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Reseña de «Vindicta», por Miguel Izu

Reseña de «Vindicta» (III Antología Negrocriminal Cruce de Caminos). Cruce de Caminos, 2020. 
por Miguel Izu
En España, escribir relatos o cuentos ha tenido tradicionalmente poco predicamento, por alguna razón todo el prestigio del género narrativo se ha acumulado en la novela. Parecería que escribir una narración corta es un entretenimiento de autores poco trabajadores o con facultades limitadas, lo cual está muy alejado de la realidad. Recordemos aquella frase de Blaise Pascal, “disculpe si he escrito esta carta tan larga, no he tenido tiempo de hacerla más corta”. Esta marginalidad del relato es particularmente visible en el género policíaco, negro o criminal, en llamativo contraste con lo que sucede en el mundo anglosajón, donde se creó y donde seguimos encontrando los principales referentes. Escribir relatos en los países de habla inglesa no solo ha sido una actividad reconocida, sino que desde siempre han existido revistas especializadas en publicarlos. A diferencia de lo que sucede en nuestro país, muchos autores clásicos han acostumbrado a publicar en esas revistas buena parte de su obra. Edgar Allan Poe publicó originalmente Los crímenes de la calle Morgue en Graham's Magazine, de Filadelfia; Wilkie Collins publicó relatos en Household Words o All the Year Round, revista que dirigía su amigo Charles Dickens, y en esta también dio a conocer por capítulos sus novelas La dama de blanco y La piedra lunar; Conan Doyle publicó muchos de los casos de Sherlock Holmes en The Strand Magazine; Agatha Christie publicó abundantemente también en The Strand, The Sketch, The Grand Magazine o The Story-Teller; Dashiell Hammett en Black Mask o The American Magazine, Raymond Chandler en Detective Fiction Weekly, The Fortnightly Intruder o Dime Detective. De modo similar, el comisario Maigret de Georges Simenon frecuentó el Paris-Soir-Dimanche o el Police-Film. En nuestro país, que se publiquen revistas como las citadas, o que los diarios o semanarios publiquen narrativa, ha resultado bastante más raro. Cuando se han publicado relatos, usualmente ha sido bajo la forma de recopilación en un libro. Recuerdo que, en una edición de Pamplona Negra, le preguntaron a Alicia Giménez Bartlett cómo sabía si una historia daba para una novela o para un relato y respondió que no tenía ni idea; que ella solo había escrito relatos cuando se los habían encargado, de lo contrario su tendencia natural era escribir novelas. Creo que revelaba bien nuestra cultura literaria al respecto.
   
Sin embargo, en los últimos años el panorama está cambiando y ahora mismo se cultiva mucho el relato. Pienso que un factor decisivo en el cambio ha sido internet. Seguimos sin tener apenas revistas en papel dedicadas a publicar narrativa, pero tenemos cada vez más revistas digitales y blogs literarios, y tenemos muchísimos certámenes y premios de relatos y de microrrelatos que funcionan principalmente a través de la red. La facilidad de publicar a coste muy bajo ha multiplicado la actual presencia del relato en todos sus géneros y, en lo que aquí nos interesa, muy claramente en el género policíaco, negro o criminal. Y aquí vamos a reseñar una publicación que tiene su origen es este fenómeno.

Vindicta, que lleva como subtítulo el de III Antología Negrocriminal Cruce de Caminos, se debe a una iniciativa individual, la de David Gómez Hidalgo, matemático y profesor de secundaria de profesión, y lector voraz, escritor y editor por afición. Mantiene un recomendable blog literario, a través del cual realiza periódicamente una convocatoria abierta de relatos negrocriminales en castellano. La antología de la que aquí nos ocupamos proviene de la tercera de ellas, la de 2019. Todos los relatos seleccionados tienen un tema común, ya sugerido en el título: la venganza.

Como no podía ser de otro modo,  los relatos de la antología son tan variados como sus autores. Sin destripar las historias, diré que las visiones de la venganza que nos ofrecen no son menos heterogéneas. Hay venganzas que se sirven, no solo frías como manda la receta tradicional, sino muy cuidadosamente planeadas, tendiendo una enrevesada trampa a la víctima. Hay venganzas no planeadas, fruto de un arranque de ira, otras que provienen de una obsesión o de un delirio. Venganzas que quedan impunes y otras que reciben su condena. Ejecutadas por manos femeninas o masculinas, con violencia brutal o con medios refinados, con pasión o por dinero. Que castigan una infidelidad, una traición, un abuso, una humillación, un suplicio infligido con intención o de modo involuntario, un crimen. El libro se abre con una cita de Alfred Hitchcock: “La venganza es dulce y no engorda”. Pero, con frecuencia, los relatos le dan un sabor muy amargo. Como se afirma en el prólogo, aunque la venganza sea un fenómeno humano tan corriente como el amor o el odio, no nos devuelve aquello que buscamos, aquello que nos arrebataron.

Ficha:

Vindicta (III Antología Negrocriminal Cruce de Caminos)
VV. AA.
Cruce de Caminos, 2020
ISBN: 979-8630960573
ASIN: B086G2YWNB
205 páginas.

Contenido:

Prólogo, por Pablo Poveda.
Tambores vacíos, de Laura Pérez Caballero  (Mieres, Asturias, 1976).
¿Y qué haremos ahora, Amanda?, de Enrique de la Cruz  (Madrid, 1978).
El Mustang, de Alejandro Moreno Sánchez  (Crevillent, Alicante, 1982).
La Virgen Santísima y yo, de Mario Marín  (Aroche, Huelva, 1971).
Regalos de Navidad, de Manuel J. Linares (Valladolid, 1969).
Un mal día para dejar de fumar, de David Gómez Hidalgo (Begur, Girona, 1973). 
Artículos de jardinería, de Núria Martínez  (Barcelona).
El último caso de Eugenio Agenjo, de Juanma Ramírez  (San Fernando, Cádiz, 1972).
Retiro forzoso, de William C. Rilley  (Sevilla, 1980).
Plan de sábado, de José Javier Navarrete  (Madrid, 1964).
Tinta roja, de Alicia del Rosario (Oviedo, 1982).

