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Reseña de «Tiempos recios», de Mario Vargas Llosa

Reseña de «Tiempos recios», de Mario Vargas Llosa  

Maya Velasco
Tiempos recios es la última novela de Mario Vargas Llosa, para algunos, comparable con La fiesta del Chivo. Yo no me atrevería a tanto, pero sí puedo decir que es una obra fundamental para todos los que por un motivo u otro nos sentimos atraídos o emparentados con Guatemala. Y es que es esta magnífica obra, Vargas Llosa nos desentraña la historia de este bello país que solo se puede explicar por la injerencia extranjera y por la ambición de muchos.

Todo parte de la compañía que ya hemos conocido en otras obras de Latinoamérica como Cien años de soledad, la United Fruit, creada para saquear a los países productores de fruta y que estableció un monopolio contra el que nadie podía, sin pagar impuestos, sin sindicatos, sin derechos, sin preguntas. Explotación de materia prima y de personas, tratadas como esclavos del capitalismo estadounidense. Al fin y al cabo, la historia de siempre. Y en su afán de no perder este monopolio, la United Fruit no para ante nada y derroca a los presidentes de Guatemala, Jacobo Árbenz, por su ideología progresista, que participó activamente en la Revolución de 1944, y después a Castillo Armas. La United Fruit actuó “sobornando a autoridades y engañando a campesinos e indígenas ignorantes, y negociando con dictadores corruptos gracias a los cuales –aprovechando su codicia o estupidez
había ido adquiriendo propiedades que ahora sumaban más hectáreas que un país europeo de buena contextura”. Consiguió el control del puerto, de la electricidad y el ferrocarril.Vargas Llosa nos acerca a unos personajes reales de carne y hueso mostrándonos sus sentimientos, no solo su política. Como en novelas anteriores, hace un retrato psicológico de los personajes políticos. Arbenz aparece como un hombre justo que cree en la reforma agraria como medio para hacer salir a Guatemala de su pobreza. Cree de verdad en la justicia y en que todos los guatemaltecos merecen una oportunidad. Castillo Armas junto con los países extranjeros será quién le eche del poder, del que se retira elegantemente dando un discurso en el que acusa a los verdaderos culpable, la United Fruit y los Estados Unidos.
 

Castillo Armas, coronel débil, cobarde, borrachillo y manipulado por su amante La Miss Guatemala, que nunca lo fue: ”Todo el mundo hablaba mal del Presidente Castillo de Armas y, entre los muchos chismes que corrían, nadie apostaba un quetzal por su vida”.

Johnny Abbes, torturador dominicano, feo, feísimo y malo malísimo que no para de huir para engañar a su destino.

Desde el principio, se inventan una incursión de la URSS y del comunismo en esta pacífica tierra en que el sesenta por ciento de los habitantes son indios pobres y analfabetos despreciados por la minoría blanca y donde prácticamente nadie sabe nada del comunismo. Este afán de los prepotentes Estados Unidos por aniquilar el comunismo allá donde esté o incluso donde no esté, hizo morir a muchos guatemaltecos inocentes. A esto se une un ejército siempre dispuesto a dar un golpe de Estado.

Todo esto se narra con la habitual destreza de Vargas Llosa, con una prosa seria, pensada, destilada. Volviendo al pasado y resucitando en el presente, a veces el lector se siente perdido ante tanto militar, por no hablar del elenco de dictadores con que nos encontramos, Trujillo, Duvalier, Odría… Otro de los habituales recursos de Vargas Llosa es tener varios ejes narrativos, en este caso, el golpe de Estado, la historia de Marta Borrero y la historia de Castillo Armas.

Muy interesante es la historia de cómo Edward Bernays (que empezó su andadura en la United Fruit) crea el marketing, de cómo se influye en el consumidor: ”La consciente e inteligente manipulación de los hábitos organizados y de los opiniones de las masas es un elemento importante de la sociedad democrática. Quienes manipulan este desconocido mecanismo de la sociedad constituyen un gobierno invisible que es el verdadero poder en nuestro país”.

Y todo esto salpicado por una historia de desamor donde nos enamoramos y odiamos a Miss Guatemala, Marta Borrero, personaje inspirado en la guatemalteca Gloria Bolaños Pons, una mujer que hace se aprovecha de su belleza para vivir a costa de sus amantes, entre otros, Castillo Armas, que destroza la vida de su padre, su marido y su hijo, que se hace comentarista política en la radio, y que siempre sale indemne, mientras los demás caen muertos a su alrededor.

Pobre Guatemala, su historia se me asemeja a un luchador que intenta levantarse una y otra vez, para volver a recibir un golpe certero que vuelve a mandarlo al suelo.

Mientras leía Tiempos recios, que cuenta la historia de Guatemala, sí, pero al fin y al cabo, la historia de la Guatemala del poder, de los políticos, los militares y las familias ricas. Los indígenas siempre olvidados. Cuando tienen la suerte de que el Gobierno les done tierras, se las vuelven a quitar. Se mencionan cuando aparecen el número de muertos en las revueltas.

Y sin embargo, he de decir que no hay ojos más bellos que los de los niños guatemaltecos.

«Tiempos recios», para algunos comparable con «La fiesta del Chivo»


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Maya Velasco
Nací en Madrid (1962) y crecí rodeada de libros. Estudié Filología Hispánica en la Universidad Autónoma de Madrid. Al terminar la carrera, impartí clases de literatura española a través de una ONG realizando dos de mis sueños que son compaginar mi pasión por la literatura con la enseñanza, compartiendo lo que esta me aportaba con ellos. En este periodo también organizaba obras de teatro en las que actuaban sus alumnos. Actualmente trabajo en un Despacho de Abogados de Madrid y escribo reseñas literarias para el blog colaborativo de Historia y Literatura  Cita en la Glorieta.

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Javier Alonso García-Pozuelo

«Travesuras de la niña mala», de Mario Vargas Llosa

«Travesuras de la niña mala» es una novela del Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa. Fue publicada en el año 2006.

