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«El detective y la ciudad en la novela negra», por Juan Infante


«El detective y la ciudad en la novela negra»,  
por Juan Infante
El detective y la ciudad siempre han estado íntimamente ligados en la novela policiaca, de intriga, negra y criminal.

Así como cuando hablamos de un autor de género negro, lo relacionamos de la misma con su protagonista, detective o policía, que suele ser bien conocido, cuando nos referimos a estos y sobre todo al detective privado, salta de inmediato su ciudad.

Philip Marlow y Los Ángeles, Sam Spade y San Francisco, o Sherlock Holmes y Londres; detectives y ciudades están íntimamente relacionados. A todos ellos resulta muy difícil desligarlos de sus calles, de su paisaje urbano y de su ambiente, de tal forma que difícilmente imaginaríamos a Marlow en Harlem o Chicago.

Ello refuerza la importancia que tiene en la novela negra, la ciudad. En una trama de novela negra, la ciudad se incorpora a la misma y se refleja en las vicisitudes por las que atraviesan sus protagonistas. En la ciudad, el detective plasma su personalidad y te acompaña por unos lugares bien elegidos incorporándose a su propio paisaje.

Cuando Pepe Carvalho recorre las calles de su ciudad, la Barcelona de siempre se nos aparece sin necesidad de nombrarla y toda la historia en la que participa no podría desarrollarse al margen de la Ciudad Condal.

Hay un debate siempre inconcluso, sobre con quién empezó el género policiaco. La doctrina se divide entre Edgar Allan Poe y Wilki Collins. Ambos comenzaron en la misma época, hacia mediados del siglo XIX, pero fue Poe el creador del detective moderno con Auguste Dupin. Collins con su sargento Cuff de Scotland Yard en La Piedra Lunar (1868) creó la primera novela protagonizada por un policía.

Con Los Crímenes de la calle Morgue (1841) Poe sentó las bases del género policiaco, creando la novela de enigma, en la que el crimen es descubierto gracias a la perspicacia del investigador. Así tenemos en éste primer relato policial, al primer detective privado: Auguste Dupin.

Empezamos a ligar directamente al protagonista detective, Dupin, con la ciudad de Paris, en
Los Crímenes de la calle Morgue (1841), El misterio de Marie Roget (1842) y La Carta Robada (1844). Con Poe y Dupin se sientan las bases para la creación de nuevos detectives privados como Sherlock Holmes y Hércules Poirot.

La primera aparición de Holmes con su ayudante el Doctor Watson se produce en la novela corta, Estudio en Escarlata (1887) de Arthur Conan Doyle y es en Londres, el Londres victoriano donde este investigador privado empieza a desarrollar todas sus capacidades para resolver los crímenes de los casos que le encargan. La ciudad de Londres quedará por siempre unida a Sherlock Holmes.

Hércules Poirot, el detective creado por Agatha Christie, hace su aparición en 1920, en la novela El misterioso asunto de Styles. Aunque es belga, vive en Inglaterra y desarrolla su actividad investigadora en la aristocrática Inglaterra rural. Su paisaje le identifica, como a otros la ciudad.

Si damos un salto por el atlántico y nos acercamos a la costa oeste americana, allí situamos varios de los detectives más famosos de la novela negra y policiaca.
                     
En San Francisco nos encontramos con Sam Spade, detective privado creado por Dashiell Hammett, quien a pesar de su celebridad solo protagonizó una novela, El halcón maltés (1929) y tres relatos.

En el corazón de San Francisco todavía se mantiene el bar-restaurante Johns Grill, donde Dasiell Hammett escribió El halcón maltés. Allí podemos seguir comiendo: chuletas, patatas fritas y rodajas de tomate, con un trago de vodka Bloody Brigmid tal como hacía Sam Spade o encontrar al fantasma del socio de éste Nicas Archer.

En Los Ángeles, Raymond Chandler creó al mítico Philip Marlow, recordado también por sus películas, con Bogart, Lauren Bacall y Audrey Hepburn.

Por Sunset Bulevard, Hollywood, el Valle de San Fernando…por sus calles, en sus mansiones y hoteles, Marlow investiga y resuelve sus casos. Hoy conocemos mucho mejor Los Ángeles quienes hemos leído a Chandler.

También en la misma ciudad, desarrolla su actividad de detective Lew Archer creado por Ross MacDonald. Con oficina en Sunset Bulevard (Hollywood) nos ayuda a conocer mucho mejor Los Ángeles. Archer como Marlow son dos figuras implicadas en la ciudad de los Ángeles y recordarlos es ver la ciudad y recorrerla con ellos.

Easy Rawlins de Walter Mosley viene en los noventa a patear Los Ángeles, particularmente sus suburbios. Era el prototipo de hombre recto, honesto en una lucha sin cuartel contra el crimen y el racismo.

En la costa Este, Dennis Lehane crea Patrick Kenzie y Angela Gennaro, dos detectives de Boston. Allí transcurren sus novelas y en los bajos fondos de donde proviene la pareja de detectives, ejercen su actividad investigadora y nos permiten conocer mejor una de las ciudades más antiguas de Estados Unidos.

Charly Parker, Bird, detective creado por John Connolly, es un hombre atormentado y violento, y también desarrolla sus andanzas por Boston.

Myron Bolitar de Harlen Coben, agente deportivo, ejerce como investigador privado también en la Costa Este.

En Nueva York tenemos al investigador Philo Vance, que aparece por primera vez en la novela de S.S. Van Dine: El misterioso caso Benson (1926).

