y PABLO SARASATE, por Miguel Izu
Es sobradamente conocido para los lectores de Sherlock Holmes que en una de sus aventuras, La liga de los pelirrojos (The Red-Headed League, publicada en The Strand Magazine en 1891 y luego incluida en la recopilación Las aventuras de Sherlock Holmes de 1892), el detective, en compañía de su inseparable doctor Watson, acude a un concierto del famoso violinista español Pablo Sarasate (Pamplona, 1844-Biarritz, 1908) en el St. James Hall de Londres. El mismo Holmes tocaba el violín y de él escribe Watson que “era mi amigo un músico entusiasta que no se limitaba a su gran destreza de ejecutante, sino que escribía composiciones de verdadero mérito”. Sin duda, la escena tiene su origen en la admiración del creador del personaje de Holmes, sir Arthur Conan Doyle (Edimburgo, 1859-Crowborough, 1930), por el músico navarro. Sarasate actuó muchas veces en St. James Hall (una sala de conciertos que funcionó entre Piccadilly y Regent Street de 1858 a 1905), y en varias ocasiones durante el año 1890 en el que se desarrolla el relato (que contiene una contradicción, en un pasaje se dice que los hechos ocurren en octubre y en otro que en junio). Probablemente el propio escritor, tan melómano como su personaje, acudiría a escucharle. Era tal la fama de Sarasate en la época que Conan Doyle no se molesta en explicar a los lectores quién es.


La trama del relato se inicia cuando Jabez Wilson, un prestamista pelirrojo, acude a Sherlock Holmes para pedirle que resuelva el misterio de la súbita desaparición de la «Liga de los pelirrojos», para la cual había trabajado durante dos meses a media jornada y percibiendo cuatro libras semanales en una oficina solitaria en la que se limitaba a copiar la Enciclopedia Británica. Una mañana, al llegar al trabajo, se encuentra con que el local está cerrado y hay un cartel anunciando la disolución de la liga. No encuentra a nadie que le dé ninguna explicación. El detective londinense no tarda en averiguar que tras esta disolución se encuentra John Clay, uno de los delincuentes más inteligentes y peligrosos de Inglaterra.




En el curso de sus averiguaciones, Holmes comunica a Watson que esa tarde toca
Sarasate en St. James Hall y le pregunta si sus enfermos podrán prescindir de él durante algunas horas, a lo que el doctor asiente ya que no tiene nada que hacer. Holmes añade: “Me he fijado en que el programa incluye mucha música alemana, que resulta más de mi gusto que la italiana y la francesa. Es música introspectiva, y yo quiero hacer un examen de conciencia”. De camino al teatro hacen alguna gestión relacionada con la investigación sobre la Liga de los pelirrojos y luego, en torno al concierto, Watson dice del detective que “permaneció toda la tarde sentado en su butaca sumido en la felicidad más completa; de cuando en cuando marcaba gentilmente con el dedo el compás de la música, mientras que su rostro de dulce sonrisa y sus ojos ensoñadores se parecían tan poco a los de Holmes el sabueso, a los de Holmes el perseguidor implacable, agudo, ágil, de criminales, como es posible concebir”.
 

La relación entre el ficticio personaje de Sherlock Holmes y el real de Pablo Sarasate no acaba con ese relato, en realidad no hace sino iniciarse. Conan Doyle no volvió a mencionar al músico navarro en sus obras, pero son varios los escritores que han retomado la figura del detective y lo han vuelto a vincular con el famoso violinista pamplonés. Como es sabido, los 56 relatos y cuatro novelas que escribió el autor escocés sobre Sherlock Holmes han sido continuados por un sinfín de escritores (empezando por su hijo, Adrian Conan Doyle), de modo que el corpus holmesiano, en sentido amplio, hoy abarca una enorme cantidad de obras publicadas en diversas lenguas en las cuales las escritas por sir Arthur, el Canon holmesiano stricto sensu, constituyen una parte minoritaria. En internet puede consultarse una recopilación de casi diez mil pastiches, copias o parodias, casi todas en inglés, de las aventuras de Sherlock Holmes. Sin perjuicio de que puedan haberse publicado algunas más, repasaremos a continuación las que hemos hallado en las que está presente Sarasate.