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TRAVESURAS DE LA NIÑA MALA (Fragmentos)
Mario Vargas Llosa
   —¿Eso es lo que quieres ser en la vida? ¿Nada más que eso? Todos los que vienen a París aspiran a ser pintores, escritores, músicos, actores, directores de teatro, a hacer un doctorado o la revolución. ¿Tú sólo quieres eso, vivir en París? Nunca me lo he tragado, viejito, te confieso.
   —Ya sé que no. Pero, es la pura verdad, Paúl. De chiquito, decía que quería ser diplomático, pero era sólo para que me mandaran a París. Eso es lo que quiero: vivir aquí. ¿Te parece poco?
   Le señalé los árboles del Luxemburgo: cargados de verdura, desbordaban las rejas del jardín y lucían airosos bajo el cielo encapotado. ¿No era lo mejor que podía pasarle a una persona? ¿Vivir, como en el verso de Vallejo, entre «los frondosos castaños de París»?
 

***
   —Felicidad, no sé ni me importa lo que es, Ricardito. De lo que sí estoy segura es que no es esa cosa romántica y huachafa que es para ti. El dinero da seguridad, te defiende, te permite gozar a fondo de la vida sin preocuparte por el mañana. La única felicidad que se puede tocar.

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   La sorpresa y el disgusto fueron tan grandes que, en el ascensor, me vino una arcada y, en el bañito del pasillo, vomité. ¿Con quién se había ido? ¿Seguiría viviendo en París con su amante? Un pensamiento me acompañó todos los días siguientes: ese fin de semana que me regaló era una despedida. Para que yo tuviera algo especial que añorar. Las sobras que se echan al perro, Ricardito.

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  El secreto de la felicidad, o, por lo menos, de la tranquilidad, es saber separar el sexo del amor. Y, si es posible, eliminar el amor romántico de tu vida, que es el que hace sufrir. Así se vive más tranquilo y se goza más, te aseguro.
 

«James Ellroy: El mestizaje entre el género negro y la novela histórica», por José Manuel Cruz

JAMES ELLROY: EL MESTIZAJE ENTRE EL GÉNERO NEGRO Y LA NOVELA HISTÓRICA
por José Manuel Cruz
Desde que Dashiell Hammet, Raymond Chandler y James M. Cain fijaran en los años 30 del pasado siglo las bases del género negro, estas han demostrado ser lo suficientemente potentes y flexibles como para adaptarse y seguir siendo válidas en circunstancias temporales, sociales y geográficas bien diversas y variadas. Por ello, no es de extrañar que el noir haya salido de sus cauces originales para acabar visitando entornos insospechados y encontrándose con otros géneros que lo han enriquecido y revitalizado hasta lograr abrir nuevos caminos de indudable valía y calidad.

Una convergencia que llama la atención porque ha sido asumida con naturalidad y no se suele poner el énfasis en la trascendencia y posibilidades que abre es la del género histórico con el género negro y en la misma ocupa un lugar de privilegio la llamada trilogía de los bajos fondos de Estados Unidos: América (1995), Seis de los grandes (2001) y Sangre vagabunda (2009), de
James Ellroy. Pero para comprender la línea que lleva a la realización de este colosal terceto de novelas, hay que retroceder algunas décadas atrás, concretamente a 1966, año de la publicación de A sangre fría de Truman Capote. Costaría trabajo decidir si debiéramos adscribir esta novela al género criminal o al género del reportaje periodístico (vertiente new journalism, al menos como antecedente obvio), pero es evidente que este título supuso un enorme paso adelante de cara a mostrar la posibilidad de convertir unos hechos criminales sucedidos realmente en una obra literaria en forma de relato. El segundo hito es una obra confesional del propio Ellroy, Mis rincones oscuros, publicada en 1996 (es decir, casi al mismo tiempo que la primera novela de su referida trilogía) en la que confiesa que fue el asesinato nunca aclarado de su madre el hecho que sirvió de espoleta para que él decidiera dedicarse al género negro.



La trilogía de los bajos fondos supone dar un paso adicional a la exposición en forma de narración de unos delitos cometidos en la vida real. Porque en las tres novelas los elementos reales con los ficcionales se combinan para arrojar luz sobre la historia de Estados Unidos desde 1958 hasta 1972 o, lo que viene a ser lo mismo, desde el triunfo de la revolución castrista en Cuba hasta justo antes del estallido del Watergate, con el asesinato de Kennedy como centro de gravedad de todo el arco narrativo. El hecho de que se produzca este mestizaje entre realidad y ficción va más allá de una mera maniobra de audacia narrativa. Porque de lo que en realidad se trata es de reconocer que los parámetros del noir ofrecen un marco explicativo perfecto para comprender la evolución y devenir del país, en paralelo a la circunstancia de que esos mismos parámetros son válidos para comprender la propia vida del autor. Porque si en la biografía de Ellroy el asesinato de su madre es el hecho que marcará toda su existencia, en la historia de Estados Unidos otro asesinato sin resolver, el del presidente Kennedy, será el agujero negro que marcará toda la trayectoria de la nación.

Del mismo modo que en cine los hermanos Coen van deconstruyendo sucesivos géneros con el fin de comprender la cultura estadounidense y, en última instancia, toda la idiosincrasia del país, Ellroy se centrará en el noir para intentar dar sentido al sinsentido que marcó su vida y al sinsentido que, como una llaga purulenta, ensombreció el estado de ánimo de Estados Unidos (y sigue, en realidad, ensombreciendo) poniendo fin al optimismo de un país y sembrando la sospecha de que poderes ocultos se movían en la oscuridad para decidir en función de intereses inconfesables el destino de la nación. Los parámetros del género negro son, de este modo, algo más que las estructuras de un artefacto estético para ser la confesión imposible de que, por debajo de las apariencias, el crimen y el delito eran las fuerzas que marcaban la evolución de una sociedad socavando sus, en principio, inmarcesibles fundamentos.

