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«El detective y la ciudad en la novela negra», por Juan Infante


«El detective y la ciudad en la novela negra»,  
por Juan Infante
El detective y la ciudad siempre han estado íntimamente ligados en la novela policiaca, de intriga, negra y criminal.

Así como cuando hablamos de un autor de género negro, lo relacionamos de la misma con su protagonista, detective o policía, que suele ser bien conocido, cuando nos referimos a estos y sobre todo al detective privado, salta de inmediato su ciudad.

Philip Marlow y Los Ángeles, Sam Spade y San Francisco, o Sherlock Holmes y Londres; detectives y ciudades están íntimamente relacionados. A todos ellos resulta muy difícil desligarlos de sus calles, de su paisaje urbano y de su ambiente, de tal forma que difícilmente imaginaríamos a Marlow en Harlem o Chicago.

Ello refuerza la importancia que tiene en la novela negra, la ciudad. En una trama de novela negra, la ciudad se incorpora a la misma y se refleja en las vicisitudes por las que atraviesan sus protagonistas. En la ciudad, el detective plasma su personalidad y te acompaña por unos lugares bien elegidos incorporándose a su propio paisaje.

Cuando Pepe Carvalho recorre las calles de su ciudad, la Barcelona de siempre se nos aparece sin necesidad de nombrarla y toda la historia en la que participa no podría desarrollarse al margen de la Ciudad Condal.

Hay un debate siempre inconcluso, sobre con quién empezó el género policiaco. La doctrina se divide entre Edgar Allan Poe y Wilki Collins. Ambos comenzaron en la misma época, hacia mediados del siglo XIX, pero fue Poe el creador del detective moderno con Auguste Dupin. Collins con su sargento Cuff de Scotland Yard en La Piedra Lunar (1868) creó la primera novela protagonizada por un policía.

Con Los Crímenes de la calle Morgue (1841) Poe sentó las bases del género policiaco, creando la novela de enigma, en la que el crimen es descubierto gracias a la perspicacia del investigador. Así tenemos en éste primer relato policial, al primer detective privado: Auguste Dupin.

Empezamos a ligar directamente al protagonista detective, Dupin, con la ciudad de Paris, en
Los Crímenes de la calle Morgue (1841), El misterio de Marie Roget (1842) y La Carta Robada (1844). Con Poe y Dupin se sientan las bases para la creación de nuevos detectives privados como Sherlock Holmes y Hércules Poirot.

La primera aparición de Holmes con su ayudante el Doctor Watson se produce en la novela corta, Estudio en Escarlata (1887) de Arthur Conan Doyle y es en Londres, el Londres victoriano donde este investigador privado empieza a desarrollar todas sus capacidades para resolver los crímenes de los casos que le encargan. La ciudad de Londres quedará por siempre unida a Sherlock Holmes.

Hércules Poirot, el detective creado por Agatha Christie, hace su aparición en 1920, en la novela El misterioso asunto de Styles. Aunque es belga, vive en Inglaterra y desarrolla su actividad investigadora en la aristocrática Inglaterra rural. Su paisaje le identifica, como a otros la ciudad.

Si damos un salto por el atlántico y nos acercamos a la costa oeste americana, allí situamos varios de los detectives más famosos de la novela negra y policiaca.
                     
En San Francisco nos encontramos con Sam Spade, detective privado creado por Dashiell Hammett, quien a pesar de su celebridad solo protagonizó una novela, El halcón maltés (1929) y tres relatos.

En el corazón de San Francisco todavía se mantiene el bar-restaurante Johns Grill, donde Dasiell Hammett escribió El halcón maltés. Allí podemos seguir comiendo: chuletas, patatas fritas y rodajas de tomate, con un trago de vodka Bloody Brigmid tal como hacía Sam Spade o encontrar al fantasma del socio de éste Nicas Archer.

En Los Ángeles, Raymond Chandler creó al mítico Philip Marlow, recordado también por sus películas, con Bogart, Lauren Bacall y Audrey Hepburn.

Por Sunset Bulevard, Hollywood, el Valle de San Fernando…por sus calles, en sus mansiones y hoteles, Marlow investiga y resuelve sus casos. Hoy conocemos mucho mejor Los Ángeles quienes hemos leído a Chandler.

También en la misma ciudad, desarrolla su actividad de detective Lew Archer creado por Ross MacDonald. Con oficina en Sunset Bulevard (Hollywood) nos ayuda a conocer mucho mejor Los Ángeles. Archer como Marlow son dos figuras implicadas en la ciudad de los Ángeles y recordarlos es ver la ciudad y recorrerla con ellos.

Easy Rawlins de Walter Mosley viene en los noventa a patear Los Ángeles, particularmente sus suburbios. Era el prototipo de hombre recto, honesto en una lucha sin cuartel contra el crimen y el racismo.