1.- El escritor, periodista y crítico musical norteamericano Rolfe Boswell (Pensilvania, 1904-Boston, 1968) que, en otro trabajo (“Quick, Watson, the Fiddle”), mantenía que Holmes no tocaba el violín sino la viola, publica un relato corto titulado “Sarasate, Sherlock and Shaw” en enero de 1952 en The Baker Street Journal, revista editada en Nueva York por la sociedad holmesiana The Baker Street Irregulars. Contempla a Holmes y Watson camino del St. James Hall, donde van a escuchar a Sarasate, haciendo una parada en un restaurante vegetariano para comer algo antes del concierto. Un irlandés pelirrojo, airado socialista (“the color of my beard and facial fungus is the color of my politics”), se siente insultado al escuchar un comentario de Holmes sobre los problemas que les dan los pelirrojos y, a su vez, arremete contra los ingleses. Aclarando la confusión, Holmes afirma que es más francoamericano que inglés, y Watson explica que es primo de Oliver Wendell Holmes (se cree que Conan Doyle tomó el apellido de su personaje de este famoso médico y poeta norteamericano, padre del no menos famoso juez Oliver Wendell Holmes Jr.) y que su abuela materna era hermana del pintor francés Vernet (lo cuenta el propio Holmes en El intérprete griego, el relato donde se presenta a su hermano Mycroft). Boswell insinúa que el irlandés es George Bernard Shaw, que acude al concierto como crítico musical y precisa, citando las memorias de Sarasate publicadas en Pamplona por Julio Altadill, que la escena se desarrolla en junio de 1890. No puede ser a principios de octubre ya que, por aquellas fechas, Sarasate estaba actuando en Barcelona. Finaliza Boswell sugiriendo la tesis de que unos meses después Shaw estuvo presente en el duelo de Holmes y Moriarty en las cataratas de Reichenbach y que empujó al detective, al que odiaba, y que realmente murió allí. Posteriormente, Shaw suplanta a Watson y sigue publicando falsas aventuras de Holmes, que ya no toca el violín ni va a escuchar a Sarasate (nada del gusto de Shaw), sino que acude en ocasiones a la ópera. 

2.- El escritor Santiago Rodríguez Santerbás (Burgos, 1937), es autor de un relato titulado “La aventura del quinteto inacabado”, incluido en Tres pastiches victorianos (1981), lleno de referencias holmesianas y notas a pie de página. Presenta a Sherlock Holmes en 1894, está de paso en París y, además de aprovechar el viaje para contemplar en Versalles las pinturas de su tío abuelo, Horace Vernet, asiste a un concierto de Sarasate en la Sala Pleyel. Durante la función la joven pianista que le acompaña se desploma sobre el piano y muere, parece que asesinada —en la realidad, Berthe Marx (París, 1859-Biarritz, 1925), la pianista que le acompañó durante muchos años y esposa del agente del violinista, Otto Goldschmidt, falleció de muerte natural—. El concierto se suspende y el inspector Dubuque, de la Prefectura, pide la ayuda de Holmes. Este examina el escenario e interroga a todos los músicos del quinteto que actuaba aquella noche, Sarasate se muestra complacido de conocerle ya que ha leído sus aventuras, pero creía que no era una persona real. Holmes sospecha de los músicos y los cita a todos en el teatro al día siguiente, prometiéndoles que tocará el violín, en particular, el Quinteto en fa menor de César Franck que interpretaban cuando la pianista fue asesinada. Reunidos todos, Holmes les indica que toquen con él, que se ocupa de la parte del segundo violín. Durante la interpretación, la pianista suplente recibe en la cara el impacto de un pequeño dardo, lanzado por el detective. Holmes explica que fue el segundo violinista el que mató a la pianista por celos, ya que había rechazado sus propuestas matrimoniales y se temía que aceptara las de Sarasate, con un dardo envenenado lanzado al cuello utilizando una cuerda del violín como arco, y escondiéndolo después. Holmes ha comprobado con la partitura que solo el segundo violín tuvo oportunidad de disparar el dardo, sin dejar de tocar la pieza, aprovechando un pizzicato. El culpable confiesa y es detenido. Sarasate queda muy agradecido; Holmes cuenta a Watson que le regaló un Stradivarius y, además, le ha enviado entradas para su concierto en el St. James Hall en el que interpretará el quinteto inacabado, y le ha invitado a cenar después.

3.- Anthony Burgess (Manchester, 1917-Londres, 1993), el escritor inglés célebre por La naranja mecánica, es autor de “Murder to Music”, relato incluido en la recopilación The Devil's Mode (1989), no traducida al castellano, y que se toma muchas licencias con la realidad. Narra un caso de Sherlock Holmes que coincide con una visita a Londres del joven rey de España, Alfonso XIII (dado que se menciona a la reina regente, María Cristina de Habsburgo, los hechos debieran tener lugar antes de mayo de 1902 en que el rey asumió plenamente la corona al cumplir 16 años, aunque en la realidad su primer viaje oficial al Reino Unido fue en 1905, y en él conoció a su futura esposa, Victoria Eugenia de Battenberg) y con un concierto de Sarasate en St. James Hall al que acude el detective con Watson, quien confiesa no compartir el mismo entusiasmo por el violinista y se duerme durante la actuación. El concierto se celebra un 7 de julio, no se indica el año, en cualquier caso una fecha imposible porque Sarasate siempre acudía a principios de julio a Pamplona para asistir a los sanfermines. Durante el concierto, el pianista español que le acompaña recibe un disparo y muere sobre el escenario (parece que ser acompañante literario de Sarasate conlleva un gran riesgo de asesinato). Holmes, que habla con Sarasate en correctísimo castellano, se hace cargo de las primeras diligencias de la investigación. El guardia que custodiaba la puerta trasera que conducía al escenario también aparece muerto por arma de fuego, mientras que otros guardias habían sido retirados a causa de un falso mensaje anunciando la llegada inminente del príncipe de Gales a la puerta principal. Holmes sospecha que el mensaje, aunque en correcto inglés, ha sido escrito por un español e identifica en el pianista asesinado un tatuaje que indica que pertenecía a un grupo separatista, republicano y ácrata catalán, aunque una carta recibida de su padre indica que podría haber desertado recientemente. Un español armado que huye de la policía muere al caer del tejado de un hotel y es identificado como el presunto asesino, miembro de una probable conspiración para atentar contra el rey de España. Holmes y Watson asisten dos días más tarde en el Savoy Theatre a una opereta de Gilbert & Sullivan en honor de Alfonso XIII en la cual se han adoptado extraordinarias medidas de seguridad. Sarasate también está entre los asistentes; el acto discurre con toda normalidad. Al día siguiente, un casual comentario de Watson sobre las últimas notas que tocó el pianista español asesinado pone en alerta a Holmes, que las interpreta como un mensaje, y logra advertir a Alfonso XIII y su séquito para que abandonen el tren que los va a llevar hacia Dover justo a tiempo de salvarse de un atentado con explosivos. Holmes afirma que Sarasate es catalán, nacido en Barcelona, y lo presenta como un fervoroso militante republicano opuesto a Alfonso XIII (no se le conocen al auténtico Pablo Sarasate ideas políticas determinadas, aunque tocó ante tantos soberanos y recibió tantas condecoraciones de ellos que es más que dudoso que fuera antimonárquico) que ha colocado los explosivos en el tren ocultos dentro del estuche de su violín y, seguidamente, ha huido. Holmes revela a Watson que no tiene intención de colaborar en su persecución, los principios morales ceden ante el superior valor del arte (Burgess, hijo de dos músicos, fue también músico antes de dedicarse a escribir).