Puedes leer uno de los relatos contenidos en esta antología, pinchando AQUÍ.


es doctor en Derecho y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Funcionario del Gobierno de Navarra, vocal del Tribunal Administrativo de Navarra. Ha ejercido como abogado y como profesor asociado de Derecho Administrativo en la Universidad de Navarra y en la Universidad Pública de Navarra. Ha colaborado con la Escuela de Policía de Cataluña y colabora regularmente con la Escuela de Seguridad de Navarra. Ha sido concejal del Ayuntamiento de Pamplona, presidente de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona y miembro del Parlamento de Navarra. Colabora asiduamente en diversos medios de comunicación (principalmente, en Diario de Noticias y Solo Novela Negra) y revistas profesionales. Secretario de la Asociación Navarra de Escritores/as-Nafar Idazleen Elkartea. Obras: Novela: El asesinato de Caravinagre (2014); El crimen del sistema métrico decimal (2017), El rey de Andorra (2018). Relato: “Un asunto privado”, en 24. Relatos navarros (2016); “Una cuenta pendiente”, en Solo Novela Negra (2016); “El vino del francés”, en El alma del vino (2017); “Un móvil para un crimen”, en la III Semana Negra en la glorieta (2017). Ensayo: La Policía Foral de Navarra (1991), Navarra como problema. Nación y nacionalismo en Navarra (2001), El Tribunal Administrativo de Navarra (2004), Derecho Parlamentario de Navarra (2009), El régimen jurídico de los símbolos de Navarra (2011, VII Premio Martín de Azpilicueta), El régimen lingüístico de la Comunidad Foral de Navarra (2013). Recopilación de artículos de prensa: Sexo en sanfermines y otros mitos festivos (2007), Crisis en sanfermines y otros temas festivos (2015). Página web: https://mizu38.wixsite.com/miguelizu

Reseña de «El juramento de Whitechapel» de José Javier Abasolo

RESEÑA de «EL JURAMENTO DE WHITECHAPEL» de JOSÉ JAVIER ABASOLO, por Miguel Izu
La decimosexta novela del escritor bilbaino José Javier Abasolo, todas ellas del género negro/policíaco/criminal, El juramento de Whitechapel, se encuadra en un subgénero del que me he ocupado en un par de trabajos de próxima publicación: la novela policíaca histórica. Es un subgénero híbrido que se cultiva abundantemente pero que, curiosamente, pasa bastante inadvertido en España, no sucede lo mismo en otros países donde sí se le reserva una etiqueta específica, historical mystery, roman policier historique o polar historique, giallo storico, historischer Kriminalroman. Un subgénero que incluso tiene instituidos premios específicos: el CWA Endeavour Historical Dagger que otorga la British Crime Writers’ Association, el Prix Historia en categoría de roman policier historique que otorga la revista francesa Historia, el Premio Giallo Storico del festival “Garfagnana in Giallo Barga Noir” que se celebra en las localidades toscanas de Lucca y Barga.

La novela policiaca histórica es aquella cuya trama no se desarrolla en la misma época en que escribe el autor, lo que ha sido norma general del género negro/policíaco/criminal, sino en una época anterior, quizás no muy distante pero, en todo caso, en una sociedad ya pretérita que hay que reconstruir literariamente. A menudo en este género (igual que en la novela histórica a secas) se mezclan hechos reales e inventados, personajes históricos y personajes de ficción, o hay saltos en el tiempo, la investigación de un crimen del presente se relaciona de algún modo con otro del pasado. Pese a que se publican muchas novelas de este género (por citar solo algunos de los muchos autores actuales que lo cultivan: Arturo Pérez-Reverte, Luis Zueco, Matilde Asensi, Luis García Jambrina, Félix G. Modroño, Juan Pedro Cosano, Jerónimo Tristante, Ignacio del Valle, Guillermo Galván o Jordi Sierra i Fabra), en nuestro país no se suelen clasificar como novelas policíacas históricas, una categoría que todavía no se ha asumido con normalidad, sino unas veces como novelas históricas (añadiendo que poseen algunos de los rasgos de las novelas policíacas) y otras veces como novelas policíacas (precisando que adoptan alguna de las características de las novelas históricas), dependiendo del capricho de las editoriales, librerías o reseñadores que hacen la clasificación o, muy a menudo, atendiendo a lo que haya escrito anteriormente su autor, al que ya se le ha encasillado como escritor de novela policíaca o escritor de novela histórica.

Me he interesado por esta cuestión, y por El juramento de Whitechapel, porque yo también he cultivado el género (El crimen del sistema métrico decimal, 2017, El rey de Andorra, 2018), y en el mismo interés coincide José Javier Abasolo ya que no es la primera vez que publica una novela policíaca histórica, ya lo hizo con Una decisión peligrosa, de 2014, que además es una ucronía, describe un reino de Navarra que en 1940 sigue siendo independiente, sin que se hubiera consumado la conquista castellana del siglo XVI. El juramento de Whitechapel se desarrolla en una época anterior, en 1888, en el Londres de Jack el Destripador. El siglo XIX es una época sumamente interesante, en mi humilde opinión, y muy frecuentada por los autores de novela policíaca histórica británicos o franceses, probablemente porque es también la del nacimiento de la propia novela policíaca y de los primeros clásicos del género, Wilkie Collins, Émile Gaboriau o Conan Doyle. En España se presta mucha más atención al siglo XX, sobre todo a las épocas de la Guerra Civil y el franquismo, a la hora de ambientar novelas de este género.

Además de una novela policíaca histórica ambientada en el siglo XIX, El juramento de Whitechapel es también una novela decimonónica, una novela victoriana, en cuanto a que de forma bastante deliberada el autor adopta el estilo y sigue las pautas de las novelas clásicas de aquella época, con recursos como el del narrador que cuenta a otro narrador los hechos años después, muy Wilkie Collins, o diálogos que suenan muy formales, los personajes no paran de pedirse permiso y de pedirse disculpas, y muestran intenso pudor ante las palabras malsonantes. Hay también una breve historia de amor completamente puritana, apta para todos los públicos, que hubiera merecido la total aprobación de la reina-emperatriz Victoria. La pareja protagonista, Charles Kingsfield, señorito londinense y detective aficionado, y Sabino Arana (el futuro fundador del Partido Nacionalista Vasco), en el papel de narrador, inevitablemente recuerdan a otros personajes clásicos del género policíaco, al caballero Auguste Dupin y su amigo el anónimo relator de sus andanzas, o a Sherlock Holmes y al doctor Watson. Algunas de las situaciones que se narran en la novela no serían de recibo en una trama ambientada en el presente, pero encajan perfectamente en ese mundo victoriano tal como lo imaginamos gracias a libros y películas, como que los astutos detectives de Scotland Yard acepten la colaboración de dos detectives aficionados en lugar de encerrarlos por obstrucción a la justicia.




Sin duda, una de las originalidades de la novela es la de mezclar a un joven Sabino Arana (ingenuo, mojigato, abstemio y dotado de una notable capacidad de aprender inglés en pocas semanas) con Jack el Destripador, y la de ofrecer una nueva tesis, otra más, sobre quién pudo ser el criminal que se ocultaba bajo ese seudónimo. El aficionado al género policíaco apreciará los muchos guiños u homenajes que hace Abasolo a personajes como Conan Doyle (que hace un cameo en la historia), Wilkie Collins y Oscar Wilde, y la descripción del Londres cubierto por el smog típico de las historias de Sherlock Holmes. Y como en toda novela histórica, la trama permite una doble lectura en la cual el lector hallará algunas reflexiones válidas no solo para épocas pasadas, sino también para el presente.



