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«El detective y la ciudad en la novela negra», por Juan Infante


«El detective y la ciudad en la novela negra»,  
por Juan Infante
El detective y la ciudad siempre han estado íntimamente ligados en la novela policiaca, de intriga, negra y criminal.

Así como cuando hablamos de un autor de género negro, lo relacionamos de la misma con su protagonista, detective o policía, que suele ser bien conocido, cuando nos referimos a estos y sobre todo al detective privado, salta de inmediato su ciudad.

Philip Marlow y Los Ángeles, Sam Spade y San Francisco, o Sherlock Holmes y Londres; detectives y ciudades están íntimamente relacionados. A todos ellos resulta muy difícil desligarlos de sus calles, de su paisaje urbano y de su ambiente, de tal forma que difícilmente imaginaríamos a Marlow en Harlem o Chicago.

Ello refuerza la importancia que tiene en la novela negra, la ciudad. En una trama de novela negra, la ciudad se incorpora a la misma y se refleja en las vicisitudes por las que atraviesan sus protagonistas. En la ciudad, el detective plasma su personalidad y te acompaña por unos lugares bien elegidos incorporándose a su propio paisaje.

Cuando Pepe Carvalho recorre las calles de su ciudad, la Barcelona de siempre se nos aparece sin necesidad de nombrarla y toda la historia en la que participa no podría desarrollarse al margen de la Ciudad Condal.

Hay un debate siempre inconcluso, sobre con quién empezó el género policiaco. La doctrina se divide entre Edgar Allan Poe y Wilki Collins. Ambos comenzaron en la misma época, hacia mediados del siglo XIX, pero fue Poe el creador del detective moderno con Auguste Dupin. Collins con su sargento Cuff de Scotland Yard en La Piedra Lunar (1868) creó la primera novela protagonizada por un policía.

Con Los Crímenes de la calle Morgue (1841) Poe sentó las bases del género policiaco, creando la novela de enigma, en la que el crimen es descubierto gracias a la perspicacia del investigador. Así tenemos en éste primer relato policial, al primer detective privado: Auguste Dupin.

Empezamos a ligar directamente al protagonista detective, Dupin, con la ciudad de Paris, en
Los Crímenes de la calle Morgue (1841), El misterio de Marie Roget (1842) y La Carta Robada (1844). Con Poe y Dupin se sientan las bases para la creación de nuevos detectives privados como Sherlock Holmes y Hércules Poirot.

La primera aparición de Holmes con su ayudante el Doctor Watson se produce en la novela corta, Estudio en Escarlata (1887) de Arthur Conan Doyle y es en Londres, el Londres victoriano donde este investigador privado empieza a desarrollar todas sus capacidades para resolver los crímenes de los casos que le encargan. La ciudad de Londres quedará por siempre unida a Sherlock Holmes.

Hércules Poirot, el detective creado por Agatha Christie, hace su aparición en 1920, en la novela El misterioso asunto de Styles. Aunque es belga, vive en Inglaterra y desarrolla su actividad investigadora en la aristocrática Inglaterra rural. Su paisaje le identifica, como a otros la ciudad.

Si damos un salto por el atlántico y nos acercamos a la costa oeste americana, allí situamos varios de los detectives más famosos de la novela negra y policiaca.
                     
En San Francisco nos encontramos con Sam Spade, detective privado creado por Dashiell Hammett, quien a pesar de su celebridad solo protagonizó una novela, El halcón maltés (1929) y tres relatos.

En el corazón de San Francisco todavía se mantiene el bar-restaurante Johns Grill, donde Dasiell Hammett escribió El halcón maltés. Allí podemos seguir comiendo: chuletas, patatas fritas y rodajas de tomate, con un trago de vodka Bloody Brigmid tal como hacía Sam Spade o encontrar al fantasma del socio de éste Nicas Archer.

En Los Ángeles, Raymond Chandler creó al mítico Philip Marlow, recordado también por sus películas, con Bogart, Lauren Bacall y Audrey Hepburn.

