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Reseña de «Asesinato en Portobelo», de Osvaldo Reyes

Reseña de «Asesinato en Portobelo», de Osvaldo Reyes, por Miguel Izu
Al turista que visita Panamá le suelen llevar a conocer las ruinas de Panamá Viejo, el sitio arqueológico donde estuvo ubicado lo que se considera el primer asentamiento europeo en la costa pacífica de América, fundado en 1519. La ciudad de Nuestra Señora de la Asunción de Panamá quedó destruida durante un ataque del pirata Henry Morgan, en 1671, y se refundó a unos diez kilómetros al suroeste. El crecimiento de la capital panameña ha hecho que Panamá Viejo hoy se encuentre dentro de su área urbana. He recordado mi viaje a ese lugar, hace ya unos años, con la lectura de Asesinato en Portobelo, del escritor panameño Osvaldo Reyes. Su acción trascurre justamente en los años en que se produce la incursión de Morgan, corsario galés ennoblecido con el título de sir por el rey inglés Carlos II, que tanto juego ha dado en la literatura y en el cine de piratas.

Inicié la lectura instigado por Javier Alonso García-Pozuelo, que me animó a confeccionar esta reseña, quien sin duda tuvo en cuenta mi interés por la novela policíaca histórica, que tanto él como yo cultivamos, sobre la cual he publicado alguna cosa (“Novela policíaca histórica”, Revista Imán, noviembre 2019). Pese a que popularmente se cita siempre El nombre de la rosa de Umberto Eco como arquetipo de este género o subgénero híbrido entre la novela histórica y la novela policíaca, tiene unos antecedentes muy anteriores, ya en el siglo XIX. La propia Agatha Christie lo cultivó con La venganza de Nofret, de 1944, que transcurre en el Egipto faraónico. Es un género en alza, buena parte de la novela policíaca o negra que se publica en la actualidad se sitúa en épocas históricas pasadas, aunque en España cuesta que sea reconocido con sustantividad propia. Sin ir más lejos, en la reciente y meritoria clasificación de géneros y subgéneros que han realizado Àlex Martín Escribà y Jordi Canal (A quemarropa. La época clásica de la novela negra y policiaca, Alrevés, 2019) no se la tiene en cuenta; Umberto Eco no llega a ser mencionado. Como es tan usual en el tiempo presente, aquí nos vamos a ocupar de una novela híbrida en cuanto a su género, se puede inscribir tanto en el negrocriminal como en el de aventuras, en la novela histórica y entre las historias de piratas.


Asesinato en Portobelo contiene una larga historia, larga en páginas, más de quinientas de apretada letra (demasiado apretada para miopes y présbitas, observación que hace este humilde reseñador a maquetadores y editoriales), y extensa en el tiempo ya que transcurre a lo largo de tres años. El título ya nos anuncia un asesinato, pero la trama no se centra en su investigación ni hay que esperar a las últimas páginas para conocer al autor del crimen y sus motivaciones, como resulta propio en la mayoría de las novelas criminales. Hay que advertir que nos encontramos en un tiempo y en un lugar donde la vida vale bien poco. La muerte por enfermedad, por naufragio, por las guerras sin fin entre españoles, ingleses y franceses, por las incursiones de piratas, por acción de los salteadores de caminos, por venganza, por duelos para restablecer el honor mancillado, era cosa corriente. A esa primera muerte seguirán muchas más a lo largo de la novela. La justicia de la época, cuya ineficacia y nivel de corrupción quedan bien descritas en el libro, se preocupaba poco por resolver los crímenes y reparar a las víctimas y mucho más por proteger los intereses de los poderosos. El asesinato que se nos narra ya en el arranque de la obra no es sino uno de los primeros episodios de una compleja conspiración cuyo desarrollo y colofón mantienen al lector bien pegado a las páginas hasta llegar a la palabra FIN.