Puedes acceder al programa de la SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, festival virtual del género negro celebrado del 21 al 27 de noviembre en el blog de Historia y Literatura CITA EN LA GLORIETA, pinchando AQUÍ.



es doctor en Derecho y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Funcionario del Gobierno de Navarra, vocal del Tribunal Administrativo de Navarra. Ha ejercido como abogado y como profesor asociado de Derecho Administrativo en la Universidad de Navarra y en la Universidad Pública de Navarra. Ha colaborado con la Escuela de Policía de Cataluña y colabora regularmente con la Escuela de Seguridad de Navarra. Ha sido concejal del Ayuntamiento de Pamplona, presidente de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona y miembro del Parlamento de Navarra. Colabora asiduamente en diversos medios de comunicación (principalmente, en Diario de Noticias y Solo Novela Negra) y revistas profesionales. Secretario de la Asociación Navarra de Escritores/as-Nafar Idazleen Elkartea. Obras: Novela: El asesinato de Caravinagre (2014); El crimen del sistema métrico decimal (2017), El rey de Andorra (2018). Relato: “Un asunto privado”, en 24. Relatos navarros (2016); “Una cuenta pendiente”, en Solo Novela Negra (2016); “El vino del francés”, en El alma del vino (2017); “Un móvil para un crimen”, en la III Semana Negra en la glorieta (2017). Ensayo: La Policía Foral de Navarra (1991), Navarra como problema. Nación y nacionalismo en Navarra (2001), El Tribunal Administrativo de Navarra (2004), Derecho Parlamentario de Navarra (2009), El régimen jurídico de los símbolos de Navarra (2011, VII Premio Martín de Azpilicueta), El régimen lingüístico de la Comunidad Foral de Navarra (2013). Recopilación de artículos de prensa: Sexo en sanfermines y otros mitos festivos (2007), Crisis en sanfermines y otros temas festivos (2015). Página web: https://mizu38.wixsite.com/miguelizu

Reseña de «El cinturón de Hipólita», de Agatha Christie

RESEÑA DE «EL CINTURÓN DE HIPÓLITA», DE AGATHA CHRISTIE, por Miguel Izu
1. Introducción.
 

El cinturón de Hipólita es el noveno de los trabajos de Hércules Poirot, siguiendo la estela del héroe griego. Originalmente es un relato publicado en septiembre de 1939 en Estados Unidos, en This Week, con el título de The Disappearance of Winnie King, y nueve meses más tarde en el Reino Unido, en Strand Magazine, como The Girdle of Hippolyta.
 

No hay una única historia de Hipólita. Según la mitología griega, era la reina de las amazonas, hija de Ares, el dios de la guerra y de Otrera, también reina amazona. Su padre le regaló un cinturón mágico que Euristeo, a petición de su hija Admete, exige a Hércules que obtenga. Para ello navega hasta el puerto de Temiscira, en el mar Negro, secuestra a una de las hermanas de Hipólita, Melanipa, y pide el cinturón como rescate. En otras versiones Hipólita entrega el cinturón voluntariamente, pero las amazonas atacan a Hércules, soliviantadas por la diosa Hera, pensando que quiere secuestrar a la reina. Otro relato dice que Teseo, uno de los compañeros de viaje de Hércules, secuestra a Antíope, otra hermana de Hipólita, y pese al ataque de las amazonas los héroes consiguen escapar con el cinturón y con Antíope. Según algunas versiones, Hércules mata a Hipólita en su huida, o Antíope muere durante el ataque, pero según otras Teseo se casa con Antíope, o con Hipólita, y tienen un hijo llamado Hipólito.


2. Sinopsis.
ADVERTENCIA DEL EDITOR: Esta sinopsis contiene un spoiler completo del relato que reseñamos. Si aún no lo has leído o hace tanto tiempo que no recuerdas el argumento, te recomendamos que lo leas antes de disfrutar del excelente análisis que nos ofrece el escritor Miguel Izu.

Alexander Simpson, propietario de las Galerías Simpson, solicita la ayuda de Hércules Poirot para recuperar un Rubens, un cuadro pequeño y recién descubierto, robado en pleno día mientras unos obreros en paro realizaban una protesta. Según Simpson, detrás del robo está un millonario francés coleccionista de obras de arte y con pocos escrúpulos. Poirot acepta con poco entusiasmo y prepara su viaje a Francia cuando recibe la visita del inspector Japp, que le ruega su colaboración ya que va al continente, en el caso del rapto de una quinceañera, Winnie King, hija de un canónigo. La niña iba en el tren de Calais a París para ingresar en un colegio de alto copete junto con otras colegialas y una profesora, la señorita Burshaw, y desapareció antes de llegar. Su sombrero fue encontrado junto a la vía cerca de Amiens; Poirot pregunta si no han encontrado unos zapatos y recibe respuesta negativa. El inspector Hearn ya ha sido enviado para cooperar con los franceses.

Cuando Poirot llega a París, recibe una llamada de Japp. Ya no es necesaria su ayuda. La chica ha aparecido al lado de la carretera, cerca de Amiens, sana y salva pero confusa ya que, al parecer, fue narcotizada. No obstante, Poirot acude a entrevistarse con el inspector Hearn. No se cree que la chica fuera raptada para pedir un rescate y quiere saber cómo salió del tren. Hearn le proporciona información sobre los demás viajeros y le dice que la colegiala llevaba puestos sus zapatos, pero que en la vía se encontró otro par. Poirot acude al colegio y habla con su directora, la distinguida y competente señorita Pope. No sabe qué es lo que ocurrió. El baúl de Winnie fue registrado al llegar, como era norma del colegio; traía un paisaje al óleo pintado por la chica y dedicado a la señorita Pope, que esta ha colgado en su despacho. Poirot le ruega que se lo regale y lo frota con aguarrás, debajo aparece El cinturón de Hipólita pintado por Rubens. Le explica a la señorita Pope que se utilizó el baúl de la chica para introducir el cuadro robado en Francia. Winnie fue raptada en Londres, mientras se dirigía a la estación del tren, y sustituida por una actriz, aprovechando que ni la señorita Burshaw ni las demás colegialas la conocían. La falsa Winnie entró en el tocador de señoras del tren y salió con otro disfraz, el de la atractiva y joven esposa de otro de los viajeros. Los recios zapatos de colegiala y su sombrero fueron lanzados por la ventanilla a la vía. La verdadera Winnie, narcotizada, llegó más tarde a Francia y fue llevada en un coche hasta cerca de Amiens para ser abandonada junto a la carretera.