En la misma ciudad de los rascacielos, unos años más tarde, en 1947 apareció el detective privado Mike Hammer, en Yo, el jurado, de Mickey Spillane. La novela se llevó al cine y también tuvo una exitosa serie de televisión con Mike Hammer de protagonista.

Volviendo a Europa, no nos podemos olvidar de Bernie Gunther, primero policía y luego detective privado en la época del ascenso nazi en Alemania. Gunther creado por Philip Kerr está íntimamente ligado a Berlín, siendo detective del mítico hotel Adlon en la capital alemana. Sus actuaciones en medio del poder nazi son memorables. Con él llegamos a conocer muy bien aquella ciudad. Sus aventuras transcurren en sus calles, en lugares muy conocidos y donde el reflejo de la ciudadanía y del establishment nazi son de un grandísimo valor literario e histórico. Leyendo a Kerr y siguiendo a Bernie Gunther se llega a conocer muy bien Berlín.

En España nuestros detectives privados han sido muy especiales. No hay tradición en su trabajo profesional, pero nuestros autores clásicos de novela negra los han incorporado a sus relatos y nos han creado investigadores originales, con un atractivo personal importante.
                                                                                                                     
Pepe Carvalho, de origen gallego, es Barcelona; la Barcelona de siempre, que nos sigue llenando de nostalgia y aventuras. De la mano de Manuel Vázquez Montalbán apareció por primera vez en Yo maté a Kennedy (1972), tras haber trabajado para la CIA durante varios años. Después protagonizó 22 novelas más.

Con Andreu Martin y Jaume Ribera, nos encontramos investigando sus casos en una Barcelona más actual, a Flánagan, un detective adolescente, que aparece por primera vez en Alfagann es Flanagan (1996).

Y ya en Madrid, con otro de los grandes de la novela negra española, Juan Madrid, nos encontramos con Toni Romano, expolicía y exboxeador, quién resolvió su primer caso en Un beso de amigo (1980).

Y vamos a terminar en Bilbao con dos detectives estupendos, con solera y personalidad. Mikel Goikoetxea, alias Goiko, creado por Javier Abasolo, ex ertzaina, desarrolla su actividad investigadora en Bilbao, donde nos deleita con su personalidad exagerada. Aparece por primera vez en la novela Pájaro sin alas (2010).

Touré, creado por Jon Arretxe, se asienta en el barrio de San Francisco, en Bilbao la Vieja, su pequeña África. Allí Touré, un africano en situación irregular, con su personalidad tan versátil y su sentido del humor, resuelve sus casos, formando parte de su paisaje. Aparece por primera vez en la novela 19 Cámaras (2012).

Hemos presentado una serie de detectives privados relevantes de la novela policiaca, negra y criminal, creados por grandes escritores del género. Podíamos hacer la interminable, pero se trata de apuntar la relevancia de la ciudad con el detective y el autor.

Tradicionalmente, siempre han existido ciudades con fuerza y personalidad, muy ligadas al género negro: Los Ángeles, San Francisco, Nueva York, Boston… Londres, Paris, Barcelona…pero también es relativo, porque el género negro se ha desarrollado, ha roto fronteras y hoy nos encontramos con buenas novelas ligadas a ciudades de todo el mundo. El lector seguro que tiene en la cabeza muchos ejemplos.

No hemos tratado al policía detective, figura elegida por muchos autores de novela negra; en este caso la relación, unida a la del detective privado sería apabullante.

Al final lo importante es que la ciudad se identifique con el investigador-protagonista y que su presencia en su paisaje, en sus calles, en su relación con los vecinos hagan la trama y la novela más atractiva.

Les propongo un juego. Cuando estén en una ciudad recuerden a un detective o policía detective protagonista en esa ciudad. Seguro que lo consiguen; entonces ya verán como disfrutan mucho más de la ciudad.

Bilbao. Agosto 2020
Juan Infante, abogado y escritor.

NOTA DEL AUTOR
Me he permitido ilustrarme para realizar este artículo, además de mis lecturas en el excelente libro Los héroes de la novela policiaca de Sergi Echaburu Soler, editado en 2006 por Grafein Ediciones y por los artículos y trabajos sobre el origen de la novela negra y sobre detectives de Juan María Barasorda, publicados por la editorial d´Epoca, las Revistas Calibre 38, MoonMagazine y la Semana Negra en la Glorieta.

Esté artículo ha sido escrito por Juan Infante para la sección DETECTIVES DE FICCIÓN, coordinada por el escritor y detective madrileño Rafael Guerrero.

 
Puedes acceder al programa de la SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, festival virtual del género negro celebrado del 21 al 27 de noviembre en el blog de Historia y Literatura CITA EN LA GLORIETA, pinchando AQUÍ.


Juan Infante (Bilbao)
Es escritor y ejerce de abogado en su ciudad natal.
Ha sido promotor y partícipe de múltiples iniciativas literarias y culturales. Fue presidente de la Sociedad Cívica y Cultural El Sitio.   
Colabora habitualmente con la revista lúdico-cultural Moon Magazine.