Pese a su longitud, la lectura se hace cómoda y amena porque la novela se organiza en breves capítulos dispuestos en orden cronológico. La narración va saltando de Portobelo a Panamá, de Jamaica a Maracaibo, siguiendo los pasos, los pensamientos y las emociones de un buen número de personajes entre los que encontramos gobernantes, piratas, religiosos, sicarios, comerciantes, soldados, esclavos… Un sugestivo y detallado retrato de la sociedad colonial del siglo XVII en tierras caribeñas y, sobre todo, en Panamá, cruce de caminos entre los virreinatos de Perú y de Nueva España, entre el Caribe y el Pacífico. De los personajes destacan dos protagonistas a cuyas andanzas acompañamos a lo largo de toda la historia. De un lado, un español, Hernán Asensio, natural de Talavera, segundón que ha ido a hacer las Américas buscando un mejor destino que el que le ofrecía la Península, escribano que trabaja para un oidor y alcalde del crimen de la Audiencia de Panamá, originariamente idealista y enamoradizo, al que vemos enfrentarse a muy difíciles sucesos. De otro lado, un inglés, William Beake, originario de Plymouth. admirador de Shakespeare, pirata enrolado a las órdenes de Morgan en la Hermandad de la Costa, que también lucha por hacer fortuna para poder casarse con el amor de su vida, una prostituta de Port Royal. El destino de estos dos hombres, inicialmente condenados a ser enemigos, se cruzará varias veces y determinará el desenlace de la novela.

Ficha:

Asesinato en Portobelo
Osvaldo Reyes
LC Ediciones, 2019
ISBN: 978-84-120593-9-7
512 páginas, 17 x 24 cm, tapa blanda

Sinopsis:

En julio de 1668 la ciudad de Portobelo, uno de los principales puertos en Tierra Firme y del cual partían todos los tesoros de América hacia España, fue capturada por el corsario Henry Morgan. Lo que ninguno de sus hombres esperaba era encontrar en un hostal abandonado el torturado cadáver de un español y, escondido en el piso, documentos que sugerían la existencia de un tesoro de incalculable valor oculto en las entrañas de la ciudad de Panamá. A partir de ese momento, un puñado de piratas liderados por el mismo Morgan harán hasta lo imposible por capturar la “Noble Ciudad de Panamá”, una de las joyas de la corona española en América.


El oidor Francisco Alonso de Ayala y su escribano, Hernán Asensio, al investigar los eventos relacionados con la invasión inglesa de Portobelo, encontrarán un testigo inesperado del asesinato y un siniestro plan plagado de crímenes, traiciones y corrupción. Cada decisión que tomen, cada pista que persigan, los llevará un paso más cerca de la verdad.
Dos lados del mismo conflicto enfrentados en un combate a muerte. Piratas, jueces, frailes, prostitutas, rufianes, asesinos, esclavos y cimarrones. Marionetas en un juego donde la vida vale menos que un real de a ocho y la ciudad de Panamá será el precio final a pagar por resolver un asesinato en Portobelo. ¿Te cambiará leer este libro -mirar el mundo- sin fabricar ídolos ni villanos, inocentes o culpables?

El autor:

Osvaldo Reyes (Panamá, 1971)
estudió medicina en la Universidad de Panamá y luego se especializó en Ginecología y Obstetricia en la Maternidad María Cantera de Remón. Actualmente labora como médico especialista en la Maternidad del Hospital Santo Tomás, donde también ejerce funciones como Coordinador de Investigaciones. Es profesor de la Cátedra de Obstetricia de la Universidad de Panamá y miembro del Sistema Nacional de Investigadores.
 

Ferviente lector y escritor del género negro, con ocho libros (El Efecto Maquiavelo, En los umbrales del Hades, Pena de muerte, La estaca en la cruz, Sacrificio, El canto de las gaviotas, El cactus de madera y Asesinato en Portobelo) y dos colecciones de cuentos (13 gotas de sangre y 13 candidatos para un homicidio) publicados a la fecha. Sus relatos forman partes de diferentes antologías (Escrito en el agua, Pólvora y sangre, Círculo de Lovecraft # 9) y es ganador del Primer Premio de Narrativa Corta (2017) del Panama Horror Film Fest. Osvaldo Reyes coordina la jornada dedicada al género negro en Latinoamérica de nuestra Semana Negra en la Glorieta

es doctor en Derecho y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Funcionario del Gobierno de Navarra, vocal del Tribunal Administrativo de Navarra. Ha ejercido como abogado y como profesor asociado de Derecho Administrativo en la Universidad de Navarra y en la Universidad Pública de Navarra. Ha colaborado con la Escuela de Policía de Cataluña y colabora regularmente con la Escuela de Seguridad de Navarra. Ha sido concejal del Ayuntamiento de Pamplona, presidente de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona y miembro del Parlamento de Navarra. Colabora asiduamente en diversos medios de comunicación (principalmente, en Diario de Noticias y Solo Novela Negra) y revistas profesionales. Secretario de la Asociación Navarra de Escritores/as-Nafar Idazleen Elkartea. Obras: Novela: El asesinato de Caravinagre (2014); El crimen del sistema métrico decimal (2017), El rey de Andorra (2018). Relato: “Un asunto privado”, en 24. Relatos navarros (2016); “Una cuenta pendiente”, en Solo Novela Negra (2016); “El vino del francés”, en El alma del vino (2017); “Un móvil para un crimen”, en la III Semana Negra en la glorieta (2017). Ensayo: La Policía Foral de Navarra (1991), Navarra como problema. Nación y nacionalismo en Navarra (2001), El Tribunal Administrativo de Navarra (2004), Derecho Parlamentario de Navarra (2009), El régimen jurídico de los símbolos de Navarra (2011, VII Premio Martín de Azpilicueta), El régimen lingüístico de la Comunidad Foral de Navarra (2013). Recopilación de artículos de prensa: Sexo en sanfermines y otros mitos festivos (2007), Crisis en sanfermines y otros temas festivos (2015). Página web: https://mizu38.wixsite.com/miguelizu

