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«La Novela Procedimental», por Julio César Cano

«La Novela Procedimental», por Julio César Cano
La Semana Negra en la Glorieta es el punto de reunión al que llego cada año entusiasmado por las actividades que se realizan. Ahora celebramos la séptima edición y es especial por motivos de sobra conocidos. La Semana Negra en la Glorieta no se detiene, continúa, perpetúa su existencia. Tengo el honor de participar año tras año y me siento muy orgulloso de ello.

Para esta ocasión, mi querido amigo y colega Javier Alonso García-Pozuelo me escribió uno de sus optimistas mensajes desde el otro lado del Océano; una de esas misivas en las que suele despedirse con su habitual: «Abrazos desde este lado del charco»; y yo me lo imagino saltando de avión en avión, de taxi en taxi, en Colombia, en la República Dominicana o en Panamá. El caso es que se puso en contacto para pedirme que escribiera un artículo sobre Novela Procedimental. Sí, había leído bien, novela procedimental, tal cosa me solicitaba el autor de La cajita de rapé. Confieso que al principio pensé que se estaba cachondeando de mí –como escritor me refiero-; que había llegado a la conclusión de que mi procedimiento procedimental –disculpen la redundancia- puede resultar caprichoso en ocasiones. Que había descubierto que me permito licencias que otros escritores, también amigos y colegas admirados, cumplen a rajatabla como si de un manual de instrucciones se tratara.

Inmerso en las correcciones de la que será la quinta novela del inspector Monfort, el texto sobre novela negra procedimental hervía en mi cabeza desde el momento en el que, como no podía ser de otra forma, accedí a los deseos de Javier. ¿Quién soy yo para declinar la oferta de un tipo capaz de crear una novela sobre un inspector de Policía en el Madrid del siglo XIX? «Él sí que debe saber del asunto procedimental», pensé.

La cuestión es que yo crecí con Hércules Poirot, con Sherlock Holmes, con C. Auguste Dupin, con Philip Marlowe o con Jules Maigret de George Simenon que introdujo la gastronomía en el género y fue el gran inspirador de Andrea Camilleri, Leonardo Padura, Petros Márkaris o Manuel Vázquez Montalbán entre muchos otros.

El caso es que cuando me puse los pantalones largos todavía no era capaz de discernir si era novela procedimental o qué demonios era aquello que escribían; aunque tampoco creo que conociera tal concepto cuando se me pelaban las rodillas.

Yo leía las aventuras de esos personajes porque acababan bien; tenían un, digámoslo así, final feliz. Como lectura de entretenimiento también –ese concepto que tanto incomoda a los puristas de la novela negra y que me recuerda a los del flamenco, con sus estilos cortados a patrón y donde nadie puede salirse de los cánones establecidos.

Con la llamada novela procedimental aparece en escena un universo en el que las personas que deben resolver un caso, ya sean policías o detectives, ejecutan su trabajo a la perfección. Los medios científicos para descubrir al asesino adquieren relevancia en el texto; se trabaja en equipo dejando de lado al policía solitario que investiga por su cuenta. En la novela procedimental se trabaja por y para el crimen y cada personaje ocupa su posición: policías, detectives, fiscales, médicos forenses –cada vez más resolutivos- y agentes que acatan las órdenes de un superior. En definitiva, que los protagonistas deberán ponerse manos a la obra en busca de pistas, huellas, detalles, resquicios que no deberían escapar a ojos de un buen investigador que se precie para, entre todos, resolver el caso que les atañe.

Desde la novela de misterio, que a mi modo de ver fue el desencadenante de todo lo demás, pasando por la novela policíaca, la novela negra, el Hard-Boiled o la novela enigma, hasta llegar a los Domestic Noir o Rural Noir tan en boga en la actualidad, absolutamente todos los escritores utilizan un procedimiento, sea el que sea. Un tratamiento procedimental que el propio autor lleva a cabo a través de sus personajes, ya sea completamente fiel a los estándares o aunque decida permitirse ciertas licencias para que la obra lleve al lector al punto culminante en el que tras cerrar el libro quede satisfecho con lo que ha leído.

El procedimiento, para aquellos que nos importan poco las normas preestablecidas y los estereotipos recalcitrantes, no es otro que el trabajo bien hecho.


Poco más puedo contarles, salvo recomendarles que lean y sean felices de una forma que no necesariamente deba ser estrictamente procedimental.


¡Larga vida a la Semana Negra en la Glorieta!.




© Julio César Cano
Autor de los casos del inspector Monfort:
Asesinato en la plaza de la farola (Maeva, 2015)
Mañana, si Dios y el diablo quieren (Maeva, 2015)
Ojalá estuvieras aquí (Maeva, 2017 – Galardón Letras del Mediterráneo de Novela Negra 2017).

Flores muertas (Maeva, 2019).


Puedes acceder al programa de la SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, festival virtual del género negro celebrado del 21 al 27 de noviembre en el blog de Historia y Literatura CITA EN LA GLORIETA, pinchando AQUÍ.

Julio César Cano
- Fotografía de Manuel Navarro Forcada -

Julio César Cano (1965, Capellades, Barcelona), trabajó en el negocio familiar hasta que el mundo de la música llamó a su puerta. Durante varios años ejerció como músico y mánager de grupos. Actualmente se dedica a la publicidad, actividad que compagina con la escritura.
 

Como autor, es conocido tanto por sus ensayos y artículos sobre gastronomía y viajes, como por sus novelas y relatos, entre ellos Cocina, carretera y manta y Hojas de otoño. Flores muertas es la cuarta investigación del inspector Monfort, que sigue a Ojalá estuvieras aquíMañana, si Dios y el diablo quierenAsesinato en la plaza de la Farola.
 

Reside junto a su familia en La Pobla Tornesa, provincia de Castellón, donde transcurre la serie del inspector Monfort.

