La investigación criminal en el siglo XIX, por Javier Alonso García-Pozuelo

El siguiente artículo, escrito por Javier Alonso García-Pozuelo, fue originariamente publicado en XX Siglos, blog de novela histórica del diario 20 minutos que administra David Yagüe.

La investigación criminal en el siglo XIX
Javier Alonso García-Pozuelo
En 1893 el juez austriaco Hans Gross publicó Manual del Juez como Sistema de Criminalística, un libro que contenía todos los conocimientos científicos y técnicos que se aplicaban entonces a la investigación criminal. En él, definía la Criminalística como el conjunto de conocimientos y técnicas para el análisis sistemático de las huellas dejadas por el culpable. Fue precisamente a raíz de la publicación de este libro cuando se comenzó a usar el término «Criminalística», aunque a lo largo del siglo XIX tuvieron lugar muchos episodios decisivos para el desarrollo de esta disciplina. Veamos algunos.

Hans Gross

EL GRAN VIDOCQ

Si hay un personaje crucial en la historia de la investigación criminal del siglo XIX ese es François Eugène Vidocq. En 1809 el más famoso delincuente francés de su época, Vidocq, decide cambiar de bando y ofrece sus servicios como informador a la policía. Poco tiempo después se convierte en el primer director de la Sûreté Nationale. Son incontables los avances en investigación policial que se asocian al nombre de Vidocq. De él surge la idea de crear el primer cuerpo de policías de paisano de Francia, la mayoría de ellos exconvictos, quienes se infiltraban entre los criminales más peligrosos después de haber sido entrenados en técnicas de memorización del rostro. El mismo
Vidocq lo hacía, a pesar de ser más que conocido en los bajos fondos, gracias a su legendaria habilidad para el disfraz. A él se le atribuye la iniciativa de abrir expedientes con las pesquisas de los casos, así como la elaboración de uno de los archivos de delincuentes más exhaustivos del siglo (sus fichas contenían la descripción física, los apodos, las condenas, los modos de actuación y hasta, en algún caso, registros caligráficos). Vidocq hizo hincapié en que los hombres a su cargo no se limitaran a actuar después de cometido un delito, sino que incluso trataran de evitarlos, por lo cual dio mucha importancia al desarrollo de técnicas de vigilancia de sospechosos. Durante los años que estuvo al frente de la Sûreté Nationale sus resultados fueron espectaculares, y si bien estamos en una época en la que la contribución de la ciencia al campo de la investigación es aún escasa, Vidocq puede considerarse como el primer impulsor de la Criminalística tal como la entendemos hoy en día, por la gran importancia que dio a la observación minuciosa del escenario de un crimen y a la cuidadosa recogida y custodia de los hallazgos encontrados.

Eugène-François Vidocq

LAS HUELLAS DEL CRIMINAL

En el Manual del Juez como Sistema de Criminalística, Gross consideraba imprescindible que las pisadas halladas en el escenario de un crimen sean cubiertas con cajas para evitar así que pudieran alterarse o incluso borrarse. Muchas décadas antes Vidocq ya elaboraba moldes de yeso para recoger las huellas de zapato dejadas en el lugar del crimen.

Habría que esperar hasta muy avanzado el siglo para que las huellas dactilares fueran aceptadas por un tribunal como prueba y gracias a ellas se pudiera condenar a una persona. Fue en el año 1892 en Necochea (provincia de Buenos Aires, Argentina). Una mujer acusada de haber asesinado a sus dos hijos fue condenada por las huellas que dejaron sus dedos ensangrentados. El inspector al cargo de la investigación había utilizado una nueva técnica (la de las impresiones digitales, como se denominaban entonces), difundida en Argentina por Juan Vucetich, uno de los padres de la Dactiloscopia, junto con el antropólogo inglés Francis Galton, quien ese mismo año publicó Huellas dactilares, donde se describía un novedoso sistema de clasificación de las huellas digitales.