3. El inspector Japp de Scotland Yard


Scotland Yard es una institución presente en la literatura policial prácticamente desde su inicio, se puede decir que son realidades coetáneas. Suele ponerse convencionalmente como fecha de nacimiento de los relatos policíacos la de 1841, con Los crímenes de la calle Morgue de Edgar Allan Poe, aunque Juan Mari Barasorda en un trabajo muy interesante señala que, con unos pocos meses de anticipación, realmente la primera historia de detectives fue Susan Hopley, de Catherine Crowe. En cualquier caso, para entonces ya había nacido Scotland Yard, que fue fundada en 1829 bajo el impulso del ministro Robert Peel (de ahí el apodo de bobbies de los agentes) y, pronto, en 1842, se organizó su Detective Branch, la división de investigación. A diferencia de instituciones anteriores que también se dedicaban a mantener el orden o perseguir a los delincuentes, tenía carácter civil y no dependía de la autoridad judicial sino del Ministerio del Interior (desde el año 2.000 depende de la Autoridad del Gran Londres). Los detectives de Scotland Yard enseguida se convierten en protagonistas de las noticias que se recogen en los truculentos periódicos dedicados al mundo criminal (Newgate Calendar, Blackwood’s Edimburgh Magazine) y de relatos policiales. Charles Dickens, a partir de 1850, relata los casos de sus amigos el detective jefe Charles Field y el sargento Jonathan Whicher, mientras que Wilkie Collins en La piedra lunar (1868) nos presenta al sagaz sargento Cuff, parece que también inspirado en Whicher. Conan Doyle crea otro detective de Scotland Yard, el inspector Lestrade, que, pese a ser un buen policía, necesitará constantemente del auxilio de las extraordinarias facultades de Sherlock Holmes.

Es frecuente un malentendido sobre qué es Scotland Yard. Algunos piensan que así se llama a toda la policía británica, otros que es el nombre del departamento de investigación de dicho cuerpo policial. En realidad, no existe una policía británica, ni siquiera una policía inglesa. En el Reino Unido tradicionalmente la policía, igual que otros muchos servicios públicos, ha tenido una organización local, comarcal o, como mucho, regional. Scotland Yard es el nombre popular que se da a la Policía Metropolitana de Londres, el cuerpo policial cuyo ámbito territorial de actuación es el Gran Londres, excepto la City de Londres (apenas tres kilómetros cuadrados en la orilla norte del Támesis, entre la Iglesia del Temple y la Torre de Londres), que tiene un cuerpo policial propio. Su nombre se debe al primer edificio que ocupó tras su creación en 1829, en Whitehall Place, que tenía una entrada por una calle llamada Scotland Yard (corte de Escocia) porque siglos antes allí había estado la residencia de los representantes escoceses, antes de la unión de los reinos de Inglaterra y Escocia. El nombre arraigó de tal modo que cuando, en 1890, la Policía Metropolitana se trasladó a otro edificio en Victoria Embankment, se le bautizó oficialmente como New Scotland Yard. La institución se ha trasladado a nuevas sedes en 1967 (Broadway) y 2016 (de nuevo en Victoria Embankment) y, en cada caso, se ha renombrado el edificio como New Scotland Yard. La Policía Metropolitana de Londres, además de atender a la seguridad del Gran Londres, presta algunos servicios de carácter general y de apoyo a los otros cuerpos policiales que existen en el Reino Unido. En Inglaterra y Gales existen 43 cuerpos policiales que dependen de las autoridades locales (ciudades o condados), y en Escocia e Irlanda del Norte sendos cuerpos de ámbito regional.



El inspector James Japp aparece acompañando a Hércules Poirot en siete novelas, empezando por El misterioso caso de Styles, de 1920, en una docena de relatos cortos y en una de las obras teatrales de Agatha Christie, Café solo, de 1929. En sus memorias la autora confiesa que en su primera novela escribe al estilo de Conan Doyle y por eso crea “un inspector de Scotland Yard parecido a Lestrade, el inspector Japp”. Hastings, la primera vez que lo ve, le describe como “menudo, moreno, con expresión astuta y cara de hurón”. Se muestra como un detective competente, aunque a gran distancia de las capacidades de Poirot, cuyo auxilio necesitará en muchas ocasiones para resolver algunos crímenes. En Muerte en las nubes comprobamos que habla perfectamente francés y, según cuenta el propio Japp en El misterioso caso de Styles, se conocieron en 1904 en Bélgica, donde colaboraron para resolver un par de casos. Es de suponer que Japp también está en la edad madura aunque sea más joven que Poirot. Desde el principio expresa su admiración por su colega belga: “Monsieur Poirot y yo nos conocemos de antiguo y creo en su juicio más que en el de ningún otro”.


Los actores Eric Carte como Japp,
Robert Powell como Poirot
y Robin McCallum como Hastings,
en Café solo

Poirot simpatiza con Japp aunque es crítico con sus habilidades como detective. En El baile de la Victoria Hastings dice: “Poirot tenía buena opinión de las cualidades del inspector, aunque deploraba su lamentable falta de método. Yo, por mi parte, consideraba que el talento de dicho señor consistía, sobre todo, en el arte sutil de solicitar favores bajo pretexto de prodigarlos”. En otras ocasiones Hastings hace un juicio más favorable, en El rapto del primer ministro dice de Japp que es “uno de los mejores oficiales de Scotland Yard”. En El expreso de Plymouth Poirot habla así de él: «Ese buen inspector es partidario del movimiento. Viaja; mide las huellas de los pies; reúne cenizas de cigarrillo. ¡Es extraordinariamente activo! ¡Celoso hasta el límite de sus deberes! Si le hablara de psicología, ¿qué le parece que haría, amigo mío? Sonreiría. Se diría: “Ese pobre Poirot envejece. Llega a la edad senil”. Japp pertenece a la nueva generación. ¡Y ma foi! ¡Esta generación moderna llama con tal prisa a las puertas de la vida, que no se da cuenta de que están abiertas!». Japp se suele desesperar con Poirot, no logra seguir sus razonamientos y cree que está complicando mucho cada caso con observaciones fútiles, hasta que al final se desvela la verdad y no tiene más remedio que darle la razón. Poirot en ocasiones se burla del inspector; en Asesinato en Bardsley Mews le dice: “Mi querido Japp: si yo cometiera un crimen, usted no tendría ni la más remota oportunidad de verlo... ni siquiera de saber que lo había cometido”. En La desaparición del señor Davenheim ambos se juegan cinco libras a si Poirot es o no capaz de resolver el caso solamente analizando los datos desde su butaca. Por supuesto, gana.

Sobre la vida privada de Japp no llegamos a saber casi nada, si está casado o si tiene hijos, solo que es aficionado a la botánica, como se revela en El misterio de Market Basing, y que le gustaría irse a vivir al campo. Parece que Agatha Christie se aburrió del personaje a partir de los años 40 ya que no vuelve a aparecer tras Los trabajos de Hércules
.