En un ejercicio de literatura comparada, podríamos detectar un ejercicio similar al de la trilogía de Ellroy en otra novela muy diferente como es Conversación en La Catedral de Mario Vargas Llosa, que también combina hechos reales con elementos ficcionales. Si la frase emblemática de esta obra es: “¿En qué momento se jodió el Perú?”, la pregunta que sobrevuela la obra de Ellroy sería: ¿En qué momento se jodió Estados Unidos? ¿En qué momento la utopía de los fundadores dio paso a un sistema en el que las fuerzas oscuras marcaban el rumbo y podían asesinar impunemente a un presidente y a su hermano, claro aspirante también a la presidencia tras su victoria en las elecciones primarias de California?

Ellroy mezcla relato e Historia, hace un mestizaje atrevido entre la novela negra y la novela histórica, para que el escándalo de su denuncia se pueda deslizar subrepticiamente por las estanterías de las librerías entre la duda de sus lectores y el titubeo de los potenciales censores, quienes no sabrán a qué atenerse con un autor que parecerá estar deslumbrándonos con una narración vasta e intensa pero que, en el fondo, albergará el lamento enfurecido por el destino de unos sueños que han sido arrojados a la basura.


Esta entrada ha sido escrita por José Manuel Cruz para la IV SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Mayo de 2018. Mi más sincero agradecimiento para él y para Txaro Cárdenas, directora de MoonMagazine, por su colaboración.

 
José Manuel Cruz
Fotografía: Lorenzo Hernández
Es escritor, economista y crítico de cine. Autor de las novelas Sin tregua se consumían nuestros ojos, El día en que paró la música, El Enclave (El temor del mensajero), Casandra encadenada y del ensayo La economía estresada. Crítico de cine en la revista MoonMagazine y en Acalanda Magazine.


Reseña de «Manual para mujeres de la limpieza», de Lucia Berlin, por Rubén Abella

PROFUNDA NOCHE OSCURA
Rubén Abella
Cuando me preguntan por mis lecturas, suelo establecer una distinción entre los autores que admiro y aquellos por los que, como escritor, siento envidia. Lucia Berlin —junto con Faulkner, Shakespeare o Rulfo, por poner otros ejemplos— está sin duda en la segunda categoría. ¿Por qué? Pues porque es una escritora fuerte, como diría Harold Bloom. Es lúcida, carece de fisuras y tiene una potentísima pegada estética. Por si eso fuera poco, en ningún momento se aparta de lo humano. Dicho de otra forma, la envidio porque es la encarnación —una de varias posibles— de lo que para mí es un Escritor con mayúsculas.

Lo que viene a continuación es un análisis personal de “Inmanejable”, uno de los cuentos incluidos en su magnífico libro Manual para mujeres de la limpieza. Pero la conclusión a la que llego es aplicable, creo, al conjunto de su obra.

 
***

El arranque de “Inmanejable” es una introducción perfecta al universo narrativo de Lucia Berlin:
En la profunda noche oscura del alma las licorerías y los bares están cerrados. La mujer palpó debajo del colchón; la botella de medio litro de vodka estaba vacía. Salió de la cama, se puso de pie. Temblaba tanto que tuvo que sentarse en el suelo. Respiraba agitadamente. Si no conseguía pronto algo para beber, le darían convulsiones o delírium trémens.
Destaca en la primera frase el contraste entre lo metafórico, en este caso con claras connotaciones religiosas (la profunda noche oscura del alma), y lo concreto (las licorerías y los bares cerrados). Este choque conceptual hace que el lector entienda de inmediato el infierno en que vive la protagonista. No se puede decir más con tan pocas palabras. El resto del párrafo es una elaboración, una lacónica acumulación de detalles que apuntalan la impresión inicial.
 

Son las cuatro de la mañana. La mujer, temblorosa, hace cálculos. A las seis abre la licorería Uptown de Oakland. Caminar hasta allí le llevará unos cuarenta y cinco minutos. Le da tiempo, estima, a ir y volver antes de que se despierten sus hijos. El infierno se hace más crudo, más ardiente si cabe. La mujer, nos damos cuenta, sufre su adicción a escondidas en un entorno doméstico inocente.

Mientras se prepara para salir, la mujer abre el bolso y descubre que no tiene dinero. Alarmada, busca en el bote del escritorio, en los bolsillos del abrigo, en un cajón de la cocina, en los bolsos que tiene en el ropero. Al final logra reunir los cuatro dólares que el dueño de la licorería cobra por una botella de media pinta a esas horas. Sale a la calle preguntándose si logrará llegar a su destino. Camina con dificultad, concentrándose en las grietas de la acera para mantener el equilibrio, apoyándose en los arbustos y los troncos de los árboles.

Cruzar las calles era aterrador, parecían tan anchas, con sus luces parpadeantes: rojo, rojo, ámbar, ámbar. De vez en cuando pasaba una furgoneta de ATESTADOS, un taxi vacío. Un coche de policía a toda velocidad, sin luces. No la vieron.
“Apreciad los detalles, los divinos detalles”, aconsejaba Nabokov en sus clases de escritura. Una furgoneta de atestados, nos dice Berlin. Un taxi vacío. Un coche de policía sin luces… Más adelante, cuando la mujer llega por fin a la licorería, el dueño le hace contar el dinero sobre el mostrador solo para darse el gusto de ver cómo tiembla. La crueldad encapsulada en un gesto. Es improbable que Nabokov leyera a Berlin. Le habría gustado: su narrativa es una celebración del detalle.

En “Inmanejable”, como en el resto de los cuentos incluidos en Manual para mujeres de la limpieza, Lucia Berlin muestra una enternecedora piedad con las debilidades de sus personajes, con las suyas propias y, por extensión, con las de todos nosotros. Dueña de un estilo llano y esencial, poderosamente efectivo, la autora explora con desgarradora lucidez los rincones más penumbrosos de nuestra naturaleza, la profunda noche oscura de nuestra alma
.