Fragmentos de «Asesinato en Portobelo», de Osvaldo Reyes

«Asesinato en Portobelo», de Osvaldo Reyes». Fragmentos
Se despidió efusivamente de ambos, tras cumplir la petición del joven, y se dirigió a otra de las mesas, con la tranquilidad de que no sería cuestionado de la misma forma el resto del día. En pocas palabras les había recordado a todos los presentes que podía cobrar lo que quisiera y que ellos no podían hacer nada al respecto. Todos en el hostal habían pasado por delante de la gigantesca carpa que, a la entrada del pueblo, servía de refugio a las pobres almas que no consiguieron aposento a tiempo, ya fuera por falta de programación o dinero. Si alguien dejaba su hostal lo tenía sin cuidado. Alquilaría la habitación vacante en poco tiempo, a un precio tres veces mayor si así quería.

«Asesinato en Portobelo», 2019, pág. 12

El que parecía ser el jefe del trío se acercó. Vestía de negro de pies a cabeza. Jubón, coleto, calzas y zapatos. Llevaba una capa de igual color, tal vez hasta un poco más oscura, que parecía estar construida de las mismas sombras de la noche. Su rostro quedó tan cerca que pudo distinguir sus facciones a pesar de la falta de iluminación. Era un hombre de unos cuarenta años, con un bigote corto y barba pequeña cuidados con el esmero que solo el dinero puede conseguir.
 

—Vuestra merced debería saber que vagar de noche sin protección —dijo con una voz grave, como un pedazo de madera seca frotándose contra otro— es invitar una cuchillada en el costado.
 

Sin mayor ceremonia alargó la mano y le quitó la bolsa con las monedas del cinturón. Lorenzo trató de detenerlo, pero justo en ese momento sintió la punta de metal presionar la piel de su barriga. Sus ojos se desviaron a la espada corta que llevaba el hombre en su mano. Era recta, delgada y no dudaba que filosa hasta la empuñadura.
 

—¿Me estáis robando? —preguntó. Solo después que las palabras salieron de sus labios fue que se percató de lo tonto que sonaba.
—En realidad —respondió el hombre sopesando la bolsa— estamos haciendo justicia. Debe saber que los juegos de azar están prohibidos por real cédula. La pena por tales actos, manantiales de vicios y delitos, está pactada en mil pesos de oro o seis años de presidio, si no puede pagar
.


«Asesinato en Portobelo», 2019, pág. 29

Cristóbal abrió los ojos, sobresaltado. Con la espalda arqueada, apenas tocando la cama, se sostuvo con ambos brazos atento a los ruidos del exterior. La ausencia de viento servía para resaltar todos los sonidos que nacían de la noche. Se había acostumbrado a dormir arrullado por el desquiciante llamado de los monos aulladores y los loros que decidían entablar conversación a cualquier hora. Era por eso que estaba asustado. El ruido que lo despertó era diferente.

Una explosión aislada. Luego, varias más.

Disparos.


«Asesinato en Portobelo», 2019, pág. 45

Un negro con un grillete asido al pie, un preso más que hacía las veces de verdugo mientras cumplía su condena, se acercó al acusado y lo empezó a desnudar. El hombre trató de evitarlo, pero atado de pies y manos le fue imposible. Gritó que no era necesario. Que ya había dicho lo que sabía de todo el asunto, pero el oidor se mantuvo impávido mientras se cumplía su orden. Cuando lo tuvo en paños menores el negro se detuvo. No era la primera vez y conocía el proceso.

El oidor Gómez Suárez de Figueroa indicó que dejaran entrar al médico. La puerta de la cárcel se abrió con lentitud, los goznes chirriando durante todo el movimiento como si el dolor de tormentos previos de alguna forma los hubiera contaminado. Una figura menuda entró y estudió al hombre que se revolvía en brazos del verdugo.

