Mostrando las entradas para la consulta Dashiell Hammett ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Dashiell Hammett ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

Reseña de «Cosecha roja», de Dashiell Hammett

RESEÑA de «COSECHA ROJA» de DASHIELL HAMMETT, 
por Rafael Guerrero
Dashiell Hammett sabía que a las personas de carne y hueso y a los personajes de ficción —ya sean polis o mangantes, mafiosos o periodistas honestos, hombres cohibidos o viperinas femmes fatales— lo que más les gusta es largar (incluso a los que construyen silencios intimidatorios y así queda dicho todo). Casi tanto como alardear de lo que han hecho y de lo que no, exagerar en beneficio individual y soltar el muerto al otro cuando las cosas se tuercen. Y luego, en un estadio paralelo, aparece el dinero. Todos sin excepción en su microcosmos adoran los billetes verdes, es codicia lo que corre por sus venas y no sangre a pesar de que esta mane a borbotones cuando son tiroteados o apuñalados con un picahielos con punta de seis pulgadas.

De ahí que el álter ego del autor, un detective que trabaja para La Continental en la oficina de San Francisco, no necesite un nombre propio (porque ajenos sí baraja, según le convenga y dependiendo de a quién deba engatusar para que afloje la lengua) ni esforzarse demasiado para que la ciudad minera de PersonvillePoissonville, en boca de quienes la conocen desde su virulento interior— se alce en pie de guerra ella misma en un todos contra todos por lo que hicieron, lo que hacen, lo que callaron y lo que ya no callan. Nadie calla en Cosecha roja, esta genial ópera prima de uno de los padres del género negro, muy negro.




Y claro, esos personajes rajan y rajan y el escritor que les ha dado vida (y a buen seguro muerte en el siguiente capítulo: sin piedad, sin aviso previo ni compasión paternal) consigue que dé gusto escucharlos, leerlos poniendo voz a esos diálogos brutales, ingeniosos, cortantes, lapidarios, criminales y cínicos. No son diálogos en realidad sino radiografías descarnadas del alma humana, del entorno social, de la decadente jungla de asfalto bañada de rojo y cuentas pendientes y ajustes de estas.

Mujeres jóvenes y maduras asustadas, soñadoras, amenazadas, celosas, arribistas, oportunistas, instigadoras e inductoras, atractivas, seductoras, sacrificadas, generosas; tipos duros y tipos blandos que las aman y las maltratan y las utilizan para sus fines hasta que ellas se cansan y los traicionan (hacen justicia ciertamente), tísicos que las protegen y que asesinan para salvarlas o para condenarlas más si cabe; contrabandistas de alcohol y de armas; fulleros de poca monta, sicarios de gatillo fácil, sicarios de dichos sicarios contras sicarios del bando contrario; un jefe de policía corrupto, vengador, colocado a dedo para bendecir el caos y poner el cazo; pobres idiotas que pasaban por allí, agentes que trabajan para el mejor postor (para muchos postores); viejos decrépitos, despóticos y forrados que se niegan a soltar las riendas del poder e invierten en emponzoñar lo que pretenden limpiar. “Búscate una ciudad pequeña en la que aún crean en las leyes”, le suelta el protagonista a uno de sus ayudantes cuando este se queja del ambiente que les rodea.

La culpa, las múltiples culpas cruzadas,  siempre son del enemigo incluso reconociendo que fueron de uno. Determinismo, individualismo, fatalidad, balas silbando lejos y balas acercándose, un cigarrillo encendido con la colilla del anterior, una habitación de hotel en penumbra, tres noches seguidas sin dormir, otro cadáver tirado sobre la calzada, un trago de ginebra por cada dos de whisky, "solo bebo cuando tengo bebida delante".

Es complicado hacer de lo sórdido una collage tan sugerente y bien hilada. Hammett lo consigue con creces. Como también ese virtuosismo coral que define sus obras, en las que —cual tragedia griega— se alternan los bailes de vivos y los bailes de difuntos, de uno en uno o a mansalva, por sorpresa o por coherencia narrativa; y en medio de ese teatrillo morboso y mundano, de esa representación pagana y cruel, el factótum dirige a esos y a aquellos, los enfrenta, los empuja a hacer el trabajo sucio, reparte estopa y se queda con el menor de los arañazos porque su experiencia es su grado y su cinismo honesto un chaleco protector. Maneja los cabos y los ata o los corta a su antojo. Muchos caen y la mayoría se ahorca sola. Misión cumplida, sueldo justificado, maleta y camino de vuelta.