Rubén Abella © 2017

Fuente de las citas:

Lucia Berlin. Manual para mujeres de la limpieza. Alfaguara, 2016


Ruben Abella (Valladolid, 1967)
Fotografía: Rosa Jiménez
es licenciado en Filología Inglesa y ha cursado estudios de postgrado en las universidades de Tulane (Nueva Orleans, Estados Unidos) y Adelaida (Australia). Su primera novela, La sombra del escapista, recibió en 2002 el Premio de Narrativa Torrente Ballester y con su segunda, El libro del amor esquivo, resultó finalista del Premio Nadal en 2009. En 2007 No habría sido igual sin la lluvia mereció el Premio Mario Vargas Llosa NH de Relatos, feliz incursión en el género del microrrelato que quedó revalidada en 2010 con Los ojos de los peces. En 2011 publicó Baruc en el río. California (2015) es su cuarta novela. Rubén Abella compagina la escritura con la fotografía y la docencia. Ha impartido cursos y conferencias sobre diversas materias en universidades de todo el mundo y es profesor de la Escuela de Escritores y de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid.

Microrrelatos de Rubén Abella - ¡Feliz 2017!

Para despedir un año intensísimo, lleno de experiencias, de proyectos cumplidos y de nuevas amistades literarias, CITA EN LA GLORIETA y TOPmicrorrelatos os ofrecen, por cortesía de su autor, cinco microrrelatos de uno de nuestros más queridos escritores, Rubén Abella, quien precisamente el próximo año reeditará su primer libro de microrrelatos, No habría sido igual sin la lluvia.

¡Feliz 2017!

DUBLÍN
Rubén Abella
Toda una vida de amistad le había enseñado a interpretar los silencios, y Patrick sabía bien que aquel silencio era malo. Desde que llegaron al pub, Sean no había hecho otra cosa que beber y desmenuzar posavasos, y eso no era normal.

—¿Te pasa algo?

Sean miró a su alrededor con recelo. Al comprobar que nadie los oía, se inclinó sobre la mesa y susurró:

—Sheila está embarazada.

—¿Sheila? ¿Tu hija?

Sean hizo un gesto para que bajara la voz y, sin dejar de vigilar el entorno, continuó:

—¡Con quince años! ¿Qué te parece? Y no suelta prenda sobre el padre. Pero ya me enteraré yo, y cuando coja al desgraciado te juro que lo mato.

Los dos amigos quedaron de nuevo en silencio.

Patrick tomó un trago de Guinness y, con aire ausente, se puso a desmenuzar posavasos
.




FILOLOGÍA
Rubén Abella
—Todo lo que se ha contado es mentira —dice don Fabián espantando con la mano una mosca imaginaria.

Tiene cien años y durante la Guerra Civil fue barman en el mítico hotel Florida. Con él están su hijo Diego y un estudiante americano de doctorado que ha venido a verlo desde Massachusetts para que le hable de Hemingway.

—Para empezar, no se alojaba en la habitación 109, sino en la 236.
 

Diego traduce.

Don Fabián cuenta que, con todo lo grande que era, Hemingway se asustaba como un niño con el tableteo de las ametralladoras, y que no fue con Martha Gellhorn con quien tuvo un romance en el hotel, como se ha creído siempre, sino con un torero gringo llamado Franklin.

Diego traduce.

—No me mire con esa cara, joven. Los vi besarse en el ascensor.

Después de traducir la última frase, mientras el americano, visiblemente complacido, toma nota en un cuaderno de hojas amarillas, Diego se vuelve hacia don Fabián y le dice muy serio:

—Esta vez se ha superado, padre
.





HABLA CON NORMA
Rubén Abella
Solo en el cuarto de estar, Plácido escucha Habla con Norma, un consultorio radiofónico para atribulados insomnes. A través de las ondas, una mujer al borde del llanto se duele de la infeliz relación que mantiene con su esposo.

—Hace mucho que he dejado de quererlo —dice—. Estoy decidida. En cuanto cuelgue el teléfono, lo abandono.

Plácido piensa con satisfacción en lo bien que les va a él y a Dolores. No hablan mucho, las cosas como son, pero nunca discuten y hacen el amor casi a diario.

Bosteza. Mira el reloj. Apaga la radio. Se levanta del sillón y va hacia el dormitorio. Encuentra a Dolores sentada en el borde de la cama, llorando, con el teléfono aún en la mano
.



Los ojos de los peces (Menoscuarto, 2010

SEGURIDAD
Rubén Abella
Los padres salieron y los niños aprovecharon su ausencia para convertir la casa en una película del Oeste. Tras varias escaramuzas sin víctimas en el cuarto de estar y en el pasillo, los confederados, superados en número por los siux, entraron al galope en el dormitorio paterno y se ocultaron bajo la cama. Esperaban el próximo ataque cuando Daniel se fijó en la caja de zapatos. La abrió y halló un revólver, más grande y mucho más pesado que el suyo.

—Con esto no hay quien nos gane —se dijo, maravillado por el hallazgo.

Emergió de su escondite girando sobre sí mismo, se puso de rodillas, alzó el arma con las dos manos y disparó a quemarropa a su hermana Patricia, que en ese momento irrumpía en la habitación lanzando gritos de indio
.



Los ojos de los peces (Menoscuarto, 2010

SOS
Rubén Abella
Durante los cuartos televisados de la Nochevieja, al final de una cena atroz, llena de insultos y amenazas, Manuel perdió los estribos y descargó sobre Ruth una bofetada tan brutal, que la despegó de la silla y la lanzó volando como un muñeco contra el aparador. Luego agarró el cuchillo de trinchar el pavo y, fuera de sí, se abalanzó sobre ella para matarla.

Ruth esquivó el ataque por los pelos. Se levantó como pudo, salió dando tumbos del comedor y, mientras la televisión daba pausadamente las doce, se encerró con llave en el dormitorio. Manuel se puso a aporrear la puerta. Ruth abrió la ventana y pidió ayuda, pero para entonces ya había empezado el ceremonial de los cohetes y las tracas de petardos, y nadie oyó sus gritos en el fragor de las detonaciones. Desesperada, probó suerte con un recurso de urgencia. Acercó la lámpara de la mesilla a la ventana y, accionando el interruptor, lanzó a la noche un SOS.

Nicolás estaba con Dulce María y su hijo de tres años en el balcón, encendiendo la mecha de un cohete, cuando se fijó en las señales parpadeantes. Las interpretó como otra modalidad del festejo y en cuanto tuvo las manos libres se unió a ellas con una linterna de pilas. Otros vecinos siguieron su ejemplo. En cuestión de segundos las fachadas se llenaron de luces que se apagaban y se encendían, y la calle se convirtió en una gran antorcha, un sobrecogedor firmamento improvisado que refulgía de emoción por la llegada del Año Nuevo
.