Por Sunset Bulevard, Hollywood, el Valle de San Fernando…por sus calles, en sus mansiones y hoteles, Marlow investiga y resuelve sus casos. Hoy conocemos mucho mejor Los Ángeles quienes hemos leído a Chandler.

También en la misma ciudad, desarrolla su actividad de detective Lew Archer creado por Ross MacDonald. Con oficina en Sunset Bulevard (Hollywood) nos ayuda a conocer mucho mejor Los Ángeles. Archer como Marlow son dos figuras implicadas en la ciudad de los Ángeles y recordarlos es ver la ciudad y recorrerla con ellos.

Easy Rawlins de Walter Mosley viene en los noventa a patear Los Ángeles, particularmente sus suburbios. Era el prototipo de hombre recto, honesto en una lucha sin cuartel contra el crimen y el racismo.

En la costa Este, Dennis Lehane crea Patrick Kenzie y Angela Gennaro, dos detectives de Boston. Allí transcurren sus novelas y en los bajos fondos de donde proviene la pareja de detectives, ejercen su actividad investigadora y nos permiten conocer mejor una de las ciudades más antiguas de Estados Unidos.

Charly Parker, Bird, detective creado por John Connolly, es un hombre atormentado y violento, y también desarrolla sus andanzas por Boston.

Myron Bolitar de Harlen Coben, agente deportivo, ejerce como investigador privado también en la Costa Este.

En Nueva York tenemos al investigador Philo Vance, que aparece por primera vez en la novela de S.S. Van Dine: El misterioso caso Benson (1926).

En la misma ciudad de los rascacielos, unos años más tarde, en 1947 apareció el detective privado Mike Hammer, en Yo, el jurado, de Mickey Spillane. La novela se llevó al cine y también tuvo una exitosa serie de televisión con Mike Hammer de protagonista.

Volviendo a Europa, no nos podemos olvidar de Bernie Gunther, primero policía y luego detective privado en la época del ascenso nazi en Alemania. Gunther creado por Philip Kerr está íntimamente ligado a Berlín, siendo detective del mítico hotel Adlon en la capital alemana. Sus actuaciones en medio del poder nazi son memorables. Con él llegamos a conocer muy bien aquella ciudad. Sus aventuras transcurren en sus calles, en lugares muy conocidos y donde el reflejo de la ciudadanía y del establishment nazi son de un grandísimo valor literario e histórico. Leyendo a Kerr y siguiendo a Bernie Gunther se llega a conocer muy bien Berlín.

En España nuestros detectives privados han sido muy especiales. No hay tradición en su trabajo profesional, pero nuestros autores clásicos de novela negra los han incorporado a sus relatos y nos han creado investigadores originales, con un atractivo personal importante.
                                                                                                                     
Pepe Carvalho, de origen gallego, es Barcelona; la Barcelona de siempre, que nos sigue llenando de nostalgia y aventuras. De la mano de Manuel Vázquez Montalbán apareció por primera vez en Yo maté a Kennedy (1972), tras haber trabajado para la CIA durante varios años. Después protagonizó 22 novelas más.

Con Andreu Martin y Jaume Ribera, nos encontramos investigando sus casos en una Barcelona más actual, a Flánagan, un detective adolescente, que aparece por primera vez en Alfagann es Flanagan (1996).

Y ya en Madrid, con otro de los grandes de la novela negra española, Juan Madrid, nos encontramos con Toni Romano, expolicía y exboxeador, quién resolvió su primer caso en Un beso de amigo (1980).

Y vamos a terminar en Bilbao con dos detectives estupendos, con solera y personalidad. Mikel Goikoetxea, alias Goiko, creado por Javier Abasolo, ex ertzaina, desarrolla su actividad investigadora en Bilbao, donde nos deleita con su personalidad exagerada. Aparece por primera vez en la novela Pájaro sin alas (2010).

Touré, creado por Jon Arretxe, se asienta en el barrio de San Francisco, en Bilbao la Vieja, su pequeña África. Allí Touré, un africano en situación irregular, con su personalidad tan versátil y su sentido del humor, resuelve sus casos, formando parte de su paisaje. Aparece por primera vez en la novela 19 Cámaras (2012).