Hernán Asensio, en su función de escribano, siguió el proceso de transcribir en frases las imágenes de un evento que hubiera preferido no presenciar. Si había alguien que merecía el castigo era ese hombre, pero no por eso era más fácil.

El médico y cirujano —escribió— presta juramento a Dios y a una cruz, declarando y reconociendo fiel y legalmente que el reo Gaspar Magalla está apto y sin lesión alguna para darle tormento
.
«
«Asesinato en Portobelo», 2019, pág. 45


Próximamente estrenaremos en Cita en la Glorieta las Lecciones  de Medicina para escritores de Osvaldo Reyes. Si quieres recibir todas las lecciones en tu correo, escribe a la  dirección de mail que encontrarás en la sección contacto, indicando en el asunto "Medicina para escritores" y te las enviaremos a medida que las publiquemos.
 
Osvaldo Reyes (Panamá, 1971)
estudió medicina en la Universidad de Panamá y luego se especializó en Ginecología y Obstetricia en la Maternidad María Cantera de Remón. Actualmente labora como médico especialista en la Maternidad del Hospital Santo Tomás, donde también ejerce funciones como Coordinador de Investigaciones. Es profesor de la Cátedra de Obstetricia de la Universidad de Panamá y miembro del Sistema Nacional de Investigadores.
 

Ferviente lector y escritor del género negro, con ocho libros (El Efecto Maquiavelo, En los umbrales del Hades, Pena de muerte, La estaca en la cruz, Sacrificio, El canto de las gaviotas, El cactus de madera y Asesinato en Portobelo) y dos colecciones de cuentos (13 gotas de sangre y 13 candidatos para un homicidio) publicados a la fecha. Sus relatos forman partes de diferentes antologías (Escrito en el agua, Pólvora y sangre, Círculo de Lovecraft # 9) y es ganador del Primer Premio de Narrativa Corta (2017) del Panama Horror Film Fest. Osvaldo Reyes coordina la jornada dedicada al género negro en Latinoamércia de nuestra Semana Negra en la Glorieta


«Disecando la mente del escritor» (I). Osvaldo Reyes

Inauguramos en esta VII SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA una sección de entrevistas a escritores de novela negra que, a partir de ahora, publicaremos cada mes en Cita en la Glorieta. La sección va a correr a cargo de nuestro admirado Osvaldo Reyes, pero para esta primera entrega se nos ha ocurrido que él, que a partir del mes que viene va a ejercer de diseccionador, podía hacer para esta ocasión el papel de diseccionado. Y, como nuestro querido amigo vale para un roto y un descosío,  en cuanto se lo propusimos se tumbó en la mesa de disección. Así que, sin más preámbulos,  entremos ya en la mente de nuestro primer escritor diseccionado: Osvaldo Reyes

«Disecando la mente del escritor» (I). Entrevista con Osvaldo Reyes por Equipo de Redacción
1. Hablemos de tus inicios. ¿Cómo terminaste escribiendo libros de crímenes y misterios?

Desde que tengo uso de razón me gustó leer. Me inclinaba por los clásicos de aventura. Los libros de Julio Verne, de Salgari, de Stevenson o London fueron mis primeros compañeros. Eso fue hasta que un día descubrí que mi escuela tenía una biblioteca. Fui sin saber qué esperar y lo que me encontré fue a la encargada (la señora Elizabeth) mirándome con curiosidad. Algo debió ver en mis ojos, porque lo siguiente que hizo después de pedirme que me acercara, fue llenar mi tarjeta y prestarme un libro. Era una historia desde el punto de vista de un lagarto en los Everglades. No puedo recordar su nombre, pero me fascinó hasta la última página. Cuando lo regresé y le dije que quería leer más, ella me dejó entrar al depósito donde tenían todos los libros y escoger algo que me llamara. Por alguna razón me atrapó la colección de Los Cinco Pesquisidores de Enid Blyton y ese fue el principio. Me leí la colección entera sin parar. Como el Destino juega con la vida de las personas, justo cuando tenía el último libro en mis manos, una prima me vio y me dijo que debía tratar con Agatha Christie. Me prestó Cianuro espumoso y esa fue una experiencia trascendental en mi vida. Puedo recordar el momento exacto cuando lo terminé y pensé “quiero más”. El género negro me había atrapado y ya no había vuelta atrás.