Reseña de «Vindicta», por Miguel Izu

Reseña de «Vindicta» (III Antología Negrocriminal Cruce de Caminos). Cruce de Caminos, 2020. 
por Miguel Izu
En España, escribir relatos o cuentos ha tenido tradicionalmente poco predicamento, por alguna razón todo el prestigio del género narrativo se ha acumulado en la novela. Parecería que escribir una narración corta es un entretenimiento de autores poco trabajadores o con facultades limitadas, lo cual está muy alejado de la realidad. Recordemos aquella frase de Blaise Pascal, “disculpe si he escrito esta carta tan larga, no he tenido tiempo de hacerla más corta”. Esta marginalidad del relato es particularmente visible en el género policíaco, negro o criminal, en llamativo contraste con lo que sucede en el mundo anglosajón, donde se creó y donde seguimos encontrando los principales referentes. Escribir relatos en los países de habla inglesa no solo ha sido una actividad reconocida, sino que desde siempre han existido revistas especializadas en publicarlos. A diferencia de lo que sucede en nuestro país, muchos autores clásicos han acostumbrado a publicar en esas revistas buena parte de su obra. Edgar Allan Poe publicó originalmente Los crímenes de la calle Morgue en Graham's Magazine, de Filadelfia; Wilkie Collins publicó relatos en Household Words o All the Year Round, revista que dirigía su amigo Charles Dickens, y en esta también dio a conocer por capítulos sus novelas La dama de blanco y La piedra lunar; Conan Doyle publicó muchos de los casos de Sherlock Holmes en The Strand Magazine; Agatha Christie publicó abundantemente también en The Strand, The Sketch, The Grand Magazine o The Story-Teller; Dashiell Hammett en Black Mask o The American Magazine, Raymond Chandler en Detective Fiction Weekly, The Fortnightly Intruder o Dime Detective. De modo similar, el comisario Maigret de Georges Simenon frecuentó el Paris-Soir-Dimanche o el Police-Film. En nuestro país, que se publiquen revistas como las citadas, o que los diarios o semanarios publiquen narrativa, ha resultado bastante más raro. Cuando se han publicado relatos, usualmente ha sido bajo la forma de recopilación en un libro. Recuerdo que, en una edición de Pamplona Negra, le preguntaron a Alicia Giménez Bartlett cómo sabía si una historia daba para una novela o para un relato y respondió que no tenía ni idea; que ella solo había escrito relatos cuando se los habían encargado, de lo contrario su tendencia natural era escribir novelas. Creo que revelaba bien nuestra cultura literaria al respecto.
   
Sin embargo, en los últimos años el panorama está cambiando y ahora mismo se cultiva mucho el relato. Pienso que un factor decisivo en el cambio ha sido internet. Seguimos sin tener apenas revistas en papel dedicadas a publicar narrativa, pero tenemos cada vez más revistas digitales y blogs literarios, y tenemos muchísimos certámenes y premios de relatos y de microrrelatos que funcionan principalmente a través de la red. La facilidad de publicar a coste muy bajo ha multiplicado la actual presencia del relato en todos sus géneros y, en lo que aquí nos interesa, muy claramente en el género policíaco, negro o criminal. Y aquí vamos a reseñar una publicación que tiene su origen es este fenómeno.

Vindicta, que lleva como subtítulo el de III Antología Negrocriminal Cruce de Caminos, se debe a una iniciativa individual, la de David Gómez Hidalgo, matemático y profesor de secundaria de profesión, y lector voraz, escritor y editor por afición. Mantiene un recomendable blog literario, a través del cual realiza periódicamente una convocatoria abierta de relatos negrocriminales en castellano. La antología de la que aquí nos ocupamos proviene de la tercera de ellas, la de 2019. Todos los relatos seleccionados tienen un tema común, ya sugerido en el título: la venganza.

Como no podía ser de otro modo,  los relatos de la antología son tan variados como sus autores. Sin destripar las historias, diré que las visiones de la venganza que nos ofrecen no son menos heterogéneas. Hay venganzas que se sirven, no solo frías como manda la receta tradicional, sino muy cuidadosamente planeadas, tendiendo una enrevesada trampa a la víctima. Hay venganzas no planeadas, fruto de un arranque de ira, otras que provienen de una obsesión o de un delirio. Venganzas que quedan impunes y otras que reciben su condena. Ejecutadas por manos femeninas o masculinas, con violencia brutal o con medios refinados, con pasión o por dinero. Que castigan una infidelidad, una traición, un abuso, una humillación, un suplicio infligido con intención o de modo involuntario, un crimen. El libro se abre con una cita de Alfred Hitchcock: “La venganza es dulce y no engorda”. Pero, con frecuencia, los relatos le dan un sabor muy amargo. Como se afirma en el prólogo, aunque la venganza sea un fenómeno humano tan corriente como el amor o el odio, no nos devuelve aquello que buscamos, aquello que nos arrebataron.

Ficha:

Vindicta (III Antología Negrocriminal Cruce de Caminos)
VV. AA.
Cruce de Caminos, 2020
ISBN: 979-8630960573
ASIN: B086G2YWNB
205 páginas.

Contenido:

Prólogo, por Pablo Poveda.
Tambores vacíos, de Laura Pérez Caballero  (Mieres, Asturias, 1976).
¿Y qué haremos ahora, Amanda?, de Enrique de la Cruz  (Madrid, 1978).
El Mustang, de Alejandro Moreno Sánchez  (Crevillent, Alicante, 1982).
La Virgen Santísima y yo, de Mario Marín  (Aroche, Huelva, 1971).
Regalos de Navidad, de Manuel J. Linares (Valladolid, 1969).
Un mal día para dejar de fumar, de David Gómez Hidalgo (Begur, Girona, 1973). 
Artículos de jardinería, de Núria Martínez  (Barcelona).
El último caso de Eugenio Agenjo, de Juanma Ramírez  (San Fernando, Cádiz, 1972).
Retiro forzoso, de William C. Rilley  (Sevilla, 1980).
Plan de sábado, de José Javier Navarrete  (Madrid, 1964).
Tinta roja, de Alicia del Rosario (Oviedo, 1982).