Hemos presentado una serie de detectives privados relevantes de la novela policiaca, negra y criminal, creados por grandes escritores del género. Podíamos hacer la interminable, pero se trata de apuntar la relevancia de la ciudad con el detective y el autor.

Tradicionalmente, siempre han existido ciudades con fuerza y personalidad, muy ligadas al género negro: Los Ángeles, San Francisco, Nueva York, Boston… Londres, Paris, Barcelona…pero también es relativo, porque el género negro se ha desarrollado, ha roto fronteras y hoy nos encontramos con buenas novelas ligadas a ciudades de todo el mundo. El lector seguro que tiene en la cabeza muchos ejemplos.

No hemos tratado al policía detective, figura elegida por muchos autores de novela negra; en este caso la relación, unida a la del detective privado sería apabullante.

Al final lo importante es que la ciudad se identifique con el investigador-protagonista y que su presencia en su paisaje, en sus calles, en su relación con los vecinos hagan la trama y la novela más atractiva.

Les propongo un juego. Cuando estén en una ciudad recuerden a un detective o policía detective protagonista en esa ciudad. Seguro que lo consiguen; entonces ya verán como disfrutan mucho más de la ciudad.

Bilbao. Agosto 2020
Juan Infante, abogado y escritor.

NOTA DEL AUTOR
Me he permitido ilustrarme para realizar este artículo, además de mis lecturas en el excelente libro Los héroes de la novela policiaca de Sergi Echaburu Soler, editado en 2006 por Grafein Ediciones y por los artículos y trabajos sobre el origen de la novela negra y sobre detectives de Juan María Barasorda, publicados por la editorial d´Epoca, las Revistas Calibre 38, MoonMagazine y la Semana Negra en la Glorieta.

Esté artículo ha sido escrito por Juan Infante para la sección DETECTIVES DE FICCIÓN, coordinada por el escritor y detective madrileño Rafael Guerrero.

 
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Juan Infante (Bilbao)
Es escritor y ejerce de abogado en su ciudad natal.
Ha sido promotor y partícipe de múltiples iniciativas literarias y culturales. Fue presidente de la Sociedad Cívica y Cultural El Sitio.   
Colabora habitualmente con la revista lúdico-cultural Moon Magazine.

Tiene publicadas siete novelas de género negro-criminal: Werther en Beirut (Editorial Burguete), Asesinato en Santurce (Editorial Hiria) El crimen de Cienfuegos (Hiria), Quince Millones (Hiria),  La Baldosa Negra (Hiria), Atrapado (Editorial Erein) y El precio del silencio (Erein). Es autor también de cuatro relatos: El sargento Puchades, Me chifla Nicolás, Literatura y Ficción y El misterio del testamento ológrafo. Atrapado fue nominada para el Premio Euskadi de literatura 2018
.


es Detective Privado y Criminólogo por la Universidad Complutense de Madrid, Director de Seguridad por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Máster en Servicios de Inteligencia por el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado de Madrid. Miembro de World Association of Detectives de Estados Unidos, a la Asociación Profesional de Detectives Privados de España, ASIS International, Asociación Nacional de Criminalistas y Expertos en ciencias forenses y es socio colaborador de la International Police Association. Es autor de Un guerrero entre halcones, Diario de un detective privado (Editorial Círculo Rojo, 2010), Muero y Vuelvo (Editorial Círculo Rojo, 2013),  Ultimátum (Editorial Círculo Rojo, 2015) y Yo, detective (Editorial Círculo Rojo, 2018) .


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«Detectives de ficción», por Kika Sureda


«Detectives de ficción»,  por Kika Sureda
Los detectives que aparecen en las novelas y series de televisión han sido durante mucho tiempo un elemento básico del género negro. Los detectives de ficción se dividen en tres grandes grupos: aficionados, investigadores privados y policía profesional. Las categorías se superponen: muchos aficionados son abogados, periodistas o tienen otras conexiones comerciales que los ponen en contacto regular con el crimen. En la Edad de Oro entre las dos guerras mundiales, los detectives aficionados eran el personaje más común; hoy son más profesionales. Originalmente, tendían a ser memorables por sus excentricidades; ahora el énfasis está en la caracterización en profundidad. Detectives de diferentes tipos  operan en una amplia variedad de lugares y períodos.

