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Entrevista a Javier Alonso García-Pozuelo en Cadena SER

El pasado 28 de abril visité el RINCÓN LITERARIO de Txema Contreras. 
 

Podéis escuchar un extracto de la entrevista que me hicieron en este programa de la Cadena SER en esta misma página o escucharla íntegra pinchando AQUÍ.


Rincón Literario (Radio Madrid Sur Cadena SER). Txema Contreras

"Reconozco que Madrid es una ciudad que me gusta, por su cielo, por sus calles, por sus edificios, por su gente…; no acabaría, y me faltaría tiempo y espacio para hablar sobre este hogar. Por ello, cuando cae en mis manos una novela que viaja por sus calles, describiendo unos personajes que la habitan, y me transporta a otra época, creo haber encontrado un tesoro.

Esto me ha sucedido con «La cajita de rapé» editada por MAEVA, la última novela de Javier Alonso García-Pozuelo, con quien que hemos charlado en nuestro «Rincón Literario» de su trabajo, de historia de Madrid, de sus proyectos y de muchas cosas más que os invito a escuchar. Un autor que empieza a publicar y del que creo y espero oigamos mucho y bueno."
 

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es licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad Autónoma de Madrid, y diplomado en Cooperación Internacional por la Universidad Complutense de Madrid. Ha ejercido durante más de una década como profesor de salud pública, epidemiología y educación sanitaria, además de trabajar como redactor, corrector y editor de textos científicos. Compagina su actividad docente con su pasión por la literatura, la historia (mantiene desde hace años Cita en la Glorieta, blog colaborativo de historia y literatura) y la música, llevando a los escenarios sus propias canciones en solitario o acompañado de una pequeña banda acústica. El 28 de febrero de 2017 ha publicado con Ediciones MAEVA, La cajita de rapé, una novela policíaca ambientada en el Madrid de Isabel II.

Extremadura, Cataluña, Vallecas y el 1º de Mayo

EXTREMADURA, CATALUÑA, VALLECAS Y EL 1º DE MAYO
Javier Alonso García-Pozuelo
Ayer se clausuró la Feria del Libro de Vallecas en la que he tenido el honor de participar por partida doble: el 22 de abril en la caseta de la librería La Verde y el 29 en la de La Esquina del Zorro.
 

Ha sido una experiencia inolvidable (¡he llegado a firmar un ejemplar de «El Principito» de Antoine de Saint-Exupéry!), de la que en otro momento escribiré algo, pero si comienzo esta entrada del 1º de Mayo hablando de ella es por un motivo: este año la Feria del Libro de Vallecas le ha dedicado especial atención a Cataluña y en la novela que yo he estado firmando, aunque ambientada en el Madrid de 1861, Cataluña y los catalanes son muy importantes. Intentaré explicaros, lo más resumido que pueda, los motivos personales y, sobre todo, los históricos, por los que Cataluña tiene un peso tan importante en «La cajita de rapé» y he decidido hablar de ella en una fecha tan significativa como el 1º de Mayo.

Mi padre nació en Ibahernando, un pequeño pueblo cacereño cercano a Trujillo y en los años 60 se vino a vivir al vallecano Cerro del Tío Pío, con parte de su familia. 

 
Casas bajas de Vallecas
- José González -

Otros Alonsos, tíos y primos de mi padre, emigraron a Cataluña, concretamente a Gerona, al igual que lo hizo la familia de Javier Cercas en 1966, cuando el escritor cacereño tenía cuatro años. Precisamente allí, en la costa gerundense, en casa de mi familia emigrada a Cataluña, pasé una de las vacaciones más maravillosas de mi infancia. Disfrutamos tanto de aquel agosto que hasta el eterno viaje de vuelta en el Simca 1200 lo recordamos a menudo como uno de los momentos más felices de aquellos años 80. Después he vuelto muchas veces a Cataluña –unas por trabajo, siendo profesor de oposiciones al MIR, la mayoría por placer–, pero creo que el que uno de los personajes principales de «La cajita de rapé» sea gerundés se debe al recuerdo que guardo de aquellas vacaciones.