Juan Vucetich

BALISTICA 

Vidocq es considerado, una vez más, el pionero en la aplicación de los estudios de balística para el esclarecimiento de un crimen. En 1822, por sugerencia de Vidocq, se extrajo una bala del cadáver de una dama asesinada, presuntamente por su marido al conocer que ella le era infiel. Al comparar el proyectil extraído con la munición usada en las pistolas de duelo del marido, se descartó a éste y se pasó a sospechar del amante de la víctima, quien terminó por confesar el crimen.

Otra de las más destacadas figuras de esta disciplina en el siglo XIX es Henry Goddard, miembro del cuerpo de policía londinense de los Bow Street runners. En 1835, Goddard se percató de que la bala encontrada en el cuerpo de una víctima tenía una peculiar protuberancia. Entonces era común que los poseedores de armas fabricasen sus propios proyectiles con plomo fundido, usando un molde, y precisamente eso fue lo que
Goddard halló en la casa del principal sospechoso, un molde con una hendidura que encajaba a la perfección con la protuberancia de la bala. Con este molde, el perspicaz y metódico policía fabricó otro proyectil, el cual, comparado con el que se extrajo de la víctima, sirvió de evidencia e hizo que el asesino confesara, constituyendo un hito en la historia de la balística.

Henry Goddard

TOXICOLOGÍA

En 1840, por primera vez en la historia se dicta una condena de asesinato gracias al análisis toxicológico de los restos exhumados de un cadáver, el de un ciudadano francés apellidado Lafarge. La condenada, Marie, su joven esposa, de quien desde un principio se sospechó que había envenenado a su marido con arsénico. El insigne médico que, mediante el novedoso test de Marsh, demostró la presencia de arsénico en los restos de la víctima, un español, Mateo Orfila, una de las figuras clave en la historia de la toxicología forense, aunque su dictamen en aquel caso no estuvo exento de polémica. Marie, que siempre defendió su inocencia, escribió sus memorias en prisión, desde donde se carteó con ilustres personajes de la época, como Alejandro Dumas. En junio de 1852, enferma de tuberculosis, fue puesta en libertad por gracia de Napoleón III, muriendo a los pocos meses.


Mateo Orfila

IDENTIFICACION DE REINCIDENTES

Las más antiguas fotografías de criminales que se conservan son cuatro daguerrotipos tomados en Bruselas en 1843. En la segunda mitad del siglo se crean diversos ficheros policiales de personas procesadas, para así poder identificar a los criminales en caso de reincidencia al salir de prisión. Sin embargo, estos archivos resultaron poco prácticos: lo habitual era que los delincuentes dieran nombres falsos (los documentos de identificación carecían de imagen) y la búsqueda manual de las fotografías en los ficheros era tan rudimentaria y farragosa que no es extraño que, incluso en el caso de disponer de una fotografía previa del sospechoso, ésta no se llegase a localizar.

En 1883 se identifica en París al primer delincuente reincidente gracias al método de identificación antropométrico diseñado por Alphonse Bertillon, el cual se basaba en la medición de distintas partes del cuerpo, registradas en una ficha a la que se adjuntaba una fotografía de frente y otra de perfil. Pese al éxito inicial, su método se puso en entredicho tras encontrarse dos individuos cuyas medidas eran iguales, y se abandonó, casi por completo, al extenderse la identificación por huellas dactilares.


De
Bertillon es también un sistema para fotografiar la escena del crimen, en el cual se incluye el empleo de un testigo métrico junto a los elementos fotografiados, y suya es la recomendación de tomar las fotografías antes de que se produjera cualquier manipulación del escenario del crimen.

Alphonse Bertillon

DE VIDOCQ A GROSS

La publicación del Manual del Juez como sistema de Criminalística de Hans Gross marca un antes y un después en la historia de la Criminalística, aunque el notable avance de la investigación criminal en el siglo XIX no hubiese sido igual sin las incontables aportaciones a este campo de Eugène-François Vidocq, quien de manera voluntaria pasó de ser uno de los delincuentes más temidos de Francia al policía más eficaz del siglo. Eficacísimo tanto en la resolución de casos como en la prevención del delito, este policía francés, un adelantado para su tiempo, puede ser considerado el padre, o al menos el abuelo, de la Criminalística.

