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La cajita de rapé y el reinado de Isabel II

Esta entrada forma parte de un artículo que lleva por título "Isabel II, Sant Joan d'Alacant y la República Dominicana" y que trata sobre el período histórico en el que está ambientada «La cajita de rapé»(años finales del reinado de Isabel II). 

He dividido el artículo en 6 apartados. Puedes acceder al resto de entradas pinchando AQUÍ.

Saludos, Javier Alonso García-Pozuelo


DE DÓNDE VENIMOS
Javier Alonso García-Pozuelo
Es difícil precisar el momento exacto en que una novela comienza a crecer en la mente de un escritor. Yo, al menos, sería incapaz de decir cuándo empezó a cobrar vida en mi imaginación la historia que narro en La cajita de rapé. Lo que sí tengo claro es cuándo se despertó en mí el gran interés que siento por el periodo histórico en el que está ambientada. Fue en el otoño de 1992. Cursaba yo 3º de Medicina en la Universidad Autónoma de Madrid, había elegido el Hospital de la Princesa para hacer las rotaciones clínicas del resto de carrera (donde hacía mis pinitos de escritor en Feedback, la revista de la facultad de Medicina), y vivía durante buena parte de los meses lectivos con Alfonsa y Pepe, mis abuelos maternos, en Fontarrón, una colonia del distrito madrileño de Puente de Vallecas que en los últimos años ha ganado fama por sus maravillosas vistas, por haber sido escenario de algunas películas y porque en él reside el líder del único partido que ha sido capaz de hacer tambalear la hegemonía del PSOE en la izquierda.

Pues bien, en aquel otoño visité La Solana, el municipio manchego del que procede mi familia materna, y allí mi querido tío Tomás (hermano de mi abuela Alfonsa) me contó innumerables historias acontecidas en el pueblo durante la II República y la Guerra Civil. Historias desgarradoras, de vidas truncadas, que no olvidaré jamás y que, en cierto modo, explican por qué mi primera novela es una novela histórica con un alto contenido político. El protagonista de una de esas historias fue mi bisabuelo, un herrero más o menos acomodado que, sin haber metido nunca el hocico en políticas, lo perdió todo en aquellos años. Lo perdió todo por culpa de la política. Las historias que me contó mi tío Tomás no son muy distintas a las que muchos de nuestros mayores han vivido, pero oírselas contar a alguien tan querido, sin el menor atisbo de rencor, fue una experiencia impagable. A través del relato de mi tío Tomás comprendí lo bárbaros que podían ser mis compatriotas. La crueldad con que habían actuado ambos bandos. Lo infames que podíamos llegar a ser los españoles cuando estaba en juego el pan de nuestros hijos. O la defensa de una idea que solo Dios sabe quién nos metió en la cabeza.

De vuelta a Madrid, tomé la decisión de no conformarme con lo que ya sabía sobre la Guerra Civil. Decidí escarbar un poco en el pasado, en la historia de mi país, en las páginas que me explicasen cómo habíamos podido llegar a perder la cabeza del modo que lo hicimos. Cogí un tratado de historia de España que había en casa y me remonté de manera intuitiva a donde yo creía que habían empezado las disputas entre las dos formas irreconciliables de concebir España: a la Guerra de la Independencia. Devoré toda la historia de España comprendida entre 1808 y 1939 y, con una ensalada de nombres, batallas y pronunciamientos bajo las meninges, regresé a mis libros y apuntes de Medicina. Llegó el último examen de diciembre y después de las obligadas cervezas y calamares en la Plaza Mayor, me di cuenta de que caminaba como un autómata en dirección a los puestos de libros de la Cuesta de Moyano. No había vuelta atrás: había comenzado mi obsesión por comprender la historia de mi país.

A aquel lejano otoño de 1992 se remonta mi afición a acumular libros y más libros de historia del siglo XIX español, sobre todo los relacionados con los cruciales años del reinado de Isabel II (1833-1868). Precisamente en su reinado está ambientada La cajita de rapé, mi primera novela y el primer caso protagonizado por el inspector José María Benítez Galcedo. 