Los ojos de los peces (Menoscuarto, 2010



Rubén Abella (Valladolid)
es licenciado en Filología Inglesa y ha cursado estudios de postgrado en las universidades de Tulane (Nueva Orleans, Estados Unidos) y Adelaida (Australia). Su primera novela, La sombra del escapista, recibió en 2002 el Premio de Narrativa Torrente Ballester y con su segunda, El libro del amor esquivo, resultó finalista del Premio Nadal en 2009. En 2007 No habría sido igual sin la lluvia mereció el Premio Mario Vargas Llosa NH de Relatos, feliz incursión en el género del microrrelato que quedó revalidada en 2010 con Los ojos de los peces. En 2011 publicó Baruc en el río. California (2015) es su cuarta novela. Rubén Abella compagina la escritura con la fotografía y la docencia. Ha impartido cursos y conferencias sobre diversas materias en universidades de todo el mundo y es profesor de la Escuela de Escritores y de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid.

«El hacedor de titulares», de Álex Oviedo y Elena Sierra - Reseña y entrevista

RESEÑA DE «EL HACEDOR DE TITULARES», de Álex Oviedo y Elena Sierra. El Desvelo Ediciones (2018)
Manu López Marañón
La periodista cultural Elena Sierra (Bilbao, 1978) manda sus atinadas reseñas y entrevistas literarias (así como artículos culturales de variada temática) al suplemento literario de El Correo –Territorios– y también a Pérgola, el suplemento cultural de Bilbao, un periódico mensualmente publicado por el Ayuntamiento de esa villa. Elena Sierra es asimismo autora de Nicolás Mª de Urgoiti (Muelle de Uribitarte Editores, 2015), una completa biografía sobre el creador del imperio La Papelera Española que fundó después periódicos de la categoría de El Sol, La Esfera y Mundo Gráfico (por si esto no fuera bastante, más tarde puso en pie la editorial Espasa Calpé). El hacedor de titulares (la parte que le corresponda) es la inicial incursión de Elena en la ficción.

Álex Oviedo (Bilbao, 1968) tiene una presencia decisiva, tanto por la cantidad como por la calidad de sus colaboraciones, en la citada Pérgola, donde se encarga de reseñar, personalmente y con valiente rigor, a escritores no tan conocidos que publican en editoriales casi desconocidas: no somos pocos los que hemos tenido la primera –y muchas veces, última– reseña en papel de periódico de nuestro libro gracias a ese encomiable empeño de Álex Oviedo a la hora de visibilizar a tanto autor que no ha tenido la fortuna de editar en ese grupo editorial que no hace falta nombrar. Autor de varias novelas (yo sólo conocía Cuerpos de mujer bajo la lluvia, una deliciosa y melancólica novela corta), El hacedor de titulares (la parte que le corresponda) supone la primera experiencia de Álex en la autoría a cuatro manos.

La decisiva importancia de nuestros autores de hoy como periodistas culturales en Vizcaya requería estas notas biográficas, más amplias de lo habitual en Cita en la Glorieta.

Durante su intervención en la última edición de los «Encuentros sobre género negro Bruma Negra» Álex Oviedo hizo hincapié en resaltar cómo El hacedor de titulares, aun pudiéndose englobar dentro del canon noir, era bastante más que una novela de investigación criminal. Y tras haberla leído le doy la razón.


Para empezar, la investigación policial sobre el asesinato –¿o suicidio?–, en un lujoso hotel, del prolífico escritor colombiano Gumersindo Gutiérrez ha sido sustituida por eso que viene en llamarse «periodismo de investigación» y en donde un periodista (dos en esta novela) se encarga de husmear y rastrear los indicios y evidencias del caso hasta conseguir su resolución. La policía tiene un papel secundario y aparece subordinada a los avances de Alberto Pilares –periodista cultural de La Provincia– y Erika Doval –periodista de La Gaceta–. Ambos unen su oficio e instinto de plumillas para desentrañar la muy extraña muerte de quien, entre otros best sellers, ha escrito La pasión dormida de la selva, novela que narraba los amores entre un terrorista de las FARC y su secuestrada.

Dijo Joyce: «Un escritor no debe nunca escribir sobre lo extraordinario: eso queda para el periodista». En el caso de El hacedor de titulares encontramos una variopinta mezcolanza: los «autores» de la novela (entrecomillo porque hay giro –y de los buenos– en los párrafos finales) son, a la vez, periodistas y narradores; los protagonistas principales, Alberto y Erika, son periodistas pero, al mismo tiempo, protagonizan una ficción… Semejante delicioso juego policíaco-literario, nada forzado ni inadecuado, se nos sirve en una apetitosa bandeja en la que lo extraordinario destaca hasta que el desenlace lo desentraña con esa aparente simpleza que solo los muy experimentados son capaces de (re)crear.

Alberto Pilares y Erika Doval pronto ponen boca arriba importantes bazas ocultas de esta peculiar partida entre el lector y ellos: el colombiano Gumersindo Gutiérrez en realidad era Víctor Monleón, autor salmantino de novelas de escaso éxito, separado que deja tres hijos y una ambiciosa mujer a la espera de disfrutar de sus ahora cuantiosos derechos de autor. El inesperado éxito de la novela selvática motiva el cambio de nacionalidad y de look de este Víctor/Gumersindo, ya que desde ese instante empieza a ataviarse con grandes sombreros tipo «Cocodrilo Dundee» y a vestir como un tronado aventurero en busca de griales.