Los policías de la vida real inspiraron a los primeros detectives importantes, pero no fue hasta que Sherlock Holmes hizo su debut en Estudio en escarlata (1887) que el investigador privado profesional hizo su aparición.

Holmes, como Dupin de Poe, era una máquina de razonamiento suprema y Conan Doyle lo dotó de características que, aunque a veces extrañas, trascendían la artimaña y aseguraban su clasificación como el más famoso de todos los personajes de ficción. Se le presenta como un extraño, depresivo antisocial, dado a los silencios de mal humor y a tomar cocaína cuando no está tocando el violín o disparando a la pared de su casera. Con el paso de los años, la representación se suavizó y el hábito de las drogas de Holmes se explicó como una reacción contra la monotonía y la soledad. Durante todo el tiempo siguió siendo un genio entre los detectives, atento a la importancia de las mangas, la sugerencia de las uñas de los pulgares o los grandes problemas que pueden surgir de un cordón de botas. Eclipsó a Lestrade y a otros policías una y otra vez, mientras que el Dr. Watson demostró ser un amigo valiente y devoto (aunque no acrítico), así como un complemento ideal.

Los imitadores de Conan Doyle copiaron obedientemente la pareja de detective y compañero narrador admirador, sin capturar la esencia única de la relación Holmes-Watson. Los primeros casos de Hércules Poirot lo vieron asociado con el capitán Arthur Hastings hasta que Agatha Christie retiró a Hastings a Argentina; reapareció en el último libro de la serie, Telón (1975). Como Holmes, el belga Poirot era un forastero, indiferente al sentimentalismo al investigar un crimen y, sobre todo, capaz de pensar lo impensable, reconociendo en uno de sus casos más célebres que el asesinato podría haber sido cometido no solo por uno o dos de los sospechosos, sino por todos ellos. Tales toques atrevidos ayudaron a cimentar su legendaria reputación, solo superada por Holmes.
 
Anteriormente, el personaje del detective apenas se había desarrollado con algunas excepciones en gran parte insatisfactorias, en un intento de convertirse en esa rareza de la Edad de Oro, en un personaje tridimensional.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la novela de procedimiento policial fue desarrollada por escritores con experiencia personal en el trabajo policial rutinario. El personaje de detective privado siempre ha gozado de más popularidad entre los escritores estadounidenses, siendo llevado más tarde a otros países.

Curiosamente, el detective aficionado ha seguido floreciendo. En la década de 1950, el «sentido olfativo» fue una ayuda para el trabajo de detective antes de concentrarse en una variedad de detectives de la policía. Los personajes con vínculos profesionales, aunque a veces bastante tenues, con la investigación de asesinatos han seguido proliferando: abogados con gusto por el crimen o periodistas detectives.

Las historias históricas de detectives se escribieron antes de la década de 1970, pero solo después de que se creara el policía victoriano, fue cuando de reconoció plenamente el potencial del pasado para la ficción criminal. Una ventaja de los misterios de la historia es que los autores no están encadenados por las complicaciones y el tedio intermitente de la rutina policial moderna y las técnicas de investigación. Otra es que, especialmente en los días previos a la investigación de las fuerzas policiales profesionales, el detective aficionado puede operar de manera más plausible que en la actualidad. Casi todos los períodos históricos han visto una gran cantidad de investigación ficticia, con frecuencia por personajes creados, ya sea con su propio nombre o con un seudónimo, pero hay una marea interminable de detectives de la policía.

Inevitablemente, los lectores se cansarán de los detectives con personalidades extraídas de fórmulas o clichés, como el solitario inconformista con un problema con la bebida que sigue investigando incluso cuando su antipático jefe lo saca del caso. En la década de 1990, la novela de suspense psicológico ganó popularidad. Sin embargo, los atractivos de las series tanto para lectores como para escritores siguen siendo fuertes y los novelistas policiales y detectivescos sin duda continuarán evocando nuevos e intrigantes «solucionadores de misterios». El detective es y será un personaje con un atractivo duradero.