El autor, por tanto, no escribe sino esculpe palabras en piedra y cava tumbas con las palabras. Y sus lectores no leemos, encajamos golpes por nuestro bien. No es que esta novela haya envejecido con dignidad, que sí, con mucha, es que nosotros no hemos sabido morirnos a tiempo. Cuando apenas iniciamos el primer capítulo ya intuimos que meremos esta lección de literatura, este uppercut dialéctico y mordaz, en pleno mentón y demos gracias porque los libros los cargue el diablo pero no aún con el calibre 32. Gracias, maestro.

Esta reseña ha sido escrita por Rafael Guerrero para la V SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2018.

es Detective Privado y Criminólogo por la Universidad Complutense de Madrid, Director de Seguridad por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Máster en Servicios de Inteligencia por el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado de Madrid. Miembro de World Association of Detectives de Estados Unidos, a la Asociación Profesional de Detectives Privados de España, ASIS International, Asociación Nacional de Criminalistas y Expertos en ciencias forenses y es socio colaborador de la International Police Association. Es autor de Un guerrero entre halcones, Diario de un detective privado (Editorial Círculo Rojo, 2010), Muero y Vuelvo (Editorial Círculo Rojo, 2013),  Ultimátum (Editorial Círculo Rojo, 2015) y Yo, detective (Editorial Círculo Rojo, 2018) .

Reseña de «El sueño eterno», de Raymond Chandler

Reseña de «El sueño eterno», de Raymond Chandler 
por José Javier Navarrete
FICHA TÉCNICA

Título: El sueño eterno
Título original: The big sleep
Autor: Raymond Chandler
Nº de páginas: 368
Editorial: Debolsillo
Fecha publicación: 19 de abril de 2017
Traducción: José Luis López Muñoz.



SINOPSIS

El general Sternwood contrata al detective Philip Marlowe por un chantaje que concierne a su hija menor, y chupadedogordo, Carmen. Asesinatos, pornografía, droga, juego, delincuentes de poca monta y de no tan poca; esta es parte de la flora y fauna de la jungla de perversión en la que se sumerge Marlowe. Jungla en la que parece haber desaparecido el yerno del general, cuya ausencia a lo largo de toda la novela es tan constante como la lluvia.


 
EL AUTOR

Raymond Thornton Chandler (Chicago, 23 de julio de 1888 – La Jolla, California, 26 de marzo de 1959). Educado en Inglaterra realizó todo tipo de actividades antes de dedicarse a la literatura. Participó como voluntario en la Primera Guerra Mundial. Trabajó como empleado de banca, periodista y también fue escalando peldaños en una petrolera de Los Angeles, hasta que en medio de la Gran Depresión se vio en la calle por sus problemas de alcoholismo, su recalcitrante absentismo y sus continuos líos de faldas con las secretarias. Se perdió un vicepresidente de una petrolera y se ganó un magnífico escritor de novela negra.

Comenzó publicando en revistas de ficción criminal, las famosas revistas pulp de aquella época. En 1939 escribió su primera novela: El sueño eterno, después vendrían otras siete y su incursión en el cine como guionista. Murió en 1959, solo, deprimido por la muerte de su mujer y con el alcohol como remedio para su tristeza.

Caníbal

El sueño eterno fue la primera novela de Raymond Chandler. Para crearla canibalizó algunas historias escritas por él con anterioridad, fundamentalmente El telón y Asesino bajo la lluvia (ambas incluidas en esta edición de Debolsillo). Supone la aparición estelar de Philip Marlowe, un detective privado al más puro estilo hard-boiled (de acuerdo con el Brewer’s Dictionary of Phrase and Fable: alguien endurecido por la experiencia; una persona sin ilusión ni sentimentalismo).

¿Vamos al cine?

Al igual que me ocurre con Sam Spade, el protagonista de El halcón maltés de Dashiell Hammett, no puedo pensar en Philip Marlowe sin hacerlo en Humphey Bogart. En 1946 protagonizó, junto a Lauren Bacall, una película, titulada también El sueño eterno, dirigida por Howard Hawks. Si aún no la has visto, no esperes más. En realidad sí, léete primero la novela.


 

La ruptura con el pasado

Chandler, como otros correligionarios del género, rechaza el legado de predecesores que hacían de sus novelas un problema de lógica y deducción. El mismo Marlowe dice:
No soy Sherlock Holmes ni Philo Vance. No es lo mío repetir investigaciones que la policía ha hecho ya, ni encontrar una plumilla rota y construir un caso a partir de ahí. Si cree usted que hay alguien trabajando como detective que se gana la vida haciendo eso, no sabe mucho de la policía.
Chandler no solo rechaza esta tradición, como ya habían hecho otros, incluyendo al mismo Hammett, sino que la desafía, llegando hasta el punto de dejar sin resolver el asesinato del chófer del general Sternwood. Bien es cierto que no tiene mayor transcendencia en el desarrollo de la trama, pero no deja de ser curioso que quede un cabo suelto en una novela de este tipo, al menos hasta que llegó Chandler.