Tiene publicadas siete novelas de género negro-criminal: Werther en Beirut (Editorial Burguete), Asesinato en Santurce (Editorial Hiria) El crimen de Cienfuegos (Hiria), Quince Millones (Hiria),  La Baldosa Negra (Hiria), Atrapado (Editorial Erein) y El precio del silencio (Erein). Es autor también de cuatro relatos: El sargento Puchades, Me chifla Nicolás, Literatura y Ficción y El misterio del testamento ológrafo. Atrapado fue nominada para el Premio Euskadi de literatura 2018
.


es Detective Privado y Criminólogo por la Universidad Complutense de Madrid, Director de Seguridad por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Máster en Servicios de Inteligencia por el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado de Madrid. Miembro de World Association of Detectives de Estados Unidos, a la Asociación Profesional de Detectives Privados de España, ASIS International, Asociación Nacional de Criminalistas y Expertos en ciencias forenses y es socio colaborador de la International Police Association. Es autor de Un guerrero entre halcones, Diario de un detective privado (Editorial Círculo Rojo, 2010), Muero y Vuelvo (Editorial Círculo Rojo, 2013),  Ultimátum (Editorial Círculo Rojo, 2015) y Yo, detective (Editorial Círculo Rojo, 2018) .


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Reseña de «El sueño eterno», de Raymond Chandler

Reseña de «El sueño eterno», de Raymond Chandler 
por José Javier Navarrete
FICHA TÉCNICA

Título: El sueño eterno
Título original: The big sleep
Autor: Raymond Chandler
Nº de páginas: 368
Editorial: Debolsillo
Fecha publicación: 19 de abril de 2017
Traducción: José Luis López Muñoz.



SINOPSIS

El general Sternwood contrata al detective Philip Marlowe por un chantaje que concierne a su hija menor, y chupadedogordo, Carmen. Asesinatos, pornografía, droga, juego, delincuentes de poca monta y de no tan poca; esta es parte de la flora y fauna de la jungla de perversión en la que se sumerge Marlowe. Jungla en la que parece haber desaparecido el yerno del general, cuya ausencia a lo largo de toda la novela es tan constante como la lluvia.


 
EL AUTOR

Raymond Thornton Chandler (Chicago, 23 de julio de 1888 – La Jolla, California, 26 de marzo de 1959). Educado en Inglaterra realizó todo tipo de actividades antes de dedicarse a la literatura. Participó como voluntario en la Primera Guerra Mundial. Trabajó como empleado de banca, periodista y también fue escalando peldaños en una petrolera de Los Angeles, hasta que en medio de la Gran Depresión se vio en la calle por sus problemas de alcoholismo, su recalcitrante absentismo y sus continuos líos de faldas con las secretarias. Se perdió un vicepresidente de una petrolera y se ganó un magnífico escritor de novela negra.

Comenzó publicando en revistas de ficción criminal, las famosas revistas pulp de aquella época. En 1939 escribió su primera novela: El sueño eterno, después vendrían otras siete y su incursión en el cine como guionista. Murió en 1959, solo, deprimido por la muerte de su mujer y con el alcohol como remedio para su tristeza.

Caníbal

El sueño eterno fue la primera novela de Raymond Chandler. Para crearla canibalizó algunas historias escritas por él con anterioridad, fundamentalmente El telón y Asesino bajo la lluvia (ambas incluidas en esta edición de Debolsillo). Supone la aparición estelar de Philip Marlowe, un detective privado al más puro estilo hard-boiled (de acuerdo con el Brewer’s Dictionary of Phrase and Fable: alguien endurecido por la experiencia; una persona sin ilusión ni sentimentalismo).

¿Vamos al cine?

Al igual que me ocurre con Sam Spade, el protagonista de El halcón maltés de Dashiell Hammett, no puedo pensar en Philip Marlowe sin hacerlo en Humphey Bogart. En 1946 protagonizó, junto a Lauren Bacall, una película, titulada también El sueño eterno, dirigida por Howard Hawks. Si aún no la has visto, no esperes más. En realidad sí, léete primero la novela.


 

La ruptura con el pasado

Chandler, como otros correligionarios del género, rechaza el legado de predecesores que hacían de sus novelas un problema de lógica y deducción. El mismo Marlowe dice:
No soy Sherlock Holmes ni Philo Vance. No es lo mío repetir investigaciones que la policía ha hecho ya, ni encontrar una plumilla rota y construir un caso a partir de ahí. Si cree usted que hay alguien trabajando como detective que se gana la vida haciendo eso, no sabe mucho de la policía.
Chandler no solo rechaza esta tradición, como ya habían hecho otros, incluyendo al mismo Hammett, sino que la desafía, llegando hasta el punto de dejar sin resolver el asesinato del chófer del general Sternwood. Bien es cierto que no tiene mayor transcendencia en el desarrollo de la trama, pero no deja de ser curioso que quede un cabo suelto en una novela de este tipo, al menos hasta que llegó Chandler.

La presentación en sociedad de Philip Marlowe

Me había puesto el traje azul añil, con camisa azul marino, corbata y pañuelo a juego en el bolsillo del pecho, zapatos negros, calcetines negros de lana con dibujos laterales de color azul marino. Iba bien arreglado, limpio, afeitado y sobrio y no me importaba nada que lo notase todo el mundo. Era sin duda lo que debe ser un detective privado bien vestido. Me disponía a visitar a cuatro millones de dólares.
Esta es la presentación de Philip Marlowe en El sueño eterno, lo curioso es que su apariencia es lo que menos importa, lo esencial es que a lo largo de la novela se puede disfrutar de un detective privado ocurrente, hastiado del mundo, irónico y cínico. También algo misógino y bastante homófobo:
Las tiras de seda en las paredes, la alfombra, las lámparas recargadas, los muebles de teca, el violento contraste de colores, el tótem, el frasco con éter y láudano…; todo aquello, a la luz del día, resultaba de una obscenidad vergonzante, como una fiesta de mariquitas.
Lo que no resulta extraño dado que Chandler era homófobo.