Puedes leer las colaboraciones de Miguel Izu para la III SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2017, PINCHANDO AQUÍ o en la imagen.

 
es doctor en Derecho y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Funcionario del Gobierno de Navarra, vocal del Tribunal Administrativo de Navarra. Ha ejercido como abogado y como profesor asociado de Derecho Administrativo en la Universidad de Navarra y en la Universidad Pública de Navarra. Ha colaborado con la Escuela de Policía de Cataluña y colabora regularmente con la Escuela de Seguridad de Navarra. Ha sido concejal del Ayuntamiento de Pamplona, presidente de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona y miembro del Parlamento de Navarra. Colabora asiduamente en diversos medios de comunicación (principalmente, en Diario de Noticias y Solo Novela Negra) y revistas profesionales. Secretario de la Asociación Navarra de Escritores/as-Nafar Idazleen Elkartea. Obras: Novela: El asesinato de Caravinagre (2014); El crimen del sistema métrico decimal (2017). Relato: “Un asunto privado”, en 24. Relatos navarros (2016); “Una cuenta pendiente”, en Solo Novela Negra (2016); “El vino del francés”, en El alma del vino (2017); “Un móvil para un crimen”, en la III Semana Negra en la glorieta (2017). Ensayo: La Policía Foral de Navarra (1991), Navarra como problema. Nación y nacionalismo en Navarra (2001), El Tribunal Administrativo de Navarra (2004), Derecho Parlamentario de Navarra (2009), El régimen jurídico de los símbolos de Navarra (2011, VII Premio Martín de Azpilicueta), El régimen lingüístico de la Comunidad Foral de Navarra (2013). Recopilación de artículos de prensa: Sexo en sanfermines y otros mitos festivos (2007), Crisis en sanfermines y otros temas festivos (2015). Página web: http://webs.ono.com/mizubel/

Reseña de «La corza de Cerinea», de Agatha Christie

RESEÑA DE «LA CORZA DE CERINEA», DE AGATHA CHRISTIE, por Miguel Izu
1. Introducción.
 

La corza de Cerinea ocupa el tercer lugar entre los doce trabajos de Hércules Poirot. Originalmente, se publicó en 1940 con el título de The Arcadian Deer en el Reino Unido y de Vanishing Lady en Estados Unidos.

Según la mitología griega, la corza o cierva de Cerinea, ciudad de la región de Acaya, sobre el golfo de Corinto, que tenía pezuñas de bronce y cornamenta de oro, era tan veloz que la diosa Artemisa no había podido engancharla a su carro junto con las otras cuatro ciervas que estaban destinadas a tirar de él. Hércules no podía cazar la cierva con flechas, además de ser más rápida que ellas tenía que capturarla viva, así que la persiguió sin descanso durante un año. Logró capturarla sorprendiéndola cuando abrevaba en el río, según unas versiones con una trampa y, según otras, atravesando sus dos patas delanteras con una flecha entre los tendones y el hueso, sin derramar su sangre pero inmovilizándola. Una vez capturada la llevó a Micenas para entregarla al rey Euristeo, como le había ordenado este. En el camino se encontró con Artemisa, a la que pidió perdón por capturar a un animal sagrado que le pertenecía, pero le explicó el encargo que había recibido de Euristeo, el cual pretendía desatar la ira de la diosa contra Hércules. Artemisa le dio permiso para llevar la cierva a Euristeo, siempre que luego se la devolviera. Al llegar a presencia de Euristeo, Hércules fingió que se la iba a entregar, pero la dejó libre y el animal corrió a buscar a Artemisa. Hércules anunció que él había cumplido el trabajo, pero que el rey no había sido lo suficientemente rápido para retener a la cierva.

 
La corza de Cerinea
- Fred Liebig, 1927-

 
2. Sinopsis.
 

ADVERTENCIA DEL EDITOR: Esta sinopsis contiene un spoiler completo del relato que reseñamos. Si aún no lo has leído o hace tanto tiempo que no recuerdas el argumento, te recomendamos que lo leas antes de disfrutar del excelente análisis que nos ofrece el escritor Miguel Izu.

El coche de Poirot sufre una avería y, mientras lo reparan, tiene que quedarse a pasar la noche en la posada de un apartado pueblo durante una nevada. El joven mecánico que acude a explicarle la causa de la avería y cuándo estará reparada, Ted Williamson, que le recuerda a “un dios griego... un joven pastor de la Arcadia”, le ha reconocido como famoso detective y le ruega que busque a una muchacha desaparecida. Williamson, el verano anterior, había acudido a la finca de sir George Sanderfield para realizar una reparación y fue atendido por Nita Valetta, doncella italiana de “cabellos como alas de oro” al servicio de una bailarina rusa de visita en la casa, a la que invita a pasear con él. Queda irremisiblemente enamorado de ella, que le dice que volverá una quincena más tarde con su señora, pero nunca regresa. La bailarina rusa sí se presenta de nuevo en la mansión, pero con otra doncella que le dice que Nita ha sido despedida. Consigue su dirección y le escribe, pero le devuelven la carta puesto que ya que no vive allí. Poirot acepta el encargo de buscarla.

Tras varias pesquisas sin resultado en Londres, Poirot se entrevista en su restaurante de París con el conde Alexis Pavlovitch, un ruso exiliado y bien informado del mundo artístico, para obtener noticias del paradero de Katrina Samoushenka, la bailarina a cuyo servicio estuvo Nita y que está gravemente enferma en un sanatorio de Suiza. También logra saber que Nita era originaria de Pisa, ciudad a la que dirige sus pasos para averiguar que la joven, a la que su familia no llama Nita sino Bianca, ha muerto de apendicitis unos meses antes. Algo le dice a Poirot que debe seguir investigando y viaja al sanatorio de Suiza para hablar con la bailarina rusa, a la que recuerda haber visto actuar en un ballet haciendo el papel de la cierva de Cerinea. Katrina Samoushenka confirma que su doncella, Juanita, murió de apendicitis, pero Poirot le replica que la muchacha de cabellos dorados a la que conoció y de la que se enamoró Williamson en realidad era ella, haciéndose pasar por su doncella que acababa de caer enferma y había vuelto a su país. No quiso desvelar su verdadera identidad ni volver a ver al joven, que también le resultó atractivo, porque ya sabía que también estaba enferma. Poirot, que sospechó la verdad a partir de la descripción que le hizo Williamson de la joven desaparecida, le encarece que no renuncie ni a la vida ni al amor.

