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«El detective y la ciudad en la novela negra», por Juan Infante


«El detective y la ciudad en la novela negra»,  
por Juan Infante
El detective y la ciudad siempre han estado íntimamente ligados en la novela policiaca, de intriga, negra y criminal.

Así como cuando hablamos de un autor de género negro, lo relacionamos de la misma con su protagonista, detective o policía, que suele ser bien conocido, cuando nos referimos a estos y sobre todo al detective privado, salta de inmediato su ciudad.

Philip Marlow y Los Ángeles, Sam Spade y San Francisco, o Sherlock Holmes y Londres; detectives y ciudades están íntimamente relacionados. A todos ellos resulta muy difícil desligarlos de sus calles, de su paisaje urbano y de su ambiente, de tal forma que difícilmente imaginaríamos a Marlow en Harlem o Chicago.

Ello refuerza la importancia que tiene en la novela negra, la ciudad. En una trama de novela negra, la ciudad se incorpora a la misma y se refleja en las vicisitudes por las que atraviesan sus protagonistas. En la ciudad, el detective plasma su personalidad y te acompaña por unos lugares bien elegidos incorporándose a su propio paisaje.

Cuando Pepe Carvalho recorre las calles de su ciudad, la Barcelona de siempre se nos aparece sin necesidad de nombrarla y toda la historia en la que participa no podría desarrollarse al margen de la Ciudad Condal.

Hay un debate siempre inconcluso, sobre con quién empezó el género policiaco. La doctrina se divide entre Edgar Allan Poe y Wilki Collins. Ambos comenzaron en la misma época, hacia mediados del siglo XIX, pero fue Poe el creador del detective moderno con Auguste Dupin. Collins con su sargento Cuff de Scotland Yard en La Piedra Lunar (1868) creó la primera novela protagonizada por un policía.

Con Los Crímenes de la calle Morgue (1841) Poe sentó las bases del género policiaco, creando la novela de enigma, en la que el crimen es descubierto gracias a la perspicacia del investigador. Así tenemos en éste primer relato policial, al primer detective privado: Auguste Dupin.

Empezamos a ligar directamente al protagonista detective, Dupin, con la ciudad de Paris, en
Los Crímenes de la calle Morgue (1841), El misterio de Marie Roget (1842) y La Carta Robada (1844). Con Poe y Dupin se sientan las bases para la creación de nuevos detectives privados como Sherlock Holmes y Hércules Poirot.

La primera aparición de Holmes con su ayudante el Doctor Watson se produce en la novela corta, Estudio en Escarlata (1887) de Arthur Conan Doyle y es en Londres, el Londres victoriano donde este investigador privado empieza a desarrollar todas sus capacidades para resolver los crímenes de los casos que le encargan. La ciudad de Londres quedará por siempre unida a Sherlock Holmes.

Hércules Poirot, el detective creado por Agatha Christie, hace su aparición en 1920, en la novela El misterioso asunto de Styles. Aunque es belga, vive en Inglaterra y desarrolla su actividad investigadora en la aristocrática Inglaterra rural. Su paisaje le identifica, como a otros la ciudad.

Si damos un salto por el atlántico y nos acercamos a la costa oeste americana, allí situamos varios de los detectives más famosos de la novela negra y policiaca.
                     
En San Francisco nos encontramos con Sam Spade, detective privado creado por Dashiell Hammett, quien a pesar de su celebridad solo protagonizó una novela, El halcón maltés (1929) y tres relatos.

En el corazón de San Francisco todavía se mantiene el bar-restaurante Johns Grill, donde Dasiell Hammett escribió El halcón maltés. Allí podemos seguir comiendo: chuletas, patatas fritas y rodajas de tomate, con un trago de vodka Bloody Brigmid tal como hacía Sam Spade o encontrar al fantasma del socio de éste Nicas Archer.

En Los Ángeles, Raymond Chandler creó al mítico Philip Marlow, recordado también por sus películas, con Bogart, Lauren Bacall y Audrey Hepburn.

Por Sunset Bulevard, Hollywood, el Valle de San Fernando…por sus calles, en sus mansiones y hoteles, Marlow investiga y resuelve sus casos. Hoy conocemos mucho mejor Los Ángeles quienes hemos leído a Chandler.

También en la misma ciudad, desarrolla su actividad de detective Lew Archer creado por Ross MacDonald. Con oficina en Sunset Bulevard (Hollywood) nos ayuda a conocer mucho mejor Los Ángeles. Archer como Marlow son dos figuras implicadas en la ciudad de los Ángeles y recordarlos es ver la ciudad y recorrerla con ellos.