Otra línea de investigación, en teoría alejada del crimen en el hotel, lleva a Alberto y Erika a desentrañar los chanchullos que se han producido en dos museos, el de Arte contemporáneo y el de la Moda –este aún sin inaugurar, pero que ya ha generado sus propios desfalcos–. Directores de pinacoteca (Leandro Millares), directores financieros (Eleazar Aymerich), consejeras (Amparo Viteri), ediles (Luis Delano) y, hasta arquitectos cubanos más falsos que los filetes de ternera que fríen en La Habana (Ataulfo Rodrigues), se las componen estupendamente para saquear las arcas de ambos museos. Alberto Pilares y Erika Doval, tras no pocos sudores, ensamblan la trama del asesinato con la de los expolios… Y el ávido lector asiste gozoso al desenredo del caso… giro póstumo incluido.

Pero, por muy entretenida y bien urdida que esté la trama de investigación –y tal y como avanzó el propio Álex–, El hacedor de titulares ofrece la particularidad de complementar los hallazgos detectivescos con variadas perlas que suponen altos en el camino o, si lo prefieren, tiempos muertos que dosifican la acción, permitiéndonos la interrupción para reflexionar sobre esos latigazos que los autores propinan sobre el lomo de su libro. Desarrollaré esto en la entrevista, pero adelanto cómo la mayoría de zarpazos hacen referencia al mundo cultural: presentaciones de libros, prácticas del periodismo escrito, arte actual, las páginas culturales, las editoriales, etcétera.

Se convierte así El hacedor de titulares en texto obligado para los aspirantes a ingresar en cualquier Facultad de Ciencias de la Información de nuestro país (nada mejor que leer este libro para saber dónde se mete uno…) y –en general– para aquellos interesados en comprender el agónico momento en que vive la cultura española. Una lectura desencantada pero que –sin duda– les resultará muy útil.





Entrevista de Manu López Marañón:

1. Me llama la atención algo que, supongo, será un dilema en el escritor que se dedica también profesionalmente a la crítica literaria: entendiendo que aprecia la labor periodística y los recursos económicos que le aporta, creo que, por otra parte, debe lamentar no poder dedicarse a su trabajo de ficción sin interrupciones. ¿Cómo resuelven los escritores y críticos Álex Oviedo y Elena Sierra esta cotidiana esquizofrenia laboral?
 
Álex Oviedo (ÁO): Me sorprende que ciertas obras tengan el éxito de ventas que tienen, pero creo que es a lo más que llega esa esquizofrenia laboral. Normalmente critico (o comento) libros de editoriales más pequeñas, a veces no tan independientes como dicen, porque entiendo que su catálogo es el que más se puede acercar a lo que me interesa leer. No siempre es así, pero es lo que tiene la creación y los gustos. Sobre lo de lamentar no dedicarme profesionalmente a la ficción, me he planteado alguna vez si podría hacerlo (ya he visto que no), pero escribiría entonces con menos libertad. Y no sé si me adaptaría a los ritmos de tener que publicar un libro al año para seguir el ritmo del mercado. Quizás sea una excusa que me pongo, no sé.

Elena Sierra (ES): Uf, yo no tengo de eso porque, afortunadamente, el trabajo que (de momento) hago es el que me gusta. Me gusta de verdad. Es lo que quiero seguir haciendo.  Y la novela es el resultado de un juego, uno bonito, pero en mi caso no pasa de ahí. Lo que me gustaría es tener más tiempo para leer por leer...

2. En el capítulo 2 de El hacedor de titulares se crítica las presentaciones de libros, vividas con intensidad por cualquier autor. Por desgracia, la personalidad que se ha elegido para dar lustre suele llegar (y más si es una estrella mediática) sin haber abierto el libro. Yo sólo tengo constancia de dos autores que se preparen lo que vienen a presentar: son el novelista Alberto Pasamontes (Alcohol de 99º, en Madrid) y la poeta Itziar Mínguez (Cuerpos de mujer bajo la lluvia, en Bilbao). ¿Se os ocurren formas de motivar a estos presentadores «de lujo» para que aparezcan con el libro siquiera ojeado? ¿Consideráis que una buena presentación abre puertas o quizás es algo secundario en unos actos donde prima más el roce social y las bandejas de canapés?
 
ÁO: El ejemplo de Itziar Mínguez Arnáiz con Cuerpos de mujer bajo la lluvia es paradigmático: una escritora que no sólo analizó al detalle la novela sino que lo hizo con mucho acierto. Fue un lujo tenerla como presentadora. Los escritores nos empeñamos en presentar nuestras obras ante el público cuando sabemos que a las de autores desconocidos sólo acuden los amigos, familiares y algún despistado. Y si hay canapés, los asiduos a merendar y beber de gañote. Presentar un libro ante tu público es avivar esa vanidad que tenemos los escritores. La cruda realidad la descubrimos al salir de la zona de confort: entonces a las presentaciones apenas acude media docena de personas; incluso suele haber más gente tras la mesa que entre el público.

ES: Tal vez haya que pasar de los relumbrones, digo,  y confiar en la gente que te quiere, ¿no? No se apuntará todo el mundo, pero seguro que lo pasáis mejor. Se crea algo distinto. Una buena presentación depende más de eso que de otra cosa. Que te lo diga Alex, que lleva a un montón de gente a las suyas y así hemos vendido ya como 50 ejemplares. Jaja.

3. En el capítulo 18 leemos: «Las páginas culturales son como los anuncios por palabras, sólo interesan a quienes van a comprar un coche o a mantener una relación sexual de pago». ¿Consideráis realmente que las páginas culturales sirven para bien poco?
 
ÁO: Seguramente como cualquier otra sección del periódico: en mi caso, las páginas de deporte o política me las paso apenas sin mirar, mientras que sí me detengo en las de cultura. Muchas veces me han felicitado al verme en el periódico, aunque no supieran realmente por qué me entrevistaban.

ES: Ese tipo de reflexiones de los personajes son el reflejo de la amargura que sienten por las condiciones en las que hacen su trabajo. Por otro lado, cada vez se compran menos periódicos. ¿Es porque no son útiles? No creo. Sirven para lo que sirven y a quien le sirven. A mí me gustan y me parecen interesantes, y el periodismo me sigue pareciendo necesario. ¡Incluso el cultural!

4. También en ese capítulo vemos una contundente definición del «periodismo de almanaque» o noticias de teletipo (o agencia) sin creatividad ni contraste de fuentes. Esto genera historias que se leen con la misma rapidez que se olvidan. ¿Es habitual en los diarios recurrir a ese periodismo «en diferido»? ¿Os veis obligados a practicarlo?
 