Un par de años después, ya en secundaria, un profesor de español hizo un concurso en el salón. Teníamos que escribir un cuento, tema libre. Yo, que ya era fanático de
Agatha Christie, escribí una historia que llamé Cuando los peces lloran y descubrí un nuevo mundo. El de la creación de tramas, el imaginar personajes y paisajes. Después de ese día, cada vez que tenía tiempo, inventaba una historia nueva. Siempre de misterio. Las escribía en una vieja computadora, en un programa que ya no existe (Wordstar) y una impresora matricial acompañaba sus nacimientos. Muchos de esos cuentos han desaparecido, pero no el amor a escribir que nació con la experiencia. Heme aquí, décadas después, haciendo lo mismo.

2. Es curioso que menciones a Agatha Christie. Con todos los libros que han pasado por tus manos, leídos o creados, ¿piensas que era una buena escritora o está sobrevalorada?

Siento que mi respuesta va a estar sesgada. Crecí leyendo sus libros y el deseo de escribir nació en mi gracias a ella. Los recuerdos de cada una de sus páginas están demasiado entrecruzados con mis propias huellas mnémicas. Ahora, aun bajo esta advertencia, siento que la evidencia habla por sí sola. Miles de lectores la descubren cada año y quedan atrapados por sus historias. Creo que eso es lo que hace a un escritor inmortal. La capacidad de romper la barrera del tiempo y encantar a generación tras generación.
 
Reconozco que no todos sus libros son buenos, eso es parte del proceso crítico de cualquier lector. Nunca me gustaron los relatos del detective Parker Pyne, detective del corazón (una creación propia de su vena romántica) y algunos de sus últimos libros, los que escribió cuando, por lo menos eso sospechan los expertos, presentaba los primeros estadios de Alzheimer (por ejemplo, La puerta del destino). Sin embargo, todavía puedo tomar uno de sus clásicos, volverlo a leer y disfrutarlo. ¿Les mejoraría algo de tener yo el permiso? Creo que sí. Más profundidad a los personajes secundarios y menos pistas innecesarias, pero eso significaría criticar con un lente moderno a un libro escrito entre 1920 y 1970. Los libros deben ser evaluados en el contexto en que fueron escritos. ¿Había otros escritores de talento en esa época? Por supuesto. Raymond Chandler, por ejemplo, publicó muchos de sus libros entre 1939 y 1959. Eran estilos dispares, sus vivencias provenían de sociedades en lados contrarios del mundo. Lo bello de la literatura es eso. Yo, el día de hoy, puedo leer un libro de la Dama del Crimen y después uno de Chandler y disfrutar ambos. Las razones serán distintas, pero la sonrisa en mis labios será la misma.

3. ¿Quién te influyó más? ¿Agatha Christie o Chandler?

La respuesta es que ambos, pero en momentos diferentes. Cuando empecé a escribir, Agatha fue mi mayor influencia. Me gustaban sus libros con los enigmas y los misterios hasta la última página. Mis primeros cuentos tenían mucho de ella. Luego, cuando escribí mi primer libro, mis principales lecturas venían de Estados Unidos y en ellas era frecuentes la presencia de algún asesino en serie. No es de extrañar que mi primer libro El efecto Maquiavelo gire alrededor de uno de estos personajes. El escenario es un hospital y hay otro misterio por resolver en la trama (
Agatha en acción), pero creo que el escritor se ve influenciado por los libros que lee. Después de que salió publicado ese primer libro, me puse a leer más novela negra de otros países y descubrí todo un mundo. Los españoles no escriben igual que los nórdicos o los griegos. Hay similitudes, pero hay grandes diferencias. En ese proceso descubrí a Chandler y fue toda una revelación. Gracias a él decidí explorar a los otros pilares del género hard boiled, lo que me trajo de vuelta a un estilo de escritores de Estados Unidos muy diferente al que abunda hoy en día.

4. A la hora de desarrollar una trama, ¿de dónde sacas la inspiración?

De lo que me rodea. Nunca se sabe qué puede funcionar como gatillo para una historia. Cuando veo un paraje que pienso puede ser útil en un libro, cuando conozco a alguien con características que merecen ser explotadas en un personaje o veo algo que simplemente me llama la atención, lo guardo en una carpeta de mi computadora para futuros usos. Así mismo, archivo ideas para historias. Puede ser una trama completa o solo el final o el principio. Otras veces, la idea es tan poderosa que la debo usar de una vez. Eso me pasó con El canto de las gaviotas.
Un grupo de jóvenes en una playa jugaron a enterrar a una muchacha en la arena y subieron la foto a internet. Cuando la vi, mi mente desarrolló esa imagen en toda una novela. La imaginé caminando por una playa en el amanecer, las gaviotas de fondo, las olas del mar rozando sus pies. De repente se detiene a sentir el sol... y una escopeta la empuja para que siga caminando. Un hombre enmascarado la lleva a un sitio específico para enterrarla viva. Dejé lo que estaba haciendo y escribí ese primer capítulo. No tenía idea de cómo seguiría la trama o por qué, pero esas páginas tenían fuerza. Recordé un final que tenía archivado y decidí que estos dos conceptos debían ir juntos. El resto es historia.