Lo que si es más curioso es que el escritor quisiese para el papel de Philip Marlowe en la gran pantalla a Cary Grant, sobre el que pendía la sospecha de su bisexualidad.

El balón se pone en juego

La trama de El sueño eterno comienza cuando el de los cuatro millones de dólares entrega la siguiente nota de chantaje a Marlowe:
Muy señor mío: Pese a la imposibilidad de reclamar legalmente lo que aquí le incluyo (reconozco con toda sinceridad que se trata de deudas de juego) doy por sentado que preferirá usted pagarlas.
Respetuosamente,

A. G. GEIGER
La deuda es de la hija pequeña del general Sternwood, Carmen; una joven de vida disipada y un trasfondo que pasa desapercibido. Una caprichosa joven rica, cuyos límites morales se difuminan en sus apetitos mundanos. Marlowe la define así al poco de conocerla:
Comprendí, pese a lo breve de nuestra relación, que pensar sería siempre una cosa más bien molesta para ella.
Aunque pudiésemos pensar que la novela girará en torno al chantaje con el que comienza, no es más que la línea de salida, la verdadera carrera es la que sigue el recorrido de Rusty Regan, un antiguo contrabandista irlandés que ha dado el braguetazo al casarse con Vivian, la hija mayor del general. Tenía todos los boletos para caer mal al viejo Sternwood y sin embargo:
—Fue un soplo de vida para mí…, mientras duró. Pasaba horas conmigo, sudando como un cerdo, bebiendo brandy a litros y contándome historias sobre la revolución irlandesa. Había sido oficial del IRA. Ni siquiera estaba legalmente en Estados Unidos. Su boda fue una cosa ridícula, por supuesto, y es probable que no durase ni un mes como tal matrimonio. Le estoy contando los secretos de la familia, señor Marlowe.
Será una carrera repleta de cadáveres que se internará en un mundo de perversiones regido por personas de pocos escrúpulos con tendencia a la corrupción. Una auténtica yincana por Los Angeles de los años finales de la Gran Depresión.
Estaba tan vacío de vida como los bolsillos de un espantapájaros. En la cocina me bebí dos tazas de café solo. Se puede tener resaca con cosas distintas del alcohol. Resaca de mujeres. Las mujeres me ponían enfermo.
Es el tipo de detective conocedor del carácter ajeno, pero también de fuerte intuición. Desencantado con su vida y con la sociedad en la que le ha tocado vivir:
—¿Y por esa cantidad de dinero está dispuesto a enemistarse con la mitad de las fuerzas de policía de este país?
—No me gusta nada —dije—. Pero ¿qué demonios voy a hacer si no? Trabajo en un caso. Vendo lo que tengo que vender para ganarme la vida. Las agallas y la inteligencia que Dios me ha dado y la disponibilidad para dejarme maltratar si con ello protejo a mis clientes. Va contra mis principios contar todo lo que he contado esta noche sin consultar antes al general. Por lo que respecta a encubrimientos, también yo he trabajado para la policía, como usted sabe. Se encubre sin descanso en cualquier ciudad importante. Los polizontes se ponen muy solemnes y virtuosos cuando alguien de fuera trata de ocultar cualquier cosa, pero ellos hacen lo mismo un día sí y otro también para contentar a sus amigos o a cualquier persona con un poco de influencia. Y todavía no he terminado. Sigo en el caso. Y volveré a hacer lo mismo si tengo que hacerlo.
Solo quiere el dinero ganado con honestidad y así lo demuestra:
—Tiene usted una ventaja sobre mí, general. Una ventaja de la que no quisiera en absoluto privarle, ni en su más mínima parte. No es mucho, considerando lo que tiene que aguantar. A mí me puede decir lo que se le antoje y jamás se me ocurrirá enfadarme. Me gustaría que me permitiera devolverle el dinero. Quizá no signifique nada para usted. Pero puede significar algo para mí.
—¿Qué significa para usted?
—Significa que no acepto que se me pague por un trabajo poco satisfactorio. Eso es todo.
—¿Hace usted muchos trabajos poco satisfactorios?
—Algunos. Es algo que le pasa a todo el mundo.

El estilo de Chandler

El estilo narrativo de Chandler muestra diálogos repletos de jerga, símiles tan exagerados que te hacen sonreír, y su narrador, en primera persona, describe las escenas como lo haría una cámara cinematográfica, lo cual no es extraño, ya que años después comenzaría su carrera como guionista. Pero en algunos momentos su prosa alcanza una gran belleza:
¿Qué más te daba dónde hubieras ido a dar con tus huesos una vez muerto? ¿Qué más te daba si era en un sucio sumidero o en una torre de mármol o en la cima de una montaña? Estabas muerto, dormías el sueño eterno y esas cosas no te molestaban ya. Petróleo y agua te daban lo mismo que viento y aire. Dormías sencillamente el sueño eterno sin que te importara la manera cruel que tuviste de morir ni el que cayeras entre desechos.

Fin de línea

El sueño eterno es una lectura más que recomendable, no tanto por la trama como por los personajes, verlos crecer en cada página es un deleite. El ritmo es vivo y seguir a Marlowe agotador, aunque casi siempre llegue con el cadáver ya servido. Chandler , en su sencillez, me parece un maestro, hay frases que revolotean en mi cabeza, algunas de ellas acabarán posándose y, si no hay demasiadas letras empujando, puede que resistan el ímpetu de las que han de llegar.