Puedes leer uno de los relatos contenidos en esta antología, pinchando AQUÍ.


es doctor en Derecho y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Funcionario del Gobierno de Navarra, vocal del Tribunal Administrativo de Navarra. Ha ejercido como abogado y como profesor asociado de Derecho Administrativo en la Universidad de Navarra y en la Universidad Pública de Navarra. Ha colaborado con la Escuela de Policía de Cataluña y colabora regularmente con la Escuela de Seguridad de Navarra. Ha sido concejal del Ayuntamiento de Pamplona, presidente de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona y miembro del Parlamento de Navarra. Colabora asiduamente en diversos medios de comunicación (principalmente, en Diario de Noticias y Solo Novela Negra) y revistas profesionales. Secretario de la Asociación Navarra de Escritores/as-Nafar Idazleen Elkartea. Obras: Novela: El asesinato de Caravinagre (2014); El crimen del sistema métrico decimal (2017), El rey de Andorra (2018). Relato: “Un asunto privado”, en 24. Relatos navarros (2016); “Una cuenta pendiente”, en Solo Novela Negra (2016); “El vino del francés”, en El alma del vino (2017); “Un móvil para un crimen”, en la III Semana Negra en la glorieta (2017). Ensayo: La Policía Foral de Navarra (1991), Navarra como problema. Nación y nacionalismo en Navarra (2001), El Tribunal Administrativo de Navarra (2004), Derecho Parlamentario de Navarra (2009), El régimen jurídico de los símbolos de Navarra (2011, VII Premio Martín de Azpilicueta), El régimen lingüístico de la Comunidad Foral de Navarra (2013). Recopilación de artículos de prensa: Sexo en sanfermines y otros mitos festivos (2007), Crisis en sanfermines y otros temas festivos (2015). Página web: https://mizu38.wixsite.com/miguelizu

«Montalbano o La estrategia del cangrejo», por Antonio Parra Sanz

«MONTALBANO O LA ESTRATEGIA DEL CANGREJO», por Antonio Parra Sanz
La pupila nunca era azul y los cangrejos no caminan hacia atrás, sino de lado, pero la literatura es tan hermosa que está hecha de mentiras que damos por buenas, como el hecho de creer que un buen manjar es capaz de alimentar también nuestro espíritu, algo que no es totalmente cierto, ni mucho menos, y por eso Salvo Montalbano se guarda, tras comer como un rey en la trattoria de Enzo, el as en la manga de sentarse en aquella piedra plana junto al faro de Vigata, a conversar con su amigo el cangrejo.

Ahora que su padre, Andrea Camilleri, nos ha dejado para participar en un festín perpetuo y olímpico junto a Georges Simenon y Manuel Vázquez Montalbán, podemos jugar a pensar que en ese cangrejo se refugiaba el alma del autor siciliano, presto siempre a escuchar las confidencias que su hijo literario más querido, o al menos el más pródigo en apariciones, quisiera hacerle, aunque algunas veces fueran en forma de queja o ajuste de cuentas.



Andrea Camilleri
- Fotografía de Marco Tambara -

Sería un disparate negar hoy la importancia que ha adquirido Salvo Montalbano entre los detectives literarios, se ha convertido en alguien tan legendario como Sherlock Holmes, Dupin, Maigret, Carvalho, Marlowe o cualquier otro que el lector tenga a bien añadir a la lista, Wallander, Brunetti, Bosch, Miss Marple, Bevilacqua, Delicado, etc. Y si ha llegado a este punto es por sus numerosas apariciones, por las traducciones, por las versiones televisivas, si ahora Montalbano es legendario es por su dimensión humana, con lo bueno y lo menos bueno, con sus cientos de caras y caracteres que trataremos de descifrar desde un prisma literario e incluso psicológico.

Las instituciones y la mafia
Uno de los quebraderos de cabeza del bueno de Salvo se lo proporcionan siempre las instituciones, empezando por la suya propia, los superiores policiales le provocan un deseo irrefrenable de rebeldía e insumisión, que suele terminar en una tomadura de pelo, más o menos evidente, y le lleva a reírse de ellos como hemos visto con Lattes y Bonette-Alderighi. Por otro lado, siente alergia por todo lo que huela a burocracia, con esos expedientes que se convierten en columna eterna y poco salomónica, y sus combates dialécticos con el forense los recordaremos siempre, al igual que su aversión hacia los abogados, notarios y carabineros. ¿Son rasgos antisociales? No, pero sí nos muestran a una autoridad que tiene problemas con la autoridad. Paradójico.

Como paradójica es también la relación que mantiene con los Sinagra y los Cuffaro, las dos familias que dominan el cotarro mafioso en Vigata, y a las que no duda en utilizar cuando su participación u omisión le pueden favorecer en alguno de sus casos. No estamos, por tanto, ante un cruzado, sino ante un siciliano que no tiene más remedio que convivir con la mafia, y moverse entre sus aguas con el instinto del que quiere sobrevivir. Lógico y comprensible.

Los medios de comunicaciónMenos comprensible es el odio que le profesa uno de los periodistas de Vigata, Pippo Ragonese, quien persigue al comisario con tanta saña como poco éxito, poniéndolo en cuanto puede a los pies de los caballos televisivos. Por el contrario, hay otro profesional amigo de Montalbano, que sí colabora con las fuerzas policiales siempre que puede. Estamos, por lo tanto, ante la cara y la cruz del cuarto poder, pero un poder que el comisario usa cada vez que puede, eso sí, en pro de la justicia y la verdad.

Las mujeres

Las verdades sentimentales, en cambio, son harina de otro costal, Salvo es un soltero irredento, y las discusiones peregrinas con Livia así lo demuestran, Camilleri nunca lo dijo pero dejó ver bien a las claras que Montalbano nunca sería hombre de vicaría ni de perder independencia y costumbres. De ahí alguna aventurilla que le conocimos a Salvo con cierta sueca y la pasión con la que le trata también su asistenta Adelí, enemiga irreconciliable de la ausente Livia. Ni mujeriego ni disoluto, algún canon del género debía romper este hombre que a ratos roza la misoginia inconsciente.