La presentación en sociedad de Philip Marlowe

Me había puesto el traje azul añil, con camisa azul marino, corbata y pañuelo a juego en el bolsillo del pecho, zapatos negros, calcetines negros de lana con dibujos laterales de color azul marino. Iba bien arreglado, limpio, afeitado y sobrio y no me importaba nada que lo notase todo el mundo. Era sin duda lo que debe ser un detective privado bien vestido. Me disponía a visitar a cuatro millones de dólares.
Esta es la presentación de Philip Marlowe en El sueño eterno, lo curioso es que su apariencia es lo que menos importa, lo esencial es que a lo largo de la novela se puede disfrutar de un detective privado ocurrente, hastiado del mundo, irónico y cínico. También algo misógino y bastante homófobo:
Las tiras de seda en las paredes, la alfombra, las lámparas recargadas, los muebles de teca, el violento contraste de colores, el tótem, el frasco con éter y láudano…; todo aquello, a la luz del día, resultaba de una obscenidad vergonzante, como una fiesta de mariquitas.
Lo que no resulta extraño dado que Chandler era homófobo.

Lo que si es más curioso es que el escritor quisiese para el papel de Philip Marlowe en la gran pantalla a Cary Grant, sobre el que pendía la sospecha de su bisexualidad.

El balón se pone en juego

La trama de El sueño eterno comienza cuando el de los cuatro millones de dólares entrega la siguiente nota de chantaje a Marlowe:
Muy señor mío: Pese a la imposibilidad de reclamar legalmente lo que aquí le incluyo (reconozco con toda sinceridad que se trata de deudas de juego) doy por sentado que preferirá usted pagarlas.
Respetuosamente,

A. G. GEIGER
La deuda es de la hija pequeña del general Sternwood, Carmen; una joven de vida disipada y un trasfondo que pasa desapercibido. Una caprichosa joven rica, cuyos límites morales se difuminan en sus apetitos mundanos. Marlowe la define así al poco de conocerla:
Comprendí, pese a lo breve de nuestra relación, que pensar sería siempre una cosa más bien molesta para ella.
Aunque pudiésemos pensar que la novela girará en torno al chantaje con el que comienza, no es más que la línea de salida, la verdadera carrera es la que sigue el recorrido de Rusty Regan, un antiguo contrabandista irlandés que ha dado el braguetazo al casarse con Vivian, la hija mayor del general. Tenía todos los boletos para caer mal al viejo Sternwood y sin embargo:
—Fue un soplo de vida para mí…, mientras duró. Pasaba horas conmigo, sudando como un cerdo, bebiendo brandy a litros y contándome historias sobre la revolución irlandesa. Había sido oficial del IRA. Ni siquiera estaba legalmente en Estados Unidos. Su boda fue una cosa ridícula, por supuesto, y es probable que no durase ni un mes como tal matrimonio. Le estoy contando los secretos de la familia, señor Marlowe.
Será una carrera repleta de cadáveres que se internará en un mundo de perversiones regido por personas de pocos escrúpulos con tendencia a la corrupción. Una auténtica yincana por Los Angeles de los años finales de la Gran Depresión.
Estaba tan vacío de vida como los bolsillos de un espantapájaros. En la cocina me bebí dos tazas de café solo. Se puede tener resaca con cosas distintas del alcohol. Resaca de mujeres. Las mujeres me ponían enfermo.
Es el tipo de detective conocedor del carácter ajeno, pero también de fuerte intuición. Desencantado con su vida y con la sociedad en la que le ha tocado vivir:
—¿Y por esa cantidad de dinero está dispuesto a enemistarse con la mitad de las fuerzas de policía de este país?
—No me gusta nada —dije—. Pero ¿qué demonios voy a hacer si no? Trabajo en un caso. Vendo lo que tengo que vender para ganarme la vida. Las agallas y la inteligencia que Dios me ha dado y la disponibilidad para dejarme maltratar si con ello protejo a mis clientes. Va contra mis principios contar todo lo que he contado esta noche sin consultar antes al general. Por lo que respecta a encubrimientos, también yo he trabajado para la policía, como usted sabe. Se encubre sin descanso en cualquier ciudad importante. Los polizontes se ponen muy solemnes y virtuosos cuando alguien de fuera trata de ocultar cualquier cosa, pero ellos hacen lo mismo un día sí y otro también para contentar a sus amigos o a cualquier persona con un poco de influencia. Y todavía no he terminado. Sigo en el caso. Y volveré a hacer lo mismo si tengo que hacerlo.
Solo quiere el dinero ganado con honestidad y así lo demuestra:
—Tiene usted una ventaja sobre mí, general. Una ventaja de la que no quisiera en absoluto privarle, ni en su más mínima parte. No es mucho, considerando lo que tiene que aguantar. A mí me puede decir lo que se le antoje y jamás se me ocurrirá enfadarme. Me gustaría que me permitiera devolverle el dinero. Quizá no signifique nada para usted. Pero puede significar algo para mí.
—¿Qué significa para usted?
—Significa que no acepto que se me pague por un trabajo poco satisfactorio. Eso es todo.
—¿Hace usted muchos trabajos poco satisfactorios?
—Algunos. Es algo que le pasa a todo el mundo.