Pero la presencia de
Cataluña en «La cajita de rapé» no se limita a que el señor Ribalter –el almacenista de vinos en cuya casa se comete el crimen con el que arranca la novela– proceda de Sant Feliu de Guíxols. Desde el momento en que decidí ambientar la novela en el año 1861 supe que, aunque la acción transcurriera en Madrid, habría catalanes en ella. Cataluña tendría mucha importancia en ese Madrid de Isabel II y el general O’Donnell.  Os explico por qué.

En una de las últimas reseñas dedicadas a «La cajita de rapé», Loli Ambit dice de ella que es una novela histórica y policíaca con un alto contenido político. Y en una novela ambientada en el reinado de Isabel II con un alto contenido político no podía faltar Cataluña, porque es en su reinado en el que tiene lugar el nacimiento del movimiento obrero, del asociacionismo y del distanciamiento de la clase obrera de los dos partidos liberales con mayor presencia en las Cortes (el Moderado y el Progresista) y todo ello comenzó o tuvo especial eco en
Cataluña.
 

En Cataluña, con motivo de la conflictividad entre obreros del textil algodonero y los patronos, se fundó en 1840 el primer sindicato —en la época se llamaba sociedad de resistencia— de la historia de España, la Asociación de Tejedores de Barcelona. Es en Cataluña donde se crean las primeras sociedades de socorros mutuos, que propiciaron el movimiento asociativo entre obreros. De Cataluña procedía la exposición elevada al Gobierno el 11 de mayo de 1855 reclamando mejoras de las condiciones laborales. Y en Cataluña tuvo lugar la primera huelga general de España en Julio de 1855.

Precisamente en la actitud tomada por el gobierno progresista de Espartero ante las reivindicaciones obreras está en buena parte el origen del giro que el proletariado hizo hacia el Partido Democrático y el Republicano en aquellas fechas. 

 
Baldomero Espartero
- José Casado del Alisal -
(1872)

Uno de esos simpatizantes del Partido Democrático, Nicolás Vilanova, un joven estudiante que procede de Barcelona, juega un papel crucial en «La cajita de rapé» y, en él pensaba, cuando en la primera entrevista que me hicieron tras publicar la novela (casualmente fue para una emisora catalana, Ràdio Silenci) mencioné un hecho que, desde mi punto de vista tiene mucha importancia, al menos simbólica, para el movimiento obrero español. Me refiero a un texto publicado en «El Eco de la Clase Obrera» el 26 de Agosto de 1855, después de que el gobierno progresista de Espartero hubiese dejado patente que no estaba dispuesto a satisfacer las demandas de los trabajadores de la industria textil catalana.

Se trata de la «MANIFESTACIÓN FRATERNAL que la clase obrera de Madrid dirige a la de Cataluña en particular y a la de toda España en general», la cual contiene algunos fragmentos que me gustaría rescatar:

[…] no vacilamos en tenderos la mano como amigos, como individuos de una misma clase, como hermanos […] ¡Obreros catalanes y españoles todos! Ya se acabaron aquellos tiempos de barbarie en que el feudalismo sembraba el odio entre dos feudos, entre dos ciudades, entre dos pueblos. […] todos somos hermanos, vuestra causa es la nuestra. De los intereses vuestros como de los nuestros depende la suerte y el porvenir de todos. Los pueblos son todos solidarios: lo es la Humanidad entera.

Desde que Violant Muñoz  me entrevistó el 16 de marzo en su magnífico programa Calaix de llibres (Ràdio Silenci) pensé en que el 1º de Mayo de este año publicaría parte de ese manifiesto solidario de los obreros madrileños con los catalanes.

Al enterarme de que este año la
Feria del Libro de Vallecas se hermanaba con Cataluña, pensé que la “confluencia”, como diría mi buen amigo Sergio Rodríguez, era total. Este 1º de Mayo, como la tercera de las citas que encabezan «La cajita de rapé» tendría acento catalán.