5. Entonces, ¿no planeas tus tramas?

La mayoría de las veces no lo hago. Con El efecto Maquiavelo planee hasta el último detalle. Tenía un mapa que iba de un capítulo al siguiente. Si en el camino pensaba que algo me faltaba, lo agregaba, pero no me salía del plan trazado. En los siguientes libros tomé un abordaje más liberal. Para El canto de las gaviotas tenía solo el principio y el fin. En Asesinato en Portobelo tenía una guía histórica sobre la cual iban actuando los personajes. Creo que cada libro tiene su forma de abordar el proceso, pero me gusta más no tener un guion. Que la historia crezca por donde le parezca y en el camino voy podando lo que no se necesita.

6. Hablando de Asesinato en Portobelo, tu primera novela histórica, ¿sientes que fue más fácil o más difícil que los demás libros?

Fue más difícil, pero más que nada por el proceso de preparación previa. En la mayoría de los libros puedo ir trabajando sobre la marcha. Si tengo algo que leer o investigar, lo hago y prosigo con la historia. En Asesinato en Portobelo, una novela negra histórica ambientada en Panamá del siglo XVII, tuve que empaparme de un mundo nuevo. Los eventos históricos guían, pero toda la ambientación me era desconocida. Tuve que revisar archivos, artículos de historiadores o arqueólogos, visitar museos (tanto en Panamá como en Jamaica), para tener esos detalles. La vida de un pirata en Port Royal era muy diferente a la de un soldado en Portobelo. Sus formas de ver el mundo eran distintas, sus alimentos variaban. Saber cómo era su día a día, cómo eran sus utensilios más elementales, sus casas, sus calles, de qué lado salía el sol, en fin, esos pequeños detalles que le dan vida a la historia, requiere trabajo e investigación. Tuve que leer cientos de artículos y libros por más de seis años para poder sentirme confiado de que tenía lo mínimo necesario para enfrentarme a ese libro. No me arrepiento del esfuerzo y tengo la ventaja de que, si quiero regresar a las Indias Occidentales (como es mi plan con dos libros más), ya conozco parte del mundo. Espero sea más fácil, pero lo dudo.

7. Tienes 11 libros publicados hasta la fecha. Uno por año. ¿Te cuesta trabajo imaginar una trama?

Ese es un punto sobre el cual no tengo problemas. Siempre ando buscando ideas y cuando las encuentro, lo apunto de una vez en mi computadora o lo grabo en el celular hasta llegar a casa. Tengo un archivo con potenciales libros para las próximas dos décadas. No conozco todos los detalles, pero los suficientes como para tener una idea básica. Cuando termino un manuscrito, si no tengo una idea rondando en mi cabeza, reviso mi archivo y escojo un tema. Lo que me falta es tiempo para escribir.

8. No me extraña. Eres médico y escritor. ¿De dónde sacas el tiempo?

Tengo mi rutina y, al final, todo es un asunto de organización. Cuando estoy trabajando con una historia, escribo un mínimo de 5 páginas por día. Si sacas las cuentas, eso me permite tener un libro de 300 páginas en 2 meses. Después de que tengo ese borrador crudo, entonces lo paso por varios filtros de edición: mi esposa, revisión de audio y dos o tres lecturas adicionales. Solo entonces se los paso al corrector de estilo/editor de turno. El punto es que, en un año, puedo tener un libro listo. Escribo de noche, cuando todos duermen. Los tranques los aprovecho para pensar la historia, para resolver nudos o posibles tramas alternas. Cuando llega la hora de escribir, ya tengo una idea de qué rumbo espero que tome el libro.

9. ¿Usas pluma o computadora para escribir?