En la costa Este, Dennis Lehane crea Patrick Kenzie y Angela Gennaro, dos detectives de Boston. Allí transcurren sus novelas y en los bajos fondos de donde proviene la pareja de detectives, ejercen su actividad investigadora y nos permiten conocer mejor una de las ciudades más antiguas de Estados Unidos.

Charly Parker, Bird, detective creado por John Connolly, es un hombre atormentado y violento, y también desarrolla sus andanzas por Boston.

Myron Bolitar de Harlen Coben, agente deportivo, ejerce como investigador privado también en la Costa Este.

En Nueva York tenemos al investigador Philo Vance, que aparece por primera vez en la novela de S.S. Van Dine: El misterioso caso Benson (1926).

En la misma ciudad de los rascacielos, unos años más tarde, en 1947 apareció el detective privado Mike Hammer, en Yo, el jurado, de Mickey Spillane. La novela se llevó al cine y también tuvo una exitosa serie de televisión con Mike Hammer de protagonista.

Volviendo a Europa, no nos podemos olvidar de Bernie Gunther, primero policía y luego detective privado en la época del ascenso nazi en Alemania. Gunther creado por Philip Kerr está íntimamente ligado a Berlín, siendo detective del mítico hotel Adlon en la capital alemana. Sus actuaciones en medio del poder nazi son memorables. Con él llegamos a conocer muy bien aquella ciudad. Sus aventuras transcurren en sus calles, en lugares muy conocidos y donde el reflejo de la ciudadanía y del establishment nazi son de un grandísimo valor literario e histórico. Leyendo a Kerr y siguiendo a Bernie Gunther se llega a conocer muy bien Berlín.

En España nuestros detectives privados han sido muy especiales. No hay tradición en su trabajo profesional, pero nuestros autores clásicos de novela negra los han incorporado a sus relatos y nos han creado investigadores originales, con un atractivo personal importante.
                                                                                                                     
Pepe Carvalho, de origen gallego, es Barcelona; la Barcelona de siempre, que nos sigue llenando de nostalgia y aventuras. De la mano de Manuel Vázquez Montalbán apareció por primera vez en Yo maté a Kennedy (1972), tras haber trabajado para la CIA durante varios años. Después protagonizó 22 novelas más.

Con Andreu Martin y Jaume Ribera, nos encontramos investigando sus casos en una Barcelona más actual, a Flánagan, un detective adolescente, que aparece por primera vez en Alfagann es Flanagan (1996).

Y ya en Madrid, con otro de los grandes de la novela negra española, Juan Madrid, nos encontramos con Toni Romano, expolicía y exboxeador, quién resolvió su primer caso en Un beso de amigo (1980).

Y vamos a terminar en Bilbao con dos detectives estupendos, con solera y personalidad. Mikel Goikoetxea, alias Goiko, creado por Javier Abasolo, ex ertzaina, desarrolla su actividad investigadora en Bilbao, donde nos deleita con su personalidad exagerada. Aparece por primera vez en la novela Pájaro sin alas (2010).

Touré, creado por Jon Arretxe, se asienta en el barrio de San Francisco, en Bilbao la Vieja, su pequeña África. Allí Touré, un africano en situación irregular, con su personalidad tan versátil y su sentido del humor, resuelve sus casos, formando parte de su paisaje. Aparece por primera vez en la novela 19 Cámaras (2012).

Hemos presentado una serie de detectives privados relevantes de la novela policiaca, negra y criminal, creados por grandes escritores del género. Podíamos hacer la interminable, pero se trata de apuntar la relevancia de la ciudad con el detective y el autor.

Tradicionalmente, siempre han existido ciudades con fuerza y personalidad, muy ligadas al género negro: Los Ángeles, San Francisco, Nueva York, Boston… Londres, Paris, Barcelona…pero también es relativo, porque el género negro se ha desarrollado, ha roto fronteras y hoy nos encontramos con buenas novelas ligadas a ciudades de todo el mundo. El lector seguro que tiene en la cabeza muchos ejemplos.

No hemos tratado al policía detective, figura elegida por muchos autores de novela negra; en este caso la relación, unida a la del detective privado sería apabullante.

Al final lo importante es que la ciudad se identifique con el investigador-protagonista y que su presencia en su paisaje, en sus calles, en su relación con los vecinos hagan la trama y la novela más atractiva.

Les propongo un juego. Cuando estén en una ciudad recuerden a un detective o policía detective protagonista en esa ciudad. Seguro que lo consiguen; entonces ya verán como disfrutan mucho más de la ciudad.

Bilbao. Agosto 2020
Juan Infante, abogado y escritor.

NOTA DEL AUTOR
Me he permitido ilustrarme para realizar este artículo, además de mis lecturas en el excelente libro Los héroes de la novela policiaca de Sergi Echaburu Soler, editado en 2006 por Grafein Ediciones y por los artículos y trabajos sobre el origen de la novela negra y sobre detectives de Juan María Barasorda, publicados por la editorial d´Epoca, las Revistas Calibre 38, MoonMagazine y la Semana Negra en la Glorieta.