La cocina
En lo que sí hay mucha pasión es en lo gastronómico, ahí la sombra de Carvalho y Montalbán es alargada, pero también la del propio Camilleri. Ningún lector se habrá podido sustraer a las salivaciones al entrar en casa de Enzo, o al abrir el horno previamente avituallado por Adelí. Envidia de gourmets y de los mejores cocineros. Señores lectores, señores autores del resto de Europa, en el sur se come, que parece que por el norte del continente los detectives vivan del aire.

Los subordinados
Del aire tampoco viven los policías a los que manda Montalbano, pero sí reflejan muy bien sus principales carencias, y para ello los puso ahí Camilleri, para remediar esos defectos de comisario, o para paliarlos al menos. A saber, Mimì Augello le ayuda con la psicología femenina, Catarella conserva la inocencia que le falta al comisario, Fazio la capacidad memorística y analítica, y Gallo la pericia al volante. Podemos decir que entre todos le completan, pero a él le cabe el honor de saber manejarlos, tampoco le podemos privar de todos los méritos.

Herencias literarias
Y si hablamos de méritos, para ir finalizando, Montalbano es legendario porque Camilleri ha homenajeado con él a figuras como Simenon y Vázquez Montalbán, como ya se ha mencionado, o lo que es lo mismo, a figuras como Maigret y Carvalho. En esos espejos se ha ido mirando Salvo Montalbano para terminar siendo como es.

La sociedad
Y es como es porque sabe qué terreno pisa, conoce a sus paisanos, los locales y los nacionales, con toda su capacidad para aceptar las corruptelas de un sistema que a veces apesta, sabe que el tiempo es efímero, las sociedades lentas, y que el ser humano tiene muchas caras, tantas como el crimen. De ahí que practique la estrategia del cangrejo y siempre se mueva lateralmente, porque por aquellos lares es probable que ése sea el camino más recto para resolver sus casos. Por todo ello se ha hecho grande, inolvidable, imperfecto, pero un investigador eficaz y que se hace de querer. Lo mejor que nos podía legar Camilleri.

Para leer la última reseña de Antonio Parra Sanz en la V SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2018, PINCHA AQUÍ.

  

es profesor de Lengua Castellana y Literatura en el IES “Mediterráneo” de Cartagena, profesor de Escritura Creativa en ISEN Centro Universitario. Crítico literario del suplemento cultural Ababol, del diario La Verdad, miembro del Grupo Promotor del Proyecto Mandarache de Jóvenes Lectores y también del ELACT (Encuentro Literario de Autores en Cartagena). Es uno de los organizadores de Cartagena Negra (CTN). En su blog http://gomesycia.blogspot.com.es/ ejerce la crítica literaria y desgrana la actualidad con artículos de opinión. Ha publicado las novelas Ojos de fuego y La mano de Midas (ambas de la serie del detective privado Sergio Gomes), Apocalipsis 17,1 y Acabo de matar a mi editor. Es autor de los libros de relatos Desencuentros, El sueño de Tántalo y Polos opuestos. Es autor también del volumen de artículos La linterna mágica, y del ensayo Tres heridas (Aproximación didáctica a la Antología poética de Miguel Hernández), así como del guión cinematográfico Mala reputación. En 2017 ha publicado Butaca de patio (MurciaLibro) y Cuentos suspensivos (La Fea Burguesía). Su última publicación, la novela Dos cuarenta y nueve (Ediciones Del Serbal), es una trama negra que muestra la obra de un asesino en serie mientras ahonda profundamente en la psicología de quienes se ven salpicados por sus crímenes


«Montalbano o La estrategia del cangrejo», por Antonio Parra Sanz

«MONTALBANO O LA ESTRATEGIA DEL CANGREJO», por Antonio Parra Sanz
La pupila nunca era azul y los cangrejos no caminan hacia atrás, sino de lado, pero la literatura es tan hermosa que está hecha de mentiras que damos por buenas, como el hecho de creer que un buen manjar es capaz de alimentar también nuestro espíritu, algo que no es totalmente cierto, ni mucho menos, y por eso Salvo Montalbano se guarda, tras comer como un rey en la trattoria de Enzo, el as en la manga de sentarse en aquella piedra plana junto al faro de Vigata, a conversar con su amigo el cangrejo.

Ahora que su padre, Andrea Camilleri, nos ha dejado para participar en un festín perpetuo y olímpico junto a Georges Simenon y Manuel Vázquez Montalbán, podemos jugar a pensar que en ese cangrejo se refugiaba el alma del autor siciliano, presto siempre a escuchar las confidencias que su hijo literario más querido, o al menos el más pródigo en apariciones, quisiera hacerle, aunque algunas veces fueran en forma de queja o ajuste de cuentas.


Andrea Camilleri
- Fotografía de Marco Tambara -

Sería un disparate negar hoy la importancia que ha adquirido Salvo Montalbano entre los detectives literarios, se ha convertido en alguien tan legendario como Sherlock Holmes, Dupin, Maigret, Carvalho, Marlowe o cualquier otro que el lector tenga a bien añadir a la lista, Wallander, Brunetti, Bosch, Miss Marple, Bevilacqua, Delicado, etc. Y si ha llegado a este punto es por sus numerosas apariciones, por las traducciones, por las versiones televisivas, si ahora Montalbano es legendario es por su dimensión humana, con lo bueno y lo menos bueno, con sus cientos de caras y caracteres que trataremos de descifrar desde un prisma literario e incluso psicológico.

Las instituciones y la mafia
Uno de los quebraderos de cabeza del bueno de Salvo se lo proporcionan siempre las instituciones, empezando por la suya propia, los superiores policiales le provocan un deseo irrefrenable de rebeldía e insumisión, que suele terminar en una tomadura de pelo, más o menos evidente, y le lleva a reírse de ellos como hemos visto con Lattes y Bonette-Alderighi. Por otro lado, siente alergia por todo lo que huela a burocracia, con esos expedientes que se convierten en columna eterna y poco salomónica, y sus combates dialécticos con el forense los recordaremos siempre, al igual que su aversión hacia los abogados, notarios y carabineros. ¿Son rasgos antisociales? No, pero sí nos muestran a una autoridad que tiene problemas con la autoridad. Paradójico.