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Javier Alonso García-Pozuelo
es licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad Autónoma de Madrid, y diplomado en Cooperación Internacional por la Universidad Complutense de Madrid. Ha trabajado como cooperante en Latinoamérica y ejercido como  profesor de salud pública  en diferentes centros educativos de España y Latinoamérica. Actualmente es residente de Psiquiatría en el Servicio Madrileño de Salud.
Además de su trabajo en el campo sanitario, ha impartido seminarios de Creación Literaria, Nacimiento de la Novela Policíaca, Historia del Siglo XIX y Lectura Crítica en España, Colombia, México y Panamá.
En febrero de 2017 publicó con Ediciones MAEVA, La cajita de rapé, una novela policíaca ambientada en el Madrid de Isabel II de la que se han escrito decenas de reseñas -puedes leer las reseñas y la opinión de decenas de lectores AQUÍ- y que ha sido nominada a la mejor novela negra de autor novel en el Festival Morella Negra como la Trufa. Actualmente se distribuye, además de en España, en varios países de Latinoamérica (Ecuador, Colombia, Guatemala, México, Panamá y Uruguay).
Ha formado parte del Comité Calificador del examen MIR de España y, en los últimos años, ha sido jurado para diversos certámenes literarios, entre ellos el I Premio Tristán Solarte a la mejor novela negra publicada en el año 2018 en Panamá.
Desde 2016 a 2020, dirigió la Semana Negra en la Glorieta, un festival dedicado al género negro en el que participaron más de un centenar de escritores y críticos literarios del género negro de Argentina, Colombia, Costa Rica, Cuba, Ecuador, España, Estados Unidos, México y Panamá.

La cajita de rapé y el inspector Benítez

 La cajita de rapé, Javier Alonso García-Pozuelo

A LAS PUERTAS DEL 10.º ANIVERSARIO 
DE LA PUBLICACIÓN DE ESTA ABSORBENTE NOVELA NEGRA

En febrero de 2017, Javier Alonso García-Pozuelo publicó con Ediciones MAEVA su primera novela, La cajita de rapé, una novela policíaca ambientada en el Madrid de Isabel II. En febrero de 2018 apareció la edición de bolsillo de La cajita de rapé (EmBolsillo) y poco después se publicó una versión en audiolibro.

Ahora, cuando se acerca el décimo aniversario de aquella primera edición y tras miles de ejemplares vendidos, se está preparando una edición conmemorativa en ebook de esta “absorbente novela negra costumbrista del Madrid convulso de Isabel II que, una vez empezada, no puede dejarse de leer”.

Una primera novela con un larguísimo recorrido

Desde su publicación, La cajita de rapé ha recibido centenares de comentarios de lectores y numerosas reseñas de medios especializados en novela negra o histórica, tanto en España como en varios países de Latinoamérica. Tras un largo periodo de presentaciones de La cajita de rapé por diversas ciudades de España, entre 2018 y 2022 fue presentada en México, Colombia, Panamá y República Dominicana. La novela se distribuyó asimismo en Ecuador, Colombia, México, Uruguay y Panamá.

A raíz de la publicación de su primera novela, Javier Alonso García-Pozuelo ha participado en numerosos encuentros literarios: festivales de novela negra como Valencia Negra, Bruma Negra y Getafe Negro, ferias del libro y diversos clubes de lectura. Además, La cajita de rapé  fue nominada a la mejor novela negra de autor novel en el Festival Morella Negra como la Trufa.

En todos estos años Javier Alonso García-Pozuelo también ha formado parte del jurado de diversos certámenes literarios, entre ellos el I Premio Tristán Solarte, a la mejor novela negra publicada en 2018 en Panamá, y dirigió entre 2016 y 2020 el Festival de Novela Negra "Semana Negra en la Glorieta".

MUY PRONTO...

El inspector Benítez vuelve a la acción.