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Javier Alonso en Monterrey, México
Fotografía: Víctor Eduardo Hernández
es licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad Autónoma de Madrid, y diplomado en Cooperación Internacional por la Universidad Complutense de Madrid. Ha ejercido durante más de una década como profesor de salud pública además de trabajar como redactor, corrector y editor de textos científicos. Actualmente reside en Santo Domingo donde compagina su pasión por la literatura con su cargo como director académico para Latinoamérica en la escuela internacional AMIR. En los  últimos años ha impartido varios seminarios de Creación Literaria, Nacimiento de la Novela Policíaca, Historia del Siglo XIX y Lectura Crítica tanto en España como en diversos países de Latinoamérica. En febrero de 2017 publicó con Ediciones MAEVA, La cajita de rapé, una novela policíaca ambientada en el Madrid de Isabel II de la que se han escrito decenas de reseñas -que puedes leer en Cita en la Glorieta, el blog colaborativo de historia y literatura que Javier dirige y edita- y que ha sido nominada a la mejor novela negra de autor novel en el Festival Morella Negra como la Trufa. A raíz de la publicación de su primera novela, ha participado en festivales de novela negra, en ferias del libro y en diversos clubes de lectura. Ha formado parte del jurado de diversos certámenes literarios, entre ellos el I Premio Tristán Solarte a la mejor novela negra publicada en el año 2018 en Panamá. En febrero de 2018 se publicó una edición en bolsillo de La cajita de rapé, (EmBolsillo, 2018) y actualmente se distribuye, además de en España, en varios países de Latinoamérica (Ecuador, Colombia, México, Panamá...). El 2021 saldrá a la venta su segunda novela, también protagonizada por el madrileño inspector Benítez.


«El sufragio censitario en la Europa del XIX», por Eduardo Montagut

–El problema de España, señor Quesada –prosigue Espigado, tras dar una larga chupada a su pipa–, es que el régimen constitucional no ha traído a la nación la tan cacareada igualdad por la que miles de compatriotas murieron en las provincias del norte. Dígame si no, ¿quiénes tienen hoy derecho a voto? Únicamente los varones con dinero. ¿Quiénes se libran de incorporarse a filas? Pues los muchachos cuyos padres pueden afrontar el pago de un seguro de quintas. ¿Quiénes se beneficiaron de la venta de los bienes del clero? ¿Los labradores, tal vez? No, muy señor mío. Los que sacaron buena tajada de la desamortización de bienes eclesiásticos fueron los que tenían dinero con el que comprar las gangas de los frailes. Muchos de ellos, fervientes católicos que, a la hora de la verdad, no tuvieron reparos en lucrarse gracias al herejote de Mendizábal.
La cajita de rapé (Maeva, 2017)
Javier Alonso García-Pozuelo
Os ofrecemos una nueva entrega de Historia del Siglo XIX escrita para CITA EN LA GLORIETA por Eduardo Montagut. En este trabajo el profesor Montagut estudia la significación del sufragio censitario en la Europa decimonónica.
 


EL SUFRAGIO CENSITARIO EN LA EUROPA DEL XIX
Eduardo Montagut
En la primera mitad del siglo XIX, los Estados que fueron adoptando el sistema liberal frente al absolutismo optaron por restringir el sufragio, es decir, por establecer el sufragio censitario, en línea con el triunfo de la versión más moderada o doctrinaria del liberalismo. Eso no quiere decir que no hubiera casos tempranos de sufragio universal, pero la burguesía aprendió la lección de las etapas más democráticas de la Revolución Francesa y de otras experiencias revolucionarias para terminar por adoptar el sufragio censitario. Efectivamente, esta restricción en la participación política obedecía al compromiso de la burguesía con la nobleza para estabilizar el reciente triunfo de la Revolución Liberal, impidiendo el acceso de la mayor parte de la población a los plenos derechos políticos, después de cerrarse los ciclos revolucionarios en 1848, ya que las clases populares buscaban la democratización del sistema político y la adopción de políticas sociales que entraban en colisión con los intereses de los que ahora pasaban a dirigir y monopolizar los asuntos públicos. Sabemos que los mecanismos para impedir el acceso al sufragio pasaban por establecer dos requisitos, íntimamente relacionados, el de la capacidad (titulación universitaria) y el de la propiedad o rentas (cuantificable a través de la contribución fiscal).

