RESEÑA de «EL JURAMENTO DE WHITECHAPEL» de JOSÉ JAVIER ABASOLO, por Miguel Izu
La decimosexta novela del escritor bilbaino José Javier Abasolo, todas ellas del género negro/policíaco/criminal, El juramento de Whitechapel, se encuadra en un subgénero del que me he ocupado en un par de trabajos de próxima publicación: la novela policíaca histórica. Es un subgénero híbrido que se cultiva abundantemente pero que, curiosamente, pasa bastante inadvertido en España, no sucede lo mismo en otros países donde sí se le reserva una etiqueta específica, historical mystery, roman policier historique o polar historique, giallo storico, historischer Kriminalroman. Un subgénero que incluso tiene instituidos premios específicos: el CWA Endeavour Historical Dagger que otorga la British Crime Writers’ Association, el Prix Historia en categoría de roman policier historique que otorga la revista francesa Historia, el Premio Giallo Storico del festival “Garfagnana in Giallo Barga Noir” que se celebra en las localidades toscanas de Lucca y Barga.
La novela policiaca histórica es aquella cuya trama no se desarrolla en la misma época en que escribe el autor, lo que ha sido norma general del género negro/policíaco/criminal, sino en una época anterior, quizás no muy distante pero, en todo caso, en una sociedad ya pretérita que hay que reconstruir literariamente. A menudo en este género (igual que en la novela histórica a secas) se mezclan hechos reales e inventados, personajes históricos y personajes de ficción, o hay saltos en el tiempo, la investigación de un crimen del presente se relaciona de algún modo con otro del pasado. Pese a que se publican muchas novelas de este género (por citar solo algunos de los muchos autores actuales que lo cultivan: Arturo Pérez-Reverte, Luis Zueco, Matilde Asensi, Luis García Jambrina, Félix G. Modroño, Juan Pedro Cosano, Jerónimo Tristante, Ignacio del Valle, Guillermo Galván o Jordi Sierra i Fabra), en nuestro país no se suelen clasificar como novelas policíacas históricas, una categoría que todavía no se ha asumido con normalidad, sino unas veces como novelas históricas (añadiendo que poseen algunos de los rasgos de las novelas policíacas) y otras veces como novelas policíacas (precisando que adoptan alguna de las características de las novelas históricas), dependiendo del capricho de las editoriales, librerías o reseñadores que hacen la clasificación o, muy a menudo, atendiendo a lo que haya escrito anteriormente su autor, al que ya se le ha encasillado como escritor de novela policíaca o escritor de novela histórica.
Me he interesado por esta cuestión, y por El juramento de Whitechapel, porque yo también he cultivado el género (El crimen del sistema métrico decimal, 2017, El rey de Andorra, 2018), y en el mismo interés coincide José Javier Abasolo ya que no es la primera vez que publica una novela policíaca histórica, ya lo hizo con Una decisión peligrosa, de 2014, que además es una ucronía, describe un reino de Navarra que en 1940 sigue siendo independiente, sin que se hubiera consumado la conquista castellana del siglo XVI. El juramento de Whitechapel se desarrolla en una época anterior, en 1888, en el Londres de Jack el Destripador. El siglo XIX es una época sumamente interesante, en mi humilde opinión, y muy frecuentada por los autores de novela policíaca histórica británicos o franceses, probablemente porque es también la del nacimiento de la propia novela policíaca y de los primeros clásicos del género, Wilkie Collins, Émile Gaboriau o Conan Doyle. En España se presta mucha más atención al siglo XX, sobre todo a las épocas de la Guerra Civil y el franquismo, a la hora de ambientar novelas de este género.
