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El reinado de Isabel II (1833-1868)

Esta entrada forma parte de un artículo que lleva por título "Isabel II, Sant Joan d'Alacant y la República Dominicana" y que trata sobre el período histórico en el que está ambientada «La cajita de rapé»(años finales del reinado de Isabel II). 

He dividido el artículo en 6 apartados. Puedes acceder al resto de entradas pinchando AQUÍ.

Saludos, Javier Alonso García-Pozuelo


UN REINADO CONVULSO
Javier Alonso García-Pozuelo
Es indudable que la figura de  Isabel II es de por sí un poderoso imán para todo escritor que ande buscando un periodo histórico en el que ambientar una novela. Desde su nacimiento (fruto del cuarto matrimonio de Fernando VII con su sobrina María Cristina de Borbón-Dos Sicilias) y la precipitada derogación de la Ley Sálica para permitir que sucediera a su padre frente a las pretensiones de su tío el infante don Carlos (origen de la Primera Guerra Carlista), hasta el grito de «¡Viva mi suegra!» que lanzó su yerno, el conde de Girgenti, en la batalla de Alcolea, poco antes de que la Reina hubiera de tomar el camino del exilio tras la Revolución de 1868, su biografía está jalonada de un sinfín de episodios dignos de los más imaginativos folletines decimonónicos.
 

Con apenas diez años de edad (en octubre de 1840), su madre renuncia a la regencia y se exilia en Francia, dejando a la reina y a la infanta Luisa Fernanda (las huérfanas ilustres, como las tituló la prensa) bajo la tutela de la condesa de Espoz y Mina y Agustín Argüelles.

Un año después (en el otoño de 1841) la reina-niña y su hermana vivieron aterrorizadas el asalto al Palacio Real por un grupo de oficiales acaudillados por el general Diego de León. Esta acción formaba parte de un pronunciamiento contra el regente, el general Espartero, que había sido fraguado desde el exilio por María Cristina, su marido y destacados miembros del Partido Moderado. Por si la experiencia (disparos incluidos, uno de los cuales impactó en el cabecero de la cama donde descansaba la infanta Luisa Fernanda) no fuese suficientemente traumática, una vez sofocado el levantamiento, la joven reina se vio sometida a todo tipo de presiones para que indultase a los conspiradores apresados.

A una edad tan precoz como los trece años Isabel II fue proclamada mayor de edad y su debut como monarca dio lugar a un escándalo político del que se habló durante meses, no sólo en España, sino en toda Europa. La inexperta reina se estrenó firmando, entre otros documentos, un decreto de disolución de las Cortes. Lo hizo sin coacción de ningún tipo e, incluso, hay testigos que aseguran la cordialidad con la que despidió a Salustiano de Olózaga, presidente del recién constituido Gobierno. Pero en cuanto los líderes del Partido Moderado tuvieron conocimiento de lo que la reina había hecho, la obligaron a que declarara que Olózaga la había forzado a firmar el decreto y, ante la posibilidad de ser acusado de alta traición, el político progresista hubo de dimitir.

Poco después, en febrero de 1844, su madre regresa del exilio, se instala en el Palacio de las Rejas y comienza a maquinar para que se reconozca oficialmente su matrimonio. A finales de 1833, pocos meses después de quedarse viuda, María Cristina había contraído matrimonio con un sargento de su Guardia de Corps, Agustín Fernando Muñoz y Sánchez. Aquel matrimonio morganático la inhabilitaba para ser regente en nombre de su hija, por lo cual hubo de ser celebrado en secreto. Fue su unión con Fernando Muñoz un secreto a voces que el Gobierno, en mitad de una guerra civil contra los partidarios del infante don Carlos, no tuvo más remedio que permitir. A su regreso a España parecía llegado el momento de que su matrimonio fuese reconocido oficialmente. Pero para hacerlo resultaba imprescindible otorgar un título de nobleza al marido. De modo que, como tantas otras veces en su vida, la joven reina es manipulada para que estampe su real firma, en este caso en el decreto de concesión del título de duque de Riánsares al segundo marido de su madre. Sólo faltaba la autorización de la Santa Sede, la cual como había expresado el Patriarca de Indias dependía únicamente de que el Gobierno garantizase la suspensión inmediata de la venta de bienes del clero. Así se hizo. En agosto. Unos meses antes de que el 12 de octubre de 1844 se regularizara el polémico enlace.

Súmensele a los episodios mencionados, tres intentos de regicidio (del atentado cometido por el cura Merino, la reina se salvó por las ballenas del corsé), tres revoluciones (la de 1848, revolución europea cuyos ecos fueron atajados con dureza por el general Narváez; la de 1854, que volvió a mandar al exilio a la Reina Madre y dio comienzo al Bienio Progresista, y la de 1868, que puso fin momentáneamente a la Dinastía Borbón), y tres mortíferas epidemias de cólera, y se comprenderá qué atractivos, desde el punto de vista de la narrativa, resultan los años de su reinado.