4.- Hay algunas obras con Holmes como protagonista que se limitan a mencionar la afición del detective por el violinista navarro, sin darle a este ningún papel, pero de forma similar a lo que sucede en La liga de los pelirrojos, en The Star of India: A Novel of Sherlock Holmes (1998), de la escritora norteamericana Carole Buggé (Nuremberg, 1953), el músico sirve como excusa para lanzar la trama. La acción se desarrolla en octubre de 1894. Watson invita a un aburrido Holmes, que no tiene ningún caso entre manos, a asistir en el Royal Albert Hall a un concierto donde actúa Sarasate (en la realidad, en esa fecha Sarasate no estaba en Londres sino en Suiza). Se sientan detrás de una atractiva mujer que usa un penetrante perfume que irrita la nariz de Watson y que desaparece durante el descanso dejando olvidados sus guantes. Holmes, intrigado porque el asiento junto a la mujer estuvo vacío durante el concierto y sospechando que se había citado allí con alguien que no acudió, visita a un perfumista que identifica el aroma de la mujer como procedente de la India. La misteriosa joven, al día siguiente, acude a Baker Street para recuperar sus guantes, advertida en el teatro de que estaban en poder de Holmes. Se inicia así una aventura donde reaparecerá el supuestamente fallecido profesor Moriarty.

5.- En la novela corta en gallego O violín de Sarasate. Un caso de Sherlock Holmes (2002), de Alberto Fortes (Pontevedra, 1964), la acción se sitúa en septiembre de 1886 y en Pontevedra. Holmes es invitado por la Sociedad Recreo de Artesanos a dar una conferencia. Acepta y viaja en compañía de Watson porque tendrá oportunidad de asistir a un concierto de Sarasate, que pasó parte de su infancia en Pontevedra. La charla resulta un poco accidentada porque durante ella llega la noticia de una frustrada sublevación militar en Madrid y de la orden de detención de todos los republicanos, con lo cual parte del público sale huyendo. Las cosas se calman y unos días más tarde Holmes y Watson asisten al concierto en el Teatro del Liceo, al detective le llama la atención que Sarasate no toca sus dos Stradivarius, como suele, sino solamente uno. A la salida han sido citados mediante una misteriosa nota que resulta enviada por Otto Goldschmidt, agente del violinista. Holmes adivina que ha desaparecido uno de los Stradivarius. Efectivamente, ha sido sustraído de la habitación de Sarasate esa mañana, confirma el alemán. Acuden al hotel Madrid para examinar la habitación. Sarasate les recibe afirmando que cuando va a Londres siempre compra el Strand Magazine para leer las aventuras de Sherlock Holmes. En la habitación hay una serie de indicios, una nota con referencias masónicas y un anillo con la fecha de proclamación de la I República, que indicarían una motivación política y que Holmes descarta por haber sido colocados para despistar. Desecha el móvil económico, no se llevaron el otro Stradivarius y otros objetos valiosos. Tras interrogar a Sarasate sobre sus violines y su repertorio, concluye que el móvil fue musical, se trataba de impedir al violinista que tocara la Sonata a Kreuze con su violín favorito y demostrar, como rumorean algunos envidiosos, que sus supuestas facultades se debían solo a tener un buen instrumento. También deduce que el violín no ha salido del hotel, que ha sido escondido. Vigila la habitación, una vez que Sarasate se ha ido, y pone algunas trampas al ladrón, pero no logra atraparle. En cambio, consigue encontrar el violín escondido bajo el suelo. Holmes dice a Watson que es mejor no revelar el nombre del ladrón durante mucho tiempo para evitar un escándalo. El doctor sospecha que puede ser una mujer, y que al acudir a su concierto en el St. James Hall de octubre de 1890 Holmes quiere hablar con Sarasate del asunto con toda reserva.