El estilo de Chandler

El estilo narrativo de Chandler muestra diálogos repletos de jerga, símiles tan exagerados que te hacen sonreír, y su narrador, en primera persona, describe las escenas como lo haría una cámara cinematográfica, lo cual no es extraño, ya que años después comenzaría su carrera como guionista. Pero en algunos momentos su prosa alcanza una gran belleza:
¿Qué más te daba dónde hubieras ido a dar con tus huesos una vez muerto? ¿Qué más te daba si era en un sucio sumidero o en una torre de mármol o en la cima de una montaña? Estabas muerto, dormías el sueño eterno y esas cosas no te molestaban ya. Petróleo y agua te daban lo mismo que viento y aire. Dormías sencillamente el sueño eterno sin que te importara la manera cruel que tuviste de morir ni el que cayeras entre desechos.

Fin de línea

El sueño eterno es una lectura más que recomendable, no tanto por la trama como por los personajes, verlos crecer en cada página es un deleite. El ritmo es vivo y seguir a Marlowe agotador, aunque casi siempre llegue con el cadáver ya servido. Chandler , en su sencillez, me parece un maestro, hay frases que revolotean en mi cabeza, algunas de ellas acabarán posándose y, si no hay demasiadas letras empujando, puede que resistan el ímpetu de las que han de llegar.

«El detective y la ciudad en la novela negra», por Juan Infante


«El detective y la ciudad en la novela negra»,  
por Juan Infante
El detective y la ciudad siempre han estado íntimamente ligados en la novela policiaca, de intriga, negra y criminal.

Así como cuando hablamos de un autor de género negro, lo relacionamos de la misma con su protagonista, detective o policía, que suele ser bien conocido, cuando nos referimos a estos y sobre todo al detective privado, salta de inmediato su ciudad.

Philip Marlow y Los Ángeles, Sam Spade y San Francisco, o Sherlock Holmes y Londres; detectives y ciudades están íntimamente relacionados. A todos ellos resulta muy difícil desligarlos de sus calles, de su paisaje urbano y de su ambiente, de tal forma que difícilmente imaginaríamos a Marlow en Harlem o Chicago.

Ello refuerza la importancia que tiene en la novela negra, la ciudad. En una trama de novela negra, la ciudad se incorpora a la misma y se refleja en las vicisitudes por las que atraviesan sus protagonistas. En la ciudad, el detective plasma su personalidad y te acompaña por unos lugares bien elegidos incorporándose a su propio paisaje.

Cuando Pepe Carvalho recorre las calles de su ciudad, la Barcelona de siempre se nos aparece sin necesidad de nombrarla y toda la historia en la que participa no podría desarrollarse al margen de la Ciudad Condal.

Hay un debate siempre inconcluso, sobre con quién empezó el género policiaco. La doctrina se divide entre Edgar Allan Poe y Wilki Collins. Ambos comenzaron en la misma época, hacia mediados del siglo XIX, pero fue Poe el creador del detective moderno con Auguste Dupin. Collins con su sargento Cuff de Scotland Yard en La Piedra Lunar (1868) creó la primera novela protagonizada por un policía.

Con Los Crímenes de la calle Morgue (1841) Poe sentó las bases del género policiaco, creando la novela de enigma, en la que el crimen es descubierto gracias a la perspicacia del investigador. Así tenemos en éste primer relato policial, al primer detective privado: Auguste Dupin.

Empezamos a ligar directamente al protagonista detective, Dupin, con la ciudad de Paris, en
Los Crímenes de la calle Morgue (1841), El misterio de Marie Roget (1842) y La Carta Robada (1844). Con Poe y Dupin se sientan las bases para la creación de nuevos detectives privados como Sherlock Holmes y Hércules Poirot.