¡Y todavía no hemos escrito ni media palabra de su vida privada! Lo haremos en la siguiente entrada.


El corsé que llevaba Isabel II
el día que el cura Merino atentó contra su vida.
- Museo del Romanticismo -
(obra invitada, cedida temporalmente por
el Museo Arqueológico Nacional)

Isabel II, Sant Joan d'Alacant y la República Dominicana

El temor a la potencia deslegitimadora de Isabel II llega hasta la actualidad. En 2004, cuando se cumplió el centenario de su muerte en París, la distancia que deseó mantener la Casa Real respecto a una posible conmemoración fue manifiesta. Como también fue manifiesto el deseo de los monárquicos de evitar que la gran exposición que se organizó entonces se centrara demasiado en la figura de la reina, por lo que se optó por una revisión general del reinado, que dejaba a Isabel II en la penumbra. A diferencia de lo ocurrido en otras magnas exposiciones organizadas por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones —las dedicadas, por ejemplo, a Antonio Cánovas o a Práxedes Mateo Sagasta—, ningún miembro de la familia real aceptó presidir la inauguración. Esa misma tarde los Reyes inauguraban en un lugar muy próximo una muestra expositiva de mucha menor relevancia y cercanía.
Isabel II. Una biografía (1830-1904)
Ediciones Taurus, 2010, pág 16
Isabel Burdiel

El 28 de febrero de 2017 ha salido a la venta «La cajita de rapé», una novela a la que he dedicado buena parte de los últimos siete años de mi vida.

Me gustaría compartir con los lectores de Cita en la Glorieta algunas de las motivaciones que me han llevado a obsesionarme con el período histórico en el que está ambientada (años finales del reinado de Isabel II) y que he reunido en un artículo que lleva por título "Isabel II, Sant Joan d'Alacant y la República Dominicana".

 
Isabel II (1860)
- José Vallejo y Galeazo -
(Litografía de J. Donon)
 
Si con la lectura de este artículo (lo he dividido en 6 entradas) despierto en alguno de vosotros el interés por bucear en la historia de un siglo tan crucial como el XIX (sin cuyo conocimiento difícilmente se puede comprender nuestra historia más reciente), el objetivo estará logrado.  

Si a alguno os pica la curiosidad por saber qué importancia tiene esa cajita de rapé del título en la trama de la novela y os acercáis a una librería para ver qué tal pinta tiene el libro, miel sobre hojuelas.

Saludos, Javier Alonso García-Pozuelo


ISABEL II, SANT JOAN D'ALACANT Y LA REPÚBLICA DOMINICANA
Javier Alonso García-Pozuelo
1. UN REINADO CONVULSO ---> Leer entrada
2. «CON PAQUITO, NO, POR FAVOR.» ---> Leer entrada 
3. LA REINA SE DESQUITA ---> Leer entrada 
4. DE DÓNDE VENIMOS ---> Leer entrada
5. ECONOMÍA Y POLÍTICA ---> Leer entrada
6. ¿Y POR QUÉ 1861? ---> Leer entrada

Microrrelatos de amor y desamor (III)

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Fernando Gómez Lamadrid, fundador de TOPmicrorrelatos, página de facebook sin ánimo de lucro dedicada a la microficción.  


CONFUSIÓN
Juan José Millás
Antes de que hubiera terminado de desenvolver el regalo de cumpleaños, sonó dentro del paquete un timbre: era un móvil. Lo cogí y oí que mi mujer me felicitaba con una carcajada desde el teléfono del dormitorio. Esa noche, ella quiso que habláramos de la vida: los años que llevábamos juntos y todo eso. Pero se empeñó en que lo hiciéramos por teléfono, de manera que se marchó al dormitorio y me llamó desde allí al cuarto de estar, donde permanecía yo con el trasto colocado en la cintura. Cuando acabamos la conversación, fui al dormitorio y la vi sentada en la cama, pensativa. Me dijo que acababa de hablar con su marido por teléfono y que estaba dudando si volver con él. Lo nuestro le producía culpa. Yo soy su único marido, así que interpreté aquello como una provocación sexual e hicimos el amor con la desesperación de dos adúlteros. Al día siguiente, estaba en la oficina, tomándome el bocadillo de media mañana, cuando sonó el móvil. Era ella, claro. Dijo que prefería confesarme que tenía un amante. Yo le seguí la corriente porque me pareció que aquel juego nos venía bien a los dos, de manera que le contesté que no se preocupara: habíamos resuelto otras crisis y resolveríamos ésta también. Por la noche, volvimos a hablar por teléfono, como el día anterior, y me contó que dentro de un rato iba a encontrarse con su amante. Aquello me excitó mucho, así que colgué enseguida, fui al dormitorio e hicimos el amor hasta el amanecer. Toda la semana fue igual. El sábado, por fin, cuando nos encontramos en el dormitorio después de la conversación telefónica habitual, me dijo que me quería pero que tenía que dejarme porque su marido la necesitaba más que yo. Dicho esto, cogió la puerta, se fue y desde entonces el móvil no ha vuelto a sonar. Estoy confundido.