Esté artículo ha sido escrito por Kika Sureda para la sección DETECTIVES DE FICCIÓN, coordinada por el escritor y detective madrileño Rafael Guerrero.



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es Detective Privado y Criminólogo por la Universidad Complutense de Madrid, Director de Seguridad por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Máster en Servicios de Inteligencia por el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado de Madrid. Miembro de World Association of Detectives de Estados Unidos, a la Asociación Profesional de Detectives Privados de España, ASIS International, Asociación Nacional de Criminalistas y Expertos en ciencias forenses y es socio colaborador de la International Police Association. Es autor de Un guerrero entre halcones, Diario de un detective privado (Editorial Círculo Rojo, 2010), Muero y Vuelvo (Editorial Círculo Rojo, 2013),  Ultimátum (Editorial Círculo Rojo, 2015) y Yo, detective (Editorial Círculo Rojo, 2018) .

Reseña de «Muerte en la vicaría», de Agatha Christie

Reseña de «Muerte en la vicaría», de Agatha Christie, por  Susana Gómez (de Susurros de Bibliotecas)
Sinopsis
El cuerpo sin vida del juez de paz y coronel retirado Lucius Protheroe aparece en el despacho del vicario de St. Mary Mead, un pequeño y tranquilo pueblo de la campiña inglesa.
La esposa del coronel y su amante, un joven pintor, confiesan el asesinato. Sin embargo, su vecina, Miss Jane Marple, una anciana solterona con un profundo conocimiento de la naturaleza humana y una agudísima intuición, descarta inmediatamente su culpabilidad. La hija adolescente del coronel, el neurótico coadjutor del vicario, que guarda un secreto que le atormenta, el doctor del pueblo, un exconvicto encarcelado por el coronel por caza furtiva y la enigmática viuda de un explorador a quien se ha visto discutir acaloradamente con el difunto forman la larga lista de sospechosos.

Opinión
Dado que en esta ocasión, la VII Semana Negra en la Glorieta va a tener una sección dedicada en exclusiva a la novela enigma, he pensado reseñar "Muerte en la vicaría"; novela escrita, como bien sabéis, por una de las grandes reinas del género, Agatha Christie.
De ese modo rindo un pequeño tributo, no solo al género sino también a la autora, ya que su novela "El misterioso caso de Styles", considerada como la primera que puede incluirse dentro de esa etapa en que el crimen brilló con más fuerza, la llamada Golden Age, este año cumple un siglo.

"Muerte en la vicaría" cuenta con las características principales de novela enigma: un crimen o misterio que será el punto de partida de la narración, un investigador, y tantas pistas diseminadas a lo largo del texto como sospechosos y motivos aparecen en escena. Los lectores con su lectura nos enfrentaremos a dos retos: descubrir al criminal e intentar resolver el caso antes de que lo haga el investigador.

En esta obra, publicada en 1930, los lectores entramos en contacto por primera vez con el personaje de Miss Marple, y con ese universo construido a escala para ella, el pequeño pueblecito ficticio de St. Mary Mead, que se convertiría en escenario de todas sus historias; aunque es cierto, todo hay que decirlo, que los amantes del género ya habían tenido una ligera toma de contacto con ella, ya que había aparecido en algunos relatos breves publicados en revistas. 
En esos relatos intentaba dar con la solución a unos misterios que sus compañeros del club de lectura planteaban. Tras recopilarse, esas miniaventuras fueron publicadas en forma de libro en 1932 bajo el título de "Miss Marple y 13 problemas", por lo que esta de la que hoy os hablo es considerada como su primera aparición seria.