ÁO: La definición «periodismo de almanaque» se la debemos a un buen periodista amigo nuestro, Jöel López Astorkiza, con el que coincidimos muchos años entrevistando a escritores. Ese tipo de periodismo tan habitual en este tiempo de Internet en el que lo importante es contar una noticia sin que importe realmente su veracidad (quizás de ahí la proliferación de las famosas fake news que ha popularizado Trump a base de twits). Durante algunos años trabajé en una redacción en la que nos limitábamos a plasmar lo que nos mandaban las agencias o gabinetes de prensa (los partidos políticos nos acribillaban con material inútil pero que nos permitía llenar los vacíos del domingo con titulares en plan Fulano critica a Mengano). En esas ocasiones ni siquiera era necesario contrastar las fuentes, algo fundamental para un periodista que se precie. El periodismo cultural es distinto, porque hablas con los artistas y lo que escribes requiere de más creatividad. El espacio que tengas para desarrollar tu artículo o entrevista es ya otro cantar.

ES: Todo está relacionado con lo mismo: la precariedad, la falta de medios, los recortes. Sí, se practica. En la tele se ve en la cantidad de sucesos tontos que se emiten porque existe un video grabado con un móvil. Aquí, como Alex, yo diré que me salva que no trabajo al día ni en una redacción. Si no, seguramente tendría que comerme mis palabras... O pensaría lo contrario.

5. Una frase genial de Juan Madrid incluida en El hacedor de titulares: «El problema de este país es que en cuanto te destacas un poco en seguida te hacen redactor jefe. En Estados Unidos si eres un buen reportero sigues trabajando como tal hasta que te jubilas. Eso sí, cobrando según tu valía. En España te dan un cargo y dejan que vayas muriéndote de asco sin permitir desarrollar tus aptitudes». Se comenta por sí sola, pero, otra vez, buscamos vuestras aportaciones profesionales.
 
ÁO: Esa frase nos la dijo a Jöel López Astorkiza y a mí cuando le entrevistamos al alimón con motivo de la presentación de una de sus novelas, ahora no recuerdo cuál. Y me gustó porque creo que tiene razón. Hay un principio sobre este tema que me parece genial. Se llama principio de Peter, formulado por Laurence J. Peter, un catedrático de la universidad del Sur de California que viene a decir que las personas que realizan bien su trabajo son promocionadas a niveles de mayor responsabilidad hasta alcanzar su máximo nivel de incompetencia. Según Peter todo puesto tiende a ser ocupado por alguien incompetente para desempeñar sus obligaciones mientras el trabajo es realizado por esos trabajadores que no han alcanzado aún su nivel de incompetencia. Algo muy habitual en la Administración o en los partidos políticos, pero también en otros gremios.
ES: Lo terrible es tirar el talento a la basura, en esta profesión y en cualquiera. Y recompensar las miserias, con la famosa técnica de la patada pa'arriba, en esta profesión y en cualquiera.
 
6. Añora Alberto Pilares dos estilos de periodista: 1) Cary Grant en Luna nueva, la película de Howard Hawks (yo habría nombrado, de paso, una de sus secuelas: Primera plana de Billy Wilder) y 2) Edward Asner en la serie de los 80 Lou Grant. Echa de menos también este periodista de ficción los tiempos de las máquinas de escribir y el humazo de tabaco en las redacciones. ¿Alguno de vosotros es nostálgico de esas formas de entender el periodismo? 
ÁO: Se trata de nostalgia, sin duda, porque la crítica que hacen Howard Hawks o Billy Wilder del mundo de la prensa es despiadada. Hace poco volví a ver Luna nueva y no salimos bien parados ni la prensa ni los políticos. Puede que eche de menos ese tipo de periodismo o que lo haya mitificado.

ES: Nostálgica del humo no, jamás, impósibol. Lo que ganamos en salud y ahorramos en champú con la Ley del Tabaco, se queje quien se queje. Y de que no hubiera un ordenador por cabeza tampoco. ¿De que no se pudiera consultar el archivo sin moverse de la silla? Noooo. ¿De no poder acceder a lo que está publicando otra gente en otros lugares en un click? Habría que estar como un silbo. En cuanto a la persona que ejerce, creo que hay mucha capaz, digna y de confianza. Que no va a llamar a tu puerta o aparecer en tu tablet por arte de magia, eso seguro: tendrás que ir tú a buscarla, preocuparte, hacerte responsable, comparar...

7. Recuerda Alberto las vocaciones periodísticas que obligaban a pisar la calle (como la de aquel Zavalita de Conversación en la Catedral, la monumental obra maestra de Vargas Llosa…), y lamenta que hoy se trabaje más con noticias de agencia porque esos periodistas «sin tiempo para nada» se han reconvertido en voceros de partidos políticos o agentes sociales, cuando no en portavoces de cualquier institución. Pensando en los estudiantes de Ciencias de la Información, ¿adivináis otras salidas más estimulantes para motivar a ejercer la profesión periodística?
 
ÁO: Cuando la prensa se convirtió en un negocio para inversores dejó de atender a lo informativo. La última película de Spielberg, Los papeles del Pentágono, lo muestra a la perfección. El periodista clásico era el que pateaba la calle y metía el dedo en el ojo o en la llaga. De ahí que murieran —y sigan muriendo en muchos países— tantos profesionales. La libertad de prensa es molesta. Los gobiernos, grandes empresas, partidos políticos o agentes sociales entendieron hace mucho que es necesario controlar la información. Eso no quita para que no haya buenos profesionales, como se demuestra a diario, gente que cree en el periodismo. ¿Estímulo para un estudiante de Ciencias de la Información? Querer serlo. Es lo único que vale.

ES: Creo que la tele les estimula mucho. Y las redes. Jaja. Yo soy de otra escuela, ni mejor ni peor, la de mi época; pero lo que tengo claro es que son la curiosidad y la idea del interés público -no, no es cotilleo ni morbo, es otra cosa, la función social- los que deben estimular a quienes se dedican al periodismo.