Esté artículo ha sido escrito por Juan Infante para la sección DETECTIVES DE FICCIÓN, coordinada por el escritor y detective madrileño Rafael Guerrero.

 
Puedes acceder al programa de la SEMANA NEGRA EN LA GLORIETA, festival virtual del género negro celebrado del 21 al 27 de noviembre en el blog de Historia y Literatura CITA EN LA GLORIETA, pinchando AQUÍ.


Juan Infante (Bilbao)
Es escritor y ejerce de abogado en su ciudad natal.
Ha sido promotor y partícipe de múltiples iniciativas literarias y culturales. Fue presidente de la Sociedad Cívica y Cultural El Sitio.   
Colabora habitualmente con la revista lúdico-cultural Moon Magazine.

Tiene publicadas siete novelas de género negro-criminal: Werther en Beirut (Editorial Burguete), Asesinato en Santurce (Editorial Hiria) El crimen de Cienfuegos (Hiria), Quince Millones (Hiria),  La Baldosa Negra (Hiria), Atrapado (Editorial Erein) y El precio del silencio (Erein). Es autor también de cuatro relatos: El sargento Puchades, Me chifla Nicolás, Literatura y Ficción y El misterio del testamento ológrafo. Atrapado fue nominada para el Premio Euskadi de literatura 2018
.


es Detective Privado y Criminólogo por la Universidad Complutense de Madrid, Director de Seguridad por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Máster en Servicios de Inteligencia por el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado de Madrid. Miembro de World Association of Detectives de Estados Unidos, a la Asociación Profesional de Detectives Privados de España, ASIS International, Asociación Nacional de Criminalistas y Expertos en ciencias forenses y es socio colaborador de la International Police Association. Es autor de Un guerrero entre halcones, Diario de un detective privado (Editorial Círculo Rojo, 2010), Muero y Vuelvo (Editorial Círculo Rojo, 2013),  Ultimátum (Editorial Círculo Rojo, 2015) y Yo, detective (Editorial Círculo Rojo, 2018) .


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«Novela negra histórica», por Miguel Izu

«Novela negrocriminalpoliciaca histórica.» 
por Miguel Izu
Una vez más, al escribir sobre este género o subgénero narrativo, he de hacer algunas observaciones previas, reiterando lo que ya tengo explicado en “La historia de España en la novela policíaca” (V Semana Negra en la Glorieta, 2018) y en “Novela policíaca histórica” (Revista Imán, noviembre 2019). Hoy se publican muchas novelas que se pueden clasificar en esta especie híbrida, aunque es usual en España que se les coloque, en unos casos, la etiqueta de novela histórica y, en otros, la de novela negra o policíaca. Identificarlas como novela negra histórica todavía es una costumbre que se practica poco. Por otro lado, resulta complicado decidir si la denominación correcta debiera ser novela negra histórica, novela policíaca histórica o novela de crimen y misterio histórica. En otros países, y en otras lenguas, disponen de expresiones mejor asentadas. Los anglosajones suelen preferir hablar de crime and mistery fiction y de historical mystery; los franceses dicen roman policier, o “polar” de forma abreviada, y roman policier historique o polar historique; los italianos llaman giallo a todo lo que nosotros decimos policiaco o negro y giallo storico a las historias amarillas que se desarrollan en el pasado; los alemanes lo denominan historischer Kriminalroman. Como explican Martín Escribà y Canal i Artigas (A quemarropa. La época clásica de la novela negra y policiaca, 2019), sería más riguroso hablar de un “metagénero criminal” que abarca tanto a la novela policíaca (la de Agatha Christie) como a la novela negra (la de Dashiell Hammett). No obstante, en España ha cundido la moda de llamar negro a todo lo que tenga que ver con crímenes, policías y delincuentes, incluyendo géneros colindantes como el de aventuras, el thriller y el espionaje. El propio Martín Escribà es uno de los promotores del Congreso de Novela y Cine Negro de la Universidad de Salamanca (desgraciadamente suspendido este pandémico año, aunque el que esto firma guarda el pasaje para acudir el que viene), que no ha tenido más remedio que rendirse al uso generalizado del término negro, más sonoro y comercial, aunque su ámbito de atención sea muy extenso, crimen, misterio, policías, espionaje, suspense y toda la negritud en sentido amplio.

En fin, como novela histórica de crimen y misterio resulta largo y desusado, es más práctico y breve que hablemos de novela negra histórica. Y vamos a ello con tres autores que han cultivado el género y que algo pueden decirnos al respecto en esta Semana Negra en la Glorieta (semana que también es de crimen, misterio, policías y todo lo ya explicado, etcétera).