La primera aparición de Holmes con su ayudante el Doctor Watson se produce en la novela corta, Estudio en Escarlata (1887) de Arthur Conan Doyle y es en Londres, el Londres victoriano donde este investigador privado empieza a desarrollar todas sus capacidades para resolver los crímenes de los casos que le encargan. La ciudad de Londres quedará por siempre unida a Sherlock Holmes.

Hércules Poirot, el detective creado por Agatha Christie, hace su aparición en 1920, en la novela El misterioso asunto de Styles. Aunque es belga, vive en Inglaterra y desarrolla su actividad investigadora en la aristocrática Inglaterra rural. Su paisaje le identifica, como a otros la ciudad.

Si damos un salto por el atlántico y nos acercamos a la costa oeste americana, allí situamos varios de los detectives más famosos de la novela negra y policiaca.
                     
En San Francisco nos encontramos con Sam Spade, detective privado creado por Dashiell Hammett, quien a pesar de su celebridad solo protagonizó una novela, El halcón maltés (1929) y tres relatos.

En el corazón de San Francisco todavía se mantiene el bar-restaurante Johns Grill, donde Dasiell Hammett escribió El halcón maltés. Allí podemos seguir comiendo: chuletas, patatas fritas y rodajas de tomate, con un trago de vodka Bloody Brigmid tal como hacía Sam Spade o encontrar al fantasma del socio de éste Nicas Archer.

En Los Ángeles, Raymond Chandler creó al mítico Philip Marlow, recordado también por sus películas, con Bogart, Lauren Bacall y Audrey Hepburn.

Por Sunset Bulevard, Hollywood, el Valle de San Fernando…por sus calles, en sus mansiones y hoteles, Marlow investiga y resuelve sus casos. Hoy conocemos mucho mejor Los Ángeles quienes hemos leído a Chandler.

También en la misma ciudad, desarrolla su actividad de detective Lew Archer creado por Ross MacDonald. Con oficina en Sunset Bulevard (Hollywood) nos ayuda a conocer mucho mejor Los Ángeles. Archer como Marlow son dos figuras implicadas en la ciudad de los Ángeles y recordarlos es ver la ciudad y recorrerla con ellos.

Easy Rawlins de Walter Mosley viene en los noventa a patear Los Ángeles, particularmente sus suburbios. Era el prototipo de hombre recto, honesto en una lucha sin cuartel contra el crimen y el racismo.

En la costa Este, Dennis Lehane crea Patrick Kenzie y Angela Gennaro, dos detectives de Boston. Allí transcurren sus novelas y en los bajos fondos de donde proviene la pareja de detectives, ejercen su actividad investigadora y nos permiten conocer mejor una de las ciudades más antiguas de Estados Unidos.

Charly Parker, Bird, detective creado por John Connolly, es un hombre atormentado y violento, y también desarrolla sus andanzas por Boston.

Myron Bolitar de Harlen Coben, agente deportivo, ejerce como investigador privado también en la Costa Este.

En Nueva York tenemos al investigador Philo Vance, que aparece por primera vez en la novela de S.S. Van Dine: El misterioso caso Benson (1926).

En la misma ciudad de los rascacielos, unos años más tarde, en 1947 apareció el detective privado Mike Hammer, en Yo, el jurado, de Mickey Spillane. La novela se llevó al cine y también tuvo una exitosa serie de televisión con Mike Hammer de protagonista.

Volviendo a Europa, no nos podemos olvidar de Bernie Gunther, primero policía y luego detective privado en la época del ascenso nazi en Alemania. Gunther creado por Philip Kerr está íntimamente ligado a Berlín, siendo detective del mítico hotel Adlon en la capital alemana. Sus actuaciones en medio del poder nazi son memorables. Con él llegamos a conocer muy bien aquella ciudad. Sus aventuras transcurren en sus calles, en lugares muy conocidos y donde el reflejo de la ciudadanía y del establishment nazi son de un grandísimo valor literario e histórico. Leyendo a Kerr y siguiendo a Bernie Gunther se llega a conocer muy bien Berlín.

En España nuestros detectives privados han sido muy especiales. No hay tradición en su trabajo profesional, pero nuestros autores clásicos de novela negra los han incorporado a sus relatos y nos han creado investigadores originales, con un atractivo personal importante.
                                                                                                                     
Pepe Carvalho, de origen gallego, es Barcelona; la Barcelona de siempre, que nos sigue llenando de nostalgia y aventuras. De la mano de Manuel Vázquez Montalbán apareció por primera vez en Yo maté a Kennedy (1972), tras haber trabajado para la CIA durante varios años. Después protagonizó 22 novelas más.

Con Andreu Martin y Jaume Ribera, nos encontramos investigando sus casos en una Barcelona más actual, a Flánagan, un detective adolescente, que aparece por primera vez en Alfagann es Flanagan (1996).