Computadora y audio. No es excusa, pero sufro la maldición de la “letra del médico”. Si trato de escribir mis libros en un cuaderno, cuando llega la hora de pasarlos en limpio, muchas veces ni mi propia letra entiendo. Para mí, la llegada de los expedientes electrónicos es una bendición. Es por eso que, para escribir, prefiero usar la computadora. Puedo garabatear una idea o una línea interesante en una factura, pero hasta allí. Como complemento, a veces grabo secciones o capítulos enteros mientras voy manejando. Cuando llego a casa, lo escucho y si me suena bien, entonces lo reescribo. Es un poco redundante, pero siento que el texto queda más pulido cuando lo hago de esta manera.

10. A la hora de investigar, ¿libro físico o digital?

En cuanto a investigaciones, digital. Nunca sé qué información puedo requerir y el mundo digital me permite tener acceso a todo tipo de datos. Además, si lo que requiero es muy técnico, lo mejor es recurrir a revistas del tema. Cada artículo requiere que su autor busque decenas de fuentes para darnos el destilado de lo más importante. De ellas pueden salir joyas útiles al momento de relatar algo. Por ejemplo, para
Asesinato en Portobelo leí cientos de artículos y en uno de ellos, buscando detalles legales de la época, encontré la descripción de la tortura de un prisionero para sacarle una confesión. Pude usar ese proceso como base para una escena de media página en mi historia. Parece poco para una novela de más de 500 páginas, pero esos detalles son los que le dan realismo al libro y espero que el lector aprecie el esfuerzo.




Puedes acceder al programa de la SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, festival virtual del género negro celebrado del 21 al 27 de noviembre en el blog de Historia y Literatura CITA EN LA GLORIETA, pinchando AQUÍ.

Osvaldo Reyes (Panamá, 1971)
estudió medicina en la Universidad de Panamá y luego se especializó en Ginecología y Obstetricia en la Maternidad María Cantera de Remón. Actualmente labora como médico especialista en la Maternidad del Hospital Santo Tomás, donde también ejerce funciones como Coordinador de Investigaciones. Es profesor de la Cátedra de Obstetricia de la Universidad de Panamá y miembro del Sistema Nacional de Investigadores.
 

Ferviente lector y escritor del género negro, con ocho libros (El Efecto Maquiavelo, En los umbrales del Hades, Pena de muerte, La estaca en la cruz, Sacrificio, El canto de las gaviotas, El cactus de madera y Asesinato en Portobelo) y dos colecciones de cuentos (13 gotas de sangre y 13 candidatos para un homicidio) publicados a la fecha. Sus relatos forman partes de diferentes antologías (Escrito en el agua, Pólvora y sangre, Círculo de Lovecraft # 9) y es ganador del Primer Premio de Narrativa Corta (2017) del Panama Horror Film Fest. Osvaldo Reyes coordina la jornada dedicada al género negro en Latinoamérica de nuestra Semana Negra en la Glorieta


 
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Lecciones de Medicina para escritores (4), por Osvaldo Reyes

MEDICINA PARA ESCRITORES 
por Osvaldo Reyes
Lección 1: La bala asesina
Lección 2: Sangre
Lección 3: De abortos y golpes
Lección 4: El dulce veneno del asesinato
Lección 5: El conocimiento es poder
Lección 6: Todo está conectado
Lección 7: No te recuerdo
Lección 8: Conversaciones con la muerte
Lección 9: La huella perdida
Lección 10: El peso del agua

La lección de anatomía del Dr. Nicolaes Tulp
(Rembrandt)


Lección 4: El dulce veneno del asesinato
por Osvaldo Reyes
Paracelso, un alquimista y médico suizo, es considerado por muchos como el padre de la toxicología, la ciencia que estudia las dosis, naturaleza y los mecanismos de acción de los tóxicos o venenos. La razón es que fue el responsable de una frase que se convirtió en la máxima de la disciplina: “Dosis sola dacit venenum”, que podemos traducir por “La dosis hace el veneno” o “Todo es un veneno, lo que cambia es la dosis”.
   
Hay venenos en todas partes. La nuez moscada en pequeñas cantidades es saludable, pero en dosis altas puede provocar alucinaciones y/o convulsiones debido a que contiene una sustancia llamada miristicina. Es por eso que el aceite esencial de nuez moscada está clasificado dentro del grupo de los estupefacientes y narcóticos.
   
Ahora, digamos que lee en alguna parte que las semillas de manzana tienen cianuro (lo cual es cierto) y decide escribir una historia en donde el asesino tritura las semillas de las manzanas del huerto de la víctima. Las razones dependen de la trama que usted haya creado en su cabeza. En el segundo en que su personaje muera de esta forma, usted habrá cometido un error fatal de investigación. La razón es que las semillas de las manzanas tienen dosis muy baja de cianuro. Para alcanzar un nivel tóxico tendría que comerse 200 semillas o masticar muy bien veinte corazones de la fruta. Si su asesino usó solo diez manzanas, lamento decirle que su víctima, en el mundo real seguirá caminando para cometer actos despreciables.
   