Easy Rawlins de Walter Mosley viene en los noventa a patear Los Ángeles, particularmente sus suburbios. Era el prototipo de hombre recto, honesto en una lucha sin cuartel contra el crimen y el racismo.

En la costa Este, Dennis Lehane crea Patrick Kenzie y Angela Gennaro, dos detectives de Boston. Allí transcurren sus novelas y en los bajos fondos de donde proviene la pareja de detectives, ejercen su actividad investigadora y nos permiten conocer mejor una de las ciudades más antiguas de Estados Unidos.

Charly Parker, Bird, detective creado por John Connolly, es un hombre atormentado y violento, y también desarrolla sus andanzas por Boston.

Myron Bolitar de Harlen Coben, agente deportivo, ejerce como investigador privado también en la Costa Este.

En Nueva York tenemos al investigador Philo Vance, que aparece por primera vez en la novela de S.S. Van Dine: El misterioso caso Benson (1926).

En la misma ciudad de los rascacielos, unos años más tarde, en 1947 apareció el detective privado Mike Hammer, en Yo, el jurado, de Mickey Spillane. La novela se llevó al cine y también tuvo una exitosa serie de televisión con Mike Hammer de protagonista.

Volviendo a Europa, no nos podemos olvidar de Bernie Gunther, primero policía y luego detective privado en la época del ascenso nazi en Alemania. Gunther creado por Philip Kerr está íntimamente ligado a Berlín, siendo detective del mítico hotel Adlon en la capital alemana. Sus actuaciones en medio del poder nazi son memorables. Con él llegamos a conocer muy bien aquella ciudad. Sus aventuras transcurren en sus calles, en lugares muy conocidos y donde el reflejo de la ciudadanía y del establishment nazi son de un grandísimo valor literario e histórico. Leyendo a Kerr y siguiendo a Bernie Gunther se llega a conocer muy bien Berlín.

En España nuestros detectives privados han sido muy especiales. No hay tradición en su trabajo profesional, pero nuestros autores clásicos de novela negra los han incorporado a sus relatos y nos han creado investigadores originales, con un atractivo personal importante.
                                                                                                                     
Pepe Carvalho, de origen gallego, es Barcelona; la Barcelona de siempre, que nos sigue llenando de nostalgia y aventuras. De la mano de Manuel Vázquez Montalbán apareció por primera vez en Yo maté a Kennedy (1972), tras haber trabajado para la CIA durante varios años. Después protagonizó 22 novelas más.

Con Andreu Martin y Jaume Ribera, nos encontramos investigando sus casos en una Barcelona más actual, a Flánagan, un detective adolescente, que aparece por primera vez en Alfagann es Flanagan (1996).

Y ya en Madrid, con otro de los grandes de la novela negra española, Juan Madrid, nos encontramos con Toni Romano, expolicía y exboxeador, quién resolvió su primer caso en Un beso de amigo (1980).

Y vamos a terminar en Bilbao con dos detectives estupendos, con solera y personalidad. Mikel Goikoetxea, alias Goiko, creado por Javier Abasolo, ex ertzaina, desarrolla su actividad investigadora en Bilbao, donde nos deleita con su personalidad exagerada. Aparece por primera vez en la novela Pájaro sin alas (2010).

Touré, creado por Jon Arretxe, se asienta en el barrio de San Francisco, en Bilbao la Vieja, su pequeña África. Allí Touré, un africano en situación irregular, con su personalidad tan versátil y su sentido del humor, resuelve sus casos, formando parte de su paisaje. Aparece por primera vez en la novela 19 Cámaras (2012).

Hemos presentado una serie de detectives privados relevantes de la novela policiaca, negra y criminal, creados por grandes escritores del género. Podíamos hacer la interminable, pero se trata de apuntar la relevancia de la ciudad con el detective y el autor.

Tradicionalmente, siempre han existido ciudades con fuerza y personalidad, muy ligadas al género negro: Los Ángeles, San Francisco, Nueva York, Boston… Londres, Paris, Barcelona…pero también es relativo, porque el género negro se ha desarrollado, ha roto fronteras y hoy nos encontramos con buenas novelas ligadas a ciudades de todo el mundo. El lector seguro que tiene en la cabeza muchos ejemplos.

No hemos tratado al policía detective, figura elegida por muchos autores de novela negra; en este caso la relación, unida a la del detective privado sería apabullante.