Pronto daremos información sobre el nuevo caso del inspector Benítez, protagonista de La cajita de rapé.

Permanece atento a Cita en la Glorieta para conocer todas las novedades.

INFORMACIÓN SOBRE LA NUEVA EDICIÓN

Estamos preparando una edición conmemorativa de La cajita de rapé. Si deseas recibir información sobre la fecha de lanzamiento de esta nueva edición, puedes ponerte en contacto con nosotros a través del siguiente formulario.

En el cuerpo del mensaje escribe:
Nueva edición de La cajita de rapé

Microrelatos escogidos por Fernando Gómez Lamadrid

La siguiente selección de microrrelatos ha sido escogida para CITA EN LA GLORIETA por Fernando Gómez Lamadrid, fundador de la página de facebook TOPmicrorrelatos.  

LA OVEJA NEGRA
Augusto Monterroso

En un lejano país existió hace muchos años una Oveja negra. Fue fusilada.

Un siglo después, el rebaño arrepentido le levantó una estatua ecuestre que quedó muy bien en el parque.

Así, en lo sucesivo, cada vez que aparecían ovejas negras eran rápidamente pasadas por las armas para que las futuras generaciones de ovejas comunes y corrientes pudieran ejercitarse también en la escultura
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BOMBARDAS
Alberto Benza González

Recuerdo la Navidad con tremendas bombardas. Mi padre, abrazándome, decía: «No tengas miedo, se avecina la llegada de Papá Noel», y mi miedo se transformaba en paz. Después empezaba a oír más fuertes los fuegos artificiales. Mi padre agregaba: «Son los renos Donner (Trueno) y Blitzen (Relámpago) que están pasando por la chimenea». Esa noche recibí un tractor de regalo. Pero me hubiera gustado que fuera uno real, para así limpiar los escombros que dejó la guerra aquella Navidad.

*

HABÍA UNA GUERRA
Pep Bruno

Había una guerra: hombres muertos, casas destruidas, mujeres violadas, niños hambrientos, caminos polvorientos. Terror. Desierto. Podíamos verlo mientras comíamos palomitas.
 
*

HABÍA UNA GUERRA (CONTINUACIÓN)
Pep Bruno

Había otra guerra. Lo mismo. Había otra guerra. Lo mismo. Había otra guerra. Lo mismo. Había otra guerra. Lo mismo. Había otra guerra. Lo mismo. Había otra guerra. Lo mismo. Había otra guerra. Lo mismo [así hasta 200].
 
*

VIDAS PRIVADAS
Ángel Olgoso

Un día de julio, mi hermano dijo que mi trompo era suyo. Me alarmé: él sabía que me lo regaló padre, que pinté su madera de un rojo vivo, que aprendí a hacerlo bailar como un derviche enloquecido mientras su punta de hierro arrancaba chispazos a las piedras. Yo dije que entonces su zorzal era mío. Ninguno cedió. Y, desde luego, los dos nos defendimos. Había comenzado la guerra civil.
 
*

EN LA SIERRA
Arturo Barea

Esto fue en el primer otoño de la guerra.
El muchacho –veinte años– era teniente; el padre, soldado, por no abandonar al hijo. En la Sierra dieron al hijo un balazo, y el padre le cogió a hombros. Le dieron un balazo de muerte. El padre ya no podía correr y se sentó con su carga al lado.
–Me muero, padre, me muero.
El padre le miró tranquilamente la herida mientras el enemigo se acercaba. Sacó la pistola y le mató.
A la mañana siguiente, fue a la cabeza de una descubierta y recobró el cadáver del hijo abandonado en mitad de las peñas. Lo condujo a la posición. Le envolvieron en una bandera tricolor y le enterraron.
Asistió el padre al entierro. Tenía la cabeza descubierta mientras tapaban al hijo con la tierra aterronada, dura de hielo.
La cabeza era calva, brillante, con un cerquillo de pelos canos alrededor. Con la misma pistola hizo saltar la tapadera brillante de la calva.
Quedó el cerquillo de pelo gris rodeando un agujero horrible de sangre y de sesos.
Le enterraron al lado del hijo.
El frío de la Sierra hacía llorar a los hombres.