Además de una novela policíaca histórica ambientada en el siglo XIX, El juramento de Whitechapel es también una novela decimonónica, una novela victoriana, en cuanto a que de forma bastante deliberada el autor adopta el estilo y sigue las pautas de las novelas clásicas de aquella época, con recursos como el del narrador que cuenta a otro narrador los hechos años después, muy Wilkie Collins, o diálogos que suenan muy formales, los personajes no paran de pedirse permiso y de pedirse disculpas, y muestran intenso pudor ante las palabras malsonantes. Hay también una breve historia de amor completamente puritana, apta para todos los públicos, que hubiera merecido la total aprobación de la reina-emperatriz Victoria. La pareja protagonista, Charles Kingsfield, señorito londinense y detective aficionado, y Sabino Arana (el futuro fundador del Partido Nacionalista Vasco), en el papel de narrador, inevitablemente recuerdan a otros personajes clásicos del género policíaco, al caballero Auguste Dupin y su amigo el anónimo relator de sus andanzas, o a Sherlock Holmes y al doctor Watson. Algunas de las situaciones que se narran en la novela no serían de recibo en una trama ambientada en el presente, pero encajan perfectamente en ese mundo victoriano tal como lo imaginamos gracias a libros y películas, como que los astutos detectives de Scotland Yard acepten la colaboración de dos detectives aficionados en lugar de encerrarlos por obstrucción a la justicia.
Sin duda, una de las originalidades de la novela es la de mezclar a un joven Sabino Arana (ingenuo, mojigato, abstemio y dotado de una notable capacidad de aprender inglés en pocas semanas) con Jack el Destripador, y la de ofrecer una nueva tesis, otra más, sobre quién pudo ser el criminal que se ocultaba bajo ese seudónimo. El aficionado al género policíaco apreciará los muchos guiños u homenajes que hace Abasolo a personajes como Conan Doyle (que hace un cameo en la historia), Wilkie Collins y Oscar Wilde, y la descripción del Londres cubierto por el smog típico de las historias de Sherlock Holmes. Y como en toda novela histórica, la trama permite una doble lectura en la cual el lector hallará algunas reflexiones válidas no solo para épocas pasadas, sino también para el presente.
La novela policiaca histórica es aquella cuya trama no se desarrolla en la misma época en que escribe el autor, lo que ha sido norma general del género negro/policíaco/criminal, sino en una época anterior, quizás no muy distante pero, en todo caso, en una sociedad ya pretérita que hay que reconstruir literariamente. A menudo en este género (igual que en la novela histórica a secas) se mezclan hechos reales e inventados, personajes históricos y personajes de ficción, o hay saltos en el tiempo, la investigación de un crimen del presente se relaciona de algún modo con otro del pasado. Pese a que se publican muchas novelas de este género (por citar solo algunos de los muchos autores actuales que lo cultivan: Arturo Pérez-Reverte, Luis Zueco, Matilde Asensi, Luis García Jambrina, Félix G. Modroño, Juan Pedro Cosano, Jerónimo Tristante, Ignacio del Valle, Guillermo Galván o Jordi Sierra i Fabra), en nuestro país no se suelen clasificar como novelas policíacas históricas, una categoría que todavía no se ha asumido con normalidad, sino unas veces como novelas históricas (añadiendo que poseen algunos de los rasgos de las novelas policíacas) y otras veces como novelas policíacas (precisando que adoptan alguna de las características de las novelas históricas), dependiendo del capricho de las editoriales, librerías o reseñadores que hacen la clasificación o, muy a menudo, atendiendo a lo que haya escrito anteriormente su autor, al que ya se le ha encasillado como escritor de novela policíaca o escritor de novela histórica.
Me he interesado por esta cuestión, y por El juramento de Whitechapel, porque yo también he cultivado el género (El crimen del sistema métrico decimal, 2017, El rey de Andorra, 2018), y en el mismo interés coincide José Javier Abasolo ya que no es la primera vez que publica una novela policíaca histórica, ya lo hizo con Una decisión peligrosa, de 2014, que además es una ucronía, describe un reino de Navarra que en 1940 sigue siendo independiente, sin que se hubiera consumado la conquista castellana del siglo XVI. El juramento de Whitechapel se desarrolla en una época anterior, en 1888, en el Londres de Jack el Destripador. El siglo XIX es una época sumamente interesante, en mi humilde opinión, y muy frecuentada por los autores de novela policíaca histórica británicos o franceses, probablemente porque es también la del nacimiento de la propia novela policíaca y de los primeros clásicos del género, Wilkie Collins, Émile Gaboriau o Conan Doyle. En España se presta mucha más atención al siglo XX, sobre todo a las épocas de la Guerra Civil y el franquismo, a la hora de ambientar novelas de este género.