Y ya en Madrid, con otro de los grandes de la novela negra española, Juan Madrid, nos encontramos con Toni Romano, expolicía y exboxeador, quién resolvió su primer caso en Un beso de amigo (1980).

Y vamos a terminar en Bilbao con dos detectives estupendos, con solera y personalidad. Mikel Goikoetxea, alias Goiko, creado por Javier Abasolo, ex ertzaina, desarrolla su actividad investigadora en Bilbao, donde nos deleita con su personalidad exagerada. Aparece por primera vez en la novela Pájaro sin alas (2010).

Touré, creado por Jon Arretxe, se asienta en el barrio de San Francisco, en Bilbao la Vieja, su pequeña África. Allí Touré, un africano en situación irregular, con su personalidad tan versátil y su sentido del humor, resuelve sus casos, formando parte de su paisaje. Aparece por primera vez en la novela 19 Cámaras (2012).

Hemos presentado una serie de detectives privados relevantes de la novela policiaca, negra y criminal, creados por grandes escritores del género. Podíamos hacer la interminable, pero se trata de apuntar la relevancia de la ciudad con el detective y el autor.

Tradicionalmente, siempre han existido ciudades con fuerza y personalidad, muy ligadas al género negro: Los Ángeles, San Francisco, Nueva York, Boston… Londres, Paris, Barcelona…pero también es relativo, porque el género negro se ha desarrollado, ha roto fronteras y hoy nos encontramos con buenas novelas ligadas a ciudades de todo el mundo. El lector seguro que tiene en la cabeza muchos ejemplos.

No hemos tratado al policía detective, figura elegida por muchos autores de novela negra; en este caso la relación, unida a la del detective privado sería apabullante.

Al final lo importante es que la ciudad se identifique con el investigador-protagonista y que su presencia en su paisaje, en sus calles, en su relación con los vecinos hagan la trama y la novela más atractiva.

Les propongo un juego. Cuando estén en una ciudad recuerden a un detective o policía detective protagonista en esa ciudad. Seguro que lo consiguen; entonces ya verán como disfrutan mucho más de la ciudad.

Bilbao. Agosto 2020
Juan Infante, abogado y escritor.

NOTA DEL AUTOR
Me he permitido ilustrarme para realizar este artículo, además de mis lecturas en el excelente libro Los héroes de la novela policiaca de Sergi Echaburu Soler, editado en 2006 por Grafein Ediciones y por los artículos y trabajos sobre el origen de la novela negra y sobre detectives de Juan María Barasorda, publicados por la editorial d´Epoca, las Revistas Calibre 38, MoonMagazine y la Semana Negra en la Glorieta.

Esté artículo ha sido escrito por Juan Infante para la sección DETECTIVES DE FICCIÓN, coordinada por el escritor y detective madrileño Rafael Guerrero.

 
Puedes acceder al programa de la SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, festival virtual del género negro celebrado del 21 al 27 de noviembre en el blog de Historia y Literatura CITA EN LA GLORIETA, pinchando AQUÍ.


Juan Infante (Bilbao)
Es escritor y ejerce de abogado en su ciudad natal.
Ha sido promotor y partícipe de múltiples iniciativas literarias y culturales. Fue presidente de la Sociedad Cívica y Cultural El Sitio.   
Colabora habitualmente con la revista lúdico-cultural Moon Magazine.

Tiene publicadas siete novelas de género negro-criminal: Werther en Beirut (Editorial Burguete), Asesinato en Santurce (Editorial Hiria) El crimen de Cienfuegos (Hiria), Quince Millones (Hiria),  La Baldosa Negra (Hiria), Atrapado (Editorial Erein) y El precio del silencio (Erein). Es autor también de cuatro relatos: El sargento Puchades, Me chifla Nicolás, Literatura y Ficción y El misterio del testamento ológrafo. Atrapado fue nominada para el Premio Euskadi de literatura 2018
.


es Detective Privado y Criminólogo por la Universidad Complutense de Madrid, Director de Seguridad por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Máster en Servicios de Inteligencia por el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado de Madrid. Miembro de World Association of Detectives de Estados Unidos, a la Asociación Profesional de Detectives Privados de España, ASIS International, Asociación Nacional de Criminalistas y Expertos en ciencias forenses y es socio colaborador de la International Police Association. Es autor de Un guerrero entre halcones, Diario de un detective privado (Editorial Círculo Rojo, 2010), Muero y Vuelvo (Editorial Círculo Rojo, 2013),  Ultimátum (Editorial Círculo Rojo, 2015) y Yo, detective (Editorial Círculo Rojo, 2018) .