En esta novela vamos a encontrar algunos detalles que la diferencian del resto de libros que dan continuidad a la saga.
El primero es que el narrador es a la vez un personaje, el pastor Clement Leonard; algo que llama mucho la atención porque le seguiremos a él y a su investigación, mientras intenta averiguar quién es el asesino del coronel Protheroe.
El resto de novelas de la serie tendrán como cronista a un narrador omnisciente en tercera persona.
Miss Marple, en esta primera aparición, será solo un personaje incidental que va tomando cuerpo según avanza el argumento. Su actuación queda relegada a un papel más secundario; esa es otra de las diferencias más significativas.

Y ahora llega el momento de haceros un apunte que creo que es interesante...
Todos los amantes de la novela de Agatha Christie estamos acostumbrados a las descripciones que hace de sus protagonistas. Sabemos por ejemplo que Poirot es bajito, con cabeza de huevo y dotado de un carácter excéntrico y arrogante. Como podéis ver no escatima a la hora de hacer halagos hacía sus creaciones literarias, por lo tanto, no debe extrañarnos el encontrar la siguiente descripción...
"Es la murmuradora del pueblo.
Sabe siempre, hasta el último detalle, cuanto ocurre y siempre piensa mal"
"Miss Marple siempre lo ve todo. Cuidar el jardín es un buen pretexto tras el que ampararse, y también la costumbre de observar a los pájaros con esos prismáticos"
En tan solo dos párrafos, la gran dama del crimen nos muestra el rasgo más característicos del personaje, su carácter chismoso y entrometido.
Justo en ese detalle radica su éxito: su aspecto y forma de actuar crean un extraño efecto. Todos subestiman a la viejecita tras la que se esconde un lobo con piel de cordero, que una vez que obtiene una presa es incapaz de soltarla; y es que a nadie se le ocurriría pensar que tras ese aspecto se oculta una eficaz detective, eso sí, con una capacidad extraordinaria para atraer crímenes a St. Mary Mead y sacar de quicio a sus habitantes.
Ese aspecto, como veis, Agatha lo utiliza en beneficio del personaje.

Lo cierto es que, tras haber leído mucha novela enigma, no creo que exista en toda la historia de la literatura, un detective tan sagaz y metomentodo como esta solterona de edad indefinida.

Agatha Christie está considerada como la más importante de entre las "Reinas de la delincuencia", y ese título no se otorga a la ligera. Consiguió crear, de forma magistral y dejando a la vista todas las pistas, historias con un asesinato como punto de partida, y a raíz de ahí construyó los personajes y el mundo que los rodeaba, sin olvidar establecer vínculos entre ellos.

Si queréis adentraros en la novela enigma aquí tenéis una buena muestra
.


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Autodidacta, amante de la literatura y defensora del libro clásico.
Colaboradora ocasional con editoriales, talleres literarios y clubs de lectura.
Administra el blog de reseñas literarias Susurros de Bibliotecas
.

Novela enigma, por Susana Gómez

Novela enigma, por  Susana Gómez (de Susurros de Bibliotecas)
Para esta nueva edición de la Semana Negra en la Glorieta, me gustaría hablaros de novela enigma, un tipo de narración policíaca que tiene unas características muy específicas. Para ello voy a hacer un artículo un poco injusto, porque solo voy a poder citar en él una pequeña muestra de escritores, dejándome otros muchos en el tintero que pueden ser igual de brillantes que los mencionados.

Hecha esta aclaración, quiero mostraros los requisitos fundamentales de este género.

El primero es contar con un investigador, alguien que no necesariamente tiene que ser un detective o policía, tan solo un personaje que nos guíe a lo largo de la historia encontrando las pistas y poniendo las cartas sobre la mesa.

Otro detalle importante es que el argumento contenga un delito, misterio o enigma a resolver, como el propio género indica, sin olvidar lo fundamental: que el lector, durante buena parte de la obra, desconozca el quién, el cómo, el porqué, e incluso en ocasiones el dónde.

Para eso están las pistas que iremos descubriendo a la par que el investigador, indicios que pondrán en juego nuestra capacidad de deducción y de observación.