*
DESPUÉS DE LA GUERRA
Alejandro Jodorowsky
 
El último ser humano vivo lanzó la última paletada de tierra sobre el último muerto. En ese instante mismo supo que era inmortal, porque la muerte sólo existe en la mirada del otro.

*

Andrés Hurtado y el ejercicio de la Medicina en la España

El árbol de la ciencia (fragmento)   
Pío Baroja
—¡Yo! Probablemente tendré que ir a un pueblo de médico.
—Veo que no te hace gracia la perspectiva.
—No; la verdad. A mí hay cosas de la carrera que me gustan; pero la práctica, no. Si pudiese entrar en un laboratorio de fisiología, creo que trabajaría con entusiasmo.
—¡En un laboratorio de fisiología! ¡Si los hubiera en España!
—¡Ah, claro!, si los hubiera. Además, no tengo preparación científica. Se estudia de mala manera.
—En mi tiempo pasaba lo mismo —dijo Iturrioz—. Los profesores no sirven más que para el embrutecimiento metódico de la juventud estudiosa. Es natural. El español todavía no sabe enseñar; es demasiado fanático, demasiado vago y casi siempre demasiado farsante. Los profesores no tienen más finalidad que cobrar su sueldo y luego pescar pensiones para pasar el verano.
—Además falta disciplina.
—Y otras muchas cosas. Pero, bueno, ¿tú qué vas a hacer? ¿No te entusiasma visitar?
—No.
—¿Y entonces qué plan tienes?
—¿Plan personal? Ninguno.
—Demonio. ¿Tan pobre estás de proyectos?
—Sí, tengo uno; vivir con el máximum de independencia. En España en general no se paga el trabajo, sino la sumisión. Yo quisiera vivir del trabajo, no del favor
.

 
Los estilos tipográficos no se corresponden con los del texto original y se han introducido exclusivamente para presentar este fragmento de una manera más adecuada al formato de la entrada.

Origen de la expresión «tirar la casa por la ventana»

¿Sabes qué significa y de dónde proviene la expresión «tirar la casa por la ventana»? 
@citaenlaglorieta
Hay expresiones que forman parte tan frecuente de nuestro lenguaje cotidiano que rara vez nos paramos a pensar en su sentido literal y, menos aún, en las circunstancias que hicieron que esas palabras acabaran adquiriendo el significado que hoy les damos. «Tirar la casa por la ventana» es un buen ejemplo.

¿Qué significa «tirar la casa por la ventana»?

El Diccionario de la lengua española recoge la locución «tirar la casa por la ventana» y la define como «gastar con esplendidez en un convite o con cualquier otro motivo».
Podemos «tirar la casa por la ventana» al organizar una boda, celebrar un cumpleaños, hacer un viaje, comprar algo que llevábamos mucho tiempo deseando o, sencillamente, gastar mucho más de lo habitual en una ocasión significativa. En otras palabras, cuando el presupuesto deja de ser la principal preocupación y decidimos celebrar algo por todo lo alto, sin escatimar en gastos, estamos tirando la casa por la ventana.
Aunque en alguna publicación en redes hemos leído lo contrario, en su sentido actual, la expresión que nos ocupa no implica necesariamente ostentación ni el deseo de exhibir riqueza, como sí ocurre, por ejemplo, con el modismo argentino «tirar manteca al techo», que, además de expresar un gasto excesivo, transmite la idea de derroche y deseo de ostentar.