ENTRADA RELACIONADA:
 
 
Sigue la SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, en nuestras RRSS y déjanos tus comentarios.
 

 
Puedes consultar el resto del programa de la VII SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, pinchando AQUÍ.
 

«El amplio espectro del género negro en Latinoamérica», por Fernando López

«El amplio espectro del género negro en Latinoamérica», por Fernando López
¿Cuáles son los antecedentes del género negro? Mempo Giardinelli arriesga que es la novela del oeste norteamericano, el western, y lo asegura con el ejemplo de Cosecha roja de Dashiell Hammett que es un intenso y permanente tiroteo en un pequeño pueblo del oeste, novela en la que ese autor rompe definitivamente con la lógica del detective al estilo Auguste Dupin o Sherlock Holmes. O sea, presenta a un personaje que resuelve los casos investigando mientras reparte balazos. Eso no contradice la otra versión de que el género negro nace en las ciudades simultáneamente con la gran crisis mundial de 1929 (justamente la fecha de publicación de Cosecha roja). No es una mala idea para un buen comienzo de esta nota sobre novela negra, que no ha dejado de expandirse por todo el continente, de la que vamos a dar un breve pantallazo hasta llegar al Encuentro Córdoba Mata que se realiza en la Argentina. Por partes, como corresponde a cualquier disección que se precie de tal.

En primer lugar, la novela negra argentina sorteó su condición de género “urbano” instalado con la primera parte de una trilogía inconclusa, Huellas del crimen, publicada en 1877 y escrita por un juez penal con el seudónimo de Raúl Waleis para instalarse con tranquilidad en el campo, como sucedió con el personaje don Frutos Gómez de Velmiro Ayala Gauna (Corrientes, 1905; Rosario, 1967), quien se dio  a conocer en Los casos de Don Frutos Gómez, publicado en 1960. Don Frutos es un sagaz hombre de campo tan impregnado con la naturaleza, que sabe “naturalmente” cuándo va a llover y adónde fueron a parar las cosas robadas. Con esa misma naturalidad sabe quién es el delincuente y por qué, y con una breve investigación descubrirá el cómo. Para don Frutos no hay intriga que se resista. Podríamos arriesgar que hay varios antecedentes gauchos que sin ser novela y sin ser género negro para la Academia, constituyen antecedentes innegables de don Frutos Gómez: El matadero de Esteban Echeverría (1838/40 pero publicado en 1870), cuento en el que sobresalen las luchas entre unitarios y federales y los pobres que se pelean por un trozo de carne; Martín Fierro (1872), la historia de un gaucho pobre que huye de la justicia para no verse obligado a pelear contra los indios; y Juan Moreira (1879), inspirada en una crónica policial real protagonizada por el legendario gaucho porteño, muerto por la policía en la localidad de Lobos en 1874. Y de acá volvemos al presente, sin ahondar en los cielitos y canciones populares del siglo XIX que contaban las atrocidades que hoy tiene cualquier novela negra o policial. Uno de los últimos ejemplos de novela negra rural argentina es Pampa del infierno de Miguel Angel Molfino, premio Espartaco en la Semana Negra de Gijón (2018). Su personaje Ken Parker es un agente de la Continental que sale a recorrer América persiguiendo a Butch Cassidy, para instalarse finalmente en un rancho en los bordes de la selva chaqueña.
   
Esta introducción nos da pie para seguir (breve y arbitrariamente, ya que de otro modo sería imposible para este artículo) el rastro de la novela negra en el continente americano y descubrir la portentosa diversidad temática de sus autores, incluyendo a quienes viven y escriben en las provincias argentinas. Comenzamos por México, donde encontramos a Elmer Mendoza, Paco Ignacio Taibo II, Iris Cuevas, Carlos René Padilla, Fernanda Melchor, Iván Farías, Bernardo Fernández Brigada y Paco Haghenbeck entre muchísimos otros. Algunos, como Imanol Caneyada, Mendoza y Padilla viven en el desértico norte y otros muchos en la capital, donde todos los años se repiten los festivales y encuentros para conversar y discutir el género que se ha constituido en el más apasionante de nuestro tiempo. Pasamos por Cuba y nos encontramos con Leonardo Padura, Lorenzo Lunar y Rebecca Murga, con sus policías investigadores al son del merengue y mucho ron. De allí bajamos a Panamá, donde reina Osvaldo Reyes con sus novelas negras fantásticas y su novela negra con piratas publicada en 2019. En Colombia nos encontramos con Gustavo Forero, organizador del Encuentro Medellín Negro y autor de la novela Desaparición  (2012), cuyo tema es la desaparición forzosa de personas en el contexto de la toma del Palacio de Justicia de 1985 y el asalto final de las fuerzas armadas, con su secuela de muertos y heridos. Y con Nahum Montt, y con Emilio Restrepo.