Una de las justificaciones más ajustadas del sufragio censitario se encuentra en la obra Principios de Política (1815) del escritor francés Benjamin Constant:

“Ha observado muy bien un célebre escritor que, cuando los no-propietarios obtienen derechos políticos, ocurre una de estas tres cosas: o no reciben impulso más que de sí mismos y entonces destruyen la sociedad; o reciben el del hombre o de los hombres que están en el poder, siendo entonces instrumentos de tiranía; o reciben el de los aspirantes al poder y son entonces instrumentos de bandería. Precísase, pues, condiciones de propiedad, tanto para los electores como para los elegibles. No quisiera perjudicar ni ofender a las clases laboriosas. (...) Frecuentemente están dispuestas a los más heroicos sacrificios, y su abnegación es tanto más admirable cuanto que no es recompensada ni por la fortuna ni por la gloria. Pero entiendo que el patriotismo que da el valor de morir por su patria es distinto del que hace capaz de conocer bien sus intereses. Se requiere, pues, otra condición, además del nacimiento o la mayoría de edad. Dicha condición es el ocio, indispensable a la adquisición de la cultura y el recto criterio. Sólo la propiedad hace a los hombres capacitados para el ejercicio de los derechos políticos.”

El texto es sumamente interesante porque plantea varias ideas propias de la versión más moderada del liberalismo en relación con la participación política. Para el autor, el pueblo no podía tener derechos políticos porque podría destruir la sociedad cuando se movía por sus propios impulsos, o porque era fácilmente manipulable por los que tuvieran el poder o aspirasen al mismo, quizás pensando en líderes políticos que en la experiencia revolucionaria francesa pudieron adoptar una estrategia política que hubiera pasado por relacionarse con las masas. Esta sería la primera razón para exigir el requisito de propiedad para ser ciudadano activo, es decir, para poder elegir y ser elegido.

El pueblo había sido necesario para conquistar el poder, pero era, por las razones aducidas, incapaz para gestionarlo. Para eso había que contar con tiempo libre, con el ocio al que aludía Constant, condición necesaria para adquirir cultura, conocimientos. La propiedad permitía ese ocio, y ese tiempo libre proporcionaba formación. Así pues, propiedad y capacidad, los dos requisitos básicos para poder acceder al sufragio y para poder ser elegido, como expresamos anteriormente.

Además de los requisitos plenamente censitarios, se impusieron límites de edad, y que variaban según el país. En general, eran más altos al principio, como los 30 años que se exigían en Dinamarca en 1848. Pero triunfó más la edad de 25 como media, como se comprueba en Italia (1861), Bélgica (1893) y Noruega (1897). Los Países Bajos bajaron más la edad, hasta 23 años en 1850.

Por fin, debe recordarse que el sufragio, tanto cuando era censitario como en la primera etapa del universal, estaba vetado a las mujeres
.

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Muchas gracias por visitar La Glorieta.

es Doctor en Historia por la UAM y profesor de Secundaria en un Instituto de Alcalá de Henares en la especialidad de Geografía e Historia. Socio de las ilustradas Reales Sociedades de Amigos del País de Madrid y Bascongada, pertenece también a la ARMH, y mantiene un constante compromiso por la memoria histórica. Pertenece al Grupo de Memoria Histórica del PSOE y tiene la responsabilidad de Educación, Cultura y Memoria Histórica en la Ejecutiva de la Agrupación Socialista de Chamartín (PSOE-M). Colabora diariamente en diversos medios digitales con artículos de Historia y Política. Tiene publicados un libro sobre los árboles y la Ilustración, y diversos artículos sobre la enseñanza de la agricultura en los siglos XVIII y XIX, así como, sobre Historia social.

«La cajita de rapé» en la FERIA DEL LIBRO DE VALLECAS

FERIA DEL LIBRO DE VALLECAS

Del 21 al 30 de abril se celebra en el Bulevar de Peña Gorbea (Puente de Vallecas) la Feria del Libro de Vallecas en la que participan cinco editoriales y librerías del barrio.

El pasado sábado 22 estuve charlando con lectores y firmando ejemplares de La cajita de rapé en la caseta de la librería La Verde.
 
Fotografía: Antonia Funes

Y el próximo sábado 29 de 17:00 a 18:30 estaré en la caseta de La Esquina del Zorro junto a mi buen amigo Josu Arteaga, autor de «Historia universal de los hombres gato».



