«Los casos de Marina», de Verónica Villa Agudelo, por Lillyana Uribe Trujillo

«Los casos de Marina», de Verónica Villa Agudelo, por Lillyana Uribe Trujillo
Lo primero que obligatoriamente tengo que decir sobre “Marina y el caso de Plata” y “Marina y un caso en el aire” es que ojalá a algún productor audiovisual se le ocurra la idea de llevar ambas historias a la pantalla. Como el formato narrativo de ambos libros es en guion cinematográfico, algo que como lectora de diferentes tipos de novela nunca había visto, todo el tiempo me imaginé cómo la disfrutaría en una sala de cine.



Lo segundo (muy relacionado con mis ganas de ver ambos libros en película), es que pocas veces he leído o escuchado que se relacione la novela negra con la risa. Claro, a pocas personas les parece gracioso un asesinato, y es profesionalmente inaceptable que en una investigación criminal se desvíe el rigor técnico y metodológico para dar cabida a torpezas y fiascos. Sin embargo, leer a Marina equivale a tener una carcajada o una sonrisa culposa, en promedio, cada tres páginas (dato 100 % subjetivo, depende de la velocidad de lectura y el lugar de nacimiento del lector), sin caer en la degradación del género: es una de las mayores habilidades de la autora.

Marina es la personificación de una detective auténtica y en construcción. Auténtica, porque desde las primeras páginas uno puede percibir su idiosincrasia sin leer al personaje entre líneas: lo que dice, lo que piensa, lo que come, lo que viste y en general todo su entorno la describe tan fielmente, que me sentí casi como si estuviera leyendo la vida de una vecina, una tía o incluso hasta la de mi mamá. Ese, para mí, es uno de sus mayores encantos y tal vez la mayor causa de diversión.
 

Y en construcción, porque el lector la ve nacer como detective (un parto muy natural, por decirlo de alguna manera) y, en contraste con los famosos y experimentados investigadores europeos, vive con ella paso a paso su aprendizaje en la resolución de casos criminales. Y sí, a veces también esa característica hace que uno sufra, haga fuerza y ría.



Si el poder de Sherlock es su minuciosa observación y su capacidad de unir con lógica hasta los datos más aislados, el poder de Marina es su afilada intuición. Y no es por esa creencia popular que cataloga a todas las mujeres de intuitivas cuando en realidad lo que pasa es nos fijamos más en los detalles (aunque no con la rigurosidad estricta del señor Holmes); es porque Marina realmente comprende los hechos antes de entenderlos y parece incluso percibir la verdad con sus más profundos sentidos, o con las tripas, como diría ella, antes de que sea evidente la razón de la misma.

Por eso es tan encantador leer cómo se van desenvolviendo sus hipótesis, que pasan de ser simples conjeturas místicas (en las que su mamá tiene mucho que ver) a hechos comprobables bajo la lógica empírica de una mujer firme y decidida.

Finalmente, una recomendación para los lectores: no omitan, bajo ninguna circunstancia, las notas al pie que aparecen en ambos libros, así crean saber el significado de lo que explican. Cuando los lean, me darán la razón.

Sobre la autora

Verónica Villa Agudelo es Comunicadora Social - Periodista de la Universidad Pontificia Bolivariana. Nació y creció en Medellín y, al graduarse, trabajó como realizadora audiovisual. El 2001 lo vivió en Londres, año en el que estudió inglés, escritura audiovisual y se conectó con la tierra de Agatha Christie, una de sus autoras favoritas. Desde su regreso a Medellín, siguió trabajando como escritora audiovisual, soñando personajes, imaginando historias y buscando excusas que le permitieran escribir. Después de once años, renunció a su trabajo en la UPB —donde creaba materiales didácticos para la enseñanza— y desde 2018 se dedica a su mayor pasión: la escritura. Conozca más sobre la autora y su obra en www.veronicavillaagudelo.com

Este artículo ha sido escrito por Lillyana Uribe Trujillo para la V SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, celebrada del 21 al 27 de Noviembre de 2018. Si quieres acceder al programa de la Semana Negra PINCHA AQUÍ o en la imagen.


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