Como paradójica es también la relación que mantiene con los Sinagra y los Cuffaro, las dos familias que dominan el cotarro mafioso en Vigata, y a las que no duda en utilizar cuando su participación u omisión le pueden favorecer en alguno de sus casos. No estamos, por tanto, ante un cruzado, sino ante un siciliano que no tiene más remedio que convivir con la mafia, y moverse entre sus aguas con el instinto del que quiere sobrevivir. Lógico y comprensible.

Los medios de comunicaciónMenos comprensible es el odio que le profesa uno de los periodistas de Vigata, Pippo Ragonese, quien persigue al comisario con tanta saña como poco éxito, poniéndolo en cuanto puede a los pies de los caballos televisivos. Por el contrario, hay otro profesional amigo de Montalbano, que sí colabora con las fuerzas policiales siempre que puede. Estamos, por lo tanto, ante la cara y la cruz del cuarto poder, pero un poder que el comisario usa cada vez que puede, eso sí, en pro de la justicia y la verdad.

Las mujeres

Las verdades sentimentales, en cambio, son harina de otro costal, Salvo es un soltero irredento, y las discusiones peregrinas con Livia así lo demuestran, Camilleri nunca lo dijo pero dejó ver bien a las claras que Montalbano nunca sería hombre de vicaría ni de perder independencia y costumbres. De ahí alguna aventurilla que le conocimos a Salvo con cierta sueca y la pasión con la que le trata también su asistenta Adelí, enemiga irreconciliable de la ausente Livia. Ni mujeriego ni disoluto, algún canon del género debía romper este hombre que a ratos roza la misoginia inconsciente.

La cocina
En lo que sí hay mucha pasión es en lo gastronómico, ahí la sombra de Carvalho y Montalbán es alargada, pero también la del propio Camilleri. Ningún lector se habrá podido sustraer a las salivaciones al entrar en casa de Enzo, o al abrir el horno previamente avituallado por Adelí. Envidia de gourmets y de los mejores cocineros. Señores lectores, señores autores del resto de Europa, en el sur se come, que parece que por el norte del continente los detectives vivan del aire.

Los subordinados
Del aire tampoco viven los policías a los que manda Montalbano, pero sí reflejan muy bien sus principales carencias, y para ello los puso ahí Camilleri, para remediar esos defectos de comisario, o para paliarlos al menos. A saber, Mimì Augello le ayuda con la psicología femenina, Catarella conserva la inocencia que le falta al comisario, Fazio la capacidad memorística y analítica, y Gallo la pericia al volante. Podemos decir que entre todos le completan, pero a él le cabe el honor de saber manejarlos, tampoco le podemos privar de todos los méritos.

Herencias literarias
Y si hablamos de méritos, para ir finalizando, Montalbano es legendario porque Camilleri ha homenajeado con él a figuras como Simenon y Vázquez Montalbán, como ya se ha mencionado, o lo que es lo mismo, a figuras como Maigret y Carvalho. En esos espejos se ha ido mirando Salvo Montalbano para terminar siendo como es.

La sociedad
Y es como es porque sabe qué terreno pisa, conoce a sus paisanos, los locales y los nacionales, con toda su capacidad para aceptar las corruptelas de un sistema que a veces apesta, sabe que el tiempo es efímero, las sociedades lentas, y que el ser humano tiene muchas caras, tantas como el crimen. De ahí que practique la estrategia del cangrejo y siempre se mueva lateralmente, porque por aquellos lares es probable que ése sea el camino más recto para resolver sus casos. Por todo ello se ha hecho grande, inolvidable, imperfecto, pero un investigador eficaz y que se hace de querer. Lo mejor que nos podía legar Camilleri.

Para leer la última reseña de Antonio Parra Sanz en la V SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2018, PINCHA AQUÍ.

  

es profesor de Lengua Castellana y Literatura en el IES “Mediterráneo” de Cartagena, profesor de Escritura Creativa en ISEN Centro Universitario. Crítico literario del suplemento cultural Ababol, del diario La Verdad, miembro del Grupo Promotor del Proyecto Mandarache de Jóvenes Lectores y también del ELACT (Encuentro Literario de Autores en Cartagena). Es uno de los organizadores de Cartagena Negra (CTN). En su blog http://gomesycia.blogspot.com.es/ ejerce la crítica literaria y desgrana la actualidad con artículos de opinión. Ha publicado las novelas Ojos de fuego y La mano de Midas (ambas de la serie del detective privado Sergio Gomes), Apocalipsis 17,1 y Acabo de matar a mi editor. Es autor de los libros de relatos Desencuentros, El sueño de Tántalo y Polos opuestos. Es autor también del volumen de artículos La linterna mágica, y del ensayo Tres heridas (Aproximación didáctica a la Antología poética de Miguel Hernández), así como del guión cinematográfico Mala reputación. En 2017 ha publicado Butaca de patio (MurciaLibro) y Cuentos suspensivos (La Fea Burguesía). Su última publicación, la novela Dos cuarenta y nueve (Ediciones Del Serbal), es una trama negra que muestra la obra de un asesino en serie mientras ahonda profundamente en la psicología de quienes se ven salpicados por sus crímenes


Reseña de «Cara a cara», de Ellery Queen

RESEÑA DE «CARA A CARA», DE ELLERY QUEEN, 
por Yolanda Rocha Moreno
Cuando una infancia no es especialmente feliz buscas espacios propios en los que refugiarte. Burbujas de un mundo que es sólo tuyo y que no compartes con nadie. Por suerte en mi casa siempre hubo muchos libros y en ellos encontré paisajes y hechos que se convertían en los muros de mi castillo. Enseguida me aficioné a lecturas tan eclécticas como los volúmenes de la colección Otros Mundos, las novelas de Pearl S. Buck, los cómics de Astérix y la colección de libros de misterio que mi madre iba aumentando a pequeños pasitos. En ella conocí a Miss Marple, a Poirot, a Maigret, a Dupin, a Sherlock Holmes y a quien hoy os traigo, Ellery Queen.