Pero ¿de dónde procede esta curiosa expresión?
La explicación tradicional: la lotería y los muebles por la ventana
 
Una de las explicaciones más repetidas sostiene que la expresión nació de una antigua costumbre relacionada con la lotería.
Según esta versión, cuando alguien resultaba agraciado con un premio importante, arrojaba por la ventana los muebles y enseres viejos de su casa para sustituirlos por otros nuevos. El gesto simbolizaría el comienzo de una nueva vida gracias a la fortuna recién adquirida.
Esta explicación aparece incluso en materiales divulgativos del Centro Virtual Cervantes, donde se habla de una posible costumbre en el Madrid de principios del siglo XIX según la cual el ganador de la lotería arrojaba literalmente los enseres de su hogar por la ventana. 
La historia es atractiva, sugerente, evocadora. De esas que a uno le gustaría poder contar en una sobremesa con la seguridad de que el cuñado de turno no va a desmontarla.
Pero una cosa es que una historia sea buena y otra que podamos demostrar que ocurrió realmente. Y, en este caso, no tenemos pruebas suficientes para afirmar que los ganadores de la lotería en la España del siglo XIX tuvieran realmente esa costumbre.
Con todo, la explicación tradicional quizá no sea del todo inventada, tal vez simplemente hayamos estado buscando su origen en el lugar equivocado. Para acercarnos a una explicación alternativa del origen de esta expresión, tendremos que abandonar por un momento la historia y entrar en el mundo de la ficción.

Pero ¿de dónde procede esta curiosa expresión?
Un sainete puede tener la clave

Para ello tenemos que remontarnos a 1763, cuando Carlos III estableció en Madrid la Real Lotería, antecedente de la actual Lotería Primitiva.
El nuevo juego no tardó en hacerse popular y pronto pasó a formar parte de la vida cotidiana madrileña. Y el teatro, siempre atento a lo que ocurría en las calles, no tardó en hacerse eco de aquella nueva afición.
En 1777, el sainetista Sebastián Vázquez, contemporáneo y competidor de Ramón de la Cruz, estrenó en el Teatro del Príncipe el sainete titulado El día de lotería. El catálogo de Memoria de Madrid fecha el estreno el 6 de junio de 1777, a cargo de la compañía de Manuel Martínez. 
El sainete comienza con unos versos que reflejan perfectamente la expectación que despertaba el sorteo:
«Todo sea festejo,
todo alegría,
que esperamos nos caiga
la Lotería».
La obra presenta a varios vecinos de un barrio popular madrileño pendientes del sorteo. Entre ellos aparece un estudiante que pretende convencerlos de que conoce los números que van a resultar premiados.
La trama juega con la superstición, la picaresca y las esperanzas que despertaba la posibilidad de enriquecerse de manera rápida.

Y entonces sucede algo muy parecido a lo que cuenta la explicación tradicional sobre el origen de la expresión «Tirar la casa por la ventana». 
«¡Me ha tocado el terno!»

Una de las vecinas interpreta erróneamente el resultado del sorteo y cree que ha ganado el terno, es decir, que le ha tocado uno de los principales premios de aquella primitiva lotería.
Convencida de que acaba de enriquecerse, comienza a arrojar algunos de sus viejos enseres domésticos por la ventana, porque piensa que podrá reemplazarlos inmediatamente por otros nuevos.
Pero la fortuna resulta ser una ilusión.
Cuando su marido llega y descubre el error, le hace saber que no ha ganado absolutamente nada. El desenlace de la escena es, naturalmente, cómico: la mujer se desmaya al descubrir que ha arrojado sus pertenencias a la calle, que ha tirado literalmente la casa por la ventana, sin haber ganado el premio que esperaba. 
«¿Es este el verdadero origen de la expresión?»
 