De allí pasamos por Bolivia, donde encontramos al detective Santiago Blanco de Gonzalo Lema, tan astuto como insistente en la persecución de los delincuentes del Altiplano como en esquilmar a los ricos. Seguimos por el Perú, donde encontramos a Santiago Roncagliolo y Diego Trelles Paz, envueltos en la vorágine de Sendero Luminoso y sus consecuencias. Bajamos a Chile, donde nos sorprende la gran cantidad de autores contemporáneos como Bartolomé Leal, Ramón Díaz Eterovic, Eduardo Soto con sus novelas de brujos y las jerarquías entre ellos, José Gai (f), Juan Colil Abricott, Gabriela Aguilera Valdivia y Toño Freyre, entre muchos más. De allí a Uruguay, con el señor Milton Fornaro a la cabeza, Hugo Burel, Pedro Peña, Mercedes Rosende e Hiber Conteris.
   
Y dejamos para el final a la Argentina, con su complejo mapa que desmiente a todo aquel que insista en definir a este país confundiéndolo con Buenos Aires. Miguel Angel Molfino es chaqueño, Orlando van Bredam formoseño, Laura Rossi y Osvaldo Aguirre rosarinos, Javier Chiabrando marplatense, Pablo Yoiris neuquino, “Chiquito” Moya rionegrino, Lucio Yudicello, Esteban Llamosas, Enrique Aurora, Daniel Teobaldi, Eugenia Almeida y yo, cordobeses. Organizar el Encuentro internacional de Literatura Negra y Policial Córdoba Mata nos ha permitido conocernos, sino de otra manera, con la concentración de medios y editoriales en Buenos Aires habría sido casi imposible. Y así descubrimos a los autores que hacen parodia, tienen sus detectives, hacen historia y periodismo de género con los casos espeluznantes y la violencia institucional común a casi todos nuestros países, mujeres feministas (¿todas?), novelas negras con el trasfondo de la guerra de Malvinas, otras que hablan del genocidio por goteo que significa la fumigación de campos y pueblos con glifosato. Otro de los nuestros, nacido en Buenos Aires pero radicado en Córdoba aunque refunfuñe a menudo por eso, es Guillermo Orsi, autor de varias novelas premiadas (entre otros obtuvo el Hammett de la Semana Negra de Gijón). Y paro de contar. ¿Quién puede afirmar que conoce la literatura negra que se escribe en Argentina y los temas que se abordan (sexo y deseo, cárceles, migrantes, excluidos, zombies y vampiros, genocidios, terror, el “alter ego”,  “espectrofilia”, “pedofilia”, “gerontofilia”, violaciones, empalamientos, algunas con final abierto y otras con final cerrado, todas con el fondo de las genealogías violentas de la apropiación de la tierra por la oligarquía). La historia es una crónica negra del desapoderamiento de los pueblos originarios, el asalto del Poder Judicial, el país unitario sin remedio. Que quede claro que, Córdoba Mata mediante, escribir en provincias no nos impide conocer y compartir encuentros con autores de otros países (como los nombrados, y los que vinieron a visitarnos desde Italia, Francia y España) y con los autores que viven en Buenos Aires, entre ellos Juan Sasturain, Liliana Escliar, María Inés Krimer, Guillermo Martínez, Horacio Convertini, Gabriela Cabezón Cámara, todos extraordinarios, pero de ellos (por falta de espacio, claro) hablaremos en otra oportunidad
.


Este artículo ha sido expresamente escrito por Fernando López para la VI SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, festival virtual del género negro celebrado del 21 al 27 de noviembre de 2019 en el blog de Historia y Literatura CITA EN LA GLORIETA. Ha participado en la jornada dedicada a la Género Negro en Latinoamérica, que coordina el escritor panameño Osvaldo Reyes. Puedes acceder al programa completo de la SEMANA NEGRA pinchando AQUÍ.

Organiza el Encuentro Internacional de Literatura Negra y policial CÓRDOBA MATA (2014/18)
 

Publicó 18 libros, entre otros, la saga de novelas Philip Lecoq, detective (2012/7, 6 episodios)
 

Premios: Latinoamericano Universidad de Colima, México, a la novela El mejor enemigo (1984); Casa de las Américas, Cuba, a la novela Arde aún sobre los años (1985); 1er finalista Planeta Argentina con la novela Odisea del cangrejo (2005) y finalista en el concurso Novelas de Película del BAN! con la novela Un corazón en la planta del pie (2015).


Para saber más sobre ODISEA DEL CANGREJO pincha AQUÍ.