Reseña de «El jabalí de Erimantea», de Agatha Christie

RESEÑA DE «EL JABALÍ DE ERIMANTEA », DE AGATHA CHRISTIE, por Miguel Izu
1. Introducción.
 

El cuarto de los doce trabajos de Hércules y de Poirot es El jabalí de Erimantea. El relato se publicó inicialmente en Strand Magazine en febrero de 1940, en Estados Unidos en mayo siguiente en This Week llevando como título Murder Mountain.

Según la mitología clásica, este jabalí era un animal feroz y enorme que frecuentaba las laderas cubiertas de cipreses del monte Erimanto, entre la Acaya y la Élide, y que causaba estragos en toda la zona. En el camino Hércules hizo una parada para visitar al centauro Folo, con quien comparte comida y vino mientras recuerdan tiempos jóvenes. Los demás centauros huelen el vino y se enfurecen, ya que les estaba reservado. Atacan a Hércules, quien logra hacerles retirarse tras matar a varios de ellos con sus flechas envenenadas. Prosigue su camino en busca del jabalí, le hace salir de su guarida y lo persigue durante horas hasta acorralarlo en una zona cubierta de nieve donde el animal anda con dificultad y, saltando sobre su lomo, lo ata con cadenas y lo lleva a Micenas cargándolo sobre sus hombros.




2. Sinopsis.

ADVERTENCIA DEL EDITOR: Esta sinopsis contiene un spoiler completo del relato que reseñamos. Si aún no lo has leído o hace tanto tiempo que no recuerdas el argumento, te recomendamos que lo leas antes de disfrutar del excelente análisis que nos ofrece el escritor Miguel Izu.

Ya que la aventura de La corza de Cerinea le había llevado a Suiza, Poirot decide hacer un poco de turismo y visita Chamonix, Montreux y Aldermatt. En esta última población toma el funicular para subir a Les Avines, pero al entregar el billete al revisor este, disimuladamente, le deja un papel con un mensaje en la mano. En realidad, es un comisario de policía suizo camuflado, Lementeuil, que pide su colaboración para detener a un peligroso asesino, Marrascaud, “un jabalí salvaje”, que va a reunirse con su banda en Rochers Nieges, la última parada del funicular a diez mil pies de altitud y entre nieves perpetuas. Poirot decide ayudar a su colega.
   
En el funicular viajan otras seis personas; el señor Schwartz, un parlanchín turista norteamericano; tres hombres con aspecto de mozos de cuadra que juegan a las cartas; un reservado hombre mayor con aspecto distinguido, luego sabrá que es el doctor Karl Lutz de Viena, exiliado a causa de los nazis; y una misteriosa mujer vestida de negro, la señora Grandier, que peregrina cada año al lugar donde había muerto su esposo escalando. Todos se alojan en el mismo hotel, donde Poirot finge ser un comerciante en sedería de Lyon y donde un camarero llamado Gustave se identifica ante él como el inspector Drouet, trabajando de incógnito. A la mañana siguiente de su llegada este le comunica que ha habido una avería en el funicular y están aislados; ambos sospechan que puede ser un sabotaje y que Marrascaud debe de ser uno de los huéspedes, pero no ven sentido a una cita en un lugar tan remoto y sin salida.

Mientras Poirot duerme, irrumpen en su habitación los tres hombres armados con navajas con las que amenazan con acuchillarle la cara, pero en ese momento aparece el señor Schwartz con una pistola automática, les desarma y encierra en un armario. Poirot sugiere ir a hablar con el camarero, revela que es el inspector Drouet, y el americano le dice que ha sido herido en la cara por los tres maleantes y que el doctor Lutz le está curando. Encuentran unas huellas de sangre en el pasillo y, siguiéndolas, descubren un cadáver en una habitación de una parte del hotel cerrada, con un cartel que le identifica como Marrascaud. Poirot, que se ha informado sobre todo el personal, explica que probablemente es un camarero llamado Roberto que se despidió, pero al que nadie vio tomar el funicular. Schwartz sugiere que debía repartir el dinero robado con los de su banda pero que los traicionó y ellos se han vengado.

Tres días más tarde llega el comisario Lementeuil con sus hombres, alertado por señales que ha hecho Poirot con un heliógrafo. Son conducidos a la habitación donde yace herido Gustave, el supuesto inspector Drouet, al que detienen. En realidad, es Marrascaud, mientras que el asesinado Roberto era el auténtico inspector.

Poirot explica al confundido señor Schwartz que enseguida se dio cuenta de que Gustave no era policía, ya que había trabajado toda la vida entre policías, y sospechó de él. Mascarraud se alarmó ante la llegada del detective. Había llegado al hotel para encontrarse con el doctor Lutz, que no era psiquiatra como fingía ser, sino cirujano plástico, y que le iba a cambiar el rostro para hacerlo irreconocible. Había secuestrado al inspector Drouet y lo había reemplazado antes de que llegaran sus hombres. El doctor Lutz le había operado, con la excusa de que había sido acuchillado, y finalmente se propuso acabar con Poirot, pero gracias a la intervención del norteamericano sus planes fracasaron
.