6.- Que sepamos, la última entrega, por ahora, de esta serie, y perdón por la autocita, es un relato breve titulado “Conan Doyle y los sanfermines”, incluido en la recopilación Sexo en sanfermines y otros mitos festivos (2007) de Miguel Izu (Pamplona, 1960). Holmes acude desde Biarritz, junto a un grupo de aristócratas invitados por Sarasate, a conocer las fiestas de Pamplona. En realidad, está investigando dónde se oculta una carta comprometedora que ha sido robada. A Holmes no le gustan los sanfermines, en particular las corridas de toros. No se indica la fecha, ha de ser posterior a la historia de O violín de Sarasate que aparece mencionada y podría ser hacia 1889 o 1890 ya que se hace referencia al reciente matrimonio de Watson y a su consulta en Paddington aludidos en El oficinista del corredor de bolsa.
 


Finalmente, una nota sobre cómo se entrelaza la ficción con la realidad. Sarasate debió de visitar en más de una ocasión Baker Street, aunque no el ficticio y mítico número 221B donde vivía Sherlock Holmes, sino el número 55 donde se hallaba el famoso estudio de fotografía Elliott & Fry, fundado en 1863, que retrató a todas las celebridades de la época, incluyendo al violinista varias veces.

BIBLIOGRAFÍA
—ROLFE BOSWELL, “Sarasate, Sherlock and Shaw”, Baker Street Journal 2, número 1, enero de 1952, pp. 22-29.
—CAROLE BUGGÉ, The Star of India: a novel of Sherlock Holmes, St. Martin's Press, Nueva York,1998.
—ANTHONY BURGESS, «Murder to Music», incluido en The Devil's Mode, Hutchinson, Londres, 1989.
—ARTHUR CONAN DOYLE, La liga de los pelirrojos, traducción de Juan Manuel Ibeas, Anaya, Madrid, 2013.
—ÀNGEL LLUÍS FERRANDO MORALES, «Sarasate plays at St. James Hall: crónica musical en Sherlock Holmes», dentro de La (re)invención del género negro, Àlex Martín Escribà y Javier Sánchez Zapatero (eds.), Aldavira editora, Santiago de Compostela, 2014, pp. 351-358.
—ALBERTO FORTES, O violín de Sarasate. Un caso de Sherlock Holmes, Edicions do Cumio, Vigo, 2002. BGN 59-2/45
—MIGUEL IZU, «Conan Doyle y los sanfermines», incluido en Sexo en sanfermines y otros mitos festivos, Sahats, Pamplona, 2007.
—SANTIAGO RODRÍGUEZ SANTERBÁS, «La aventura del quinteto inacabado», incluido en Tres pastiches victorianos, Hiperión, Madrid, 1981. BGN 913/66.


es doctor en Derecho y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Funcionario del Gobierno de Navarra, vocal del Tribunal Administrativo de Navarra. Ha ejercido como abogado y como profesor asociado de Derecho Administrativo en la Universidad de Navarra y en la Universidad Pública de Navarra. Ha colaborado con la Escuela de Policía de Cataluña y colabora regularmente con la Escuela de Seguridad de Navarra. Ha sido concejal del Ayuntamiento de Pamplona, presidente de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona y miembro del Parlamento de Navarra. Colabora asiduamente en diversos medios de comunicación (principalmente, en Diario de Noticias y Solo Novela Negra) y revistas profesionales. Secretario de la Asociación Navarra de Escritores/as-Nafar Idazleen Elkartea. Obras: Novela: El asesinato de Caravinagre (2014); El crimen del sistema métrico decimal (2017). Relato: “Un asunto privado”, en 24. Relatos navarros (2016); “Una cuenta pendiente”, en Solo Novela Negra (2016); “El vino del francés”, en El alma del vino (2017); “Un móvil para un crimen”, en la III Semana Negra en la glorieta (2017). Ensayo: La Policía Foral de Navarra (1991), Navarra como problema. Nación y nacionalismo en Navarra (2001), El Tribunal Administrativo de Navarra (2004), Derecho Parlamentario de Navarra (2009), El régimen jurídico de los símbolos de Navarra (2011, VII Premio Martín de Azpilicueta), El régimen lingüístico de la Comunidad Foral de Navarra (2013). Recopilación de artículos de prensa: Sexo en sanfermines y otros mitos festivos (2007), Crisis en sanfermines y otros temas festivos (2015). Página web: https://mizu38.wixsite.com/miguelizu

Reseña de «Sherlock & Dragon», por Manu López Marañón

RESEÑA DE «SHERLOCK & DRAGON», DE VARIOS AUTORES (Dracmaycat Edicions, 2017), por
Manu López Marañón
Las únicas sectas a las que miro con cariño son las literarias. Aún sin pertenecer a ninguna, mis simpatías hacia, por ejemplo, el Círculo Holmes, son grandes. 20 años llevan ya los miembros de este grupo fomentando el intercambio y la relación entre aficionados y coleccionistas de todo lo relacionado con Sherlock Holmes. De esta amable e inocua «secta» proceden algunos de los autores de «Sherlock & Dragon», estupendo libro de relatos con el que tengo el honor de contribuir a la III Semana Negra en la Glorieta, organizada con el acierto y tesón que acredita el director de Cita en la Glorieta, el también autor Javier Alonso García-Pozuelo.