Cada veneno tiene sus peculiaridades. La toxina de la serpiente inyectada matará a su personaje, pero ingerida, no le hará ni cosquillas (a menos que tenga una úlcera estomacal abierta, en cuyo caso se envenenará y morirá). El punto es que, si quieren usar un veneno para cometer su próximo crimen, tiene que leer sobre la droga. No solo el cuadro clínico, que siempre es útil para ese momento crítico en su obra, cuando la víctima debe sucumbir al veneno. Tienen que leer la letra menuda: mecanismos de acción, formas de absorción, medicamentos o sustancias que alteran sus efectos, vida media, dosis letal y todo cuanto puedan sobre su molécula de elección.
   
Cuando leí “La cajita de rapé” de Javier Alonso García-Pozuelo, tuve un momento de pánico literario, ya que el autor describe el cadáver de una criada que murió asesinada. Cuando el inspector Benítez revisa sus ojos, ve sus pupilas y las describe como unos pequeños puntos. Al morir y el cerebro dejar de funcionar, las pupilas se dilatan, no hacen lo contrario. Casi cierro el libro allí mismo, hasta que recordé que el autor es médico. Por supuesto, no era un error, sino que la víctima había sido drogada con láudano, una tintura alcohólica de opio. La descripción iba acorde con el veneno/droga y esos detalles son los que elevan la calidad de un manuscrito.

Observando al profesor que, sentado en una silla desvencijada, a la luz de un candil de aceite, hablaba con el hombre aprisionado con grilletes de hierro en las muñecas y los tobillos, tirado sobre un viejo jergón puesto en el suelo y con un mal vendaje en torno a la cintura. Aquel rumor de palabras en voz baja, susurros casi siempre, mientras la llama aceitosa hacía brillar la piel grasienta del jabonero y relucía en sus pupilas dilatadas por una gota de láudano —una sola— vertida en un vaso de agua. Quiero tenerlo lúcido y sin demasiado dolor, había explicado Tizón. Capaz de razonar. Sólo un rato y para que ustedes charlen. Después dará lo mismo que le duela o no.

El asedio, Arturo Pérez Reverte (Alfaguara, 2010)
Una experta en el tema era la Dama del Crimen, Agatha Christie. “El misterioso caso de Styles”, el primer libro donde aparece el grandioso Hercule Poirot, es una cátedra en la química de la estricnina. Sus descripciones eran tan exactas y bien construidas que, y esto es una historia real, en junio de 1977 una enfermera llamada Marsha Maitland, mientras cuidaba a una niña de 19 meses que estaba hospitalizada por una rara enfermedad, le llamó la atención que los síntomas de la pequeña eran muy similares a los de las víctimas del libro que leía en ese momento: “El misterio de Pale Horse”.  En esta obra, el asesino usaba talio, un metal usado en venenos para ratas en el Medio Oriente. Gracias a la descripción de Agatha Christie, la pequeña empezó a recibir el tratamiento indicado para su condición y en cuatro meses se pudo ir a casa.
   
Un buen trabajo siempre recibe sus recompensas.

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Osvaldo Reyes (Panamá, 1971)
estudió medicina en la Universidad de Panamá y luego se especializó en Ginecología y Obstetricia en la Maternidad María Cantera de Remón. Actualmente labora como médico especialista en la Maternidad del Hospital Santo Tomás, donde también ejerce funciones como Coordinador de Investigaciones. Es profesor de la Cátedra de Obstetricia de la Universidad de Panamá y miembro del Sistema Nacional de Investigadores.
 

Ferviente lector y escritor del género negro, con ocho libros (El Efecto Maquiavelo, En los umbrales del Hades, Pena de muerte, La estaca en la cruz, Sacrificio, El canto de las gaviotas, El cactus de madera y Asesinato en Portobelo) y dos colecciones de cuentos (13 gotas de sangre y 13 candidatos para un homicidio) publicados a la fecha. Sus relatos forman partes de diferentes antologías (Escrito en el agua, Pólvora y sangre, Círculo de Lovecraft # 9) y es ganador del Primer Premio de Narrativa Corta (2017) del Panama Horror Film Fest. Osvaldo Reyes coordina la jornada dedicada al género negro en Latinoamérica de nuestra Semana Negra en la Glorieta