Javier Abasolo (Bilbao, 1957), funcionario jubilado, no solo es un veterano escritor de novela negra, sino también el autor de un muy meritorio trabajo que, no solo actualiza periódicamente, sino que permite descargar gratis a todos los interesados: Txapela Noir, Diccionario del Género Criminal Vasco (incluye a autores navarros, lo que enfurecerá a algunos navarros y hará felices a otros, no nos ponemos de acuerdo en si somos o no somos vascos; a mí me parece bien que los navarros tengamos la opción de ser o no ser vascos según para qué, si bien soy más de sombrero Panamá que de txapela).

Entre sus muchas novelas, Javier tiene algunas que encajan en el género que nos ocupa aquí: Una decisión peligrosa (2014), que se desarrolla en 1940 en un ucrónico reino de Navarra que logró mantenerse independiente y que duda sobre si intervenir o no en la Segunda Guerra Mundial; El juramento de Whitechapel (2019), ambientada en el Londres de 1888 y donde mezcla a un joven Sabino Arana con Jack el Destripador; o Una tumba en Jerusalén (2020), que da saltos desde la Segunda Guerra Mundial y los intentos nazis de atraerse la colaboración del nacionalismo vasco hasta 1973, cuando Carrero Blanco acaba de ser nombrado presidente del Gobierno de España.

Para esta Semana Negra, Javier nos hace una triple reseña de tres novelas histórico-criminales con una característica en común, el salto en el tiempo dentro de la trama. Las tres cuentan una investigación policial del presente pero, al mismo tiempo, el relato de otra investigación que nos remite al pasado, a otra época histórica, un recurso muy habitual en el género (yo mismo lo he utilizado en una de esas tres novelas).

Carlos Aitor Yuste es historiador, bombero forestal y escritor, nacido en Madrid en 1974 pero asentado en Navarra. Ha publicado Eso no estaba en mi libro de historia de la medicina (2019), con Jon Arrizabalaga, y una novela, La conjura de los libros (2019), que encaja plenamente en el género que aquí nos ocupa. Una trama de asesinatos, intrigas y traiciones en la España de 1792, cuando el conde de Floridablanca, para evitar el contagio del virus revolucionario de Francia, ha decidido cerrar las fronteras y prohibir la llegada de noticias, periódicos y libros. Invitado a participar en esta Semana Negra, ha decidido contarnos por qué le gusta escribir novela histórica adornada de crímenes.

Por su parte, Sergio García Rodrigo (Pamplona, 1975), tiene como profesión la de técnico de calidad en una empresa industrial y como vocación la de escritor. Ha publicado tres novelas negrohistóricas. Sobre puentes y secretos (2010) es una historia de crímenes que del presente salta hacia el pasado, a 1952, cuando un grupo de exiliados españoles en Francia queda unido para siempre por un terrible secreto; uno de ellos sufrirá en el París de 1961 las consecuencias de la guerra de Argelia. El Luthier de Salamanca (2015) se desarrolla en los primeros años del siglo XX y sigue las andanzas de un chico de un humilde barrio salmantino que tiene la oportunidad de estudiar en Cremona, Italia, y de convertirse en un gran luthier obsesionado por la perfección de sus violines. De vuelta a su ciudad natal, recibe la visita de una misteriosa mujer que lo pone sobre la pista del cruel asesinato de un violinista callejero sucedido años atrás. Llueve sin color: Bilbao 1937 (2020) se desarrolla durante la Guerra Civil, cuando llueven bombas sobre la asediada capital vizcaína, y contiene una trama de espionaje y contraespionaje.

Sergio ha preferido escribir sobre un autor que se ha convertido ya en un clásico de la novela negra histórica, el escocés Philip Kerr y su serie sobre el detective berlinés Bernie Gunther ambientada en la Alemania nazi, prenazi y postnazi. Su última novela, publicada poco después de su prematura muerte, Metrópolis (2019), cierra definitivamente la saga aunque, curiosamente, se ambienta en 1928 por lo cual refleja las primeras aventuras de Gunther en orden cronológico.

Las glorietas, entre otras utilidades, tienen la de poder girar para retroceder por el camino que ya hemos recorrido. Como la novela histórica. Con ayuda de estos tres autores, vamos a dar unas cuantas vueltas entre el presente y el pasado.

Para leer las colaboraciones de los tres escritores incluidos por Miguel Izu en su seccción, pincha en los siguientes enlaces:
 