Escribe en su relato Lluís Subirà: «Los dragones, dependiendo de las culturas en las que nos basemos, no se han tenido siempre como animales peligrosos o malvados. En ese aspecto los occidentales nos hemos dedicado a fondo y esmerado en su imagen negativa, y con bastante éxito, debo añadir. Pero aquí, en Oriente, el Dragón es un símbolo primigenio, es el animal más poderoso de todos, tanto por sabiduría, como por ser el aglutinador de todos los elementos: el agua, el viento, la tierra y el fuego. Son los protectores del conocimiento infinito y se les otorga el don de la protección de ciudades y territorios.»
 

Basándome en la dicotomía dragónica que decretan estas grandes civilizaciones mundiales, diferenciaré los ocho relatos que conforman el libro «Sherlock & Dragon».

Empiezo con aquellos que muestran Dragones pasados por el tamiz oriental, y, por lo tanto, de benéfico rango.

En El gran protector Lluís Subirà presenta a Charles Bell, embajador de Su Majestad en el Tibet, donde también presta funciones de consejero y asesor del XIII Lama. Instalado en palacio Charles es testigo de cómo Su Santidad aloja a otro extranjero. Este inquilino, vecino del embajador, que se muestra escandaloso y gritón, resulta ser Sherlock Holmes. Y sus estruendosos delirios resultan debidos a no poder «absorber el aroma de la amapola» (una metáfora para –suponemos– decir que se está desenganchando de la cocaína). Recuperado de su adicción el mejor detective consultor del mundo es contratado por el Gran Lama (cuya sabiduría y protección le ha llevado a ser identificado por los tibetanos con el Dragón) para crear una policía moderna que le permita centrarse solo en lo espiritual.

Las extrañas desapariciones de un Dragón de marfil (Hakuryo), cuyos benéficos efectos son fundamentales para la deteriorada salud del Emperador de Japón, motivan el viaje a Tokio de Sherlock Holmes y John Watson. En Doragon Pilar Mª Esteras Casanova recurre a una ciega llamada Howaito Doragon (White Dragon) para que ayude a Sherlock a encontrar la salvadora estatuilla. La minuciosa investigación en el palacio Koyko y las entrevistas a los miembros de la familia del emperador desembocan en un desenlace en el que la magia excede por completo al célebre método de Sherlock Holmes, acérrimo defensor –como sabemos– de la razón pura para desentrañar cualquier enigma.

Los restantes relatos revelan ya a unos dragones de cariz sectario y asesino, destructivo, homicida, criminal, vengativo y usurero. Occidente los hizo así.
 

Elige Fernando Gómez La orden del dragón púrpura para mostrar una poderosa secta de asesinos dirigida por el coronel Spengler cuyo próximo objetivo se desconoce. A través del análisis de un cuadro, Sherlock Holmes, hipnotizando a su propietaria y con el concurso del pintor barcelonés Ramón Casas, llega a la conclusión de que el rey inglés va a ser asesinado. En un concierto musical al aire libre en el que se han juntado varios monarcas europeos –entre ellos Alfonso XIII y Eduardo VII– y al que asisten asimismo el presidente de la república francesa y el sultán de Marruecos, Holmes actúa de forma eficiente consiguiendo que Europa respire (de momento…).

En El dragón galés la gaditana Carmen Moreno hace viajar a Sherlock Holmes y Watson a Gales, en donde gracias al profesor Challenger y su dirigible, pueden enfrentarse a un mortífero dragón. Con la única ayuda de un arpón tratarán de que cesen sus tropelías de rebaños muertos, aldeas quemadas y hombres enloquecidos por su demoníaco gruñido.

Irene Adler, la mujer que para Sherlock Holmes siempre será la mujer (como se lee en «Escándalo en Bohemia»), la bellísima señorita que puso en serio peligro su soltería y a quien siempre lleva en su corazón, es citada en varios de los cuentos de este libro, en lo que –sin duda– supone algo más que un simple homenaje. Así, Cristina García Ferry inicia su Barcelona en escarlata con el protagonista del relato –Scott Norton– visitando la tumba de su madre, que no es otra que la simpar Irene. Sobre la lápida Scott encuentra una rosa fresca y distingue a un hombre huyendo precipitadamente del cementerio. Paseando por las Ramblas en esa radiante mañana de domingo Scott salva de morir atropellada a una joven, Virginia Amat, a quien acompaña su hermano Ricardo. Ambos son dueños de una importante empresa textil. El romántico flechazo de Norton por Virginia tiene como fondo la crispada situación laboral que se vive en la Barcelona anterior a la Primera Guerra Mundial. Tras un intento de violación a Virginia, la providencial aparición de Sherlock ayudará a Scott a comprender el embrollo en el que se había metido. Una gárgola en forma de dragón pone el toque providencial a esta afligida historia de desamor narrada con inigualable brío.