Me atraía poderosamente la biografía de La de los Tristes Destinos, no puedo negarlo. Sin embargo, no fue la tormentosa vida de Isabel II lo que me llevó a ambientar mi novela en su reinado sino la situación económica y política que vivió España a mediados del siglo XIX. Os lo contaré en la siguiente entrada.


Isabel II (1860)
- José Vallejo y Galeazo -
(Litografía de J. Donon)

El reinado de Isabel II (1833-1868)

Esta entrada forma parte de un artículo que lleva por título "Isabel II, Sant Joan d'Alacant y la República Dominicana" y que trata sobre el período histórico en el que está ambientada «La cajita de rapé»(años finales del reinado de Isabel II). 

He dividido el artículo en 6 apartados. Puedes acceder al resto de entradas pinchando AQUÍ.

Saludos, Javier Alonso García-Pozuelo


UN REINADO CONVULSO
Javier Alonso García-Pozuelo
Es indudable que la figura de  Isabel II es de por sí un poderoso imán para todo escritor que ande buscando un periodo histórico en el que ambientar una novela. Desde su nacimiento (fruto del cuarto matrimonio de Fernando VII con su sobrina María Cristina de Borbón-Dos Sicilias) y la precipitada derogación de la Ley Sálica para permitir que sucediera a su padre frente a las pretensiones de su tío el infante don Carlos (origen de la Primera Guerra Carlista), hasta el grito de «¡Viva mi suegra!» que lanzó su yerno, el conde de Girgenti, en la batalla de Alcolea, poco antes de que la Reina hubiera de tomar el camino del exilio tras la Revolución de 1868, su biografía está jalonada de un sinfín de episodios dignos de los más imaginativos folletines decimonónicos.
 

Con apenas diez años de edad (en octubre de 1840), su madre renuncia a la regencia y se exilia en Francia, dejando a la reina y a la infanta Luisa Fernanda (las huérfanas ilustres, como las tituló la prensa) bajo la tutela de la condesa de Espoz y Mina y Agustín Argüelles.

Un año después (en el otoño de 1841) la reina-niña y su hermana vivieron aterrorizadas el asalto al Palacio Real por un grupo de oficiales acaudillados por el general Diego de León. Esta acción formaba parte de un pronunciamiento contra el regente, el general Espartero, que había sido fraguado desde el exilio por María Cristina, su marido y destacados miembros del Partido Moderado. Por si la experiencia (disparos incluidos, uno de los cuales impactó en el cabecero de la cama donde descansaba la infanta Luisa Fernanda) no fuese suficientemente traumática, una vez sofocado el levantamiento, la joven reina se vio sometida a todo tipo de presiones para que indultase a los conspiradores apresados.

A una edad tan precoz como los trece años Isabel II fue proclamada mayor de edad y su debut como monarca dio lugar a un escándalo político del que se habló durante meses, no sólo en España, sino en toda Europa. La inexperta reina se estrenó firmando, entre otros documentos, un decreto de disolución de las Cortes. Lo hizo sin coacción de ningún tipo e, incluso, hay testigos que aseguran la cordialidad con la que despidió a Salustiano de Olózaga, presidente del recién constituido Gobierno. Pero en cuanto los líderes del Partido Moderado tuvieron conocimiento de lo que la reina había hecho, la obligaron a que declarara que Olózaga la había forzado a firmar el decreto y, ante la posibilidad de ser acusado de alta traición, el político progresista hubo de dimitir.

Poco después, en febrero de 1844, su madre regresa del exilio, se instala en el Palacio de las Rejas y comienza a maquinar para que se reconozca oficialmente su matrimonio. A finales de 1833, pocos meses después de quedarse viuda, María Cristina había contraído matrimonio con un sargento de su Guardia de Corps, Agustín Fernando Muñoz y Sánchez. Aquel matrimonio morganático la inhabilitaba para ser regente en nombre de su hija, por lo cual hubo de ser celebrado en secreto. Fue su unión con Fernando Muñoz un secreto a voces que el Gobierno, en mitad de una guerra civil contra los partidarios del infante don Carlos, no tuvo más remedio que permitir. A su regreso a España parecía llegado el momento de que su matrimonio fuese reconocido oficialmente. Pero para hacerlo resultaba imprescindible otorgar un título de nobleza al marido. De modo que, como tantas otras veces en su vida, la joven reina es manipulada para que estampe su real firma, en este caso en el decreto de concesión del título de duque de Riánsares al segundo marido de su madre. Sólo faltaba la autorización de la Santa Sede, la cual como había expresado el Patriarca de Indias dependía únicamente de que el Gobierno garantizase la suspensión inmediata de la venta de bienes del clero. Así se hizo. En agosto. Unos meses antes de que el 12 de octubre de 1844 se regularizara el polémico enlace.