Si te apetece pasar a saludarnos, en el bulevar de Peña Gorbea estaremos.

Un fuerte abrazo, 
Javier Alonso García-Pozuelo


FERIA DEL LIBRO DE VALLECAS

C/ Peña Gorbea
Puente de Vallecas (Madrid)

España en 1861

Esta entrada forma parte de un artículo que lleva por título "Isabel II, Sant Joan d'Alacant y la República Dominicana" y que trata sobre el período histórico en el que está ambientada «La cajita de rapé»(años finales del reinado de Isabel II). 

He dividido el artículo en 6 apartados. Puedes acceder al resto de entradas pinchando AQUÍ.

Saludos, Javier Alonso García-Pozuelo


¿Y POR QUÉ 1861?
Javier Alonso García-Pozuelo
En la primavera de 2010 me trasladé a vivir a Sant Joan d'Alacant. Creo que fue allí, en alguna de las largas mañanas de estudio en la biblioteca pública (¡Gracias Bernat!), donde comencé a darle forma en mi cabeza a la historia que se narra en La cajita de rapé. Quería hablar sobre el abuso de poder a muy distintos niveles –el abuso de poder de una clase política con los empleados públicos, de un patrón con sus trabajadores, de unos padres con sus hijos– y el reinado de Isabel II me parecía una época idónea para hacerlo. Sólo quedaba escoger un año, pero la trama iba creciendo en mi cabeza y a comienzos de 2011, ya estaba convencido de que José María Benítez, inspector jefe del madrileño distrito de La Latina, iba a investigar el robo en la casa de un almacenista de vinos de origen gerundense, un robo en el que habían asesinado a Lorenza Calvo Olmeda, una criada alcarreña de la familia de quien se sospechaba que podía haber sido cómplice de los ladrones. El esquema argumental de la novela y los personajes estaban listos, pero aún me faltaba definir el momento exacto en que transcurría la historia. De algún modo, sabía que la elección del año era lo único que me faltaba para sentarme a emborronar cuartillas.

Y entonces una tarde, después de un par de horas a la deriva por el proceloso océano de Internet, me topé con una entrevista a Julia Álvarez, una encantadora escritora estadounidense de ascendencia dominicana, a quien yo había conocido en la República Dominicana el año 96, cuando nada más licenciarme me fui a un pueblecito en las montañas de Jarabacoa a trabajar como médico. En fechas recientes Julia Álvarez había publicado In the Name of Salomé, una novela en la que a través de su hija se narra la vida de Salomé Ureña, poetisa y educadora dominicana nacida en 1850. Leí con gran interés la entrevista y al terminar recordé un episodio histórico poco conocido: la Reincorporación voluntaria de la República Dominicana a España en el año 1861. Apenas un rato después, nada más recordar que entre los primeros españoles en trasladarse a Santo Domingo aquel año había muchos presos condenados a trabajos forzados, por una revuelta campesina que había tenido lugar en Andalucía ese verano (la Sublevación de Loja o Revolución del pan y el queso), comprendí que había dado con el año, un año a medio camino entre la Vicalvarada del 54 y la Gloriosa del 68. Un año en el que la bonanza económica empieza a dar síntomas de agotamiento. Un año en que se empieza a desmoronar la Unión Liberal de Leopoldo O’ Donnell, Cánovas del Castillo y el marqués de la Vega de Armijo, el partido de centro que había intentado aglutinar a los más avanzados de entre las filas del Partido Moderado y a los más templados de entre los diputados del Partido Progresista. Un año en el que muchos de los que habían apoyado hasta entonces al general O’Donnell se dieron cuenta de que la cúpula de la Unión Liberal haría lo que fuera necesario por perpetuarse en el poder: no solo incumplir sus promesas de reforma o dar un giro reaccionario a su política, sino incluso emplear métodos de dudosa moralidad. Un año perfecto para ubicar mi novela.

El inspector Benítez debía entrar en acción. Había encontrado el año en que transcurría el caso más importante de su carrera: el caso de las Alcarreñas
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Leopoldo O'Donnell
- litografía de 1889 -

Economía y política en el reinado de Isabel II

Esta entrada forma parte de un artículo que lleva por título "Isabel II, Sant Joan d'Alacant y la República Dominicana" y que trata sobre el período histórico en el que está ambientada «La cajita de rapé»(años finales del reinado de Isabel II). 