En Los seis dragones de jade, de Miquel Giménez Gómez, Mycroft, hermano mayor de Sherlock Holmes, regala a éste una caja china decorada con escenas homosexuales. En una época de grandes revueltas en China (patrocinadas por la emperatriz Cixí) y en la que se suceden los atentados contra las embajadas occidentales, cinco cajas, iguales a la que ahora tiene Sherlock en sus manos, han sido enviadas a importantes personalidades del Imperio británico. Al principio Holmes es reacio a aceptar el caso y a forzar su caja, pero saber que Irene Adler pueda tener algo que ver es suficiente. La caja contiene un dragón de jade, el símbolo de otra peligrosísima organización criminal de ámbito mundial. El fin de este relato tiene lugar en Limehouse, el sórdido barrio chino londinense adonde acude Sherlock disfrazado de mujer árabe. Desencantadísimo ante el doloroso desenlace, Sherlock deja el mundo de la investigación y se retira a una granja para estudiar la vida de las abejas.

Recurre también a la capital catalana J.R. Armadàs para iniciar Operación Aillen, concretamente a un desvencijado piso del Borne, donde el protagonista –Roc García– lee una carta de su abuelo por la que es informado de cómo desciende, nada más y nada menos, del mismísimo Sherlock Holmes. Al salir Roces acuchillado por una mujer. Se descubre que todos los descendientes de Sherlock Holmes han sufrido, sin excepción, las venganzas de Moriarty. Ya en su casa Roc recibe la visita de Eulalia Watson, quien lo convence para viajar juntos a Londres. Allí, y con la colaboración de un chofer, tratarán de abortar la «Operación Aillen»– Aillen es el dragón irlandés– que la familia Moriarty ha puesto en marcha para terminar con el último descendiente de Sherlock Holmes. El cuento «acaba» con Roc y Lali camino de Irlanda.

Con La aventura de los tres leales camaradas recrea Jaime Gabaldà el primer caso de Sherlock Holmes como detective consultor, en aquel Londres de 1878. Un asesinato en el club militar Los Leales Camaradas –donde todos sus miembros guardan un secreto– no parece cosa complicada para Sherlock. Exigiendo al inspector de policía Gabriel Lestrade que le suministre la información del caso, Sherlock descubre cómo la usura dominaba al asesinado, conocido como «el dragón de Germania». Crimen de «habitación cerrada», tres resultan ser los sospechosos y tres bruñidos sables las armas de donde saldrá la única letal.
 

«Sherlock & Dragon» resulta ser un conjunto de relatos que satisfará enteramente tanto a especialistas en la figura de Sherlock Holmes como a aquellos que, por vez primera, se inician en uno de los ciclos narrativos más significativos de la literatura universal. Para estos neófitos, me atrevo a recomendarles también «Las aventuras de Sherlock Holmes», libro este escrito ya por el maestro Arthur Conan Doyle y espléndidamente vertido al castellano por don Amando Lázaro Ros.


Esta reseña ha sido escrita por Manu López Marañón para la III SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2017. Agradecemos a quien quiera reproducirla, total o parcialmente, que cite su fuente original. Si quieres acceder al programa de la Semana Negra PINCHA AQUÍ o en la imagen.


nació en Bilbao en 1966 y es diplomado en Relaciones Laborales y máster en Prevención (especialidad Seguridad e Higiene en el Trabajo). Residió un año en Buenos Aires tras ser becado por el Gobierno Vasco para llevar a cabo un trabajo sobre la legislación laboral argentina. En la actualidad se dedica en exclusiva a escribir guiones cinematográficos y a la literatura. En 2015 ha editado con Ediciones Oblicuas su primera novela, “Alcohol de 99º”. Recientemente ha terminado “Prosas para eunucos”, un libro de relatos en busca de editorial. Además de para Cita en la Glorieta, también reseña para las revistas Calibre. 38 y Moon Magazine.


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Javier Alonso García-Pozuelo

«El detective y la ciudad en la novela negra», por Juan Infante


«El detective y la ciudad en la novela negra»,  
por Juan Infante
El detective y la ciudad siempre han estado íntimamente ligados en la novela policiaca, de intriga, negra y criminal.

Así como cuando hablamos de un autor de género negro, lo relacionamos de la misma con su protagonista, detective o policía, que suele ser bien conocido, cuando nos referimos a estos y sobre todo al detective privado, salta de inmediato su ciudad.

Philip Marlow y Los Ángeles, Sam Spade y San Francisco, o Sherlock Holmes y Londres; detectives y ciudades están íntimamente relacionados. A todos ellos resulta muy difícil desligarlos de sus calles, de su paisaje urbano y de su ambiente, de tal forma que difícilmente imaginaríamos a Marlow en Harlem o Chicago.

Ello refuerza la importancia que tiene en la novela negra, la ciudad. En una trama de novela negra, la ciudad se incorpora a la misma y se refleja en las vicisitudes por las que atraviesan sus protagonistas. En la ciudad, el detective plasma su personalidad y te acompaña por unos lugares bien elegidos incorporándose a su propio paisaje.

Cuando Pepe Carvalho recorre las calles de su ciudad, la Barcelona de siempre se nos aparece sin necesidad de nombrarla y toda la historia en la que participa no podría desarrollarse al margen de la Ciudad Condal.