Sería tentador afirmar que «tirar la casa por la ventana» nació exactamente en ese momento y motivado por la popularidad de ese sainete de Sebastián Vázquez. Sin embargo, históricamente no podemos demostrarlo con absoluta seguridad.
Lo que sí podemos afirmar es que encontramos una representación teatral del último tercio del siglo XVIII en la que una persona, creyendo haber ganado la lotería, arroja por la ventana los enseres viejos de su casa porque espera poder sustituirlos gracias a su nueva fortuna.
Es decir, la escena coincide de manera extraordinariamente precisa con la explicación tradicional de la expresión.
Si bien no podemos afirmar que el sainete «inventó» la expresión, es innegable que nos proporciona uno de los testimonios históricos más antiguos y más sugestivos para explicar la asociación entre la lotería, el enriquecimiento repentino y la imagen de arrojar los enseres, «la casa», por la ventana.
De la fortuna al derroche  
Sea cual sea el momento exacto en que la expresión quedó fijada en la lengua, la imagen resulta muy poderosa.
Una persona que acaba de enriquecerse inesperadamente puede permitirse deshacerse de aquello que antes necesitaba conservar. Si además arroja sus muebles viejos por la ventana, está haciendo visible ante todo el mundo que su situación económica ha cambiado radicalmente.
La metáfora terminó alejándose de la lotería y de la idea de renovación y adquirió un sentido mucho más amplio: celebrar algo por todo lo alto, generalmente con motivo de una ocasión extraordinaria, sin reparar en gastos.
Y ese es precisamente el significado que conserva hoy, pero, como hemos comentado arriba, sin que el uso de dicha expresión vaya necesariamente asociado a la ostentación.
Cuando alguien organiza una boda espectacular o invita a todos sus amigos a una cena sin mirar el lado derecho de la carta, como decía Ricardo Arjona, podemos decir: «Esta vez ha tirado la casa por la ventana».
Pero también podemos usar este modismo cuando alguien hace el crucero que llevaba años deseando, aunque no le haya dado ninguna publicidad al hecho y nos hayamos enterado de casualidad
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Tesis sobre el cuento de Ricardo Piglia

Ricardo Piglia

Tesis sobre el cuento

Los dos hilos: Análisis de las dos historias
Formas breves, Buenos Aires, Temas Grupo Editorial, 1999.




I


En uno de sus cuadernos de notas, Chejov registró esta anécdota: "Un hombre, en Montecarlo, va al casino, gana un millón, vuelve a casa, se suicida". La forma clásica del cuento está condensada en el núcleo de ese relato futuro y no escrito.





Contra lo previsible y convencional (jugar-perder-suicidarse), la intriga se plantea como una paradoja. La anécdota tiende a desvincular la historia del juego y la historia del suicidio. Esa escisión es clave para definir el carácter doble de la forma del cuento.

Primera tesis: un cuento siempre cuenta dos historias.



II


El cuento clásico (Poe, Quiroga) narra en primer plano la historia 1 (el relato del juego) y construye en secreto la historia 2 (el relato del suicidio). El arte del cuentista consiste en saber cifrar la historia 2 en los intersticios de la historia 1. Un relato visible esconde un relato secreto, narrado de un modo elíptico y fragmentario.

El efecto de sorpresa se produce cuando el final de la historia secreta aparece en la superficie.


III

Cada una de las dos historias se cuenta de un modo distinto. Trabajar con dos historias quiere decir trabajar con dos sistemas diferentes de causalidad. Los mismos acontecimientos entran simultáneamente en dos lógicas narrativas antagónicas. Los elementos esenciales del cuento tienen doble función y son usados de manera distinta en cada una de las dos historias. Los puntos de cruce son el fundamento de la construcción.


IV

En "La muerte y la brújula", al comienzo del relato, un tendero se decide a publicar un libro. Ese libro está ahí porque es imprescindible en el armado de la historia secreta. ¿Cómo hacer para que un gángster como Red Scharlach esté al tanto de las complejas tradiciones judías y sea capaz de tenderle a Lönnrott una trampa mística y filosófica? El autor, Borges, le consigue ese libro para que se instruya. Al mismo tiempo utiliza la historia 1 para disimular esa función: el libro parece estar ahí por contigüidad con el asesinato de Yarmolinsky y responde a una casualidad irónica. "Uno de esos tenderos que han descubierto que cualquier hombre se resigna a comprar cualquier libro publicó una edición popular de la Historia de la secta de Hasidim." Lo que es superfluo en una historia, es básico en la otra. El libro del tendero es un ejemplo (como el volumen de Las mil y una noches en "El Sur", como la cicatriz en "La forma de la espada") de la materia ambigua que hace funcionar la microscópica máquina narrativa de un cuento.