Al final lo importante es que la ciudad se identifique con el investigador-protagonista y que su presencia en su paisaje, en sus calles, en su relación con los vecinos hagan la trama y la novela más atractiva.

Les propongo un juego. Cuando estén en una ciudad recuerden a un detective o policía detective protagonista en esa ciudad. Seguro que lo consiguen; entonces ya verán como disfrutan mucho más de la ciudad.

Bilbao. Agosto 2020
Juan Infante, abogado y escritor.

NOTA DEL AUTOR
Me he permitido ilustrarme para realizar este artículo, además de mis lecturas en el excelente libro Los héroes de la novela policiaca de Sergi Echaburu Soler, editado en 2006 por Grafein Ediciones y por los artículos y trabajos sobre el origen de la novela negra y sobre detectives de Juan María Barasorda, publicados por la editorial d´Epoca, las Revistas Calibre 38, MoonMagazine y la Semana Negra en la Glorieta.

Esté artículo ha sido escrito por Juan Infante para la sección DETECTIVES DE FICCIÓN, coordinada por el escritor y detective madrileño Rafael Guerrero.

 
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Juan Infante (Bilbao)
Es escritor y ejerce de abogado en su ciudad natal.
Ha sido promotor y partícipe de múltiples iniciativas literarias y culturales. Fue presidente de la Sociedad Cívica y Cultural El Sitio.   
Colabora habitualmente con la revista lúdico-cultural Moon Magazine.

Tiene publicadas siete novelas de género negro-criminal: Werther en Beirut (Editorial Burguete), Asesinato en Santurce (Editorial Hiria) El crimen de Cienfuegos (Hiria), Quince Millones (Hiria),  La Baldosa Negra (Hiria), Atrapado (Editorial Erein) y El precio del silencio (Erein). Es autor también de cuatro relatos: El sargento Puchades, Me chifla Nicolás, Literatura y Ficción y El misterio del testamento ológrafo. Atrapado fue nominada para el Premio Euskadi de literatura 2018
.


es Detective Privado y Criminólogo por la Universidad Complutense de Madrid, Director de Seguridad por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Máster en Servicios de Inteligencia por el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado de Madrid. Miembro de World Association of Detectives de Estados Unidos, a la Asociación Profesional de Detectives Privados de España, ASIS International, Asociación Nacional de Criminalistas y Expertos en ciencias forenses y es socio colaborador de la International Police Association. Es autor de Un guerrero entre halcones, Diario de un detective privado (Editorial Círculo Rojo, 2010), Muero y Vuelvo (Editorial Círculo Rojo, 2013),  Ultimátum (Editorial Círculo Rojo, 2015) y Yo, detective (Editorial Círculo Rojo, 2018) .


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«Detectives de ficción», por Kika Sureda


«Detectives de ficción»,  por Kika Sureda
Los detectives que aparecen en las novelas y series de televisión han sido durante mucho tiempo un elemento básico del género negro. Los detectives de ficción se dividen en tres grandes grupos: aficionados, investigadores privados y policía profesional. Las categorías se superponen: muchos aficionados son abogados, periodistas o tienen otras conexiones comerciales que los ponen en contacto regular con el crimen. En la Edad de Oro entre las dos guerras mundiales, los detectives aficionados eran el personaje más común; hoy son más profesionales. Originalmente, tendían a ser memorables por sus excentricidades; ahora el énfasis está en la caracterización en profundidad. Detectives de diferentes tipos  operan en una amplia variedad de lugares y períodos.

Los policías de la vida real inspiraron a los primeros detectives importantes, pero no fue hasta que Sherlock Holmes hizo su debut en Estudio en escarlata (1887) que el investigador privado profesional hizo su aparición.

Holmes, como Dupin de Poe, era una máquina de razonamiento suprema y Conan Doyle lo dotó de características que, aunque a veces extrañas, trascendían la artimaña y aseguraban su clasificación como el más famoso de todos los personajes de ficción. Se le presenta como un extraño, depresivo antisocial, dado a los silencios de mal humor y a tomar cocaína cuando no está tocando el violín o disparando a la pared de su casera. Con el paso de los años, la representación se suavizó y el hábito de las drogas de Holmes se explicó como una reacción contra la monotonía y la soledad. Durante todo el tiempo siguió siendo un genio entre los detectives, atento a la importancia de las mangas, la sugerencia de las uñas de los pulgares o los grandes problemas que pueden surgir de un cordón de botas. Eclipsó a Lestrade y a otros policías una y otra vez, mientras que el Dr. Watson demostró ser un amigo valiente y devoto (aunque no acrítico), así como un complemento ideal.