Javier Abasolo - LEER
Carlos Aitor Yuste - LEER
Sergio García Rodrigo - LEER
 


 
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es doctor en Derecho y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Funcionario del Gobierno de Navarra, vocal del Tribunal Administrativo de Navarra. Ha ejercido como abogado y como profesor asociado de Derecho Administrativo en la Universidad de Navarra y en la Universidad Pública de Navarra. Ha colaborado con la Escuela de Policía de Cataluña y colabora regularmente con la Escuela de Seguridad de Navarra. Ha sido concejal del Ayuntamiento de Pamplona, presidente de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona y miembro del Parlamento de Navarra. Colabora asiduamente en diversos medios de comunicación (principalmente, en Diario de Noticias y Solo Novela Negra) y revistas profesionales. Secretario de la Asociación Navarra de Escritores/as-Nafar Idazleen Elkartea. Obras: Novela: El asesinato de Caravinagre (2014); El crimen del sistema métrico decimal (2017), El rey de Andorra (2018). Relato: “Un asunto privado”, en 24. Relatos navarros (2016); “Una cuenta pendiente”, en Solo Novela Negra (2016); “El vino del francés”, en El alma del vino (2017); “Un móvil para un crimen”, en la III Semana Negra en la glorieta (2017). Ensayo: La Policía Foral de Navarra (1991), Navarra como problema. Nación y nacionalismo en Navarra (2001), El Tribunal Administrativo de Navarra (2004), Derecho Parlamentario de Navarra (2009), El régimen jurídico de los símbolos de Navarra (2011, VII Premio Martín de Azpilicueta), El régimen lingüístico de la Comunidad Foral de Navarra (2013). Recopilación de artículos de prensa: Sexo en sanfermines y otros mitos festivos (2007), Crisis en sanfermines y otros temas festivos (2015). Página web: https://mizu38.wixsite.com/miguelizu

Reseña de «Vindicta», por Miguel Izu

Reseña de «Vindicta» (III Antología Negrocriminal Cruce de Caminos). Cruce de Caminos, 2020. 
por Miguel Izu
En España, escribir relatos o cuentos ha tenido tradicionalmente poco predicamento, por alguna razón todo el prestigio del género narrativo se ha acumulado en la novela. Parecería que escribir una narración corta es un entretenimiento de autores poco trabajadores o con facultades limitadas, lo cual está muy alejado de la realidad. Recordemos aquella frase de Blaise Pascal, “disculpe si he escrito esta carta tan larga, no he tenido tiempo de hacerla más corta”. Esta marginalidad del relato es particularmente visible en el género policíaco, negro o criminal, en llamativo contraste con lo que sucede en el mundo anglosajón, donde se creó y donde seguimos encontrando los principales referentes. Escribir relatos en los países de habla inglesa no solo ha sido una actividad reconocida, sino que desde siempre han existido revistas especializadas en publicarlos. A diferencia de lo que sucede en nuestro país, muchos autores clásicos han acostumbrado a publicar en esas revistas buena parte de su obra. Edgar Allan Poe publicó originalmente Los crímenes de la calle Morgue en Graham's Magazine, de Filadelfia; Wilkie Collins publicó relatos en Household Words o All the Year Round, revista que dirigía su amigo Charles Dickens, y en esta también dio a conocer por capítulos sus novelas La dama de blanco y La piedra lunar; Conan Doyle publicó muchos de los casos de Sherlock Holmes en The Strand Magazine; Agatha Christie publicó abundantemente también en The Strand, The Sketch, The Grand Magazine o The Story-Teller; Dashiell Hammett en Black Mask o The American Magazine, Raymond Chandler en Detective Fiction Weekly, The Fortnightly Intruder o Dime Detective. De modo similar, el comisario Maigret de Georges Simenon frecuentó el Paris-Soir-Dimanche o el Police-Film. En nuestro país, que se publiquen revistas como las citadas, o que los diarios o semanarios publiquen narrativa, ha resultado bastante más raro. Cuando se han publicado relatos, usualmente ha sido bajo la forma de recopilación en un libro. Recuerdo que, en una edición de Pamplona Negra, le preguntaron a Alicia Giménez Bartlett cómo sabía si una historia daba para una novela o para un relato y respondió que no tenía ni idea; que ella solo había escrito relatos cuando se los habían encargado, de lo contrario su tendencia natural era escribir novelas. Creo que revelaba bien nuestra cultura literaria al respecto.
   
Sin embargo, en los últimos años el panorama está cambiando y ahora mismo se cultiva mucho el relato. Pienso que un factor decisivo en el cambio ha sido internet. Seguimos sin tener apenas revistas en papel dedicadas a publicar narrativa, pero tenemos cada vez más revistas digitales y blogs literarios, y tenemos muchísimos certámenes y premios de relatos y de microrrelatos que funcionan principalmente a través de la red. La facilidad de publicar a coste muy bajo ha multiplicado la actual presencia del relato en todos sus géneros y, en lo que aquí nos interesa, muy claramente en el género policíaco, negro o criminal. Y aquí vamos a reseñar una publicación que tiene su origen es este fenómeno.

Vindicta, que lleva como subtítulo el de III Antología Negrocriminal Cruce de Caminos, se debe a una iniciativa individual, la de David Gómez Hidalgo, matemático y profesor de secundaria de profesión, y lector voraz, escritor y editor por afición. Mantiene un recomendable blog literario, a través del cual realiza periódicamente una convocatoria abierta de relatos negrocriminales en castellano. La antología de la que aquí nos ocupamos proviene de la tercera de ellas, la de 2019. Todos los relatos seleccionados tienen un tema común, ya sugerido en el título: la venganza.