   
3. Los viajes de Poirot.
 


Este relato contiene dos curiosas particularidades entre todas las historias de Hércules Poirot; una es que no hay crimen, y la otra es que el detective aparece como propietario de un automóvil, un lujoso Messarro Gratz (marca completamente ficticia) conducido por un joven chófer con un sustancioso salario aunque, al parecer, escasas habilidades mecánicas. En todas sus restantes aventuras Poirot no tiene coche, suele viajar en tren (a ser posible, tan lujoso con los de El misterio del tren azul o Asesinato en el Orient Express), en barco (pese a que se marea; en el relato El rapto del primer ministro, de 1923, al embarcar dice a su amigo, el capitán Hastings: “¡El mal de mer… es un sufrimiento terrible!”; y en Problema en el mar, de 1936, que se desarrolla en un crucero que se dirige a Alejandría, dice: “Ha sido una estupidez el haberme dejado convencer para venir. Detesto la mar. Nunca está tranquila, nunca, ni un minuto”), en avión (aunque “me descompongo casi tanto en el aire como en el mar”, dice en Muerte en las nubes, de 1935), en taxi, en un vehículo de alquiler con chófer o en el automóvil de otras personas que se ofrecen a llevarle, en algunos casos los de Hastings (antes de ser desterrado a Argentina) o de la escritora Ariadne Oliver. En el relato Doble culpabilidad (originalmente publicado en 1928 con el título de By Road or Rail) expresa a Hastings que no le gusta viajar en autobús: 
“Amigo mío, ¿por qué esa pasión por el autocar? El tren es más seguro. Carece de neumáticos que se revienten, lo cual reduce las posibilidades de accidente. Además, en el tren no molesta el aire, pues con cerrar las ventanillas se evitan las corrientes”.
Ciertamente, resulta más apropiado al carácter sibarita de Poirot dejar que le lleven en un vehículo lo más cómodo posible que tener que preocuparse por un vehículo propio. Por otro lado, un automóvil es un pobre recurso para novelas criminales al estilo de Agatha Christie, no es adecuado para la comisión de un asesinato en lugar cerrado y del que existan un número determinado de sospechosos. Otros medios de transporte resultan mucho más a propósito y, así, Poirot tendrá que investigar crímenes cometidos en un avión (Muerte en las nubes), en un tren (Asesinato en el Orient Express) o en un barco (Muerte en el Nilo, Problema en el mar). Por eso resulta tan anómalo que Agatha Christie (ella sí era aficionada a conducir) le adjudique, por una sola vez, un automóvil y un chófer propios de los que nunca más se supo.

4. El estilo victoriano.
 

En este relato Hércules Poirot se calienta en la posada donde se ha refugiado de la tormenta de nieve ante una “gran chimenea de estilo victoriano”. Podemos añadir que el propio Poirot, y buena parte de la obra de Agatha Christie, también comparten el estilo victoriano.

Hace pocas semanas, en una de las veladas de la librería Deborahlibros de Pamplona, mi amigo Carlos Ollo Razquin presentó varios libros de detectives victorianos. Mientras enumeraba las características del género cultivado por Wilkie Collins, Conan Doyle y tantos otros, a mí, que estaba releyendo a Agatha Christie para componer estas reseñas, todo me resonó enormemente familiar: un crimen a resolver, pistas engañosas, un investigador muy perspicaz y una policía torpe, un montón de sospechosos y un culpable que es el menos imaginable, la reconstrucción de los hechos donde se revela la verdad y alguna sorpresa final. Así se lo comenté a Carlos al finalizar el acto y estuvo de acuerdo conmigo, que aunque Agatha Christie escriba en el siglo XX, arrastra buena parte de la cultura victoriana en la que se educó y sus relatos detectivescos no son sino continuación de aquellos autores de la segunda mitad del siglo XIX. Sabido es que Hércules Poirot está inspirado directamente en Sherlock Holmes, y puede añadirse que miss Marple o Tuppence Beresford no son sino las continuadoras de las mujeres detectives –adelantadas a su tiempo
tan habituales en la literatura policial victoriana (Detectives victorianas, precisamente, es una deliciosa recopilación de Michael Sims, editada aquí por Siruela, que Carlos Ollo presentó aquella noche). La literatura y la cultura victorianas no acaban abruptamente con el reinado de la emperatriz Victoria, en 1901, sino que su influjo se mantiene en la época eduardiana y llega hasta las décadas siguientes, entra en crisis con la Gran Guerra y sus residuos perecen definitivamente con la II Guerra Mundial y la extinción del Imperio británico. Repasando la nómina de escritores victorianos, hay que tener en cuenta que Conan Doyle sigue escribiendo hasta 1930, Thomas Hardy hasta 1928, Rudyard Kipling hasta 1936, Bernard Shaw hasta 1950. Ese mundo reflejado en las historias de Agatha Christie, la mayoría situadas en el periodo de entreguerras, lleno de aristócratas y terratenientes, militares retirados que han regresado de la India, inspectores de Scotland Yard, médicos y párrocos rurales, amas de llaves, mayordomos y lacayos que sirven en grandes mansiones campestres, personajes de las clases acomodadas obsesionados por heredar una renta con la que vivir sin trabajar, telegramas urgentes y viajes en ferrocarril, más el continuo lamento por los cambios del mundo moderno, tiene unas reminiscencias profundamente victorianas.


Puedes leer las colaboraciones de Miguel Izu para la III SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2017, PINCHANDO AQUÍ o en la imagen.

 
es doctor en Derecho y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Funcionario del Gobierno de Navarra, vocal del Tribunal Administrativo de Navarra. Ha ejercido como abogado y como profesor asociado de Derecho Administrativo en la Universidad de Navarra y en la Universidad Pública de Navarra. Ha colaborado con la Escuela de Policía de Cataluña y colabora regularmente con la Escuela de Seguridad de Navarra. Ha sido concejal del Ayuntamiento de Pamplona, presidente de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona y miembro del Parlamento de Navarra. Colabora asiduamente en diversos medios de comunicación (principalmente, en Diario de Noticias y Solo Novela Negra) y revistas profesionales. Secretario de la Asociación Navarra de Escritores/as-Nafar Idazleen Elkartea. Obras: Novela: El asesinato de Caravinagre (2014); El crimen del sistema métrico decimal (2017). Relato: “Un asunto privado”, en 24. Relatos navarros (2016); “Una cuenta pendiente”, en Solo Novela Negra (2016); “El vino del francés”, en El alma del vino (2017); “Un móvil para un crimen”, en la III Semana Negra en la glorieta (2017). Ensayo: La Policía Foral de Navarra (1991), Navarra como problema. Nación y nacionalismo en Navarra (2001), El Tribunal Administrativo de Navarra (2004), Derecho Parlamentario de Navarra (2009), El régimen jurídico de los símbolos de Navarra (2011, VII Premio Martín de Azpilicueta), El régimen lingüístico de la Comunidad Foral de Navarra (2013). Recopilación de artículos de prensa: Sexo en sanfermines y otros mitos festivos (2007), Crisis en sanfermines y otros temas festivos (2015). Página web: http://webs.ono.com/mizubel/

Reseña de «Los establos de Augías», de Agatha Christie

RESEÑA DE «LOS ESTABLOS DE AUGÍAS», DE AGATHA CHRISTIE, por Miguel Izu
1. Introducción.
 