Ellery se convirtió en uno de mis detectives favoritos y sus novelas me fascinaban y me siguen fascinando por la habilidad con que era capaz de llevarte a los finales más inesperados tras casos diabólicamente enrevesados. Sin tecnología, sin alardes científicos, sólo con datos, hechos y una mente analítica. Pero me preguntaba por qué sus novelas, con él de protagonista, estaban firmadas con su mismo nombre si no se narraban en primera persona. Y para todo hubo respuesta…

PERO ¿QUIÉN ES ELLERY QUEEN?


Ellery Queen es el seudónimo que usaban dos primos estadounidenses de origen judío. Se llamaban Frederick Dannay y Manfred Bennington Lee y se dedicaban a escribir literatura policiaca. Ambos crearon al personaje del mismo nombre que su seudónimo, un personaje que se mantuvo en lo más alto entre 1929 y 1970 no sólo con sus propias novelas, sino con las que se escribieron bajo su patrocinio y las que recibieron autorización por parte de los autores para usar el mismo seudónimo. Tal fue la fama que Ellery Queen adquirió que Dannay y Lee decidieron crear la revista Ellery Queen’s Mystery Magazine, que fue considerada en su tiempo una de las más influyentes publicaciones de literatura de misterio de la segunda mitad del siglo XX.

Como personaje, Ellery al principio tiene un cierto parecido a Philo Vance, el detective creado por S.S. Van Dine tres años antes de la aparición de Queen. Pero ese aire cínico y algo snob de sus primeras novelas va dejando paso a los rasgos que harían a Ellery Queen inconfundible: una apabullante inteligencia crítica, una acomodada independencia económica (herencia de su madre fallecida, perteneciente a una rica familia de Nueva York), un gran interés por la justicia y, por influencia de su padre, un sentido práctico y realista de la vida. Alguna vez veremos aflorar algún rasgo más íntimo de los protagonistas, pero lo fundamental en sus novelas es la eficacia del razonamiento deductivo.

Desde la primera novela de Ellery Queen, publicada en 1929, los autores dejaron claro el modelo de argumento que iban a usar en sus obras: siempre se partía de un crimen insólito, muchas  y a veces extrañas pruebas contradictorias, la presencia del inspector Richard Queen, padre de Ellery, y de su ayudante, el sargento Velie. Y lo que es más importante y que da carta de naturaleza a todas las novelas: el “desafío al lector”. Se ponen a disposición de quien lee sus novelas todos los elementos suficientes para que sea capaz de descubrir al culpable. No hay trampas, no hay ases guardados en la manga: lo que los protagonistas saben y descubren es lo mismo que tú sabes mientras lees. Te lo ponen todo ante los ojos. Otra cosa es que seas capaz de colocar las piezas del puzle.

¿Os animáis a aceptar el reto y le pondréis cara al asesino?

CARA A CARA

Cuando Ellery Queen regresa de un viaje a Inglaterra se encuentra con la noticia del asesinato de Gloria Guild, una mítica y millonaria cantante que fascinó a la ciudad de Nueva York en los años 30. Gloria ha sido tiroteada en su loft y la única pista de la que dispone la policía son cuatro letras que dejó escritas en su libreta antes de morir. Ellery, ayudado por su nuevo amigo Harry Burke, exinspector de Scotland Yard, se une a la investigación policial y a su padre, el inspector Richard Queen, para tratar de resolver el caso.

A priori hay un sospechoso fundamental: el actual marido de Gloria, Carlos Armando, mucho más joven que ella y reconocido cazafortunas, que ya cuenta en su haber con varios matrimonios con millonarias de edad que le duraron poco tiempo y le dejaron herencias muy sustanciosas. Incluso se hace llamar “conde” sin serlo realmente. También cuenta con una lista de amantes y rendidas admiradoras que harían cualquier cosa por él. El problema es que Carlos cuenta con una coartada sólida e inapelable para la noche del crimen, por eso la primera pregunta que se plantea es a cuál de todas ellas manipuló para que matase a su mujer.

La investigación da un giro inesperado cuando el arma del crimen es encontrada en casa de la sobrina de Gloria Guild, heredera universal según el testamento de la cantante. ¿Y si las apariencias engañan?

Cara a cara es una de las últimas novelas de Ellery Queen. Publicada en 1967, supuso un nuevo éxito arrollador de ventas de los autores. A pesar de que se sabe a priori (según era norma de la casa) que todas las pruebas y los indicios están a la vista, la resolución del caso es tan sorprendente que dejó boquiabiertos a los lectores. Y al mismo tiempo se asombraron, como me ocurrió a mí, de no haber sido capaces de desentrañar el misterio. Todo estaba ahí. Todo. Envuelto en un argumento que parece simple y que, sin embargo, se va complicando a cada capítulo y que te va tirando abajo todas las certezas que creas tener. Sólo otra novela de Ellery Queen me dejó tan estupefacta con su final: la magnífica El misterio del ataúd griego, que también aprovecho para recomendaros.

Ante todo tenemos que recordar, cuando nos enfrentamos a la lectura de Cara a cara, el año en el que está escrita y las diferencias con el estilo de vida actual y nuestras costumbres. Las mujeres aún pecan de ser algo frágiles y los hombres, a veces, pecan a su vez de cierto paternalismo. También la ausencia casi total de método científico en el tratamiento de pruebas para dejar paso al ejercicio mental, en el que Ellery es un maestro aunque en esta novela en alguna ocasión se vea superado por la conveniencia o no de contar lo que sabe.