Si habéis sido observadores, como espero, habréis visto que no he citado como requisito imprescindible contar con un criminal, y eso es porque en algún texto, si la cabeza no me falla, al final se llega a la conclusión de que no se ha cometido ningún delito, por lo tanto, tampoco puede existir un criminal; eso sí, con lo que siempre contaremos será con un buen número de sospechosos, peones de la trama con los que el autor jugará al despiste.
Y ahora que ya conocemos los conceptos básicos, dejadme que os hable de sus orígenes.
Los expertos o amantes de la novela de detectives, siguiendo las pautas anteriormente citadas, parece que lo tienen muy claro a la hora de catalogar un relato, pero yo que no soy ninguna experta creo que, en ocasiones, los límites son muy difusos, al igual que determinar con fecha exacta su origen.

¿Por qué digo esto? pues porque la novela enigma no es más que un tipo de narración ficticia con una manifestación delictiva que arrastra una investigación, por lo tanto, creo que su catalogación está cargada de obstáculos.
Por ese motivo os propongo un pequeño paseo a lo largo del tiempo, haciendo solo unas breves pausas en momentos puntuales, que nos permitan vislumbrar sus comienzos.

Cuando hablamos de obras policíacas clásicas a todos nos vienen títulos y nombres de autores famosos a la cabeza. Nuestra mente vuela hacia las historias de detectives del siglo XX, las que incluiríamos en la llamada Golden Age, pero antes de llegar a ese punto hay que retroceder algo más en el tiempo para conocer sus verdaderos inicios.

Podemos encontrar textos como "Edipo rey" de Sófocles, donde somos testigos de una investigación, pero no es hasta 1841 cuando nace el género policíaco, embrión de la actual novela negra. Fue en aquel lejano 1841 cuando Edgar Allan Poe, al que se considera como padre del relato policíaco, crea a C. Auguste Dupin, un personaje que revolucionará el género deductivo con su primera aparición en "Los crímenes de la calle Morgue". ¡Y ojo! que he dicho padre del relato policial, porque según los expertos la primera novela policíaca de la literatura universal es "Un asunto tenebroso", publicada un par de meses antes por Honoré de Balzac. Y aquí vuelvo a sacar a relucir la dificultar a la hora de catalogar una narración, porque a mí "Un asunto tenebroso" me parece más una historia de espionaje farragoso basada en un hecho real con tintes de novela negra, con lo cual algunos puristas, automáticamente la sacarían de esa catalogación.

A partir de ese momento, las novelas policíacas o que esconden algún misterio empiezan a surgir como hongos y muchos autores se suman a la moda...

En 1853 el gran Charles Dickens hace sus pinitos dentro del género, publicando una novela temprana de lo que después sería catalogado como Whodunit, género del que os hablaré después.

Esa historia lleva el título de "Bleack House", en castellano, "Casa desolada", e incluso algunos expertos se arriesgan a decir que pudo haber sido escrita en una fecha anterior a 1842, con lo cual, bautizar a un escritor como padre de la novela policíaca empieza a tornarse algo delicado, porque al género le están saliendo padres por todos lados.

Un poquito después, alrededor de 1860 llegan las "Sensation novel", esas narraciones escondían misterios y algún crimen, pero sobre todo, despertaban el morbo al dejar al descubierto secretillos y actos que la moralidad de la época no aprobaba. Aunque no seguían paso a paso el proceso indagatorio, sí ofrecían algunas pistas a los lectores para poder resolver el caso, por eso me ha parecido interesante incluirlas en esta reseña, porque dieron grandes escritores y obras como Mary Elizabeth Braddon creadora de "El secreto de Aurora Floyd"; Fortuné de Boisgobey con "El crimen del ómnibus" o Fergus Hume con "El misterio del carruaje", por citar solo a algunos de esa época.
Esas novelillas catalogadas con el título despectivo de novelas sensacionalistas, servían para matar el tiempo, aunque viendo el contenido de este artículo debería cambiar el verbo matar por pasar.