V

El cuento es un relato que encierra un relato secreto.

No se trata de un sentido oculto que dependa de la interpretación: el enigma no es otra cosa que una historia que se cuenta de un modo enigmático. La estrategia del relato está puesta al servicio de esa narración cifrada. ¿Cómo contar una historia mientras se está contando otra? Esa pregunta sintetiza los problemas técnicos del cuento.

Segunda tesis: la historia secreta es la clave de la forma del cuento.


VI

La versión moderna del cuento que viene de Chéjov, Katherine Mansfield, Sherwood Anderson, el Joyce de Dublineses, abandona el final sorpresivo y la estructura cerrada; trabaja la tensión entre las dos historias sin resolverla nunca. La historia secreta se cuenta de un modo cada vez más elusivo. El cuento clásico a lo Poe contaba una historia anunciando que había otra; el cuento moderno cuenta dos historias como si fueran una sola.

La teoría del iceberg de Hemingway es la primera síntesis de ese proceso de transformación: lo más importante nunca se cuenta. La historia secreta se construye con lo no dicho, con el sobreentendido y la alusión.


VII

"El gran río de los dos corazones", uno de los relatos fundamentales de Hemingway, cifra hasta tal punto la historia 2 (los efectos de la guerra en Nick Adams), que el cuento parece la descripción trivial de una excursión de pesca. Hemingway pone toda su pericia en la narración hermética de la historia secreta. Usa con tal maestría el arte de la elipsis que logra que se note la ausencia de otro relato.

¿Qué hubiera hecho Hemingway con la anécdota de Chejov? Narrar con detalles precisos la partida y el ambiente donde se desarrolla el juego, y la técnica que usa el jugador para apostar, y el tipo de bebida que toma. No decir nunca que ese hombre se va a suicidar, pero escribir el cuento como si el lector ya lo supiera.





VIII

Kafka cuenta con claridad y sencillez la historia secreta y narra sigilosamente la historia visible hasta convertirla en algo enigmático y oscuro. Esa inversión funda lo "kafkiano".

La historia del suicidio en la anécdota de Chejov sería narrada por Kafka en primer plano y con toda naturalidad. Lo terrible estaría centrado en la partida, narrada de un modo elíptico y amenazador.


IX

Para Borges, la historia 1 es un género y la historia 2 es siempre la misma. Para atenuar o disimular la monotonía de esta historia secreta, Borges recurre a las variantes narrativas que le ofrecen los géneros. Todos los cuentos de Borges están construidos con ese procedimiento.

La historia visible, el cuento, en la anécdota de Chejov, sería contada por Borges según los estereotipos (levemente parodiados) de una tradición o de un género. Una partida de taba entre gauchos perseguidos (digamos) en los fondos de un almacén, en la llanura entrerriana, contada por un viejo soldado de la caballería de Urquiza, amigo de Hilario Ascasubi. El relato del suicidio sería una historia construida con la duplicidad y la condensación de la vida de un hombre en una escena o acto único que define su destino..


X

La variante fundamental que introdujo Borges en la historia del cuento consistió en hacer de la construcción cifrada de la historia 2 el tema del relato. Borges narra las maniobras de alguien que construye perversamente una trama secreta con los materiales de una historia visible. En "La muerte y la brújula", la historia 2 es una construcción deliberada de Scharlach. Lo mismo ocurre con Azevedo Bandeira en "El muerto", con Nolam en "Tema del traidor y del héroe".

Borges (como Poe, como Kafka) sabía transformar en anécdota los problemas de la forma de narrar.

XI

El cuento se construye para hacer aparecer artificialmente algo que estaba oculto. Reproduce la búsqueda siempre renovada de una experiencia única que nos permita ver, bajo la superficie opaca de la vida, una verdad secreta. "La visión instantánea que nos hace descubrir lo desconocido, no en una lejana tierra incógnita, sino en el corazón mismo de lo inmediato", decía Rimbaud.

Esa iluminación profana se ha convertido en la forma del cuento.