Como no podía ser de otro modo,  los relatos de la antología son tan variados como sus autores. Sin destripar las historias, diré que las visiones de la venganza que nos ofrecen no son menos heterogéneas. Hay venganzas que se sirven, no solo frías como manda la receta tradicional, sino muy cuidadosamente planeadas, tendiendo una enrevesada trampa a la víctima. Hay venganzas no planeadas, fruto de un arranque de ira, otras que provienen de una obsesión o de un delirio. Venganzas que quedan impunes y otras que reciben su condena. Ejecutadas por manos femeninas o masculinas, con violencia brutal o con medios refinados, con pasión o por dinero. Que castigan una infidelidad, una traición, un abuso, una humillación, un suplicio infligido con intención o de modo involuntario, un crimen. El libro se abre con una cita de Alfred Hitchcock: “La venganza es dulce y no engorda”. Pero, con frecuencia, los relatos le dan un sabor muy amargo. Como se afirma en el prólogo, aunque la venganza sea un fenómeno humano tan corriente como el amor o el odio, no nos devuelve aquello que buscamos, aquello que nos arrebataron.

Ficha:

Vindicta (III Antología Negrocriminal Cruce de Caminos)
VV. AA.
Cruce de Caminos, 2020
ISBN: 979-8630960573
ASIN: B086G2YWNB
205 páginas.

Contenido:

Prólogo, por Pablo Poveda.
Tambores vacíos, de Laura Pérez Caballero  (Mieres, Asturias, 1976).
¿Y qué haremos ahora, Amanda?, de Enrique de la Cruz  (Madrid, 1978).
El Mustang, de Alejandro Moreno Sánchez  (Crevillent, Alicante, 1982).
La Virgen Santísima y yo, de Mario Marín  (Aroche, Huelva, 1971).
Regalos de Navidad, de Manuel J. Linares (Valladolid, 1969).
Un mal día para dejar de fumar, de David Gómez Hidalgo (Begur, Girona, 1973). 
Artículos de jardinería, de Núria Martínez  (Barcelona).
El último caso de Eugenio Agenjo, de Juanma Ramírez  (San Fernando, Cádiz, 1972).
Retiro forzoso, de William C. Rilley  (Sevilla, 1980).
Plan de sábado, de José Javier Navarrete  (Madrid, 1964).
Tinta roja, de Alicia del Rosario (Oviedo, 1982).

Puedes leer uno de los relatos contenidos en esta antología, pinchando AQUÍ.


es doctor en Derecho y licenciado en Ciencias Políticas y Sociología. Funcionario del Gobierno de Navarra, vocal del Tribunal Administrativo de Navarra. Ha ejercido como abogado y como profesor asociado de Derecho Administrativo en la Universidad de Navarra y en la Universidad Pública de Navarra. Ha colaborado con la Escuela de Policía de Cataluña y colabora regularmente con la Escuela de Seguridad de Navarra. Ha sido concejal del Ayuntamiento de Pamplona, presidente de la Mancomunidad de la Comarca de Pamplona y miembro del Parlamento de Navarra. Colabora asiduamente en diversos medios de comunicación (principalmente, en Diario de Noticias y Solo Novela Negra) y revistas profesionales. Secretario de la Asociación Navarra de Escritores/as-Nafar Idazleen Elkartea. Obras: Novela: El asesinato de Caravinagre (2014); El crimen del sistema métrico decimal (2017), El rey de Andorra (2018). Relato: “Un asunto privado”, en 24. Relatos navarros (2016); “Una cuenta pendiente”, en Solo Novela Negra (2016); “El vino del francés”, en El alma del vino (2017); “Un móvil para un crimen”, en la III Semana Negra en la glorieta (2017). Ensayo: La Policía Foral de Navarra (1991), Navarra como problema. Nación y nacionalismo en Navarra (2001), El Tribunal Administrativo de Navarra (2004), Derecho Parlamentario de Navarra (2009), El régimen jurídico de los símbolos de Navarra (2011, VII Premio Martín de Azpilicueta), El régimen lingüístico de la Comunidad Foral de Navarra (2013). Recopilación de artículos de prensa: Sexo en sanfermines y otros mitos festivos (2007), Crisis en sanfermines y otros temas festivos (2015). Página web: https://mizu38.wixsite.com/miguelizu

Reseña de «El sueño eterno», de Raymond Chandler

Reseña de «El sueño eterno», de Raymond Chandler 
por José Javier Navarrete
FICHA TÉCNICA

Título: El sueño eterno
Título original: The big sleep
Autor: Raymond Chandler
Nº de páginas: 368
Editorial: Debolsillo
Fecha publicación: 19 de abril de 2017
Traducción: José Luis López Muñoz.