Cara a cara es una novela negra de corte clásico: un asesinato, pocas pruebas, una investigación policial, algunos sospechosos… y Ellery, el verso suelto, el que gusta de ver las cosas desde prismas diferentes, a veces un poco desesperante en su certeza de estar en posesión de un gran cerebro y la mejor de las lógicas. Ese alto concepto de sí mismo y su fabulosa capacidad de análisis tiene un toque un poco de Holmes y un poco de Poirot, aunque con formación universitaria, gran cultura y algunos grados más de sofisticación. Hoy día podemos encontrar bastantes de esos rasgos de Ellery en el agente Pendergast, protagonista de varias novelas de Douglas Preston y Lincoln Child, y que también es una de mis debilidades.

Del mismo modo que la creación de la personalidad personaje de Ellery Queen es el gran hallazgo de los autores, ambos consiguen un elenco de protagonistas que no dejan indiferente. Carlos Armando resulta odioso desde su primera aparición, un sospechoso que deseas con toda tu alma que sea el culpable. La gran protagonista en elipsis, Gloria Guild, de la que iremos sabiendo su vida, sus amores, sus grandes éxitos, retrotrae con cierta melancolía al Nueva York de los clubs, de las cantantes capaces de volver locos a los hombres, mundano, elegante. Gloria, amante de la música y de los crucigramas, mucho más inteligente de lo que gustaba aparentar, dará la clave para resolver el caso con sólo cuatro letras apenas esbozadas mientras la vida se le escapaba. Pero ¿serán suficientes para poner cara al culpable?

Es posible que haya lectores a los que el estilo narrativo de las novelas de Ellery Queen les resulte un tanto obsoleto, pero basta con leer el primer capítulo para rendirse con armas y bagajes: estás perdido y atrapado por completo. Deja de importar la fecha en que está escrito, dejan de importar las ausencias de métodos criminalísticos y tecnológicos. Te quedas al lado de Ellery tratando de averiguar quién mató a Gloria Guild incluso antes que él.

No hay nada más engañoso que un hecho evidente, decía Sherlock Holmes. Aceptad el desafío al lector de Cara a cara y dejaos seducir por un misterio redondo, impecable y con un final de los que marcan. Os aseguro que no os vais a arrepentir
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Esta reseña ha sido escrita por Yolanda Rocha moreno para la III SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2017. Agradecemos a quien quiera reproducirla, total o parcialmente, que cite su fuente original. Si quieres acceder al programa de la Semana Negra PINCHA AQUÍ o en la imagen.


es una madrileña enamorada de su ciudad, que vio su primera luz en Chamberí y pasó buena parte de su infancia junto al Rastro y la Plaza Mayor. Lectora precoz, desde siempre ha sentido predilección por la novela policiaca y de misterio. Aunque ha hecho alguna pequeña incursión en la escritura, leer se ha convertido en su principal pasión. Después de colaborar en otros medios, actualmente administra el blog  "Que el sueño me alcance leyendo".


«¿Novela policíaca o novela negra?», por José Vaccaro Ruiz

¿NOVELA NEGRA O POLICÍACA?, por José Vaccaro Ruiz
En una mesa de debate del pasado festival de literatura Black Mountain Bossòst, por parte entre otros de José Luis Muñoz, Alicia Giménez, Martínez Laínez, Angelique Pfitzner y yo mismo, se planteó la cuestión de cómo diferenciar la novela policíaca de la novela negra, y sin llegar a un consenso absoluto —tal cosa es imposible entre los que nos dedicamos a escribir—, sí que se establecieron ciertas conclusiones que es interesante dar a conocer.

En primer lugar, y con carácter previo, cabe preguntarse cómo surge un género de novela, cualquier género de novela.

El proceso es siempre el mismo, ahí podemos estar casi de acuerdo. Un buen día un autor escribe sobre un tema con una trama, un punto de vista y unos personajes abriendo un camino hasta entonces inexplorado que más adelante otros completarán, ahondarán y fronterizarán. Por poner un ejemplo paradigmático citaré a la ciencia-ficción. Julio Verne, H. G. Wells, Mark Twain, Amazing Stories e Isaac Assimov le van dando forma ampliándola y complementándola para ir, relato tras relato, cristalizando en una entidad dotada de un elemento diferencial nuevo y distinto —o notablemente distinto—, respecto a todo lo anterior y que da lugar a una categoría propia, un modelo, un arquetipo estructural y formal hasta entonces, si no desconocido —no hay nada nuevo bajo el sol—, si lo suficiente diferente como para poderlo distinguir, aislar, reconocer y adscribir.

Así se crearon los distintos géneros literarios: desde los libros de caballerías, al romántico, el picaresco…

Llegados a este punto no puedo dejar de mencionar los dos aspectos que conforman la obra literaria y que permiten un análisis por separado: la forma narrativa (ritmo, gramática), y la temática (trama, personajes). Esa dicotomía tiene su máxima y entrañable unión en la poesía. Cada una de las tres categorías clásicas de la poesía: la lírica, la dramática y la narrativa, y en lo que concierne a la forma tienen sus propias e inherentes exigencias de música, cadencia, ritmo, rima. Algo que no ocurre, o no necesariamente ocurre con la prosa. Recordemos “La Marcha triunfal” de Rubén Darío; la forma: un marcar el paso, un metrónomo implacable sonoro y casi visual al servicio de lo narrado: un desfile militar.

Lo anterior viene a cuento porque en la novela, aunque forma y temática se pueden diseccionar, no necesariamente existe un canon de ligazón o separación entre ambas. Es más, y por poner otro ejemplo, la novela humorística puede ser más chocante e irónica, más efectiva en su resultado cómico si está escrita en clave épica. Digámoslo claro: en la novela la forma pasa a integrarse en la narración, es o puede ser una parte más de la misma porque la música, el ritmo, no es en absoluto tan determinante como en la poesía.

Por lo cual, si nuestro objetivo es marcar una separación entre el género policiaco y el género negro, deberemos atender a la narración como un conjunto que incluye a la forma.

Vayamos pues a la narración como un todo, y fijémonos en las dos palabras que personalizan los dos géneros objeto de nuestra atención: «el policíaco» y «el negro», porque ahí está el quid de la cuestión.