Los imitadores de Conan Doyle copiaron obedientemente la pareja de detective y compañero narrador admirador, sin capturar la esencia única de la relación Holmes-Watson. Los primeros casos de Hércules Poirot lo vieron asociado con el capitán Arthur Hastings hasta que Agatha Christie retiró a Hastings a Argentina; reapareció en el último libro de la serie, Telón (1975). Como Holmes, el belga Poirot era un forastero, indiferente al sentimentalismo al investigar un crimen y, sobre todo, capaz de pensar lo impensable, reconociendo en uno de sus casos más célebres que el asesinato podría haber sido cometido no solo por uno o dos de los sospechosos, sino por todos ellos. Tales toques atrevidos ayudaron a cimentar su legendaria reputación, solo superada por Holmes.
 
Anteriormente, el personaje del detective apenas se había desarrollado con algunas excepciones en gran parte insatisfactorias, en un intento de convertirse en esa rareza de la Edad de Oro, en un personaje tridimensional.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la novela de procedimiento policial fue desarrollada por escritores con experiencia personal en el trabajo policial rutinario. El personaje de detective privado siempre ha gozado de más popularidad entre los escritores estadounidenses, siendo llevado más tarde a otros países.

Curiosamente, el detective aficionado ha seguido floreciendo. En la década de 1950, el «sentido olfativo» fue una ayuda para el trabajo de detective antes de concentrarse en una variedad de detectives de la policía. Los personajes con vínculos profesionales, aunque a veces bastante tenues, con la investigación de asesinatos han seguido proliferando: abogados con gusto por el crimen o periodistas detectives.

Las historias históricas de detectives se escribieron antes de la década de 1970, pero solo después de que se creara el policía victoriano, fue cuando de reconoció plenamente el potencial del pasado para la ficción criminal. Una ventaja de los misterios de la historia es que los autores no están encadenados por las complicaciones y el tedio intermitente de la rutina policial moderna y las técnicas de investigación. Otra es que, especialmente en los días previos a la investigación de las fuerzas policiales profesionales, el detective aficionado puede operar de manera más plausible que en la actualidad. Casi todos los períodos históricos han visto una gran cantidad de investigación ficticia, con frecuencia por personajes creados, ya sea con su propio nombre o con un seudónimo, pero hay una marea interminable de detectives de la policía.

Inevitablemente, los lectores se cansarán de los detectives con personalidades extraídas de fórmulas o clichés, como el solitario inconformista con un problema con la bebida que sigue investigando incluso cuando su antipático jefe lo saca del caso. En la década de 1990, la novela de suspense psicológico ganó popularidad. Sin embargo, los atractivos de las series tanto para lectores como para escritores siguen siendo fuertes y los novelistas policiales y detectivescos sin duda continuarán evocando nuevos e intrigantes «solucionadores de misterios». El detective es y será un personaje con un atractivo duradero.

Esté artículo ha sido escrito por Kika Sureda para la sección DETECTIVES DE FICCIÓN, coordinada por el escritor y detective madrileño Rafael Guerrero.



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es Detective Privado y Criminólogo por la Universidad Complutense de Madrid, Director de Seguridad por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Máster en Servicios de Inteligencia por el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado de Madrid. Miembro de World Association of Detectives de Estados Unidos, a la Asociación Profesional de Detectives Privados de España, ASIS International, Asociación Nacional de Criminalistas y Expertos en ciencias forenses y es socio colaborador de la International Police Association. Es autor de Un guerrero entre halcones, Diario de un detective privado (Editorial Círculo Rojo, 2010), Muero y Vuelvo (Editorial Círculo Rojo, 2013),  Ultimátum (Editorial Círculo Rojo, 2015) y Yo, detective (Editorial Círculo Rojo, 2018) .

«Martin Hesselius: guardián de lo oculto», por Osvaldo Reyes

Martín_Hesselius
Sheridan Le Fanu
 
Osvaldo Reyes coordina la Jornada dedicada al género negro en América Latina de la  SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA .
 