SINOPSIS

El general Sternwood contrata al detective Philip Marlowe por un chantaje que concierne a su hija menor, y chupadedogordo, Carmen. Asesinatos, pornografía, droga, juego, delincuentes de poca monta y de no tan poca; esta es parte de la flora y fauna de la jungla de perversión en la que se sumerge Marlowe. Jungla en la que parece haber desaparecido el yerno del general, cuya ausencia a lo largo de toda la novela es tan constante como la lluvia.


 
EL AUTOR

Raymond Thornton Chandler (Chicago, 23 de julio de 1888 – La Jolla, California, 26 de marzo de 1959). Educado en Inglaterra realizó todo tipo de actividades antes de dedicarse a la literatura. Participó como voluntario en la Primera Guerra Mundial. Trabajó como empleado de banca, periodista y también fue escalando peldaños en una petrolera de Los Angeles, hasta que en medio de la Gran Depresión se vio en la calle por sus problemas de alcoholismo, su recalcitrante absentismo y sus continuos líos de faldas con las secretarias. Se perdió un vicepresidente de una petrolera y se ganó un magnífico escritor de novela negra.

Comenzó publicando en revistas de ficción criminal, las famosas revistas pulp de aquella época. En 1939 escribió su primera novela: El sueño eterno, después vendrían otras siete y su incursión en el cine como guionista. Murió en 1959, solo, deprimido por la muerte de su mujer y con el alcohol como remedio para su tristeza.

Caníbal

El sueño eterno fue la primera novela de Raymond Chandler. Para crearla canibalizó algunas historias escritas por él con anterioridad, fundamentalmente El telón y Asesino bajo la lluvia (ambas incluidas en esta edición de Debolsillo). Supone la aparición estelar de Philip Marlowe, un detective privado al más puro estilo hard-boiled (de acuerdo con el Brewer’s Dictionary of Phrase and Fable: alguien endurecido por la experiencia; una persona sin ilusión ni sentimentalismo).

¿Vamos al cine?

Al igual que me ocurre con Sam Spade, el protagonista de El halcón maltés de Dashiell Hammett, no puedo pensar en Philip Marlowe sin hacerlo en Humphey Bogart. En 1946 protagonizó, junto a Lauren Bacall, una película, titulada también El sueño eterno, dirigida por Howard Hawks. Si aún no la has visto, no esperes más. En realidad sí, léete primero la novela.


 

La ruptura con el pasado

Chandler, como otros correligionarios del género, rechaza el legado de predecesores que hacían de sus novelas un problema de lógica y deducción. El mismo Marlowe dice:
No soy Sherlock Holmes ni Philo Vance. No es lo mío repetir investigaciones que la policía ha hecho ya, ni encontrar una plumilla rota y construir un caso a partir de ahí. Si cree usted que hay alguien trabajando como detective que se gana la vida haciendo eso, no sabe mucho de la policía.
Chandler no solo rechaza esta tradición, como ya habían hecho otros, incluyendo al mismo Hammett, sino que la desafía, llegando hasta el punto de dejar sin resolver el asesinato del chófer del general Sternwood. Bien es cierto que no tiene mayor transcendencia en el desarrollo de la trama, pero no deja de ser curioso que quede un cabo suelto en una novela de este tipo, al menos hasta que llegó Chandler.

La presentación en sociedad de Philip Marlowe

Me había puesto el traje azul añil, con camisa azul marino, corbata y pañuelo a juego en el bolsillo del pecho, zapatos negros, calcetines negros de lana con dibujos laterales de color azul marino. Iba bien arreglado, limpio, afeitado y sobrio y no me importaba nada que lo notase todo el mundo. Era sin duda lo que debe ser un detective privado bien vestido. Me disponía a visitar a cuatro millones de dólares.
Esta es la presentación de Philip Marlowe en El sueño eterno, lo curioso es que su apariencia es lo que menos importa, lo esencial es que a lo largo de la novela se puede disfrutar de un detective privado ocurrente, hastiado del mundo, irónico y cínico. También algo misógino y bastante homófobo:
Las tiras de seda en las paredes, la alfombra, las lámparas recargadas, los muebles de teca, el violento contraste de colores, el tótem, el frasco con éter y láudano…; todo aquello, a la luz del día, resultaba de una obscenidad vergonzante, como una fiesta de mariquitas.
Lo que no resulta extraño dado que Chandler era homófobo.

Lo que si es más curioso es que el escritor quisiese para el papel de Philip Marlowe en la gran pantalla a Cary Grant, sobre el que pendía la sospecha de su bisexualidad.