Hay un debate siempre inconcluso, sobre con quién empezó el género policiaco. La doctrina se divide entre Edgar Allan Poe y Wilki Collins. Ambos comenzaron en la misma época, hacia mediados del siglo XIX, pero fue Poe el creador del detective moderno con Auguste Dupin. Collins con su sargento Cuff de Scotland Yard en La Piedra Lunar (1868) creó la primera novela protagonizada por un policía.

Con Los Crímenes de la calle Morgue (1841) Poe sentó las bases del género policiaco, creando la novela de enigma, en la que el crimen es descubierto gracias a la perspicacia del investigador. Así tenemos en éste primer relato policial, al primer detective privado: Auguste Dupin.

Empezamos a ligar directamente al protagonista detective, Dupin, con la ciudad de Paris, en
Los Crímenes de la calle Morgue (1841), El misterio de Marie Roget (1842) y La Carta Robada (1844). Con Poe y Dupin se sientan las bases para la creación de nuevos detectives privados como Sherlock Holmes y Hércules Poirot.

La primera aparición de Holmes con su ayudante el Doctor Watson se produce en la novela corta, Estudio en Escarlata (1887) de Arthur Conan Doyle y es en Londres, el Londres victoriano donde este investigador privado empieza a desarrollar todas sus capacidades para resolver los crímenes de los casos que le encargan. La ciudad de Londres quedará por siempre unida a Sherlock Holmes.

Hércules Poirot, el detective creado por Agatha Christie, hace su aparición en 1920, en la novela El misterioso asunto de Styles. Aunque es belga, vive en Inglaterra y desarrolla su actividad investigadora en la aristocrática Inglaterra rural. Su paisaje le identifica, como a otros la ciudad.

Si damos un salto por el atlántico y nos acercamos a la costa oeste americana, allí situamos varios de los detectives más famosos de la novela negra y policiaca.
                     
En San Francisco nos encontramos con Sam Spade, detective privado creado por Dashiell Hammett, quien a pesar de su celebridad solo protagonizó una novela, El halcón maltés (1929) y tres relatos.

En el corazón de San Francisco todavía se mantiene el bar-restaurante Johns Grill, donde Dasiell Hammett escribió El halcón maltés. Allí podemos seguir comiendo: chuletas, patatas fritas y rodajas de tomate, con un trago de vodka Bloody Brigmid tal como hacía Sam Spade o encontrar al fantasma del socio de éste Nicas Archer.

En Los Ángeles, Raymond Chandler creó al mítico Philip Marlow, recordado también por sus películas, con Bogart, Lauren Bacall y Audrey Hepburn.

Por Sunset Bulevard, Hollywood, el Valle de San Fernando…por sus calles, en sus mansiones y hoteles, Marlow investiga y resuelve sus casos. Hoy conocemos mucho mejor Los Ángeles quienes hemos leído a Chandler.

También en la misma ciudad, desarrolla su actividad de detective Lew Archer creado por Ross MacDonald. Con oficina en Sunset Bulevard (Hollywood) nos ayuda a conocer mucho mejor Los Ángeles. Archer como Marlow son dos figuras implicadas en la ciudad de los Ángeles y recordarlos es ver la ciudad y recorrerla con ellos.

Easy Rawlins de Walter Mosley viene en los noventa a patear Los Ángeles, particularmente sus suburbios. Era el prototipo de hombre recto, honesto en una lucha sin cuartel contra el crimen y el racismo.

En la costa Este, Dennis Lehane crea Patrick Kenzie y Angela Gennaro, dos detectives de Boston. Allí transcurren sus novelas y en los bajos fondos de donde proviene la pareja de detectives, ejercen su actividad investigadora y nos permiten conocer mejor una de las ciudades más antiguas de Estados Unidos.

Charly Parker, Bird, detective creado por John Connolly, es un hombre atormentado y violento, y también desarrolla sus andanzas por Boston.

Myron Bolitar de Harlen Coben, agente deportivo, ejerce como investigador privado también en la Costa Este.

En Nueva York tenemos al investigador Philo Vance, que aparece por primera vez en la novela de S.S. Van Dine: El misterioso caso Benson (1926).

En la misma ciudad de los rascacielos, unos años más tarde, en 1947 apareció el detective privado Mike Hammer, en Yo, el jurado, de Mickey Spillane. La novela se llevó al cine y también tuvo una exitosa serie de televisión con Mike Hammer de protagonista.

Volviendo a Europa, no nos podemos olvidar de Bernie Gunther, primero policía y luego detective privado en la época del ascenso nazi en Alemania. Gunther creado por Philip Kerr está íntimamente ligado a Berlín, siendo detective del mítico hotel Adlon en la capital alemana. Sus actuaciones en medio del poder nazi son memorables. Con él llegamos a conocer muy bien aquella ciudad. Sus aventuras transcurren en sus calles, en lugares muy conocidos y donde el reflejo de la ciudadanía y del establishment nazi son de un grandísimo valor literario e histórico. Leyendo a Kerr y siguiendo a Bernie Gunther se llega a conocer muy bien Berlín.