Además de una novela policíaca histórica ambientada en el siglo XIX, El juramento de Whitechapel es también una novela decimonónica, una novela victoriana, en cuanto a que de forma bastante deliberada el autor adopta el estilo y sigue las pautas de las novelas clásicas de aquella época, con recursos como el del narrador que cuenta a otro narrador los hechos años después, muy Wilkie Collins, o diálogos que suenan muy formales, los personajes no paran de pedirse permiso y de pedirse disculpas, y muestran intenso pudor ante las palabras malsonantes. Hay también una breve historia de amor completamente puritana, apta para todos los públicos, que hubiera merecido la total aprobación de la reina-emperatriz Victoria. La pareja protagonista, Charles Kingsfield, señorito londinense y detective aficionado, y Sabino Arana (el futuro fundador del Partido Nacionalista Vasco), en el papel de narrador, inevitablemente recuerdan a otros personajes clásicos del género policíaco, al caballero Auguste Dupin y su amigo el anónimo relator de sus andanzas, o a Sherlock Holmes y al doctor Watson. Algunas de las situaciones que se narran en la novela no serían de recibo en una trama ambientada en el presente, pero encajan perfectamente en ese mundo victoriano tal como lo imaginamos gracias a libros y películas, como que los astutos detectives de Scotland Yard acepten la colaboración de dos detectives aficionados en lugar de encerrarlos por obstrucción a la justicia.
Sin duda, una de las originalidades de la novela es la de mezclar a un joven Sabino Arana (ingenuo, mojigato, abstemio y dotado de una notable capacidad de aprender inglés en pocas semanas) con Jack el Destripador, y la de ofrecer una nueva tesis, otra más, sobre quién pudo ser el criminal que se ocultaba bajo ese seudónimo. El aficionado al género policíaco apreciará los muchos guiños u homenajes que hace Abasolo a personajes como Conan Doyle (que hace un cameo en la historia), Wilkie Collins y Oscar Wilde, y la descripción del Londres cubierto por el smog típico de las historias de Sherlock Holmes. Y como en toda novela histórica, la trama permite una doble lectura en la cual el lector hallará algunas reflexiones válidas no solo para épocas pasadas, sino también para el presente.
Puedes acceder al programa de la SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, festival virtual del género negro celebrado del 21 al 27 de noviembre en el blog de Historia y Literatura CITA EN LA GLORIETA, pinchando AQUÍ.
es
doctor en Derecho y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología.
Funcionario del Gobierno de Navarra, vocal del Tribunal Administrativo
de Navarra. Ha ejercido como abogado y como profesor asociado de Derecho
Administrativo en la Universidad de Navarra y en la Universidad Pública
de Navarra. Ha colaborado con la Escuela de Policía de Cataluña y
colabora regularmente con la Escuela de Seguridad de Navarra. Ha sido
concejal del Ayuntamiento de Pamplona, presidente de la Mancomunidad de
la Comarca de Pamplona y miembro del Parlamento de Navarra. Colabora
asiduamente en diversos medios de comunicación (principalmente, en
Diario de Noticias y Solo Novela Negra) y revistas profesionales.
Secretario de la Asociación Navarra de Escritores/as-Nafar Idazleen
Elkartea. Obras: Novela: El asesinato de Caravinagre (2014); El crimen del sistema métrico decimal (2017), El rey de Andorra (2018). Relato: “Un asunto privado”, en 24. Relatos navarros (2016); “Una cuenta pendiente”, en Solo Novela Negra (2016); “El vino del francés”, en El alma del vino (2017); “Un móvil para un crimen”,
en la III Semana Negra en la glorieta (2017). Ensayo: La Policía Foral
de Navarra (1991), Navarra como problema. Nación y nacionalismo en
Navarra (2001), El Tribunal Administrativo de Navarra (2004), Derecho
Parlamentario de Navarra (2009), El régimen jurídico de los símbolos de
Navarra (2011, VII Premio Martín de Azpilicueta), El régimen lingüístico
de la Comunidad Foral de Navarra (2013). Recopilación de artículos de
prensa: Sexo en sanfermines y otros mitos festivos (2007), Crisis en
sanfermines y otros temas festivos (2015). Página web: https://mizu38.wixsite.com/miguelizu