En 1887 nace de la pluma de Arthur Conan Doyle el genial y excéntrico Sherlock Holmes que llevará el género a su máximo esplendor. 
El personaje nos mostró que todas las pistas estaban a la vista, que debíamos interpretarlas de forma correcta, tal y como había sentado las primeras bases Dupin, pero también que los lectores muchas veces carecíamos del instinto sabueso y/o los conocimientos necesarios para dar con el criminal.

Y así, con esta compañía tan excepcional, llegamos al momento esperado, cuando surge ese nuevo tipo de novela que pasará a denominarse Enigma y/o Whodunit (¿quién lo ha hecho?), ofreciendo a los lectores una serie de historias que mezclaban entre sus páginas lo mejor de todos los géneros citados.

Nos encontramos en el periodo de entreguerras (1919-1939), el público necesita entretenerse, evadir la mente de la cruda realidad y no hay mejor modo de hacerlo que con un buen rompecabezas.

La ficción detectivesca brilla desde Londres a Nueva York, hemos llegado a la Edad de Oro, a la famosa Golden Age.

Los asesinatos y robos convierten la meta de encontrar al culpable en un juego intelectual.

Grandes plumas deslumbran en esta época y llenan las estanterías de atípicos detectives, entre ellas Agatha Christie, Chesterton, Annie Haynes, George Simenon o Dorothy L. Sayers.

A partir de ese momento llega el cambio, la novela enigma no desaparece, se transforma.

Atrás quedan enterrados los buenos modales y el respeto hacia el investigador; empieza a agravarse la tirantez entre el policía oficial y el detective aficionado; la descripción psicológica del asesino y la acción toman más fuerza en el relato. Lo único que no cambia es el móvil del crimen, el dinero sigue siendo el motor que impulsa a cometer el delito, seguido de cerca por los celos y el ansia de poder.

Ruth Rendell o P. D. James continuaron con el estilo, adaptándolo a los nuevos tiempos, demostrando que lo policíaco no era sinónimo de literatura barata, preservando el estilo para futuros lectores y escritores.
De esa forma, en nuestros días, vuelven a surgir plumas que rescatan las antiguas novelas y a sus protagonistas, como Sophie Hannah, que se ve con el suficiente valor para resucitar, eso sí, con permiso de los herederos, al grandísimo Poirot; o como Anthony Horowitz, que consigue lo mismo pero esta vez de el Conan Doyle Estate, es decir, de los herederos de Doyle para continuar con las aventuras de Sherlock Holmes.

También tenemos a Stuart Turton que intenta emular o recuperar el estilo más aristocrático y elegante de la Golden Age con "Las siete muertes de Evelyn Hardcastle" o a Jessica Fellowes creadora de una saga, "Los crímenes de Mitford", que según los lectores parece prometedora.

Hay otros autores que, siguiendo ese código antiguo de mostrar las pistas desde el principio, han conseguido dar una nueva vuelta de tuerca creando un estilo propio, donde enigma y thriller van de la mano, pero a pesar de la gran calidad de textos que podemos encontrar de ese tipo, no pueden catalogarse como tal.

Es como las torrijas, las buenas, las de verdad, son las clásicas, no ese experimento nuevo que intentan colarnos recubiertas de chocolate...

El género enigma, el puro, el de sus comienzos, enfrentaba a detective y criminal en igualdad de condiciones.

El investigador solo contaba con su libreta, un lápiz y su inteligencia; el criminal su sagacidad y una habilidad sin par para escabullirse del escenario del crimen.

Después algo cambió...

Quizás opinéis que la evolución o la innovación, como queráis llamarlo, fue mínima, pero ya no fue igual. A esa fórmula perfecta se sumaron los métodos científicos y un nuevo escenario, los laboratorios; aunque la premisa principal, dar con el criminal, logró mantenerse, esos modernos elementos lo convirtieron en una nueva categoría que alejaba al lector de la posibilidad de dar con la solución, y por lo tanto con el criminal. ¡Reconocedlo! no en todos nosotros vive un pequeño CSI.

Si queréis un consejo, volved a los clásicos..
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Autodidacta, amante de la literatura y defensora del libro clásico.
Colaboradora ocasional con editoriales, talleres literarios y clubs de lectura.
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