El balón se pone en juego

La trama de El sueño eterno comienza cuando el de los cuatro millones de dólares entrega la siguiente nota de chantaje a Marlowe:
Muy señor mío: Pese a la imposibilidad de reclamar legalmente lo que aquí le incluyo (reconozco con toda sinceridad que se trata de deudas de juego) doy por sentado que preferirá usted pagarlas.
Respetuosamente,

A. G. GEIGER
La deuda es de la hija pequeña del general Sternwood, Carmen; una joven de vida disipada y un trasfondo que pasa desapercibido. Una caprichosa joven rica, cuyos límites morales se difuminan en sus apetitos mundanos. Marlowe la define así al poco de conocerla:
Comprendí, pese a lo breve de nuestra relación, que pensar sería siempre una cosa más bien molesta para ella.
Aunque pudiésemos pensar que la novela girará en torno al chantaje con el que comienza, no es más que la línea de salida, la verdadera carrera es la que sigue el recorrido de Rusty Regan, un antiguo contrabandista irlandés que ha dado el braguetazo al casarse con Vivian, la hija mayor del general. Tenía todos los boletos para caer mal al viejo Sternwood y sin embargo:
—Fue un soplo de vida para mí…, mientras duró. Pasaba horas conmigo, sudando como un cerdo, bebiendo brandy a litros y contándome historias sobre la revolución irlandesa. Había sido oficial del IRA. Ni siquiera estaba legalmente en Estados Unidos. Su boda fue una cosa ridícula, por supuesto, y es probable que no durase ni un mes como tal matrimonio. Le estoy contando los secretos de la familia, señor Marlowe.
Será una carrera repleta de cadáveres que se internará en un mundo de perversiones regido por personas de pocos escrúpulos con tendencia a la corrupción. Una auténtica yincana por Los Angeles de los años finales de la Gran Depresión.
Estaba tan vacío de vida como los bolsillos de un espantapájaros. En la cocina me bebí dos tazas de café solo. Se puede tener resaca con cosas distintas del alcohol. Resaca de mujeres. Las mujeres me ponían enfermo.
Es el tipo de detective conocedor del carácter ajeno, pero también de fuerte intuición. Desencantado con su vida y con la sociedad en la que le ha tocado vivir:
—¿Y por esa cantidad de dinero está dispuesto a enemistarse con la mitad de las fuerzas de policía de este país?
—No me gusta nada —dije—. Pero ¿qué demonios voy a hacer si no? Trabajo en un caso. Vendo lo que tengo que vender para ganarme la vida. Las agallas y la inteligencia que Dios me ha dado y la disponibilidad para dejarme maltratar si con ello protejo a mis clientes. Va contra mis principios contar todo lo que he contado esta noche sin consultar antes al general. Por lo que respecta a encubrimientos, también yo he trabajado para la policía, como usted sabe. Se encubre sin descanso en cualquier ciudad importante. Los polizontes se ponen muy solemnes y virtuosos cuando alguien de fuera trata de ocultar cualquier cosa, pero ellos hacen lo mismo un día sí y otro también para contentar a sus amigos o a cualquier persona con un poco de influencia. Y todavía no he terminado. Sigo en el caso. Y volveré a hacer lo mismo si tengo que hacerlo.
Solo quiere el dinero ganado con honestidad y así lo demuestra:
—Tiene usted una ventaja sobre mí, general. Una ventaja de la que no quisiera en absoluto privarle, ni en su más mínima parte. No es mucho, considerando lo que tiene que aguantar. A mí me puede decir lo que se le antoje y jamás se me ocurrirá enfadarme. Me gustaría que me permitiera devolverle el dinero. Quizá no signifique nada para usted. Pero puede significar algo para mí.
—¿Qué significa para usted?
—Significa que no acepto que se me pague por un trabajo poco satisfactorio. Eso es todo.
—¿Hace usted muchos trabajos poco satisfactorios?
—Algunos. Es algo que le pasa a todo el mundo.

El estilo de Chandler

El estilo narrativo de Chandler muestra diálogos repletos de jerga, símiles tan exagerados que te hacen sonreír, y su narrador, en primera persona, describe las escenas como lo haría una cámara cinematográfica, lo cual no es extraño, ya que años después comenzaría su carrera como guionista. Pero en algunos momentos su prosa alcanza una gran belleza:
¿Qué más te daba dónde hubieras ido a dar con tus huesos una vez muerto? ¿Qué más te daba si era en un sucio sumidero o en una torre de mármol o en la cima de una montaña? Estabas muerto, dormías el sueño eterno y esas cosas no te molestaban ya. Petróleo y agua te daban lo mismo que viento y aire. Dormías sencillamente el sueño eterno sin que te importara la manera cruel que tuviste de morir ni el que cayeras entre desechos.

Fin de línea

El sueño eterno es una lectura más que recomendable, no tanto por la trama como por los personajes, verlos crecer en cada página es un deleite. El ritmo es vivo y seguir a Marlowe agotador, aunque casi siempre llegue con el cadáver ya servido. Chandler , en su sencillez, me parece un maestro, hay frases que revolotean en mi cabeza, algunas de ellas acabarán posándose y, si no hay demasiadas letras empujando, puede que resistan el ímpetu de las que han de llegar.