Súmensele a los episodios mencionados, tres intentos de regicidio (del atentado cometido por el cura Merino, la reina se salvó por las ballenas del corsé), tres revoluciones (la de 1848, revolución europea cuyos ecos fueron atajados con dureza por el general Narváez; la de 1854, que volvió a mandar al exilio a la Reina Madre y dio comienzo al Bienio Progresista, y la de 1868, que puso fin momentáneamente a la Dinastía Borbón), y tres mortíferas epidemias de cólera, y se comprenderá qué atractivos, desde el punto de vista de la narrativa, resultan los años de su reinado.

¡Y todavía no hemos escrito ni media palabra de su vida privada! Lo haremos en la siguiente entrada.


El corsé que llevaba Isabel II
el día que el cura Merino atentó contra su vida.
- Museo del Romanticismo -
(obra invitada, cedida temporalmente por
el Museo Arqueológico Nacional)

Isabel II, Sant Joan d'Alacant y la República Dominicana

El temor a la potencia deslegitimadora de Isabel II llega hasta la actualidad. En 2004, cuando se cumplió el centenario de su muerte en París, la distancia que deseó mantener la Casa Real respecto a una posible conmemoración fue manifiesta. Como también fue manifiesto el deseo de los monárquicos de evitar que la gran exposición que se organizó entonces se centrara demasiado en la figura de la reina, por lo que se optó por una revisión general del reinado, que dejaba a Isabel II en la penumbra. A diferencia de lo ocurrido en otras magnas exposiciones organizadas por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones —las dedicadas, por ejemplo, a Antonio Cánovas o a Práxedes Mateo Sagasta—, ningún miembro de la familia real aceptó presidir la inauguración. Esa misma tarde los Reyes inauguraban en un lugar muy próximo una muestra expositiva de mucha menor relevancia y cercanía.
Isabel II. Una biografía (1830-1904)
Ediciones Taurus, 2010, pág 16
Isabel Burdiel

El 28 de febrero de 2017 ha salido a la venta «La cajita de rapé», una novela a la que he dedicado buena parte de los últimos siete años de mi vida.

Me gustaría compartir con los lectores de Cita en la Glorieta algunas de las motivaciones que me han llevado a obsesionarme con el período histórico en el que está ambientada (años finales del reinado de Isabel II) y que he reunido en un artículo que lleva por título "Isabel II, Sant Joan d'Alacant y la República Dominicana".

 
Isabel II (1860)
- José Vallejo y Galeazo -
(Litografía de J. Donon)
 
Si con la lectura de este artículo (lo he dividido en 6 entradas) despierto en alguno de vosotros el interés por bucear en la historia de un siglo tan crucial como el XIX (sin cuyo conocimiento difícilmente se puede comprender nuestra historia más reciente), el objetivo estará logrado.  

Si a alguno os pica la curiosidad por saber qué importancia tiene esa cajita de rapé del título en la trama de la novela y os acercáis a una librería para ver qué tal pinta tiene el libro, miel sobre hojuelas.

Saludos, Javier Alonso García-Pozuelo


ISABEL II, SANT JOAN D'ALACANT Y LA REPÚBLICA DOMINICANA
Javier Alonso García-Pozuelo
1. UN REINADO CONVULSO ---> Leer entrada
2. «CON PAQUITO, NO, POR FAVOR.» ---> Leer entrada 
3. LA REINA SE DESQUITA ---> Leer entrada 
4. DE DÓNDE VENIMOS ---> Leer entrada
5. ECONOMÍA Y POLÍTICA ---> Leer entrada
6. ¿Y POR QUÉ 1861? ---> Leer entrada

Presentación de LA CAJITA DE RAPÉ en Madrid - 10 de marzo

Es para mí una alegría informaros de que el próximo viernes 10 de marzo presentaré en Madrid La cajita de rapé, una novela policíaca ambientada en el Madrid de Isabel II a la que he dedicado buena parte de los últimos siete años.