MARIPOSAS
Jesús Esnaola
No soy un ingenuo. Las mariposas cuyos aleteos produjeron los terribles terremotos de Haití, Chile y abrieron las fauces del volcán de Islandia están muertas hace ya mucho tiempo. Para provocar semejantes catástrofes, la distancia espacio-temporal que ha de haber entre aleteo y consecuencia es de decenas, tal vez cientos de años. Solo este paréntesis convertirá la posibilidad en espantosa realidad.
    Sin embargo, pese a lo que podáis pensar de mí, no renuncio a encontrar a la maldita mariposa que, con su aleteo culpable, sacó a Sonia de mi vida
.

LA LUNA EN ESTÍO
Andrés Ibáñez
Ha llegado el estío. Los jóvenes se tienden a la sombra de los álamos y contemplan cómo las mujeres de la aldea descienden en hilera a través de las altas hierbas para lavar la ropa en las piedras blancas de la orilla del río. Una de ellas, acalorada, se suelta un poco las ropas y, entonces, en el afán de su tarea, uno de sus pequeños senos se hace visible. Y uno de los jóvenes, que está enamorado de ella en secreto, se siente poseído por la tristeza y piensa que acaba de contemplar, en mitad del día, la luna inalcanzable.

Lavanderas
- Vinicio Castillo -

MONOCROMÍA
Francesc Barberá
Ha aparecido un agujero negro en el salón. Al principio no suponía un gran problema: era, más o menos, como una pelota de ping-pong. Pero con el paso del tiempo ha ido creciendo. Según mi esposa, de manera inversamente proporcional a nuestra satisfacción conyugal. El psicólogo nos ha recomendado que hagamos cosas nuevas. Dice que si intentamos romper esa monotonía, poco a poco desaparecerá. Hoy hemos decidido hacerle caso. Cogidos de la mano, frente al agujero, nos preparamos para arrojarnos a su interior.

LA AFRENTA
Luis Mateo Díez
Te merecías todo lo que te hice menos esa última afrenta, aunque reconozco que nada exime más que lo que se hace en nombre de un amor traicionado.
    Lo que le conté en la carta era indigno porque pertenecía exclusivamente a nuestra intimidad, y estoy seguro de que cuando buscó y encontró el lunar en el recóndito secreto que sólo yo besaba, mientras tú excitada me alentabas a hacerlo, sintió la misma frustración de quien halla el cofre del tesoro vacío con la burla de quien ya lo sustrajo.
    Sé que tu amor es una pérdida definitiva y me resigno a ello, pero el secreto de ese lunar sólo a mis labios pertenece. Y cuantas veces requiera tan íntimo tesoro encontrará el vacío que queda de quien lo despojó.
    Una afrenta que a mí me tiene prisionero y a él esclavo y a ti culpable, y a los tres unidos en la desdicha porque yo te seguiré queriendo y él nunca podrá quererte del todo, y tú jamás llegarás a olvidarme, al menos mientras el lunar sostenga el recuerdo de mis besos y de mis lágrimas
.

Eugenio María de Hostos - Frases célebres

Eugenio María de Hostos y Bonilla fue un educador, filósofo, libertador, sociólogo y escritor puertorriqueño.

Eugenio María de Hostos

Nació el 11 de enero de 1839 en Mayagüez, Puerto Rico, y falleció el 11 de agosto de 1903 en Santo Domingo, República Dominicana.
 
Frases célebres

Quienquiera que padece por la verdad y la justicia, ése es mi amigo.
Cumple con todos tus deberes y gozarás de todos tus derechos.
El deber es el freno de la conciencia. Sin él, la conciencia se desboca.
Ningún hombre es más grande que el que se vence a sí mismo por cumplir con su deber.

El tiempo es vida, y consumir el tiempo en no hacer lo que se debe, es consumir inútilmente la existencia.


Las pasiones del hombre ¡Cómo nacen, cómo crecen! Una chispa las crea, un soplo las inflama.
El movimiento social, directa o indirectamente, es siempre determinado por acción o reacción de la mujer, por impulso visible o invisible de mujer, por influencia buena o mala de mujer.
Antes que nada, el maestro debe ser educador de la conciencia infantil y juvenil; más que nada, la escuela es un fundamento de moral.
El hombre no deja de ser hombre por ser de color claro u oscuro, porque pertenezca al grupo norteamericano o malayo; cualquiera que sea su color, el hombre tiene los mismos derechos naturales.

Necesidad hay de estar indiferente para lograr ver algo.