8. Capítulo 22: «Las editoriales acaban funcionando como agencias de viajes que convocan a los periodistas especializados para llevarlos a un hotel en la costa donde se entrega un premio literario, les dan de cenar y les regalan un bolso de viaje.» Se dice después «que hay también promociones más económicas, así libros acompañados de dulces, corazoncitos luminosos e incluso bolas chinas». Con la crisis, «el grupo Planeta ha pasado de regalar, en el quincuagésimo aniversario de su principal Premio, un reproductor de dvd a entregar relojes-despertador». Nos reímos por no llorar. Por favor, aclarar qué cuota hay de legítimas exageraciones novelescas en todo este circo tan ajeno a lo literario.
 
ÁO: Hay un punto de exageración en la novela, por supuesto, pero a partir de la promoción real que utilizaban muchas editoriales para dar a conocer a sus autores ante los medios o ante el público. A veces, además de esos regalos llevaban a la prensa a conocer el campo de concentración de Mathausen días antes de la aparición de una novela sobre nazis o a Nueva York a seguir la pista de la autora de éxito que abrirá el próximo número de un suplemento dominical. Es parte de la promoción.

ES: Llegué tarde... Pero algo me contaron. Hubo una época que parece pura exageración, aquella en la que los laboratorios se llevaban a nuestros médicos a hoteles de cinco estrellas al Caribe para hablarles de no sé qué nuevo medicamento. Y a los políticos les regalaban chalets, ¿no? ¿O eran másters? País...

9. Respecto a las pequeñas editoriales tan de moda (independientes, de coedición, de autoedición, etc.) y abundantes, –y que tan nefasto servicio ofrecen a quienes recurren a ellas–, explicáis cómo recurrir a Internet para promocionarse es su principal medio y os preguntáis si realmente la red sirve para una efectiva difusión de la literatura. Parece que pensáis que no, que aunque un autor salga en blogs o páginas webs culturales eso, en realidad, no sirve, y que la única salida para su visibilidad sea lograr la complicidad con libreros y medios de comunicación escrita (aunque en ellos cada vez haya menor espacio para los libros). Desarrollar un poco estos temas que tanto interés ofrece a quienes estamos obligados a recurrir a esas editoriales.
 
ÁO: Internet o las redes sociales sirven para dar visibilidad a los escritores. Y para que tus seguidores sepan que has publicado una obra. Que aparezcas repetidamente en Facebook o Twiter no significa que tu novela se vaya a vender mejor. Como tampoco salir en prensa asegura las ventas. La complicidad del librero sí ayuda a que el libro se mueva, porque permite una mejor colocación en la librería y puede recomendarlo a un futuro lector. Sin embargo, la cantidad de novedades semanales hacen difícil esta posibilidad. Al final lo que funciona es el boca a boca, la recomendación de los prescriptores. Si un libro gusta se acaba vendiendo, aunque para eso el lector tiene que encontrarlo en las librerías.

ES: A estas alturas yo me pregunto qué es la visibilidad, y siempre cuál es el objetivo. Cuando yo busco información de un autor o autora en la red, me puedo encontrar el mismo texto 20 veces (en blogs o páginas diferentes que se supone que crean contenido diferente). El mismo. No puede ser. No son 20 impactos, es un horror. Y a veces es la contraportada del libro. Ese es para mí el gran problema de las redes. Pero es el mismo que en las redacciones: pensar que se puede hacer un buen producto sin invertir nada, ni tiempo ni dinero (la primera sola o ambas cosas, aunque la primera sola es también a menudo la segunda). Para quien se quiera ofender, añado: me refiero a una parte enorme de los contenidos que pululan, no a todos. Y me remito a la respuesta de Alex: consigue que la gente de la librería te quiera y tendrás ganado un buen trecho.

10. Para terminar. Os pedimos una valoración de cómo ha resultado escribir al alimón El hacedor de titulares. También queremos saber si tenéis previstas más colaboraciones novelísticas y vuestros planes de futuro a nivel individual. 
ÁO: El hacedor de titulares fue un juego entre Elena y yo que nos resultó divertido; fue fácil porque íbamos añadiendo piezas a la historia a partir de anécdotas periodísticas que habíamos vivido. Yo lo viví como un entretenimiento de dos periodistas con una mirada similar e irónica ante la precariedad laboral y la realidad social del momento. Quizás lo más complicado fue darle una unidad, que no se notase demasiado que estaba escrita por dos personas. Nos han preguntado varias veces si Erika Doval y Alberto Pilares protagonizarán otra historia... Son personajes que resultan atractivos. También si repetiremos la escritura al alimón. Quién sabe. De momento yo acabo de terminar de corregir una novela de corte más político que está en manos de mi editor, y he empezado otra con Alberto Pilares como personaje. El tiempo dirá si está en ella Erika Doval.

ES: Fue gracioso. Que hubiera otra persona en la misma faena me sirvió para ponerme un objetivo de ficción durante un tiempo, cosa que no había hecho antes. Y para reírme mucho y exorcizar mucho demonio. Qué más le puedes pedir a un libro. Bueno, hay mucho más, pero no era el caso. El futuro, espero, estará lleno de reseñas, críticas, entrevistas, reportajes... Las que yo escribiré sobre quienes escribís, actuáis, cantáis, dirigís. Ya tengo el bolso lleno de libros. Me voy a leer otro rato
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nació en Bilbao en 1966 y es diplomado en Relaciones Laborales y máster en Prevención (especialidad Seguridad e Higiene en el Trabajo). Residió un año en Buenos Aires tras ser becado por el Gobierno Vasco para llevar a cabo un trabajo sobre la legislación laboral argentina. En la actualidad se dedica en exclusiva a escribir guiones cinematográficos y a la literatura. En 2015 ha editado con Ediciones Oblicuas su primera novela, “Alcohol de 99º”. Recientemente ha terminado “Prosas para eunucos”, un libro de relatos en busca de editorial. Además de para Cita en la Glorieta, también reseña para las revistas Calibre. 38 y Moon Magazine.


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Javier Alonso García-Pozuelo