 
«Martin Hesselius: guardián de lo oculto», por Osvaldo Reyes
Dentro de cada hombre hay, por lo menos, dos espíritus malignos.
Arcana Caelestia – Emanuel Swedenborg
Imaginemos el siguiente escenario. Usted va en un bus rumbo a su casa, después de un pesado día de trabajo. Estuvo lloviendo, así que lleva un paraguas en el regazo. El cielo está nublado y las gotas de lluvia golpean el vidrio. Usted está en la parte trasera del bus, que va casi vacío. Se queda dormido, hasta que un ruido lo regresa a la realidad. Al abrir los ojos se da cuenta que, en un asiento cercano, hay un mono.

Mira a todos lados, tratando de ver al dueño del animal. Al no poder distinguir de quién podría ser, se acerca un poco y lo trata de empujar con el paraguas. La punta lo atraviesa como si fuera una ilusión hecha de humo. Se asusta, como es de esperar, y sale del bus. Camina unos pasos, con el corazón tratando de salirse de su pecho. Mira por encima de su hombro. En un árbol cercano, un par de ojos rojos lo observan desde la protección del follaje.  

El mono no le deja un segundo de descanso. Cada vez se torna más agresivo y empieza a meterse en su mente. A corromperlo desde adentro. A empujarlo, poco a poco, al reino de la locura y la muerte.

Este es el dilema al que se enfrenta el reverendo Jennings en “El té verde”, el primer relato del libro “En un cristal oscuro” de Sheridan Le Fanu. En la historia, afligido por un demonio y sin encontrar una solución, decide pedir ayuda al médico metafísico alemán Martín Hesselius.

¿Quién es Hesselius? No tenemos muchos detalles. Lo que sabemos de él viene de las palabras de un secretario innombrado. Este narrador, un médico de profesión que, como resultado de una lesión durante una cirugía, pierde dos de sus dedos, cuenta cómo conoce al que se convertirá en su maestro. Martin Hesselius es cincuenta años más viejo y sabio. Una mente brillante e intuitiva que lo fascina al punto que se convierte en su secretario personal por más de veinte años. Tras la muerte de su mentor el secretario revisa sus pertenencias personales y encuentra varias cartas dirigidas a su amigo, el profesor Van Loo, donde relata algunos de los casos que encontró a lo largo de su carrera. El secretario, haciendo el papel de un Watson, selecciona los que llaman su atención y los publica en un libro que titula “En un cristal oscuro”, el nombre extraído de una cita de la Biblia.
Ahora vemos por espejo, oscuramente;
mas entonces veremos cara a cara.
Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.

1 Corintios 13:12
La comparación del secretario con un Watson no es al azar. En “El té verde”, Hesselius demuestra habilidades propias de Sherlock Holmes, quince años antes de que el gran detective hiciera su primera aparición en “Estudio en escarlata”. Hesselius es capaz de determinar, con una sola mirada, que el reverendo Jennings estaba soltero, que estaba escribiendo un libro de teología y que le gustaba el té verde, pero que lo había dejado. De esta manera, Hesselius se convierte en el molde de un futuro Sherlock Holmes y su secretario, en Watson. Incluso, en uno de los relatos de “En un cristal oscuro” (La habitación en el Dragón Volador), la trama no es sobrenatural, sino criminal. Involucra una banda de secuestradores, el uso de drogas psicodélicas y un elemento gótico (el ser enterrado vivo). La participación de Hesselius es remarcada desde una perspectiva científica, ya que el secretario nos recuerda que el caso es mencionado en un artículo del doctor sobre las drogas usadas en la Edad Media y que llamó Mortis Imago (Imágenes de la muerte).
    
Hesselius es médico y, como tal, trata de encontrarle explicación a los eventos que los afectados describen en sus historias. Solo participa de manera activa en el primer caso (el del mono). En los demás, emite ciertas opiniones al principio o al final del caso, sustentadas en su hipótesis de que el mundo espiritual existe y que el ocasional atisbo de este plano genera cambios en el individuo que pueden llevar a la locura. Como el mismo Hesselius explica en “El té verde”, haciendo referencia a un artículo suyo titulado “Las funciones cardinales del cerebro”, dice:
…ante la evidencia de innumerables hechos, prueba, creo yo, la alta posibilidad de una circulación que, en su mecánica, se comporta como la arterial y la venosa, pero a través de los nervios. En ese sistema considero al cerebro su corazón. Los fluidos que se propagan por una clase de nervios, regresan alterados por otros y su naturaleza es espiritual, aunque no inmaterial. Por lo menos no más que la luz o la electricidad.”
Su argumento es que ciertas condiciones, por ejemplo, el abuso del alcohol o del té verde, pueden alterar el equilibrio de este sistema y abrir una especie de “tercer ojo”, localizado en el medio de la frente, que permitiría que los espíritus establecieran una comunicación con el afectado de esta manera. Sus terapias, por tanto, se enfocaban en cerrar este ojo. Acepta la existencia del Más Allá, pero la cura de esta afección espiritual es física.
    