En España nuestros detectives privados han sido muy especiales. No hay tradición en su trabajo profesional, pero nuestros autores clásicos de novela negra los han incorporado a sus relatos y nos han creado investigadores originales, con un atractivo personal importante.
                                                                                                                     
Pepe Carvalho, de origen gallego, es Barcelona; la Barcelona de siempre, que nos sigue llenando de nostalgia y aventuras. De la mano de Manuel Vázquez Montalbán apareció por primera vez en Yo maté a Kennedy (1972), tras haber trabajado para la CIA durante varios años. Después protagonizó 22 novelas más.

Con Andreu Martin y Jaume Ribera, nos encontramos investigando sus casos en una Barcelona más actual, a Flánagan, un detective adolescente, que aparece por primera vez en Alfagann es Flanagan (1996).

Y ya en Madrid, con otro de los grandes de la novela negra española, Juan Madrid, nos encontramos con Toni Romano, expolicía y exboxeador, quién resolvió su primer caso en Un beso de amigo (1980).

Y vamos a terminar en Bilbao con dos detectives estupendos, con solera y personalidad. Mikel Goikoetxea, alias Goiko, creado por Javier Abasolo, ex ertzaina, desarrolla su actividad investigadora en Bilbao, donde nos deleita con su personalidad exagerada. Aparece por primera vez en la novela Pájaro sin alas (2010).

Touré, creado por Jon Arretxe, se asienta en el barrio de San Francisco, en Bilbao la Vieja, su pequeña África. Allí Touré, un africano en situación irregular, con su personalidad tan versátil y su sentido del humor, resuelve sus casos, formando parte de su paisaje. Aparece por primera vez en la novela 19 Cámaras (2012).

Hemos presentado una serie de detectives privados relevantes de la novela policiaca, negra y criminal, creados por grandes escritores del género. Podíamos hacer la interminable, pero se trata de apuntar la relevancia de la ciudad con el detective y el autor.

Tradicionalmente, siempre han existido ciudades con fuerza y personalidad, muy ligadas al género negro: Los Ángeles, San Francisco, Nueva York, Boston… Londres, Paris, Barcelona…pero también es relativo, porque el género negro se ha desarrollado, ha roto fronteras y hoy nos encontramos con buenas novelas ligadas a ciudades de todo el mundo. El lector seguro que tiene en la cabeza muchos ejemplos.

No hemos tratado al policía detective, figura elegida por muchos autores de novela negra; en este caso la relación, unida a la del detective privado sería apabullante.

Al final lo importante es que la ciudad se identifique con el investigador-protagonista y que su presencia en su paisaje, en sus calles, en su relación con los vecinos hagan la trama y la novela más atractiva.

Les propongo un juego. Cuando estén en una ciudad recuerden a un detective o policía detective protagonista en esa ciudad. Seguro que lo consiguen; entonces ya verán como disfrutan mucho más de la ciudad.

Bilbao. Agosto 2020
Juan Infante, abogado y escritor.

NOTA DEL AUTOR
Me he permitido ilustrarme para realizar este artículo, además de mis lecturas en el excelente libro Los héroes de la novela policiaca de Sergi Echaburu Soler, editado en 2006 por Grafein Ediciones y por los artículos y trabajos sobre el origen de la novela negra y sobre detectives de Juan María Barasorda, publicados por la editorial d´Epoca, las Revistas Calibre 38, MoonMagazine y la Semana Negra en la Glorieta.

Esté artículo ha sido escrito por Juan Infante para la sección DETECTIVES DE FICCIÓN, coordinada por el escritor y detective madrileño Rafael Guerrero.

 
Puedes acceder al programa de la SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, festival virtual del género negro celebrado del 21 al 27 de noviembre en el blog de Historia y Literatura CITA EN LA GLORIETA, pinchando AQUÍ.


Juan Infante (Bilbao)
Es escritor y ejerce de abogado en su ciudad natal.
Ha sido promotor y partícipe de múltiples iniciativas literarias y culturales. Fue presidente de la Sociedad Cívica y Cultural El Sitio.   
Colabora habitualmente con la revista lúdico-cultural Moon Magazine.

Tiene publicadas siete novelas de género negro-criminal: Werther en Beirut (Editorial Burguete), Asesinato en Santurce (Editorial Hiria) El crimen de Cienfuegos (Hiria), Quince Millones (Hiria),  La Baldosa Negra (Hiria), Atrapado (Editorial Erein) y El precio del silencio (Erein). Es autor también de cuatro relatos: El sargento Puchades, Me chifla Nicolás, Literatura y Ficción y El misterio del testamento ológrafo. Atrapado fue nominada para el Premio Euskadi de literatura 2018
.


es Detective Privado y Criminólogo por la Universidad Complutense de Madrid, Director de Seguridad por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Máster en Servicios de Inteligencia por el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado de Madrid. Miembro de World Association of Detectives de Estados Unidos, a la Asociación Profesional de Detectives Privados de España, ASIS International, Asociación Nacional de Criminalistas y Expertos en ciencias forenses y es socio colaborador de la International Police Association. Es autor de Un guerrero entre halcones, Diario de un detective privado (Editorial Círculo Rojo, 2010), Muero y Vuelvo (Editorial Círculo Rojo, 2013),  Ultimátum (Editorial Círculo Rojo, 2015) y Yo, detective (Editorial Círculo Rojo, 2018) .


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