   
3. Poirot, policía


Poirot afirma ante Schwartz que “he tenido que tratar con policías durante toda mi vida”, pero podría haberle precisado que él mismo fue policía. La vida de Poirot antes de su llegada como refugiado al Reino Unido durante la I Guerra Mundial (Alemania había atacado a traición y ocupado Bélgica) nunca es expuesta por completo, pero conocemos algunos detalles. En El misterioso caso de Styles, de 1920, la primera novela de Agatha Christie, donde Poirot se reencuentra con su amigo el capitán Hastings, que ha sido retirado por invalidez y convalece de sus heridas de guerra, se dice que fue “uno de los miembros más destacados de la policía belga”. Él mismo se define como “un policía belga retirado” y el inspector Japp recuerda que trabajaron juntos en 1904 en el caso del falsificador Abercrombie, que fue detenido en Bruselas. Nunca sabemos la edad de Poirot (tampoco hay manera de establecer una cronología coherente de sus aventuras), ni por qué no regresó a su país y decidió, en cambio, trabajar como detective privado en Londres. En Tragedia en tres actos, de 1934, dice que se retiró antes de la guerra y se presenta como nuevamente jubilado y dedicado a recorrer el mundo después de hacerse rico con su segunda carrera como investigador privado. Antes de finalizar la Gran Guerra ya le vemos trabajando en el relato El rapto del primer ministro, de 1923, y se deduce que en Bélgica ocupó un cargo importante ya que, cuando pregunta si le ha recomendado al Gobierno británico “mi viejo amigo el Préfet”, le responden que “uno que está por encima del Préfet. ¡Uno cuya palabra fue una vez ley en Bélgica… y volverá a serlo! ¡Eso lo ha jurado Inglaterra!”, insinuando que ha sido el propio rey Alberto. En La caja de bombones, relato también de 1923, Poirot confiesa a Hastings un fracaso en su época en Bélgica “en la época de la terrible lucha entre la Iglesia y el Gobierno francés” (debe referirse a la época de la ley de 1905 de separación de las iglesias y el Estado) y dice que “formaba parte de la Brigada de Investigación belga”. En El caso del baile de la Victoria, igualmente de 1923 y recopilado también en Primeros casos de Poirot, Hastings dice que fue “antiguo jefe de la Force belga”.

4. Rompiendo las normas.
 

No son pocos los autores que han establecido unas normas a las que teóricamente deben ajustarse las novelas policíacas, y no menos son los escritores que las ignoran olímpicamente o establecen tantas excepciones que en la práctica ofrecen el mismo resultado. Son famosas las 20 reglas de S.S. Van Dine, el creador del detective Philo Vance, publicadas en 1928 en American Magazine. La primera de ellas es que “el lector y el detective deben estar en igualdad de condiciones para resolver el problema”. Agatha Christie no solía seguir ningún tipo de normas, jugaba con los lectores y, desde luego, no respetaba ese precepto. Hércules Poirot suele saber cosas que el lector ignora hasta el final. En El jabalí de Erimantea sabe que el camarero Gustave no es policía, convencimiento derivado de su experiencia profesional, pero el lector no tiene manera de conocerlo. Algo parecido sucedía en La corza de Cerinea, sus sospechas sobre la verdadera identidad de la joven que busca derivan de haber visto actuar a la bailarina Katrina Samoushenka. Y también entre los trabajos de Hércules hay alguno, como Los pájaros de Estinfalia, donde Poirot ni siquiera se molesta en explicar cómo averiguó la verdad. Agatha Christie tampoco sigue la regla de Van Dine de que “el culpable nunca debe ser el mismo detective” (la rompe en Telón o La ratonera) o de que “el culpable debe ser uno solo” (veáse Asesinato en el Orient Express).

Agatha Christie perteneció y presidió durante años el Detection Club, formado por escritores británicos del género policíaco. Uno de sus miembros, Ronald Knox, publicó diez normas para escribir novela policíaca que sus colegas tampoco se tomaron muy en serio. Una de ellas es que “ningún accidente debe ayudar al detective”, ignorada en El jabalí de Erimantea ya que, si no aparece por pura casualidad Schwartz con su automática, Poirot habría muerto prematuramente, y otra que “no deben aparecer hermanos gemelos o, en general, dobles”, que Agatha Christie se salta en obras como Asesinato en el campo del golf o Se anuncia un asesinato, por no mencionar Los Cuatro Grandes donde Poirot finge tener un hermano gemelo, Aquiles.

Chesterton redactó un juramento que debían hacer los nuevos miembros del Detection Club en el que se comprometían a que sus detectives no utilizaran revelación divina, intuición femenina, artes mágicas, coincidencias, “Mumbo Jumbo”, “Jiggery-Pokery” (ambas expresiones en inglés equivalen a irónicas palabras mágicas o expresiones altisonantes utilizadas para encubrir un engaño) o acto de Dios. También debían comprometerse a no ocultar pistas esenciales al lector y a hacer un uso moderado de bandas, complots, rayos de la muerte, fantasmas, hipnotismo, rampas ocultas, chinos, supercriminales y locos. Es obvio que el juramento tampoco se tomaba demasiado en serio; despojando a miss Marple de su intuición femenina difícilmente hubiera resuelto ningún crimen, mientras que Poirot a lo largo de su carrera, aparte de aprovecharse de las coincidencias y seguir su intuición, se enfrenta a un buen número de complots y supercriminales (en Los Cuatro Grandes, uno de los sospechosos, además, es chino). La única regla válida, en el fondo, es que todo vale si se consigue contar una buena historia
.