Será a las 19:00 en la Librería Lé (Paseo de la Castellana, 154)  y tengo la suerte de que me acompañarán en el acto dos grandes escritores, que además son colaboradores habituales de este blog.

María Lara Martínez es una de las historiadoras más prestigiosas  y premiadas de este país, además de exitosa escritora de novela histórica. Por si eso no fuera ya suficiente motivo para sentirme inmensamente honrado de que presente mi novela, además María es de Guadalajara, provincia manchega que tanta importancia tiene en La cajita de rapé.


Rafael Guerrero es criminólogo, detective privado (dirige la agencia de detectives privados World Inv) y escritor. Reputado novelista del género negro, su presencia en un día tan importante es un lujo para cualquier escritor y mucho más para uno que presenta su primera novela.


Ojalá puedas asistir al acto y tengamos ocasión de hablar un poco sobre esa misteriosa cajita de rapé que fue decisiva en el caso más importante de la carrera del inspector Benítez, el conocido en la prensa de la época como el caso de las Alcarreñas.

Un fuerte abrazo, 
Javier Alonso García-Pozuelo



PRESENTACIÓN de La cajita de rapé en MADRID 

Librería Lé. Paseo de la Castellana, 154.

Viernes, 10 de marzo. 19.00 h.



Con María Lara Martínez y
Rafael Guerrero.

***

«Memorias de Helena», novela histórica de María Lara

   Una brillante mañana, mecida por el tiempo, la emperatriz Helena decide regresar a nuestro mundo en busca de amigos con quienes conversar sobre su dilatada existencia. Desde el palacio del Sessorio, donde transcurrió la etapa final de sus días en el siglo IV de nuestra era, Flavia Iulia Helena, la joven tabernera, la intrépida emigrante, la esposa sin boda, la abnegada madre y la abuela soñadora, se propone iniciar una apasionante aventura: recorrer nuevamente el espacio exterior de sus viajes y transitar por el universo interior de las emociones sin otro propósito que el de tender su mano al lector para ofrecerle como guía el itinerario de su vida.
    En su periplo recordará las ocho décadas que conoció con el pie en el estribo o al compás del danzante impulso del viento azul sobre la vela. Así fue y así es Helena, siempre en camino desde Bitinia a Jerusalén, pasando por Roma, Naissus y la naciente Constantinopla, metas centenarias a las que habría que sumar un sinfín de ciudades divisadas en el letargo de la guerra o al calor de la palabra.
    «Memorias de Helena» es un canto a la infancia y a la amistad, una loa al entusiasmo y a la tolerancia, en suma es una invitación en firme a rescatar para nuestra cotidianeidad la ilusión de la magia- egipcia, persa o romana- derramada a raudales por los destellos del faro de Alejandría, la comitiva de los reyes sabios o la remembranza de los cuentos de Hermocles sobre las moradas eternas
.
Memorias de Helena María Lara
(Alderabán, 2014)

Santa Helena con la Vera Cruz
-Francesco Morandini-

LA SAGA ROMANA DE MARÍA LARA
La novela histórica «Memorias de Helena», de la escritora alcarreña María Lara, está inspirada en la historia real de la emperatriz Helena, Santa Elena. Este libro continúa la saga iniciada en «El velo de la promesa», obra con la que María Lara ganó el Premio de Novela Histórica “Ciudad de Valeria” (2011) y donde narraba el periplo que llevó a Flavia Iulia Helena a ser la primera peregrina a Jerusalén tras la Pasión de Jesús.
 