Sheridan Le Fanu fue un escritor irlandés (1814-1873), no tan conocido como otros autores de la época, pero con méritos suficientes como para estar a la par de todos ellos. Su nombre sale cuando se habla de historias de vampiros, gracias a Carmilla, pero pocos recuerdan que esta novela corta fue, casi seguro, una fuente de inspiración para el Drácula de Bram Stoker, con lo que Hesselius sería la versión pálida de Van Helsing. La pluma de Le Fanu escribió muchos otros relatos llenos de fantasmas, demonios y otras criaturas, convirtiéndose en uno de los mejores exponentes del género de terror sobrenatural de la era victoriana.
    
Esta afición por el mundo de los espíritus explicaría por qué Hesselius fue una creación tardía. Los relatos reunidos en el libro “En un cristal oscuro” fueron publicados, en su mayoría, con anterioridad y Le Fanu (o su editor) crearon el personaje de Hesselius para unirlos. Esto es evidente ya que “El té verde”, el relato que nos presenta a Hesselius, es el único donde el buen doctor actúa de manera activa. En los otros, su papel es más bien el de un comentarista, con cada vez menos intervenciones. En su relato más conocido, la de la vampiresa Carmilla, el secretario comenta del caso, pero decide omitir los análisis y razonamientos del doctor Hesselius.
    
Esa es la razón por la que, a pesar de comportarse, en esencia, como un detective (recoge información, analiza la evidencia y saca conclusiones), Hesselius es más un guardián de lo oculto. Ha recogido los casos que han llamado su interés, precisamente porque avalan su hipótesis de un mundo espiritual. Por eso decía que su papel de Van Helsing palidece al lado del más reconocido profesor y doctor holandés, enemigo mortal de Drácula. Donde el cazador de vampiros es proactivo, Hesselius solo recopila información, con el desagravio adicional de no publicar ninguno de sus casos, ya sea por miedo al ridículo de la profesión o por falta de interés. Es su secretario el que, por admiración a su maestro, decide publicar sus historias de una manera póstuma.
    
Van Helsing fue creado como un personaje dentro de la trama. Hesselius, como un pegamento para unir cinco relatos que nunca fueron escritos como parte de un todo.  Estos cuentos con personajes sobrenaturales que atormentan a sus víctimas, como el mono de “El té verde”, el “Observador” en “El familiar”, espíritus con sed de venganza en “El juez Harbottle” y la vampiresa Carmilla, son poderosos por cuenta propia, sin necesitar la presencia de Hesselius para reunirlos. Sin embargo, el autor decidió crearlo y, sin saberlo, estableció un arquetipo.
El del médico estudioso de lo oculto.
 
Arrogantes, solitarios, inteligentes y cargados de vastos conocimientos de artes arcanas y naturales. Gracias a este experimento, toda una serie de personajes han surgido para deleitar a generaciones de lectores que navegan esta frontera entre lo real y un mundo que, según Hesselius, solo está a un tercer ojo de distancia
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Osvaldo Reyes (Panamá, 1971)
estudió medicina en la Universidad de Panamá y luego se especializó en Ginecología y Obstetricia en la Maternidad María Cantera de Remón. Actualmente labora como médico especialista en la Maternidad del Hospital Santo Tomás, donde también ejerce funciones como Coordinador de Investigaciones. Es profesor de la Cátedra de Obstetricia de la Universidad de Panamá y miembro del Sistema Nacional de Investigadores.
 

Ferviente lector y escritor del género negro, con ocho libros (El Efecto Maquiavelo, En los umbrales del Hades, Pena de muerte, La estaca en la cruz, Sacrificio, El canto de las gaviotas, El cactus de madera y Asesinato en Portobelo) y dos colecciones de cuentos (13 gotas de sangre y 13 candidatos para un homicidio) publicados a la fecha. Sus relatos forman partes de diferentes antologías (Escrito en el agua, Pólvora y sangre, Círculo de Lovecraft # 9) y es ganador del Primer Premio de Narrativa Corta (2017) del Panama Horror Film Fest. Osvaldo Reyes coordina la jornada dedicada al género negro en Latinoamérica de nuestra Semana Negra en la Glorieta


 
 
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