Puedes leer las colaboraciones de Miguel Izu para la III SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2017, PINCHANDO AQUÍ o en la imagen.

 
es doctor en Derecho y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Funcionario del Gobierno de Navarra, vocal del Tribunal Administrativo de Navarra. Ha ejercido como abogado y como profesor asociado de Derecho Administrativo en la Universidad de Navarra y en la Universidad Pública de Navarra. Ha colaborado con la Escuela de Policía de Cataluña y colabora regularmente con la Escuela de Seguridad de Navarra. Ha sido concejal del Ayuntamiento de Pamplona, presidente de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona y miembro del Parlamento de Navarra. Colabora asiduamente en diversos medios de comunicación (principalmente, en Diario de Noticias y Solo Novela Negra) y revistas profesionales. Secretario de la Asociación Navarra de Escritores/as-Nafar Idazleen Elkartea. Obras: Novela: El asesinato de Caravinagre (2014); El crimen del sistema métrico decimal (2017). Relato: “Un asunto privado”, en 24. Relatos navarros (2016); “Una cuenta pendiente”, en Solo Novela Negra (2016); “El vino del francés”, en El alma del vino (2017); “Un móvil para un crimen”, en la III Semana Negra en la glorieta (2017). Ensayo: La Policía Foral de Navarra (1991), Navarra como problema. Nación y nacionalismo en Navarra (2001), El Tribunal Administrativo de Navarra (2004), Derecho Parlamentario de Navarra (2009), El régimen jurídico de los símbolos de Navarra (2011, VII Premio Martín de Azpilicueta), El régimen lingüístico de la Comunidad Foral de Navarra (2013). Recopilación de artículos de prensa: Sexo en sanfermines y otros mitos festivos (2007), Crisis en sanfermines y otros temas festivos (2015). Página web: http://webs.ono.com/mizubel/

Reseña de «Cara a cara», de Ellery Queen

RESEÑA DE «CARA A CARA», DE ELLERY QUEEN, 
por Yolanda Rocha Moreno
Cuando una infancia no es especialmente feliz buscas espacios propios en los que refugiarte. Burbujas de un mundo que es sólo tuyo y que no compartes con nadie. Por suerte en mi casa siempre hubo muchos libros y en ellos encontré paisajes y hechos que se convertían en los muros de mi castillo. Enseguida me aficioné a lecturas tan eclécticas como los volúmenes de la colección Otros Mundos, las novelas de Pearl S. Buck, los cómics de Astérix y la colección de libros de misterio que mi madre iba aumentando a pequeños pasitos. En ella conocí a Miss Marple, a Poirot, a Maigret, a Dupin, a Sherlock Holmes y a quien hoy os traigo, Ellery Queen.

Ellery se convirtió en uno de mis detectives favoritos y sus novelas me fascinaban y me siguen fascinando por la habilidad con que era capaz de llevarte a los finales más inesperados tras casos diabólicamente enrevesados. Sin tecnología, sin alardes científicos, sólo con datos, hechos y una mente analítica. Pero me preguntaba por qué sus novelas, con él de protagonista, estaban firmadas con su mismo nombre si no se narraban en primera persona. Y para todo hubo respuesta…

PERO ¿QUIÉN ES ELLERY QUEEN?


Ellery Queen es el seudónimo que usaban dos primos estadounidenses de origen judío. Se llamaban Frederick Dannay y Manfred Bennington Lee y se dedicaban a escribir literatura policiaca. Ambos crearon al personaje del mismo nombre que su seudónimo, un personaje que se mantuvo en lo más alto entre 1929 y 1970 no sólo con sus propias novelas, sino con las que se escribieron bajo su patrocinio y las que recibieron autorización por parte de los autores para usar el mismo seudónimo. Tal fue la fama que Ellery Queen adquirió que Dannay y Lee decidieron crear la revista Ellery Queen’s Mystery Magazine, que fue considerada en su tiempo una de las más influyentes publicaciones de literatura de misterio de la segunda mitad del siglo XX.

Como personaje, Ellery al principio tiene un cierto parecido a Philo Vance, el detective creado por S.S. Van Dine tres años antes de la aparición de Queen. Pero ese aire cínico y algo snob de sus primeras novelas va dejando paso a los rasgos que harían a Ellery Queen inconfundible: una apabullante inteligencia crítica, una acomodada independencia económica (herencia de su madre fallecida, perteneciente a una rica familia de Nueva York), un gran interés por la justicia y, por influencia de su padre, un sentido práctico y realista de la vida. Alguna vez veremos aflorar algún rasgo más íntimo de los protagonistas, pero lo fundamental en sus novelas es la eficacia del razonamiento deductivo.

Desde la primera novela de Ellery Queen, publicada en 1929, los autores dejaron claro el modelo de argumento que iban a usar en sus obras: siempre se partía de un crimen insólito, muchas  y a veces extrañas pruebas contradictorias, la presencia del inspector Richard Queen, padre de Ellery, y de su ayudante, el sargento Velie. Y lo que es más importante y que da carta de naturaleza a todas las novelas: el “desafío al lector”. Se ponen a disposición de quien lee sus novelas todos los elementos suficientes para que sea capaz de descubrir al culpable. No hay trampas, no hay ases guardados en la manga: lo que los protagonistas saben y descubren es lo mismo que tú sabes mientras lees. Te lo ponen todo ante los ojos. Otra cosa es que seas capaz de colocar las piezas del puzle.

¿Os animáis a aceptar el reto y le pondréis cara al asesino?