He dividido el artículo en 6 apartados. Puedes acceder al resto de entradas pinchando AQUÍ.

Saludos, Javier Alonso García-Pozuelo


ECONOMÍA Y POLÍTICA
Javier Alonso García-Pozuelo
Desde el punto de vista político, el reinado de  Isabel II significa el fin definitivo del Antiguo Régimen, del afianzamiento del Régimen Constitucional y de la consolidación de las corrientes de la «familia liberal» (moderados y progresistas), y del nacimiento de movimientos políticos como el republicanismo, el socialismo (aún faltan algunos años para que se funde el PSOE) y el Partido Democrático (el más avanzado a la izquierda de la época).
 

Son los años en los que se afianza el régimen liberal en España, pero también son años de intrigas palaciegas, levantamientos e intentos varios de regresar al absolutismo. Años de un difícil entendimiento político que ya se vislumbra en fechas tan precoces como 1834, cuando los liberales se escinden entre los moderados que apoyan el Estatuto Real (más próximo a una Carta Otorgada que a una Constitución) y los exaltados que quieren imponer la Constitución de 1812.

Pero todo eso es política de libro de texto y a mí me interesa también la política de taberna y cafetín. La política de barricada. Sí, siempre me han interesado las ideas que han movido a mis compatriotas a dar su vida por una causa. Y, como ya se dijo arriba, el reinado de  Isabel II es un periodo de revoluciones. Un periodo de reivindicaciones. Los españoles de la época isabelina tenían muchos motivos para intentar cambiar las cosas. Lucharon por la mejora de las condiciones laborales (en 1855 tuvo lugar la primera huelga general de nuestra historia), por universalizar el voto (aunque en un inicio sólo se reclamó el sufragio universal masculino), por la libertad de asociación, de prensa, de cátedra (recuérdese la Noche de San Daniel) y lucharon en las barricadas por acabar con algo tan injusto como el sistema de reclutamiento por quintas en el que los hijos de familias acomodadas podían eludir el servicio militar mediante el pago de una elevada cantidad de dinero. La lucha antiesclavista y por la emancipación de la mujer se desarrollaron con más intensidad en los años de la Restauración, pero su embrión ya se dejó sentir en el reinado de Isabel II.

En lo tocante a la economía, el reinado de Isabel II es el reinado de las dos desamortizaciones más importantes del siglo (la de Mendizábal durante la minoría de edad de la reina y la de Madoz ya en el Bienio Progresista), de la liberalización de la economía, de las grandes operaciones en la Bolsa, de la industrialización de España (principalmente textil y siderúrgica). Es el reinado del ferrocarril, de la telegrafía eléctrica, de la llegada de las aguas del Lozoya a la Puerta del Sol, (en Canal de Isabel II fue inaugurado el 24 de junio de 1858), de la extensión del alumbrado por gas, de la proliferación de bancos y compañías de seguros. Pero también es el reinado de la emigración del campo a la ciudad (en parte porque las dos desamortizaciones mencionadas sólo beneficiaron a quienes disponían de dinero para hacerse con los bienes desamortizados), de una recesión económica que en algunos aspectos se parece a la actual (la burbuja de entonces no fue inmobiliaria sino ferroviaria) y de una escalada de criminalidad que, entre otras medidas, dio lugar a la creación de la Guardia Civil.

Teniendo en cuenta todo lo anterior, no es de extrañar que el día que me planteé escribir una novela histórica articulada a través de una trama policíaca y con una buena carga de política y economía, no tuviera grandes dudas acerca de en qué periodo histórico iba a ambientarla: en el reinado de Isabel II. Sólo quedaba escoger un año
. En la siguiente entrada veremos por qué fue 1861.

Episodio de la Revolución de 1854
en la Puerta del Sol.
Quema de banderas
- Eugenio Lucas Velázquez -
Museo de Historia de Madrid

La cajita de rapé y el reinado de Isabel II

Esta entrada forma parte de un artículo que lleva por título "Isabel II, Sant Joan d'Alacant y la República Dominicana" y que trata sobre el período histórico en el que está ambientada «La cajita de rapé»(años finales del reinado de Isabel II). 