Desde el punto de vista moderno, los creadores de la novela en un principio ambigua o mixta policíaca/negra y cuando esta última aún no estaba personalizada —ya entraremos después en su diversificación—, han sido Carroll John Daly, Conan Doyle, Edgar Allan Poe, Agatha Christie, Simenon… ¿Y qué tienen en común sus personajes: Race Williams, Sherlock Holmes, Auguste Dupin, Hércules Poirot, Maigret…? ¿En qué se parecen? Unos son policías, otros detectives privados. ¿Pero qué los une?, ¿qué los iguala?

Sencillamente que su investigación, su forma de actuar, su manera de resolver un crimen, un robo, un delito, es la razón, la lógica, las pistas, los indicios, los errores del criminal. Las pasiones podrán estar detrás —bien seguro que así es—, como fuentes y motores de la acción criminal, pero es en definitiva la ciencia, la matemática, lo objetivo, aquello que articula la trama investigadora para señalar de manera indubitada al culpable. Es el «elemental, doctor Watson» de Holmes, las «células grises» de Poirot. O por decirlo de otra forma: la utilización de sistemas y estructuras —las huellas, el laboratorio, la policía—, de análisis convencionales para desentrañar el misterio —podríamos llamarlo problema, sin embozo—, que plantea la novela. En palabras de Thomas Narcejac: «En la novela policíaca el razonamiento crea el temor que luego se encargará de aliviar». Su núcleo es una intriga racional que solo la razón puede desentrañar.

Esto en cuanto a la novela policíaca. Pero, ¿y la novela de género negro?

Ahí, y siguiendo a los americanos Dashiell Hammett, Raymond Chandler y Erle Stanley Gardner (en particular cuando utiliza el seudónimo de A. A. Fair), con sus Sam Spade, Philip Marlowe y Donald Lam, aparece el detective extramuros del orden establecido, de moral heterodoxa, cínico, generalmente con un pasado turbio y formando parte de los bajos fondos donde se mueve como pez en el agua. Unos individuos que resuelven los conflictos que el escritor plantea casi siempre —por no decir siempre—, al margen de la ley y con un desenlace alejado del código penal y de los jueces, y donde tiene un papel decisivo el dinero, la venganza, el azar, el sexo, la violencia, el juego, la omertá

Digámoslo con claridad, y sin en absoluto desmerecer a una o a la otra, mientras el nudo y el desenlace de la novela policíaca se mantienen dentro de los cánones del orden y los métodos de resolución convencionales —es el momento de citar a Lorenzo Silva y a sus personajes, los guardias civiles Belilacqua y Chamorro—, los de la novela negra se adentran en la zona más oscura, marginal, anárquica y amoral, al margen de las leyes y de cualquier forma de respeto hacia una autoridad establecida y convencional —una muestra la tenemos en Prótesis de Andreu Martín—, una especie de justicia natural y universal que da a cada uno lo que le corresponde como el medio de restablecer el orden cósmico que el delito ha perturbado. En este aspecto la novela policíaca es infinitamente más cartesiana que la novela negra. Parodiando una frase hecha: aquella tiene razones que esta no entiende.

Llegados a este punto decir que, como ocurre siempre, hay zonas de contacto entre uno y otro género. Mencionaré a González Ledesma y a su comisario Méndez, donde se mezcla la, eso sí desdibujada, figura del policía convencional al uso con unas tramas cuya resolución tienen lugar por el simple desarrollo fatalista de los hechos —hay algo de destino y predestinación en ello—, al margen de las penas y las sentencias —fallos judiciales, un nombre muy aplicable al caso—, impuestas por la autoridad togada.
 
El auge actual de la novela negra tiene su explicación por la existencia de una sociedad donde ni están ni se les espera los valores de referencia que hasta hace poco la conformaban: la familia, la religión, la educación entendida como unas normas de buena conducta —en los planes de estudios de los años cincuenta del pasado siglo había la asignatura de Urbanidad—, el respeto a la ley… La permanente y farisea referencia que se hace a lo «políticamente correcto», que si algo evidencia es la represión de un inconsciente colectivo «absolutamente incorrecto», es un ejemplo de ello. No es pues extraño que frente a la novela negra, la policíaca esté en retroceso porque simplemente representa menos a esa sociedad. En esa evolución desde que Chandler la definió en El arte de matar como la «descripción del mundo profesional del crimen», la novela negra se ha vuelto más comprometida y más próxima a un lector de distinto cuño más abierto, y poliédrico que, moralmente, ha dejado el absolutismo de la Física de tres dimensiones de Newton para entrar en la Relatividad de Einstein. Una novela que por exigir con frecuencia un posicionamiento ético-moral más allá de la ley —el viejo dilema de legalidad contra legitimidad—, es incluso más pedagógica, aunque ése sea un calificativo que jamás debería aplicarse a la literatura. De ahí su creciente popularidad.


Este artículo ha sido publicado en la III SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA con permiso de su autor, José Vaccaro Ruiz, y de los organizadores del Black Mountain Bossòst.

 
nació en Barcelona en 1945. Su familia procede de la región italiana de Cosenza, de donde su abuelo paterno emigró a principios de siglo perseguido por un bandido apodado Malatesta. Es autor de Ángeles  Negros (ganadora de los Premios Atlantis La Isla de las Letras),  La Vía Láctea y La Granja. Arquitecto y abogado, su experiencia en la Administración Pública y como profesional liberal queda reflejada en la trama de sus novelas dentro del género negro, especialmente en su último libro Catalonia Paradis que revela la trama inmobiliaria catalana como nunca se había hecho hasta ahora: desde la ficción más real. Todas las formas del Poder son fustigadas desde las páginas de sus libros. Los estamentos de ese Poder que deben estar al servicio de los ciudadanos y del interés general son reflejados como entes corruptos atentos a su propio beneficio y supervivencia. Colabora como crítico literario en Narrativas, Culturamas, La Balacera y La Maja Negra. Escribe además un blog personal:  https://josevaccaroruiz.wordpress.com/