Los establos de Augías es uno de los relatos que componen la colección Los trabajos de Hércules, escrita por Agatha Christie entre 1939 y 1947 y que, como las hazañas del héroe mitológico griego, se componen de doce historias, en este caso doce historias cortas protagonizadas por Hércules Poirot. La propia autora confiesa en una nota inicial que fue el nombre de pila de Poirot el que la indujo “irresistiblemente” a escribirlas.

En la introducción, un personaje llamado doctor Burton bromea con Poirot sobre su nombre de pila y afirma que los padres son gente muy caprichosa al imponer nombres a sus hijos, y extiende la burla a los personajes de Conan Doyle: Me estoy imaginando la conversación que sostendrían su madre de usted y la difunta señora Holmes, mientras cosían sus ropitas o hacían calceta: «Aquiles, Hércules, Sherlock, Mycroft...» (Agatha Christie, en Los cuatro grandes, inventó un falso hermano gemelo de Poirot al que llamó Aquiles). De la conversación, Poirot saca la idea de rememorar los trabajos de Hércules aceptando, antes de su prevista y definitiva jubilación (una idea que acaricia a lo largo del tiempo pero que nunca acaba por ejecutar), doce casos, “ni uno más ni uno menos”, que tengan cierto parecido con los doce trabajos que llevó a cabo Hércules.

He elegido el quinto de esos trabajos, Los establos de Augías, porque en él Agatha Christie trata, si bien superficialmente, el tema de la corrupción en la política, lo que me permitirá hacer algunas reflexiones sobre los límites y la relación existente entre la novela policíaca y la novela negra.


2. Sinopsis.

El relato se abre con la visita que hacen a Poirot el primer ministro, Edward Ferrier, y el ministro del Interior. El primero de ellos es yerno de John Hammett, que fue el anterior primer ministro, un político muy popular al que ahora un periódico sensacionalista amenaza con desacreditar publicando sus turbios manejos de los fondos del partido y denunciando prácticas corruptas y defraudación de dinero público. El mayor problema es que los hechos son ciertos, y de saberse producirán la caída del gobierno y la probable llegada al poder de un político demagogo que establecerá prácticamente una dictadura. Para evitar tal desastre solicitan los servicios de Poirot, que acepta por la similitud del caso con la limpieza de los establos de Augías que llevó a cabo Hércules, además de por la simpatía que siente por Ferrier, al que tiene por un político honrado y cabal.

Poirot sondea al indeseable editor del periódico para saber si estaría dispuesto a no publicar la información que tiene sobre Hammett a cambio de dinero, con resultado negativo. Poco después, el periódico desvela el escándalo, seguido de inmediato por otro que afecta a la hija de Hammett, la señora Ferrier. Se publican fotografías suyas en lugares de dudosa reputación de París divirtiéndose con un gigoló y sugiriendo que es alcohólica, drogadicta y ninfómana. El primer ministro demanda al periódico por difamación en lo que respecta a su esposa.

En el juicio, comparecen varios testigos que aseguran que la señora Ferrier no estuvo ni en los lugares ni en las fechas donde supuestamente le hicieron las fotografías comprometedoras, sino descansando en la residencia de un respetado obispo anglicano. Comparece también una camarera danesa, de gran parecido con la esposa del primer ministro, que explica que la mujer de las fotografías es ella, que fue contratada por un periodista sin que supiese que se iban a utilizar para un montaje infamatorio. El periódico es condenado a una indemnización millonaria y pierde toda su credibilidad, mientras que tanto la señora Ferrier como su padre, el ex primer ministro Hammett, recuperan el favor de la opinión pública. El peligro ha pasado.

Ferrier pregunta a Poirot cómo supo que habían empleado una doble para las fotografías escandalosas. Este le responde que no es una idea nueva, ya fue empleada con Jeanne de la Motte para suplantar a María Antonieta en El collar de la reina, de Dumas. Pero añade que la idea no fue del periódico sino suya. Fue Poirot el que, con la autorización de la señora Ferrier, organizó todo el montaje y remitió las fotografías al periódico, que mordió el anzuelo y las publicó. Después de poner las manos en el cieno, como estaba previsto, procedió a limpiar el nombre de la señora Ferrier y, de rebote, el de su padre.

   
3. Entre la novela policiaca y la novela negra.

La corrupción es un tema recurrente de la novela negra, no tanto de la novela policíaca clásica. Aunque con excesiva frecuencia se tiende a hacer sinónimos ambos términos, creo que es necesario hacer una distinción entre ellos. La novela policíaca, criminal o de detectives, que nace en el siglo XIX con Poe, Wilkie Collins o Conan Doyle y llega hasta nuestros días, se centra en una trama que propone una adivinanza a los lectores, la recurrente Who done it? que acaba por nombrar al género como whodonit. Lo fundamental es la intriga, el misterio, descubrir al autor o autores del crimen y sus motivos. El resto, los personajes, la ambientación, se subordina a la trama criminal. En las primeras décadas del siglo XX surge un subgénero o variante de novela policíaca, principalmente en Estados Unidos con Hammett, Chandler o Cain, que acaba siendo denominada en algunos países como novela negra. También contiene una trama de investigación criminal, pero el ambiente en el que se produce adquiere mucha más importancia y, sobre todo, la visión sobre el entorno social que se refleja en las novelas negras es muy distinta.

En la novela policíaca clásica la sociedad se presenta como un sistema bien ordenado que, momentáneamente, se ve alterado por el crimen. La investigación y el descubrimiento del criminal tienen como última finalidad restaurar el orden. El protagonista, el detective, sea profesional o aficionado, es un héroe a menudo adornado de cualidades extraordinarias que tiene una misión salvadora, es un agente del orden social. Los demás protagonistas reflejan la idea de que la gente es, esencialmente, buena, aunque no sea perfecta, y que solamente en unas pocas personas anida el mal que les convierte en criminales. Al final ha de resplandecer la justicia, el inocente se salva y el culpable es castigado. La lectura tiene un efecto tranquilizante sobre el lector: el bien prevalece sobre el mal. No es casualidad que en una parodia televisiva del subgénero de espías, El superagente 86 (Get Smart es su título original), se enfrentaran dos organizaciones designadas como CONTROL y KAOS.

En la novela negra, la sociedad se contempla desde un punto de vista mucho más pesimista. El orden aparente suele encubrir la injusticia, la corrupción, la hipocresía de una organización social manifiestamente mejorable, la violencia latente. La gente no es necesariamente buena ni mala, pero sí capaz de lo peor cuando las circunstancias le llevan a ello. La acción sale de los salones alfombrados y visita los ambientes más sórdidos. Las conductas suelen ser mucho más ambiguas moralmente y, con frecuencia, no triunfa la justicia. El bien y el mal no resultan siempre claramente perceptibles y no es sencillo elegir entre ellos. El mal no anida solo en decisiones individuales desviadas sino, también, en una determinada estructura social. El protagonista suele ser consciente de vivir en medio de la podredumbre y de que poco va a conseguir contra ella, vive en el escepticismo y se limita a tratar de hacer lo debido y de ser leal a las personas que confían en él, se suele defender de la realidad que le rodea a través de la ironía y el lenguaje cínico. No siempre el criminal recibe su castigo. A veces, incluso, el criminal es el protagonista de la novela negra. A menudo la lectura no tranquiliza sino que inquieta y perturba al lector.