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Saludos, Javier Alonso García-Pozuelo


DE DÓNDE VENIMOS
Javier Alonso García-Pozuelo
Es difícil precisar el momento exacto en que una novela comienza a crecer en la mente de un escritor. Yo, al menos, sería incapaz de decir cuándo empezó a cobrar vida en mi imaginación la historia que narro en La cajita de rapé. Lo que sí tengo claro es cuándo se despertó en mí el gran interés que siento por el periodo histórico en el que está ambientada. Fue en el otoño de 1992. Cursaba yo 3º de Medicina en la Universidad Autónoma de Madrid, había elegido el Hospital de la Princesa para hacer las rotaciones clínicas del resto de carrera (donde hacía mis pinitos de escritor en Feedback, la revista de la facultad de Medicina), y vivía durante buena parte de los meses lectivos con Alfonsa y Pepe, mis abuelos maternos, en Fontarrón, una colonia del distrito madrileño de Puente de Vallecas que en los últimos años ha ganado fama por sus maravillosas vistas, por haber sido escenario de algunas películas y porque en él reside el líder del único partido que ha sido capaz de hacer tambalear la hegemonía del PSOE en la izquierda.

Pues bien, en aquel otoño visité La Solana, el municipio manchego del que procede mi familia materna, y allí mi querido tío Tomás (hermano de mi abuela Alfonsa) me contó innumerables historias acontecidas en el pueblo durante la II República y la Guerra Civil. Historias desgarradoras, de vidas truncadas, que no olvidaré jamás y que, en cierto modo, explican por qué mi primera novela es una novela histórica con un alto contenido político. El protagonista de una de esas historias fue mi bisabuelo, un herrero más o menos acomodado que, sin haber metido nunca el hocico en políticas, lo perdió todo en aquellos años. Lo perdió todo por culpa de la política. Las historias que me contó mi tío Tomás no son muy distintas a las que muchos de nuestros mayores han vivido, pero oírselas contar a alguien tan querido, sin el menor atisbo de rencor, fue una experiencia impagable. A través del relato de mi tío Tomás comprendí lo bárbaros que podían ser mis compatriotas. La crueldad con que habían actuado ambos bandos. Lo infames que podíamos llegar a ser los españoles cuando estaba en juego el pan de nuestros hijos. O la defensa de una idea que solo Dios sabe quién nos metió en la cabeza.

De vuelta a Madrid, tomé la decisión de no conformarme con lo que ya sabía sobre la Guerra Civil. Decidí escarbar un poco en el pasado, en la historia de mi país, en las páginas que me explicasen cómo habíamos podido llegar a perder la cabeza del modo que lo hicimos. Cogí un tratado de historia de España que había en casa y me remonté de manera intuitiva a donde yo creía que habían empezado las disputas entre las dos formas irreconciliables de concebir España: a la Guerra de la Independencia. Devoré toda la historia de España comprendida entre 1808 y 1939 y, con una ensalada de nombres, batallas y pronunciamientos bajo las meninges, regresé a mis libros y apuntes de Medicina. Llegó el último examen de diciembre y después de las obligadas cervezas y calamares en la Plaza Mayor, me di cuenta de que caminaba como un autómata en dirección a los puestos de libros de la Cuesta de Moyano. No había vuelta atrás: había comenzado mi obsesión por comprender la historia de mi país.

A aquel lejano otoño de 1992 se remonta mi afición a acumular libros y más libros de historia del siglo XIX español, sobre todo los relacionados con los cruciales años del reinado de Isabel II (1833-1868). Precisamente en su reinado está ambientada La cajita de rapé, mi primera novela y el primer caso protagonizado por el inspector José María Benítez Galcedo. 


Me atraía poderosamente la biografía de La de los Tristes Destinos, no puedo negarlo. Sin embargo, no fue la tormentosa vida de Isabel II lo que me llevó a ambientar mi novela en su reinado sino la situación económica y política que vivió España a mediados del siglo XIX. Os lo contaré en la siguiente entrada.


Isabel II (1860)
- José Vallejo y Galeazo -
(Litografía de J. Donon)