CARA A CARA

Cuando Ellery Queen regresa de un viaje a Inglaterra se encuentra con la noticia del asesinato de Gloria Guild, una mítica y millonaria cantante que fascinó a la ciudad de Nueva York en los años 30. Gloria ha sido tiroteada en su loft y la única pista de la que dispone la policía son cuatro letras que dejó escritas en su libreta antes de morir. Ellery, ayudado por su nuevo amigo Harry Burke, exinspector de Scotland Yard, se une a la investigación policial y a su padre, el inspector Richard Queen, para tratar de resolver el caso.

A priori hay un sospechoso fundamental: el actual marido de Gloria, Carlos Armando, mucho más joven que ella y reconocido cazafortunas, que ya cuenta en su haber con varios matrimonios con millonarias de edad que le duraron poco tiempo y le dejaron herencias muy sustanciosas. Incluso se hace llamar “conde” sin serlo realmente. También cuenta con una lista de amantes y rendidas admiradoras que harían cualquier cosa por él. El problema es que Carlos cuenta con una coartada sólida e inapelable para la noche del crimen, por eso la primera pregunta que se plantea es a cuál de todas ellas manipuló para que matase a su mujer.

La investigación da un giro inesperado cuando el arma del crimen es encontrada en casa de la sobrina de Gloria Guild, heredera universal según el testamento de la cantante. ¿Y si las apariencias engañan?

Cara a cara es una de las últimas novelas de Ellery Queen. Publicada en 1967, supuso un nuevo éxito arrollador de ventas de los autores. A pesar de que se sabe a priori (según era norma de la casa) que todas las pruebas y los indicios están a la vista, la resolución del caso es tan sorprendente que dejó boquiabiertos a los lectores. Y al mismo tiempo se asombraron, como me ocurrió a mí, de no haber sido capaces de desentrañar el misterio. Todo estaba ahí. Todo. Envuelto en un argumento que parece simple y que, sin embargo, se va complicando a cada capítulo y que te va tirando abajo todas las certezas que creas tener. Sólo otra novela de Ellery Queen me dejó tan estupefacta con su final: la magnífica El misterio del ataúd griego, que también aprovecho para recomendaros.

Ante todo tenemos que recordar, cuando nos enfrentamos a la lectura de Cara a cara, el año en el que está escrita y las diferencias con el estilo de vida actual y nuestras costumbres. Las mujeres aún pecan de ser algo frágiles y los hombres, a veces, pecan a su vez de cierto paternalismo. También la ausencia casi total de método científico en el tratamiento de pruebas para dejar paso al ejercicio mental, en el que Ellery es un maestro aunque en esta novela en alguna ocasión se vea superado por la conveniencia o no de contar lo que sabe.

Cara a cara es una novela negra de corte clásico: un asesinato, pocas pruebas, una investigación policial, algunos sospechosos… y Ellery, el verso suelto, el que gusta de ver las cosas desde prismas diferentes, a veces un poco desesperante en su certeza de estar en posesión de un gran cerebro y la mejor de las lógicas. Ese alto concepto de sí mismo y su fabulosa capacidad de análisis tiene un toque un poco de Holmes y un poco de Poirot, aunque con formación universitaria, gran cultura y algunos grados más de sofisticación. Hoy día podemos encontrar bastantes de esos rasgos de Ellery en el agente Pendergast, protagonista de varias novelas de Douglas Preston y Lincoln Child, y que también es una de mis debilidades.

Del mismo modo que la creación de la personalidad personaje de Ellery Queen es el gran hallazgo de los autores, ambos consiguen un elenco de protagonistas que no dejan indiferente. Carlos Armando resulta odioso desde su primera aparición, un sospechoso que deseas con toda tu alma que sea el culpable. La gran protagonista en elipsis, Gloria Guild, de la que iremos sabiendo su vida, sus amores, sus grandes éxitos, retrotrae con cierta melancolía al Nueva York de los clubs, de las cantantes capaces de volver locos a los hombres, mundano, elegante. Gloria, amante de la música y de los crucigramas, mucho más inteligente de lo que gustaba aparentar, dará la clave para resolver el caso con sólo cuatro letras apenas esbozadas mientras la vida se le escapaba. Pero ¿serán suficientes para poner cara al culpable?

Es posible que haya lectores a los que el estilo narrativo de las novelas de Ellery Queen les resulte un tanto obsoleto, pero basta con leer el primer capítulo para rendirse con armas y bagajes: estás perdido y atrapado por completo. Deja de importar la fecha en que está escrito, dejan de importar las ausencias de métodos criminalísticos y tecnológicos. Te quedas al lado de Ellery tratando de averiguar quién mató a Gloria Guild incluso antes que él.

No hay nada más engañoso que un hecho evidente, decía Sherlock Holmes. Aceptad el desafío al lector de Cara a cara y dejaos seducir por un misterio redondo, impecable y con un final de los que marcan. Os aseguro que no os vais a arrepentir
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Esta reseña ha sido escrita por Yolanda Rocha moreno para la III SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2017. Agradecemos a quien quiera reproducirla, total o parcialmente, que cite su fuente original. Si quieres acceder al programa de la Semana Negra PINCHA AQUÍ o en la imagen.


es una madrileña enamorada de su ciudad, que vio su primera luz en Chamberí y pasó buena parte de su infancia junto al Rastro y la Plaza Mayor. Lectora precoz, desde siempre ha sentido predilección por la novela policiaca y de misterio. Aunque ha hecho alguna pequeña incursión en la escritura, leer se ha convertido en su principal pasión. Después de colaborar en otros medios, actualmente administra el blog  "Que el sueño me alcance leyendo".