En «Memorias de Helena», la tabernera de Bitinia que fue madre de Constantino se acerca al lector del siglo XXI para compartir sus preocupaciones e ilusiones, ofreciendo lecciones de la Historia para afrontar cada uno el día a día con optimismo. Y con voz de amiga se confiesa ella, Helena, que soportó el repudio del césar Constancio Cloro y que, andando las décadas, casi octogenaria, buscó las reliquias de los Reyes Magos…
 

Ambas novelas han tenido muy buena aceptación entre los lectores y gran repercusión mediática más allá de nuestras fronteras, habiendo alcanzado la primera de las novelas de la saga, «El velo de la promesa», su octava edición.


MEMORIAS DE HELENA (Fragmento)
María Lara
    Tras visitar la gruta, esa noche en Belén, al cerrar los ojos creí vislumbrar en sueños las escenas acontecidas entre esas paredes. Del mismo modo que en el Palacio del Sessorio había gozado de la cercanía del Cristo sufriente en la visión que impulsó mi viaje a Palestina, entonces atisbé en el sopor la nívea luz del pesebre.
    Mientras todos dormían en la ciudad blanca, primero se acercaban a la cuna los zagales y hallaban sobre el heno al infante. Boquiabiertos se quitaban las caperuzas y lo tocaban adornados por la espontaneidad de los sencillos. Este Dios risueño les encantaba. Ofrecían lana y leche de sus ovejas al recién nacido, cuya cabeza era escoltada por el buey y por el asno. Luego, tras intercambiar unas palabras con José, se despedían a la usanza judía, disculpándose por las molestias ocasionadas y caminando de espaldas hasta el umbral.
    A continuación, se recorría un velo que marcaba el tránsito a la nueva estampa. A lomos de un robusto camello y de dos caballos enjaezados con arreos de metal y cuero, obedientes a la voz de lo Alto tres heroicos personajes se dirigían a la campiña donde se hospedaban las caravanas. Mientras los pajes anudaban las riendas, los jinetes iniciaban a pie la marcha hacia la casa. Los divisaba fastuosos bajo el halo astral: el del camello con tez oscura, envuelto en una amplia capa clara; los otros dos, el mayor con un turbante engastado en diamantes, el joven, vestido de amarillo, con capucha y cordón de filigrana áurea.
    Llegados a la presencia del Niño, inclinaban sus cuerpos hasta besar el suelo, le entregaban los presentes y, a continuación, María ponía a Jesús en los brazos del más anciano. El sabio lo acariciaba y, con cuidado, lo confiaba a sus dos compañeros, mientras que Él jugaba con las cadenas y las cintas que orlaban sus túnicas
. 


Memorias de Helena
María Lara
(Alderabán, 2014)

Este fragmento de «Memorias de Helena» ha sido reproducido en el blog de Historia y Literatura CITA EN LA GLORIETA con permiso de su autora, la historiadora y escritora alcarreña María Lara.

María Lara Martínez (Guadalajara, 1981)
es historiadora y escritora. Licenciada en Historia por la Universidad de Alcalá y Doctora Europea en Filosofía por la Universidad de Castilla-La Mancha. En 2005 fue galardonada con el Primer Premio Nacional de Fin de Carrera en los Estudios de Historia y con el Premio Uno de la Universidad de Alcalá, así como en 2007 con el Premio Extraordinario de Licenciatura. Actualmente, es profesora de Historia Moderna y Antropología de la Universidad a Distancia de Madrid, UDIMA. Además, ha realizado estancias de investigación como enseignante-chercheuse en l’École des Hautes Études en Sciences Sociales de París y como Fellow en el Real Colegio Complutense en Harvard University (Massachusetts).  
En 2011 ganó el Premio de Novela Histórica “Ciudad de Valeria” con su obra El velo de la promesa, de la que se han publicado ocho ediciones. En 2014 salió a la venta Memorias de Helena, la novela con la que prosigue la saga de la corte del emperador Constantino. En 2015 María Lara y su hermana, la también historiadora y escritora Laura Lara, ganaron el Premio Algaba con Ignacio y la Compañía. Del castillo a la misión.
Escribe  en la revista Historia National Geographic y, entre sus monografías, destacan Brujas, magos e incrédulos en la España del Siglo de Oro, Ciencia histórica. Conceptos y etapas de la Historia universal, Los preilustrados y Pasaporte de bruja
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