Estos rasgos distintivos de la novela negra aparecen magistralmente descritos en un texto clásico, el manifiesto que publicó Marcel Duhamel en 1948 en la Série Noire de Gallimard, la colección de novelas que daría nombre al género:

Que el lector sin prejuicios tenga cuidado: los volúmenes de la Serie Negra no se puede poner en todas las manos. Los aficionados a los enigmas a lo Sherlock Holmes no les sacarán provecho. El optimista habitual tampoco. La inmoralidad admitida en general en ese género únicamente sirve para destacar la moralidad convencional, tanto como unos buenos sentimientos e incluso la amoralidad misma. Veremos a policías más corruptos que los malhechores que persiguen. El detective no siempre resuelve el misterio, incluso a veces no hay misterio ni detective. Pero, ¿entonces?… Entonces queda la acción, la angustia, la violencia -en todas sus formas y, particularmente, las más deshonrosas- de las palizas y los asesinatos.

Como en las buenas películas, los estados de ánimo se plasman en los gestos y los lectores ávidos de literatura introspectiva deberán realizar una gimnasia inversa. Hay también amor -bajo todas sus formas-, pasión, odio, todos los sentimientos que, en una sociedad refinada, solo son mostrados de modo excepcional, pero que aquí son moneda corriente y que a veces se expresan con un lenguaje fuerte, poco académico, pero donde domina siempre, rosa o negro, el humor.

Parece ser que el negro inicialmente se refería al color de la portada de las novelas de esta colección, pero creo que si la denominación ha triunfado, incluso desbordando sus límites iniciales, es porque describe muy bien el objeto del género. Las novelas negras enseñan la parte más oscura de la realidad y de la naturaleza humana, la menos agradable, la que nos gusta esconder en nuestra vida cotidiana. La violencia, el crimen, la corrupción, el mal, la injusticia. Y por eso, con frecuencia, la novela negra sirve para hacer denuncia social, para llamar la atención sobre lo que no funciona bien, lo que no debiéramos ignorar ni tolerar, lo que habría que combatir.

Como ya he advertido, hoy es usual llamar novela negra a toda novela policíaca o criminal, cuando es obvio que solo una parte de las historias policíacas o criminales merecen esa denominación. En particular, considero que, stricto sensu, Agatha Christie no es autora de novela negra. Sí de novela policíaca o criminal y, obviamente, una de las mejores, por no decir la mejor. Hace pocos años los medios de comunicación españoles aireaban la noticia de que había sido elegida como la mejor escritora del género por los escritores británicos de novela negra; pero si uno leía más allá del titular, resultaba que quienes votaban eran los miembros de la Crime Writers' Association. La prensa británica, más precisa, informaba de que Agatha Christie era la mejor autora de crime novel, que no es lo mismo. Los anglosajones prefieren hablar de crime, murder o detective fiction, y como un género asociado o un subgénero hablan del harboiled, que suele coincidir con lo que en francés se rebautizó como noir.

En un relato como Los establos de Augías se observa que difícilmente se pueden aplicar a Agatha Christie los rasgos distintivos de la novela negra que antes hemos enunciado incluso cuando, como en este caso, se atreve con el tema de la corrupción política. Es obvio que su visión de la sociedad era bastante optimista, vivía muy confortablemente en la aristocrática sociedad británica que refleja en sus novelas. Sus protagonistas suelen proceder de las clases acomodadas y si, alguna vez, se muestra crítica no es para hacer denuncia social sino mera y amable ironía costumbrista. El primer ministro Hammett es un político corrupto, pero constituye una excepción entre los suyos. La corrupción no es sistémica, por eso basta adoptar una medida puntual para restablecer el orden. Igual que hace en algunas de sus aventuras Sherlock Holmes, Hércules Poirot trabaja a favor del gobierno, del orden constituido. La policía a veces es incompetente y necesita la ayuda de un detective privado, pero no es corrupta. Al final, triunfa la justicia, aunque haya que emplear alguna pequeña artimaña, y la vida puede seguir felizmente regresando a sus cauces habituales.

Aunque hay tantas definiciones de los géneros como definidores, y los límites son difusos, creo preferible reservar la denominación de novela negra a aquellas obras que encajan en el manifiesto de Duhamel y llamar a las que encajan más en la tradición de Agatha Christie solo novelas policíacas. Claro está que los géneros y subgéneros son modelos ideales y que cualquier novela encajará solo parcialmente en ellos, o encajará en varios. Pero creo que muchas novelas con crímenes y policías que hoy son calificadas como novelas negras debieran ser descritas solo como grises, a veces de un gris muy clarito.


Esta reseña ha sido escrita por Miguel Izu para la III SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2017. Agradecemos a quien quiera reproducirla, total o parcialmente, que cite su fuente original. Si quieres acceder al programa de la Semana Negra PINCHA AQUÍ o en la imagen.

 
es doctor en Derecho y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Funcionario del Gobierno de Navarra, vocal del Tribunal Administrativo de Navarra. Ha ejercido como abogado y como profesor asociado de Derecho Administrativo en la Universidad de Navarra y en la Universidad Pública de Navarra. Ha colaborado con la Escuela de Policía de Cataluña y colabora regularmente con la Escuela de Seguridad de Navarra. Ha sido concejal del Ayuntamiento de Pamplona, presidente de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona y miembro del Parlamento de Navarra. Colabora asiduamente en diversos medios de comunicación (principalmente, en Diario de Noticias y Solo Novela Negra) y revistas profesionales. Secretario de la Asociación Navarra de Escritores/as-Nafar Idazleen Elkartea. Obras: Novela: El asesinato de Caravinagre (2014); El crimen del sistema métrico decimal (2017). Relato: “Un asunto privado”, en 24. Relatos navarros (2016); “Una cuenta pendiente”, en Solo Novela Negra (2016); “El vino del francés”, en El alma del vino (2017); “Un móvil para un crimen”, en la III Semana Negra en la glorieta (2017). Ensayo: La Policía Foral de Navarra (1991), Navarra como problema. Nación y nacionalismo en Navarra (2001), El Tribunal Administrativo de Navarra (2004), Derecho Parlamentario de Navarra (2009), El régimen jurídico de los símbolos de Navarra (2011, VII Premio Martín de Azpilicueta), El régimen lingüístico de la Comunidad Foral de Navarra (2013). Recopilación de artículos de prensa: Sexo en sanfermines y otros mitos festivos (2007), Crisis en sanfermines y otros temas festivos (2015). Página web: http://webs.ono.com/mizubel/